![]() |
En esta sección analizaremos el origen del concepto de narrativa transmedia (NT). También pasaremos revista a otros conceptos que, en mayor o menor medida, están emparentados con las NT. ¿Conviene hablar de transmedia o de cross-media? ¿Qué relación existe entre las narrativas transmedia y los mundos transmediales (transmedia worlds)? |
Como decía Voltaire, «antes de una conversación, aclaremos los términos». Cuando nos acercamos al mundo de las NT, la primera impresión es que nos encontramos en un terreno semánticamente inestable, caótico, donde resulta difícil hacer pie. En las conversaciones sobre las NT también suelen aparecer otros conceptos como cross-media, multimodalidad, multiplataforma o narrativa aumentada (enhanced storytelling). Para colmo de males, los profesionales también utilizan otras palabras para nombrar estas nuevas experiencias narrativas. Este caos semántico no es algo nuevo en las conversaciones sobre las nuevas formas de comunicación. Debemos partir de este punto si queremos construir un discurso mínimamente coherente sobre las NT.
El concepto de NT fue introducido originalmente por Henry Jenkins en un artículo publicado en Technology Review en el 2003, en el cual afirmaba que «hemos entrado en una nueva era de convergencia de medios que vuelve inevitable el flujo de contenidos a través de múltiples canales». Según Jenkins, «los niños que han crecido consumiendo y disfrutando Pokémon a través de varios medios se esperan la misma experiencia de El ala oeste de la Casa Blanca a medida que se hagan mayores. Pokémon se despliega a través de juegos, programas de televisión, películas y libros, y ningún medio se privilegia sobre el otro». Los jóvenes consumidores se han vuelto cazadores y recolectores de información, les gusta sumergirse en las historias, reconstruir el pasado de los personajes y conectarlos con otros textos dentro de la misma franquicia.
Ciertas producciones como Star Wars o el mundo de Pokémon se presentan como paradigmas de este tipo de fenómeno narrativo. Cuando Star Wars pasó al mundo impreso, «sus novelas expandieron la línea temporal para mostrar eventos nunca vistos en las trilogías cinematográficas, o difundieron historias de personajes secundarios como en la serie Tales of the Cantina, donde se conocieron con más detalle esos curiosos alienígenas que en la película original quedaban de fondo. Cuando Star Wars llegó a los videojuegos, esos juegos no repitieron los eventos de las películas, sino que nos mostraron cómo era la vida de un entrenador Jedi o de un cazador de recompensas», escribe Jenkins en su artículo del 2003. Por el lado de los Pokémon, Jenkins nos recuerda que existen centenares de personajes, cada uno de los cuales adopta múltiples formas evolutivas y se vincula con el resto a través de rivalidades y alianzas. No hay un único manual o texto informativo sobre estas especies. Más bien cada niño integra la información de varios medios, lo que lleva a que cada uno conozca algo que sus amigos o amigas no saben. Entre todos comparten la información y van reconstruyendo de forma colaborativa el universo narrativo.
Cada medio hace un aporte a la construcción del mundo narrativo; evidentemente, las aportaciones de cada medio o plataforma de comunicación difieren entre sí. Tal como explica Jenkins, en las NT cada medio «hace lo que mejor sabe hacer: una historia puede ser introducida en un largometraje, expandirse en la televisión, novelas y cómics, y este mundo puede ser explorado y vivido a través de un videojuego. Cada franquicia debe ser lo suficientemente autónoma para permitir un consumo autónomo. O sea, no debes ver la película para entender el videojuego, y viceversa». En un texto posterior, Jenkins reafirmará que las NT son «historias contadas a través de múltiples medios. En la actualidad, las historias más significativas tienden a fluir a través de múltiples plataformas mediáticas».
En pocas palabras: las NT son una particular forma narrativa que se expande a través de diferentes sistemas de significación (verbal, icónico, audiovisual, interactivo, etc.) y medios (cine, cómic, televisión, videojuegos, teatro, etc.). Las NT no son simplemente una adaptación de un lenguaje a otro: la historia que cuenta el cómic no es la misma que aparece en la pantalla del cine o en la microsuperficie del dispositivo móvil. Una estrategia tradicional de las empresas de comunicación se basaba precisamente en desarrollar la misma historia en diferentes medios o lenguajes, por ejemplo la trilogía El Señor de los Anillos de J. R. Tolkien —llevada al cine por Peter Jackson con un gran respeto por los textos originales— o la versión en cómic de la película Alien: Resurrección (Jeunet, 1997) a cargo de James Vance (guión) y Eduardo Rizzo (dibujo).
Pero cuando se hace referencia a las NT no estamos hablando de una adaptación de un lenguaje a otro (por ejemplo del libro al cine), sino de una estrategia que va mucho más allá y desarrolla un mundo narrativo que abarca diferentes medios y lenguajes. De esta manera el relato se expande, aparecen nuevos personajes o situaciones que traspasan las fronteras del universo de ficción. Esta dispersión textual que encuentra en lo narrativo su hilo conductor —aunque sería más adecuado hablar de una red de personajes y situaciones que conforman un mundo— es una de las más importantes fuentes de complejidad de la cultura de masas contemporánea.
Como ya hemos indicado, el concepto de NT no está solo: conceptos como cross-media, plataformas múltiples (multiple platforms), medios híbridos (hybrid media), mercancía intertextual (intertextual commodity), mundos transmediales (transmedial worlds), interacciones transmediales (transmedial interactions), multimodalidad (multimodality) o intermedios (intermedia) forman parte de la misma galaxia semántica. Cada uno de estos conceptos ilumina alguna dimensión de las NT: si mercancía intertextual nos obliga a pensar en términos de una economía política de lo textual —un texto que se produce, distribuye y consume—, el concepto de mundo transmedia nos lleva a una teoría de los mundos narrativos. Grosso modo, cada uno de estos conceptos trata de nombrar una misma experiencia: una práctica de producción de sentido e interpretativa basada en historias que se expresan a través de una combinación de lenguajes, medios y plataformas. Veamos con más detalle algunos de estos conceptos.
El concepto de cross-media se ha convertido en uno de los más populares dentro de la comunidad académica y profesional. Según el experto en medios digitales Jak Boumans, el cross-media se define a partir de cuatro criterios:
• La producción comprende más de un medio y todos se apoyan entre sí a partir de sus potencialidades específicas.
• Es una producción integrada.
• Los contenidos se distribuyen y son accesibles a través de una gama de dispositivos como ordenadores personales, teléfonos móviles, televisión, etc.
• El uso de más de un medio debe servir de soporte a las necesidades de un tema/historia/objetivo/mensaje, dependiendo del tipo de proyecto.
Según Espen Ytrebreg, de la Universidad de Oslo, el concepto plataformas múltiples (multiple platforms) tiende a focalizarse en la tecnología digital, en tanto proveedora de un marco de diseño que incorpora los diferentes medios (p. ej., textuales o audiovisuales), plataformas (p. ej., chats, blogs, redes sociales, grupos de discusión) o sistemas de software (p. ej., Linux o Windows, .gif o .jpeg). A estas plataformas digitales se agregan otras como la televisiva, la radiofónica o la telefónica.
Desde una perspectiva que combina los estudios culturales con la economía política, David Marshall propone el concepto de mercancía intertextual (intertextual commodity) y lo coloca en el centro de las actuales estrategias de las industrias culturales para captar a las nuevas audiencias. Las estrategias de promoción de los productos mediáticos se han ido haciendo cada vez más complejas, incluyendo el placer de la anticipación, el suministro de información de background y otras maniobras que profundizan la inversión afectiva y cognitiva de la audiencia en el producto cultural.
Marie-Laure Ryan, una de las más prestigiosas investigadoras que estudia las nuevas narrativas, habla de transmedial narrative, un concepto que se acerca bastante al de transmedial worlds de Lisbeth Klastrup y Susana Pajares Tosca. Estas dos expertas en videojuegos de la IT University de Copenhagen definen a los mundos transmediales como «sistemas abstractos de contenido a partir de los cuales un repertorio de historias de ficción y personajes puede ser actualizado o derivado hacia una variedad de formas mediáticas». En un mundo transmedia tanto el público como sus creadores comparten una misma imagen mental de la worldness, o sea una serie de rasgos que distinguen un determinado universo narrativo. Según Klastrup y Pajares Tosca, un transmedia world puede comenzar en cualquier medio: el mundo de El Señor de los Anillos nació en las novelas, el de Star Wars en el cine y los Pokémon provienen de un juego para la Nintendo Gameboy.
Como podemos ver, el concepto de transmedia storytelling es un planeta más dentro de una inmensa galaxia conceptual. En las próximas secciones iremos afinando nuestra descripción de las NT a partir de las principales aportaciones académicas y profesionales para llegar, casi al final del capítulo, a nuestra propia definición del transmedia storytelling. Por el momento podemos ir apuntando que las NT son una forma de relato que se expande a través de muchos medios y plataformas de comunicación. Sin embargo, esa es solo una de las propiedades que caracterizan a las NT.
Una de las cosas que más llamó la atención a Henry Jenkins es que, además de saltar de un medio a otro, los personajes y sus mundos narrativos a menudo caían en las manos de los consumidores para... seguir expandiéndose de un medio a otro. Las viejas audiencias televisivas o cinematográficas, al igual que los lectores tradicionales de cómics o novelas, se conformaban con consumir su producto favorito y, en el mejor de los casos, aspiraban a montar un club de fans para festejar a sus personajes o autores preferidos. Algo ha cambiado en las últimas décadas, sobre todo desde la llegada de los procesos de digitalización y la difusión de la World Wide Web: algunos consumidores se convirtieron en prosumidores (productores + consumidores), se apropiaron de sus personajes favoritos y expandieron aún más sus mundos narrativos. Según Henry Jenkins, esta es la otra característica que define a las NT: los usuarios cooperan activamente en el proceso de expansión transmedia. Ya sea escribiendo una ficción y colgándola en Fanfiction, o grabando una parodia y subiéndola a YouTube, los prosumidores del siglo xxi son activos militantes de las narrativas que les apasionan.
Quizá la mejor manera de acercarse a las NT es describiendo una de sus obras paradigmáticas. Tal como escribe Henry Jenkins, The Matrix es uno de los mejores ejemplos de NT contemporánea. Todo comenzó con The Matrix (1999), la película dirigida por los hermanos Larry y Andy Wachowski. Esta producción, como todos saben, se convirtió en la máxima expresión visual del ciberpunk y creó un estilo integral que iba de la moda a los efectos especiales. La segunda parte del largometraje —The Matrix Reloaded—fue estrenada el 7 de mayo del 2003 en Estados Unidos. La fecha es importante: el 15 de mayo salió a la venta el videojuego Enter The Matrix y el 3 de junio llegó a los comercios Animatrix, una serie con nueve cortos de animación. Seis meses más tarde, el 5 de noviembre del 2003, Matrix Revolutions se estrenó en los cines para cerrar la trilogía.
Cada una de las obras cuenta solo una parte de la historia de Neo y la lucha de los humanos contra la gran inteligencia artificial que domina el mundo, y se convierte a su manera en una puerta de entrada al universo narrativo de The Matrix. Pero la expansión de este mundo narrativo no se detiene en las obras indicadas. En el 2005 aparecieron otros dos videojuegos: el MMORPG The Matrix Online (un videojuego de rol multijugador masivo en línea), continuó la historia ahí donde The Matrix Revolutions la había dejado, mientras que The Matrix: Path of Neo revisita escenas ya vistas en la trilogía cinematográfica. Para expandir aún más el universo narrativo, los hermanos Wachowski difundieron en su web una serie de cómics a cargo de prestigiosos artistas, algunos de los cuales fueron posteriormente publicados en dos volúmenes bajo el título The Matrix Comics. Algunos de estos cómics están ambientados en Zion, otros en el pasado —antes de la construcción de Matrix— o en el futuro.
The Matrix (1999)
Tal como explica Henry Jenkins en Convergence Culture (2006), «ninguna franquicia cinematográfica ha sido tan exigente con sus consumidores [...], The Matrix es un entretenimiento para la era de la convergencia mediática que integra múltiples textos, para crear una narración de tales dimensiones que no puede confinarse a un único medio». Entonces... ¿fue The Matrix la primera experiencia narrativa transmedia? Para nada.
¿Qué decir a estas alturas de Star Wars? ¿Que es una de las experiencias transmedia más importantes del siglo xx? Cuando el 25 de mayo de 1977 se estrenó en Estados Unidos Star Wars (posteriormente rebautizada Star Wars Episode IV: A New Hope), nadie imaginaba que se estaba poniendo en marcha una de las más poderosas flotas de contenidos de la cultura de masas contemporánea.
Podría decirse que las expansiones transmedia de Star Wars comenzaron el día después de su estreno: en julio del mismo año la Marvel editó el primer cómic de Star Wars; si bien los primeros seis eran una adaptación de la película, a partir del séptimo comenzaron a incluirse situaciones nunca vistas en el cine. Pocos meses más tarde, en febrero de 1978, Alan Dean Foster publicaba la novela Splinter of the Mind’s Eye, un spin-off basado en una primera versión del guión cinematográfico. El impulso más grande que llevó a la creación del llamado Star Wars Expanded Universe se produjo en 1987, cuando la difusión del juego de rol Star Wars Roleplaying Game fomentó la expansión del mundo narrativo. Además de cine, cómic, novelas y videojuegos, el mundo de Star Wars incluye una decena de producciones televisivas —entre las que se encuentran las diferentes series de animación conocidas como Star Wars: The Clone Wars— y hasta versiones radiofónicas.
Adaptación de Stars War (1977)
Podríamos estar páginas y páginas describiendo la expansión transmedia de Star Wars. George Lucas ha tratado en todo momento de tener bajo control a sus criaturas, estableciendo rígidos parámetros que regulan la expansión de su universo narrativo. Si en el cine hemos podido ver un arco temporal que abarca algo más de tres décadas,el Expanded Universe se extiende durante varios milenios. La más lejana referencia es la serie de cómics Tales of the Jedi, ambientada cinco mil años antes de la saga cinematográfica.
¿Es Star Wars el primer relato transmedia? Hum... ¿Acaso Superman no es una NT creada en la década de 1930? Pocos años después, las aventuras del hombre de acero se podían consumir en cómics, cine y radio. ¿Y qué decir del universo imaginado por Walt Disney hace casi un siglo, que se ha expandido del cine al cómic, la televisión, los videojuegos y los parques de atracciones? ¿Son las NT un fenómeno típico del siglo xx? ¿Hay experiencias transmedia anteriores? En la próxima sección, entre otras cosas, hablaremos de esta cuestión.
La expansión del mundo narrativo de Harry Potter fue desde sus inicios celosamente gestionada por la madre del personaje, la escritora inglesa J. K. Rowling. Se daba casi por descontado que después del gran éxito literario alcanzado ya a partir del primer volumen de la serie (Harry Potter y la piedra filosofal, 1997), las adaptaciones cinematográficas no se harían esperar. Si en el 2011 toda la saga literaria había vendido casi 500 millones de copias en 67 idiomas, los largometrajes no se quedan atrás ya que están considerados la franquicia más taquillera de la historia del cine (casi 8 000 millones de dólares de ingresos en 2011). Sin embargo, como todos saben, las películas de Harry Potter no expanden el mundo narrativo de los libros, sino que los tratan con mucho respeto (tal como sucede con El Señor de los Anillos). Más que de expansión, estamos frente a adaptaciones cinematográficas.
Pero este mundo narrativo no se acaba en los libros y el cine. Si analizamos los diez videojuegos difundidos hasta el 2012 descubriremos que también están basados en episodios ya leídos en el libro. Veamos un par de ejemplos: Harry Potter: Quidditch Copa del Mundo (Playstation, 2003) está basado en la clásica competición deportiva que se disputa en el libro y la gran pantalla; los dos videojuegos de la serie Lego Harry Potter toman situaciones de cuatro películas (Years 1-4 y Years 5-7) y las integran en un mismo entorno lúdico. El universo transmedia del joven mago también incluye The Wizarding World of Harry Potter, una área temática dentro del parque de atracciones de la Universal en Orlando (Florida).
Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004)
Como podemos ver, el mundo narrativo de Harry Potter aparentemente no ha sufrido grandes expansiones. No obstante, si miramos hacia los contenidos generados por los usuarios, el panorama es el opuesto. Solo en la web Fanfiction hay más de medio millón de relatos que expanden sus aventuras. Otras webs como Mugglespace y Mugglenet incluyen espacios para los relatos de los usuarios. Si bien en un primer momento J. K. Rowling trató de frenar las expansiones no oficiales a cargo de los lectores —tal como explica Henry Jenkins en Convergence Culture—, se trató de una empresa no solo imposible, sino a fin de cuentas contraproducente para el valor de la marca Harry Potter. Si no puedes vencerlos... En el 2011 J. K. Rowling lanzó la plataforma en línea oficial Pottermore para comercializar versiones electrónicas de sus obras, presentar nuevos productos, dialogar con su comunidad de fans y mantener vivo el mundo narrativo del mago de Hogwarts más allá de los libros impresos y el cine. Parafraseando a Von Clausewitz podemos decir que Pottermore es la continuación de Harry Potter por otros medios.
Según Jeff Gomez, CEO de Starlight Runner Entertainment y uno de los profesionales más reconocidos del mundo transmedia, la industria del entretenimiento ha entendido que Star Wars no es una excepción, es un «modelo de estructura e implementación que puede ser emulado. Los mundos narrativos están en aumento. Lo que Pottermore hace por primera vez es convertir la marca Harry Potter de un producto adaptado o repetitivo en una verdadera marca transmedia. Transmedia es interacción: la audiencia no solo quiere una relación intensa con la narradora (eso ya sucede con J. K. Rowling) sino también que sus inputs tengan algún tipo de impacto en el mundo narrativo. Yo creo que eso sucederá con Pottermore».
Henry Jenkins es investigador de los medios y las culturas populares. Entre 1993 y 2009 dirigió el programa en Comparative Media Studies en el Massachusetts Institute of Technology (MIT, Boston). Actualmente es profesor en la Annenberg School for Communication & Journalism (University of Southern California). Ha publicado obras fundamentales para comprender los cambios que atraviesa el ecosistema de medios: Piratas de textos (1992), Fans, bloggers y videojuegos (2006) y Convergence Culture (2006). A continuación, se recoge la entrevista exclusiva para este libro que nos concedió y que anunciaba al comienzo.
Cuando en el 2003 publicaste el famoso artículo sobre transmedia storytelling en Technology Review, la revista del Massachusetts Institute of Technology (MIT), ¿imaginabas el boom posterior de ese concepto hasta convertirse en algo global y casi viral?
Quedé sorprendido y shockeado por la gran atención que el concepto obtuvo. Cuando escribí ese artículo yo regresaba de un taller de Electronic Arts organizado para juntar a profesionales y gente de Hollywood. Había estado hablando de transmedia pero esa fue la primera vez que me senté alrededor de una mesa con gente que venía del mundo del entretenimiento y pude saber qué pensaban. Una cosa evidente es que la industria en cierta manera estaba lista para este concepto. Las piezas estaban ahí, la gente lo estaba experimentando y había un gran interés en avanzar en esa dirección. No pensé que llegaría tan lejos ni tan rápido, pero tenía la intuición de que describía algo que estaba a punto de suceder. El mundo académico aceleró este proceso de difusión del transmedia storytelling...
Quizá la industria estaba esperando este concepto y tú propusiste una descripción clara y concisa.
Ese es el punto, se estaban dando los primeros juegos de realidad alternativa (ARG), la gente veía, observaba y discutía sobre estas experiencias, pero no tenían un lenguaje (específico) para hablar de ellas. El concepto de transmedia storytelling interesó a la gente que quería moverse en esa dirección, tanto a los que estaban en Hollywood como a emprendedores, artistas y académicos, todos se juntaron alrededor de esta idea.
Era el concepto justo en el momento justo...
Nunca lo pensé en estos términos cuando lo escribí, pero creo que sí. Yo solo trataba de captar un momento de transición.
En 2009 cambiaste de universidad, desde el MIT (Boston) a la University of Southern California (Los Ángeles). ¿Cambió tu visión el transmedia? No fue un simple cambio geográfico: ahora estás en el corazón de Hollywood...
Estuve durante veinte años en el MIT, en la cresta de la revolución digital, y cuando decidí cambiar tenía claro que el transmedia era la manera de estar en Hollywood durante la segunda mitad de mi carrera. Era muy atrayente. Ahora doy clases en un lugar donde jugadores clave del sector transmedia vienen y hablan a mis estudiantes... Tengo la sensación de estar en un lugar donde puedo formar a gente para la cual el transmedia será su segunda naturaleza, y serán capaces de comunicar a través de diferentes medios y plataformas.
¿Detectas la aparición de una nueva generación profesional que ya «piensa en transmedia»?
Ahora tenemos el vocabulario para describir lo que hace cada vez más la gente joven. Yo he definido al transmedia como la cultura producida para la generación que creció mirando Pokémon, Star Wars y He-Man and the Masters of the Universe. Estos textos modelaron lo que las historias son para ellos. Por lo tanto, la generación entre treinta y cuarenta años que trabaja en Hollywood creció con historias que incluían muñecos, figuras coleccionables y cómics, pero escriben para una generación situada en un nivel sucesivo donde las extensiones son digitales. Dentro de poco encontraremos las estrategias narrativas de los Pokémon en las series. Veremos ejemplos de esto alrededor del mundo.
Hoy en día todo el mundo habla de transmedia. Incluso obras que se limitan a proponer un vídeo y una web se autodefinen como transmedia. El concepto suena cool... ¿Hasta qué punto esto no es un límite para el mercado y también para la investigación?
Hay mucha confusión sobre lo que es transmedia. Hace unos años se hablaba de interactivo, en ese momento era cool... Era como hablar de atómico o edad espacial en los años 1950, son significantes vacíos que no se refieren a nada en particular. Tampoco estoy de acuerdo con la Producers Guild of America, quienes consideran que un proyecto transmedia debe involucrar al menos tres medios o plataformas. Es una arbitrariedad. Yo creo que si agregamos de manera enriquecedora un filme y una web se puede conseguir una experiencia transmedia completa y representativa.
¿Qué es más importante entonces? ¿La cantidad de medios y plataformas que cubre el proyecto o la participación de las audiencias?
Es una pregunta interesante. Creo que los medios son la variable menos importante de la ecuación. Para mí lo esencial es que en la obra exista una intertextualidad radical —o sea, que las diferentes partes estén conectadas entre sí de algún modo—, lo cual tiene que ver con el concepto de multimodalidad y el hecho de ser diseñado para una cultura en red. Todas estas cosas vienen juntas. Pienso por ejemplo en Battlestar Galactica, una producción eminentemente televisiva, o en los universos creados por Marvel y DC Comics: todos ellos tienen mucho que enseñarnos sobre transmedia, aunque no sean estrictamente transmedia. Sin embargo, están más cerca del transmedia que las franquicias que no tienen conexiones intertextuales.
Tenemos narrativas transmedia en la ficción, periodismo transmedia, documental transmedia... Tú también has hablado mucho del transmedia aplicado a la educación... ¿Qué es lo que viene? ¿Cuál es el próximo territorio que conquistar?
Yo he hablado sobre una lógica transmedia. El transmedia, en su expresión más básica, significa historias a través de medios. Podemos imaginarnos distintas expresiones de esa lógica. El transmedia storytelling es quizá la más investigada en este momento. Se podría hablar de performance transmedia, branding transmedia, educación transmedia, movilización transmedia o rituales transmedia, como alguna vez me referí en las iglesias durante la Edad Media. También podemos pensar en espectáculos transmedia —como el carnaval en algunos lugares de América Latina— o en el juego transmedia. En algunas empresas ya se habla de transmedia knowledge management. Todas estas experiencias son diferentes, pero al mismo tiempo están conectadas entre sí. Cada una de ellas puede aprender de las otras.
¿Cuáles son las tendencias de la producción transmedia en Los Ángeles? ¿Cuál es el panorama para los próximos cinco o diez años?
Hay una tensión entre el modelo (tradicional) de la nave nodriza con sus extensiones y el modelo que nace transmedia. Hemos visto algunos proyectos potentes en el sector artístico independiente; también se avanza hacia una mayor sofisticación en la distribución de la información a través de las diversas plataformas. Esta sería la primera tendencia.
La segunda sería la relación entre transmedia y multimedia. El iPad brinda la posibilidad de integrar totalmente historias multimodales e intertextuales en un mismo paquete. La pregunta es si esto es bueno o malo... Es bueno porque hace que los contenidos sean más accesibles a una audiencia general que a veces no tiene los recursos o competencias para unir todas las piezas; pero puede ser malo porque se pierde la experiencia —hasta ahora central en la estética del transmedia— que significa encontrar y juntar los diferentes componentes. El transmedia lo crea la gente que busca y reconstruye piezas de información. Decimos que el transmedia puede convertirse en multimedia. Esta es una tendencia que estoy observando muy de cerca, trato de entender las consecuencias a largo plazo en caso de que se presenten las piezas reintegradas o se mantenga el valor de la dispersión.