Observo a la polaca mostrarme cómo Polski obedece sus órdenes y me sonríe, orgullosa por su logro.
—¿Te gusta tu habitación? —le pregunto y me mira.
—Sí, tiene todo lo que una princesa necesita —susurra, acomodándose la pijama para sentarse a mi lado. Juega con mi reloj y ve cómo se mueven las manecillas.
—Siempre a tus pies… —digo y asiente, segura de sí misma.
—¿Cuándo podré decir malas palabras? —pregunta.
—Cuando seas adulta…
Bufa con fastidio y yo lucho por mantenerme impasible. No es fácil permanecer serio con Leah.
—La italiana dijo más de ocho con la mordida de Polski. Fue divertido… Intenté aprendérmelas, pero todas fueron en italiano —dice y me toma de la mano mientras los dos vemos a su mascota—. Solo recuerdo un par, pero no sé si las pronuncio bien.
Observo el reloj de pared y confirmo la hora. No he sabido nada de Oriola.
Necesito que me den un reporte.
—Es hora de dormir —susurro—. Cuando seas adolescentes podrás decirlas, lo prometo.
Ríe y asiente con emoción.
La guío hasta la cama, le acaricio el pelo y me sonríe.
—Te extrañé mucho, ojciec45.
—Yo también, moja księżniczka46 —digo y le doy un beso en la frente—. Eres mi paz en medio del caos, recuérdalo siempre… Mañana tienes práctica de karate, así que a dormir.
—Polski —llama y el perro se sube a la cama para ponerse a su lado, cuidando de ella—. Hasta mañana, ojciec.
—Hasta mañana, moja księżniczka.
Apago la lámpara y enciendo la pequeña luz que dibuja mariposas en el techo. Le doy una última mirada y salgo de su habitación.
Francis viene subiendo las escaleras.
—Señor…
—Debe seguir con su entrenamiento, todo al pie de la letra, cada clase y cada práctica. ¿Okey? —Asiente.
—Sí, señor…
—No le quites los ojos de encima —ordeno.
—Nunca. ¿Algo más?
—Busca a un profesor que le enseñe italiano —le pido.
—Cuente con ello.
Bajo las escaleras rápido y me encuentro a Burek en la sala, tomándose un trago de whisky. Me ofrece uno y lo recibo. Me relajo en el sofá, pensando en todo lo que le haré a Leonardo cuando lo tenga frente a mí.
—¿La polaca? ¿Está bien?
Asiento con una amplia sonrisa.
—Quiere decir malas palabras… —Burek se ríe y me contagia—. Me sacará canas verdes. ¿Crees que es momento de decirle a qué me dedico?
—Creo que en algún punto deberá saberlo… si no es que ya lo sabe. Es muy inteligente y analítica, así que creo que debe haberlo descubierto. La estás criando bien. —dice—. Es una niña muy madura e inteligente para su edad. Cuando sea adulta le temerán.
—Eso quiero. Todo lo hago con esa intención y todas sus clases son para eso. Quiero que esté lista para lo que sea.
Un hombre de la seguridad se acerca y Burek le da permiso, asintiendo.
—Scarlett necesita comunicarse con el señor —dice, llamando mi atención—. Afirma que es urgente.
Me giro hacia el hombre.
—Tráela —ordeno sin pensarlo tanto.
Intercambio miradas con Burek cuando el hombre se marcha.
—¿Qué crees que sea?
—No lo sé —musito. El teléfono de Burek suena y me levanto para servirme otro trago mientras él contesta.
De repente se levanta y dejo la botella de lado cuando veo lo pálido que ha quedado. Solo una persona se me viene a la mente y corro hasta el estudio sin esperar a que me diga algo. Enciendo la pantalla del computador e ingreso al programa que debe indicarme su ubicación.
Por favor, que tenga el abrigo todavía…
—Se la llevaron, estaba hablando con su madre y sin aviso le pidió que alertara a la seguridad —susurra Burek, confirmándolo todo.
¡Maldita sea!
El monitor anuncia que la señal de rastreo es débil y lanzo todo lo que está en mi escritorio. Reinicio el programa en caso de que sea una falla, pero nada sucede. Han bloqueado la señal.
—Arma un maldito equipo… —le gruño a Burek, que le da indicaciones a la seguridad—. Resiste, por favor… —susurro muy bajo.
Fue él, estoy seguro de que fue él…
Busco en el registro sus últimos movimientos. La casa, un hotel y luego… un camino hacia el bosque, que es donde la señal se pierde aunque el programa sigue andando.
—¿Dónde está el maldito de Donato? —grito—. Búsquenlo hasta debajo de las condenadas piedras.
Escucho en la distancia que el helicóptero se aproxima, así que salgo de mi despacho con mi arma. Todos se mueven, todos están alertas.
Aterriza en el helipuerto y Scarlett viene corriendo hasta donde me encuentro.
Está agitada, nerviosa y temblorosa.
—El agente estaba en la casa cuando ella llegó y tuvieron una discusión bastante acalorada. —Aprieto los puños—. Oriola se fue y él la siguió al cabo de unos minutos. Hace más de cinco horas que no se sabe nada de ella.
—¿Donato dónde está?
—La está buscando, pero mataron a Cruz.
—¡Vámonos! —grito.
Burek se acerca con la tablet que contiene el programa de rastreo. Mi mirada va hacia la mansión en donde una polaca adormilada me observa a lo lejos, abrazando a Polski.
Voy hacia ella y me guardo el arma en la espalda.
—¿El ruido te despertó? —pregunto y asiente.
Francis la espera en la escalera.
—¿A dónde vas?
—Se llevaron a la italiana, debo ir por ella —musito y suelta a su mascota, que bosteza a su lado. Entonces me toca la barba y asiente.
—Okey, haz que vivan un infierno y que se arrodillen ante ti, papi.
—Eso haré. Ve a dormir… vuelvo pronto.
—Te amo, ojciec47.
—Yo más… yo mucho más, hija mía.
La polaca me da un beso en la mejilla y corre hacia las escaleras para subir a su habitación.
Me levanto, dispuesto a todo. No sabía que tenía un corazón hasta que nació mi hija, no sabía lo que era amar hasta que apareció Amara. Toda mi maldita vida pensé que no había nada que me hiciera sentir débil y frágil.
Vivo en un mundo en donde no se deben tener sentimientos y menos debilidades… y yo tengo tres.
Mi hija, Amara y la italiana.
Cada una por razones distintas, cada una con un tipo de sentimiento. Amo a mi hija con mi vida, respeto y quiero a Amara por haberme dado a Leah, y a la italiana…
Resoplo con fuerza al recordarla.
Subo al helicóptero y ordeno que doblen la seguridad de la mansión. Me voy con Burek y algunos hombres a Cracovia. La buscaré hasta debajo de las malditas piedras de ser necesario…
—Solo resiste, moja włoski48.