Eres lo que compartes.
CHARLES WEBSTER LEADBEATER
Después del desayuno, Zoé, con la moral por los suelos, se había alejado del resto de sus compañeros y estaba sola en la playa. Marie-Odile, que adivinaba el motivo de lo que le pasaba, no soportaba verla así.
—¿Estás así por Théo?
—Estoy asqueada. Se pasa el rato pendiente de miss Mundo.
—¿Le has dicho alguna vez lo que sientes?
—Mao, ¡ya no vivimos en la época de los dinosaurios!
Marie-Odile encajó el comentario con una mueca.
—Lo siento, no quería ofenderte —se disculpó Zoé—. Pero ya no se lleva eso de expresar las emociones. Ahora todo pasa en Instagram o Facebook. Tendría que haberlo sospechado. Hace días que no le da like a mis posts...
—¿Y?
—Pues está claro... Que ya no le intereso. Y le da likes a ella.
—Yo tampoco doy like a tus posts, y sin embargo te quiero.
—¡No es lo mismo, Mao!
—Claro, ya lo sé. Yo me quedé en la prehistoria.
—No es eso. ¿Entiendes lo que quiero decir, sí o no?
—No muy bien, la verdad. No utilizo las redes sociales.
—Pues tendrás que ponerte al día. No puedes seguir viviendo sin ellas. ¡Te voy a enseñar cómo funcionan!
Zoé se conectó a internet y abrió una aplicación. Le mostró la pantalla a Marie-Odile, que trató de seguir sus aceleradas explicaciones y demostraciones.
—Mira, éstos son mis amigos. La idea es tener el máximo de seguidores.
—¡Setecientos dieciocho! Tienes muchos amigos —comentó Mao, sorprendida.
—Sí, pero no los conozco a todos.
—¿Ah, no?
—Todo el mundo cuelga su vida. Las cosas que hace, sus momentos de bajón, los buenos... Mira. Aquí está todo.
Zoé empezó a pasar fotos bajo la mirada alucinada de Marie-Odile: unas crepes, unos selfis con un caballo, el mar, el carnicero, un restaurante, sus pies en un velero, un mojito, una palmera... Marie-Odile lo contemplaba todo asombrada.
—Luego vas dando likes y poniendo emojis. Así, por ejemplo. Y si alguien te agobia, lo puedes bloquear.
—¿Te interesa la vida de toda esa gente?
—Bueno, sí. Sin más.
Zoé seguía mostrándole perfiles clicando en las fotos.
—También puedes dejar comentarios. Mira, aquí tienes vídeos y más fotos. Por ejemplo, ésta me gusta, pues le doy like.
Zoé llegó a una foto de Théo y Simone.
—¿Ves ésta?
—Muy bonita, sí. Entonces, ¿le das like?
—No, Mao, ¿qué dices? ¡Quedaría fatal!
—Ah, ya veo —dijo la directora de Recursos Humanos, poniendo cara de entendida en la materia.
—¿Qué es lo que ves? —le preguntó Zoé, cada vez más irritada y de peor humor.
—Que en vez de ir a hablar con Théo y decirle lo que sientes, utilizas esto como arma.
—¡Qué va!
—Es lo que me ha parecido, si no ¿por qué no le has dado like a la foto en la que sale con Simone? —Sin esperar respuesta, Marie-Odile insistió—: ¡Porque ella te pone de mal humor!
—Sí, prefiero pasar en vez de exteriorizar mi rabia, ¡porque, de lo contrario, igual tendría demasiadas ganas de cruzarle esa cara de calentorra!
—Así que utilizas el arma de la indiferencia cuando, en realidad, estás a punto de estallar por la rabia y los celos que te corroen. Haces como si no te importara, cuando probablemente ahora mismo es lo que más te preocupa del mundo.
—Pues claro, ¡me estoy volviendo loca!
Las dos mujeres se quedaron calladas unos instantes.
—Y ¿qué cuelgas para demostrarle que te interesa? No creo que le haya quedado muy claro.
Zoé manoseó con nerviosismo el móvil pasando de un post a otro.
—Pues nada, publico todo lo que hago. La semana pasada, una foto en el despacho con los ingenieros. Aquí, cuando fuimos a tomar algo con Matthieu...
—Así que intentas demostrar hasta qué punto no lo necesitas. ¿Es eso? Y ¿esta foto? ¿Es de ayer por la noche?
Marie-Odile se había detenido en una foto en la que Zoé se partía de risa en los brazos de un compañero.
—¡Tampoco le dio like! Imagino que, si siente algo por ti, no le debe de hacer gracia verte pegada a uno de tus compañeros, igual que a ti no te gusta ver que Simone se contonea a su lado.
Zoé no hizo ningún comentario.
—Mira, en mis tiempos prehistóricos —continuó explicando Mao—, la gente no era tan retorcida. En el peor de los casos, te llevabas una decepción de las gordas, pero no perdías tanto tiempo con estrategias incomprensibles. Si lo he entendido bien, cuanto peor estás, más fotos cuelgas en las que aparentas ser feliz. ¡Menuda lógica! Y ¿cómo llamas a todo esto? ¡Ah, sí! Redes sociales...