Tocaron las doce, comimos las uvas entre risas y empezamos a besarnos unos a otros. El último en besarme fue Thiago y lo hizo despacio y rozándome más de la cuenta.
—Feliz año nuevo, novata.
—Feliz año, pijo.
Nos sonreímos con una mirada cómplice. No sabía en qué punto exacto se encontraba nuestra relación, pero había decidido dejarme llevar. ¿De qué servía pensar tanto? Lo suyo era vivir el momento y que pasara lo que tuviera que pasar.
De allí nos fuimos a Magic. Todos teníamos ganas de música, de bailar y de beber un poco más. Era pronto, pero ya estaba bastante lleno. Mucha gente había tenido el mismo pensamiento que nosotros: pasar toda la noche en la discoteca y olvidarse del coche. Aquella noche no era nada recomendable ir conduciendo por Madrid de un lado a otro.
Nosotros íbamos de gala, y la discoteca también estaba decorada con banderines, con felicitaciones de fin de año, con globos dorados con el número dos mil diecinueve, con lazos y cintas de purpurina... Realmente una decoración festiva que te subía el ánimo.
Como mirar a Thiago...
A ver, era evidente que lo encontraba guapo, pero vestido con esos pantalones de pinza que se iban estrechando hasta llegar al tobillo y aquella camisa negra que llevaba arremangada hasta el codo, estaba para comérselo.
—¿Por qué me miras así? —preguntó divertido.
—¿Tú qué crees?
—Te recuerdo a alguien —contestó con su habitual rapidez.
—Exacto —le repliqué del mismo modo.
Nos reímos los dos y brindamos con nuestras copas. Aproveché ese momento para observar a Natalia. Si no hubiera sabido lo que había ocurrido en su casa, habría pensado que en su vida todo seguía con la misma normalidad. Yo era mucho más visceral y me costaba disimular de ese modo mis sentimientos. Estaba segura de que Natalia por dentro estaba hecha una mierda. Pero ahí la teníamos, sonriendo, contenta y bailando con Lea la última de Twenty One Pilots.
—Es lógico que quiera divertirse...
Miré a Thiago sorprendida. Joder, ¿es que estaba en mi cabeza o qué?
—A veces me das mal rollo —le dije aún flipada.
Él soltó una de sus carcajadas y sonreí al oírlo.
—Eres única —dijo entre risas.
—Perdona, no soy yo la que adivina los pensamientos.
—Alexia, estabas mirando a Natalia fijamente. No era tan difícil adivinarlo.
—Quizá solo miraba cómo bailaba...
—Si no te conociera quizá, pero como te conozco sé que vas más allá.
—Me lo tomaré como un cumplido —le dije sonriendo al pensar que me gustaba que me conociera.
Si alguien dice conocerte es porque le interesas.
En ese momento me acordé de D. G. A. y me entraron ganas de saber quién era. Miré a mi alrededor, buscándolo, aunque era una tontería porque no sabía cómo era. En el fondo esperaba ver a un chico y que mi intuición femenina me dijera: «¡Es ese!». Pero no, eso no iba a suceder.
—¿Buscas a alguien? —me preguntó Thiago observándome.
—Eh..., no.
—¿Has quedado con alguien en especial? —preguntó alzando sus cejas y bromeando.
—Qué gracioso. Solo miraba el ambiente y... eso.
—¿Y qué tal?
—¿El qué?
—El ambiente.
Le di un codazo y él rio de nuevo.
—No sabes lo que conseguirías con esa risa tuya —dictaminé más seria.
—¿Algo de ti?
—Estás muy divertido, ¿no?
—¿Cómo no voy a estarlo si voy a empezar el año contigo?
Nos miramos con deseo y nos sonreímos levemente.
Yo también me sentía feliz por varios motivos, y uno de ellos lo tenía enfrente, eso era evidente. Pero también se debía a que había charlado con mi padre, a que parecía que Lea iba a conseguir al chico de sus sueños, a que Natalia empezaba a ir por buen camino con Ignacio, a que acababa de sentir la mano de Thiago buscando la mía...
—¿Bailamos? —Me rozó el oído y sentí un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo.
Dejamos la copa a un lado de la barra y nos adentramos hacia la pista, junto a nuestros amigos que bailaban «So payaso» de Extremoduro. Thiago me acercó hacia él de un solo movimiento y me atrapó de la cintura. Me reí y él me sonrió.
«Me tiemblan los pies a su lado... La empiezo a besar...»
Empezamos a movernos de forma sincronizada y Thiago cantó alguna que otra estrofa de la canción.
—Estás guapísima —me susurró en el oído de repente.
Me mordí los labios ante su provocación y él se lamió los suyos. Madre mía, me moría por besarlo.
—¡Buenas noches, gente del ambienteee! —Se oyó por el altavoz.
El disc jockey nos saludó y nos explicó que aquella noche iban a realizar algunos juegos en los que esperaba que todos participáramos. También nos dijo que como la noche era muy larga iba a poner música de todos los colores. Genial porque no soportaba la idea de pasarme toda la noche bailando pachangueo.
Después de aquella canción Thiago y yo bailamos con los demás y me encantó verlo divertirse con Max, con Adri, en fin, con todos. Nos íbamos mirando a la que podíamos y de vez en cuando nos rozábamos, pero en ningún momento dejamos de lado a nuestros amigos por estar juntos. Lea y Adri hacían lo mismo y procuraban mantener las distancias. Sus amigas, las pijas, habían decidido ir también a Magic, así que la misma Lea le había dicho que debían comportarse con normalidad, porque ninguno de los dos quería que le fueran con el cuento a Leticia. Adri quería decírselo él mismo, era lo menos que podía hacer.
—Vaya, vaya, ese vestido te debe de haber costado una pasta...
Joder, si antes pensaba en ellas antes aparecían. Aquella era Gala hablándome demasiado cerca para mi salud mental.
—¡Joder! Cómo huele a cloaca —comenté al aire, y ella me miró con desprecio.
—Eres una barriobajera —me escupió con rabia—. Deberías haberte quedado con las tribus aquellas, te pegan más.
La miré frunciendo el ceño.
—¿Así que me has visto en el vídeo de Hugo?
—De casualidad —respondió en un tono despectivo.
—Entiendo que estés celosa, a ti te habría encantado que todos esos seguidores te hubieran visto, aunque fueran dos segundos.
—Antes que ser tú preferiría ser una asquerosa cucaracha.
—Perdona, ya lo eres —le repliqué con rapidez.
¿De qué cojones iba? Débora se acercó a nosotras y Lea también.
—¿Algún problema, Alexia? —me preguntó Lea muy chula.
—Ninguno, creo que los malos olores ya se iban.
Débora me miró como si le debiera algo, pero dio media vuelta y se fue a saludar a Thiago.
—¡Gente del ambienteee! Necesito parejas, muchas, de cualquier raza, condición sexual, religión o lo que sea. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Y quiero besos, genteee! Muchos besos, muchos. ¡Premio para la pareja que se bese con más amorrr!
Un enorme foco blanco empezó a recorrer las cabezas de la gente.
Mis ojos detectaron un movimiento a mi izquierda, no era una visión nítida, pero era alguien con una camisa negra... Centré mi vista y vi a Débora colgada del cuello de Thiago mientras se morreaban a menos de un metro de mi cuerpo.
—La puta de oros... —murmuré con ganas de vomitar retirando la mirada de ellos dos.
¿Qué coño era todo aquello? ¿Una jodida tomadura de pelo? ¡Hostia! Miré hacia Thiago de nuevo y lo único que conseguí fue comprobar que no me había equivocado: Thiago y Débora se estaban comiendo la boca.
De puta madre.
Primero Nacho y ahora Thiago.
Vale, quizá le había besado ella, pero no daba la impresión de que a él le disgustara, joder.
Giré sobre mis talones y me dirigí hacia los baños.
—¡Alexia!
Era Lea, que venía corriendo hacia mí.
—¿Qué ha pasado?
—Nada, lo de siempre. No te puedes fiar de los tíos.
Entramos en el baño y allí pudimos charlar sin gritar.
—¿Qué hacía Thiago con esa?
—¿A mí me lo preguntas? Yo qué sé —dije resoplando agobiada por todo.
—Yo alucino con estos tíos...
—Bueno, no te preocupes. Por mí se puede ir a la mierda.
Me retoqué el pintalabios mientras Lea me aconsejaba no precipitarme porque quizá Thiago se había visto atrapado en las redes de aquella lagarta.
—No hay excusas, Lea. Tú siempre lo dices: dos no se besan si uno no quiere.
—Sí, ya, pero...
—¿De parte de quién estás? —le pregunté molesta.
—Alexia, no digas tonterías.
—Joder, es que no entiendo de qué va ese tío. Me pillo por él y luego me putea. Pues se acabó, este no sabe quién soy yo.
—Miedo me das...
—Vamos, necesito una ronda de chupitos.
Nos dirigimos a la primera barra que encontramos.
—¿Te pongo algo, guapísima? —Me volví hacia la camarera que se dirigía a mí.
—Sí, gracias. Dos chupitos de tequila dobles.
—Joder, Alexia...
—Es fin de año, no me seas mojigata.
La camarera me guiñó un ojo y me lo preparó en un santiamén.
—Yo invito a uno —dijo divertida.
—¿Y eso?
—Creo que estás de bajón.
Le di el billete y cuando me devolvió el cambio me cogió de la mano. ¡Uy! ¿Quería tema la chica?
—Y esto también te irá bien.
Retiró su mano y yo cerré la mía al sentir algo dentro. La camarera se fue a atender a otra persona y yo miré mi mano con cautela. Era coca, joder. La guardé en mi bolso sin que me viera Lea y observé a aquella camarera. Por lo visto, iba repartiendo mierda sin problemas, como el que regala un caramelo. Madre mía, cómo estaba el patio.
Nos tomamos los dos chupitos seguidos, brindando a nuestra salud. Con el alcohol me animé, pero seguía sintiendo una quemazón en el centro del estómago que no sabía cómo me la iba a quitar. No podía borrar de mi mente la imagen de Thiago besando a Débora. Me había jodido, la verdad. Y eso era porque Thiago empezaba a colarse dentro de mí. No lo iba a permitir, no me podía fiar de él, estaba claro. ¿Cómo puedes fiarte de alguien que tiene como amigas a esas brujas?
—¿Vamos? —preguntó Lea con cautela.
Afirmé con la cabeza sintiéndome más valiente gracias al alcohol.
Nada más llegar vi a Thiago apoyado en la barra charlando con Débora. Genial.
Pasé de él, por supuesto, y me fui con los demás, que bailaban ajenos a todo en medio de la pista.
—¡Genteee! Seguimos con esta noche especial donde todo fluye: fluye el amor, fluye la amistad, fluye el glamour... ¡Así que vamos a seguir con el próximo juego! Buscamos a alguien, le decimos «o te reto o jugamos al teto»...
La gente se echó a reír y yo también. Qué ideas...
—Nos miramos a los ojos muy serios y ¡oh, oh!, el que ríe primero pierde y el que pierde paga la copa...
La gente hizo caso al disc jockey y empecé a oír la frasecita aquella a mi alrededor.
—O te reto o jugamos al teto... Eh, perdona...
¿Me lo decían a mí? Pues sí, tenía delante un tipo bastante atractivo con una barbita de días que me acababa de soltar aquello. Su cara seria me permitió observarlo bien y me fijé en que tenía unos ojos muy bonitos. Su labio tembló un poco y empezó a reír de repente. A mí también me dio la risa. Qué juego más idiota...
—Hola, soy Roque.
—Hola, Alexia...
Nos dimos dos besos y nos sonreímos.
—¿Te invito a esa copa? Me toca pagar...
Me miró con picardía y acepté. El chico pidió dos gin-tonics y me ofreció uno con una bonita sonrisa.
—¿Estás sola? —preguntó agachándose un poco para hablarme al oído.
—No, no, tengo a los amigos desperdigados por aquí. ¿Y tus amigos?
—Ahí están, bailando. —Me señaló un grupo de tres chicos que se divertían en la pista—. Estaba a punto de pedirme algo cuando el disc jockey ha dicho eso del reto...
Nos reímos los dos de nuevo. Brindamos con su mirada puesta en mí y bebí otro largo trago. Empezaba a sentir la cabeza embotada, pero casi mejor, no quería pensar en Thiago. Joder, ¿cómo podía ser tan... cerdo? Al final había resultado que Thiago era igual de cabrón que Nacho. Si es que tenía un ojo...
—¿Pensando en nuevos propósitos?
Roque cortó mis pensamientos con esa pregunta y lo miré sonriendo.
—Algo así.
—¿Y cuáles son?
—Ser una niña buena —le dije con coquetería.
Él dibujó una media sonrisa y se apoyó en la barra.
—Pues ya lo pareces.
—Las apariencias engañan —le repliqué alzando mis cejas.
—No te creo —dijo divertido.
—¿Ah, no?
—A mí me da que eres una buena chica, aunque esos ojos de gata pueden liar a cualquiera en cuanto te lo propongas.
Bebí pensando que yo no era de ese tipo de chicas..., pero nunca es tarde si la dicha es buena. Me lamí los labios y Roque se fijó en ese gesto.
—Madre mía, niña, no hagas eso a menudo porque puedo no responder...
—No sé de qué hablas —dije haciéndome la tonta.
Se acercó a mí y me cogió de la barbilla. Sentí su mano áspera y por unos segundos estuve tentada de apartar sus dedos de mí de un manotazo, pero el alcohol me relajó al segundo. «No pasa nada, joder.»
—Eres superbonita. —Me miraba sin decidirse y al final se separó de mí—. ¿Un chupito?
No me dio tiempo de responder. Roque pidió dos chupitos de tequila, brindamos y nos lo tomamos de una vez. Uf, demasiado alcohol por mis venas. Me volví hacia la pista y vi a todo el mundo pasándoselo bien, bailando, siendo feliz... ¿Y Thiago? Ni rastro de él.
Debía de estar con Débora y sus amigas. ¡Genial!