58

 

 

 

 

Me fui a mi habitación, me metí en la cama y le di la espalda. Thiago se acostó a mi lado.

—Anda, mírame.

Me volví hacia él y nos quedamos en silencio en esa posición durante unos minutos. Había echado de menos tenerlo tan cerca.

—Recuerdo el primer día que te vi —dijo con su voz grave—. Me dejaste atontado. Adri todavía se ríe de mí.

—Adri, el mensajero de las preguntas —murmuré sonriendo.

—Estaba seguro de que serías una creída y una rompecorazones, pero me equivoqué. Eres especial.

Thiago se acercó a mí y sus labios rozaron los míos con delicadeza. Buscó de nuevo mis labios y nos besamos sin prisas. Me hubiera pasado horas besándolo, ¿podía haber algo más placentero que sentir la suavidad de sus labios? Esos delicados mordiscos me ponían a mil por hora, pero dejamos de besarnos para charlar sobre todo lo que nos había ocurrido hasta entonces. Ambos queríamos tenerlo todo claro antes de volver a empezar, la caída había sido dura y dolorosa. Ninguno de los dos quería sufrir de nuevo.

Nos dormimos con las manos entrelazadas y logré descansar durante toda la noche sin pesadillas, algo bastante increíble.

Cuando desperté me sentí como nueva y al volver mi rostro hacia un lado supe cuál era la razón: Thiago.

—Buenos días, nena.

—Buenos días.

—¿Cómo has dormido?

—Como nunca...

—Me alegra tener ese efecto en ti...

Nos miramos con esa intensidad tan nuestra y nos acercamos un poco más. Su nariz rozaba la mía.

—Alexia...

—¿Mmm?

—Eres lo primero en lo que pienso cada mañana desde que te conozco.

—¿Incluso cuando te caía mal? —pregunté bromeando.

—Nunca me has caído mal, simplemente me tenías acojonado.

Nos reímos y sentí el temblor de su pecho.

—Del odio al amor hay un pasito, ¿eh? —le dije con ironía.

—Aquí solo se ha respirado amor, aunque parece ser que los astros no nos han favorecido.

—Lo de la carta de mi padre...

—Lo de Nacho, lo de Apolo y la historia entre mi padre y tu madre.

—Y después nuestra rabia y Débora.

—En todo este tiempo he deseado besarte un millón de veces, he deseado abrazarte muchas más y he tenido que aguantarme las ganas de matar a alguien alguna que otra vez.

Nos reímos de nuevo con una buena carcajada.

—Ahora puedes besarme... —Rocé sus labios con los míos—. Puedes tocarme... —Mi mano buscó la suya y trenzamos nuestros dedos—. Y puedes hacerme tuya...

—Me estás poniendo malo...

Mi lengua buscó la suya y nos enredamos en un beso caliente que nos llevó a unir nuestros cuerpos en un abrazo apretado.

—Un momento.

Thiago se separó de mí y se volvió para coger su móvil. Empezó a sonar «Las costuras del alma» de El Barrio con esa voz flamenca y luego dejó el móvil a un lado para mirarme de nuevo. El ritmo nos envolvió en pocos segundos y el ambiente se cargó de magia. Me sonrió con los ojos y mi corazón dio un pequeño vuelco.

—«A ver quién es la guapa que me ayuda a desvestir...»

Reí al oírlo cantar, pero su dedo en mis labios me hizo callar. Ese dedo bajó hasta mi cuello y quemaba por donde pasaba. Tuve que cerrar los ojos al sentirlo de ese modo, junto a esa música. La mano de Thiago abarcó mi cuello y sentí cómo acercaba su cuerpo al mío.

Sus labios rozaron mi boca y empezó a besarme con pasión. Nuestras ganas se unieron y le correspondí con el mismo brío buscando su lengua. Nos besamos, nos mordisqueamos y nos lamimos, todo a la vez, mientras nuestras manos acariciaban con más timidez nuestros cuerpos. Cuando tocó mi punto sensible, me tensé porque con muy pocos roces me sentía al límite.

—Thiago... —me quejé en un murmullo.

—¿Mmm?

Despegó sus labios de los míos para besar mis pechos y curvé mi espalda ahogando otro gemido de placer. Dios..., estaba a punto de llegar al orgasmo. Estaba muy apurada y no quería demostrarlo.

—¿Alexia?

—¿Qué? —le pregunté abriendo los ojos.

—Dámelo...

Besó mi boca casi con desespero a la vez que introdujo dos de sus dedos en mi sexo provocando que yo me rindiera del todo.

—Es mío..., dámelo... —me rogó con ese tono sensual que yo recordaba muy bien.

—Thiago... Quiero tenerte dentro... —le pedí como una desesperada.

Necesitaba sentirlo a él. Al completo.

—Primero dámelo...

Me dejé ir y al poco sentí cómo aquel orgasmo empezaba en mi sexo y recorría todo mi cuerpo. Gemí y le nombré varias veces mientras aquel placer me nublaba la vista y la razón.

—«Yo no me enamoro más, yo me enamoro una vez...» —Thiago cantaba la canción y lo miré sorprendida—. La primera vez que la escuché pensé en ti.

Sus labios me atraparon de nuevo.

—¿Querías tenerme dentro o algo así he oído antes?

Me reí por su pregunta.

—Alexia..., cuando ríes...

—¿Qué?

—Puedes volver loco a cualquiera. A mí ya me tienes loco.

Nos miramos fijamente. Joder, yo también estaba loca por él.

Me abracé a él sintiendo su piel y Thiago aspiró el aroma de mi pelo.

—Te he echado de menos...

—Y yo, Thiago —le susurré.

Su sexo erecto rozó el mío.

—Quiero verte encima de mí...

Su mirada cargada de deseo provocó que lo obedeciera sin rechistar.

Thiago lamió sus labios y yo mordí los míos mientras nos mirábamos. Ninguno de los dos quería perderse la reacción del otro.

—¿Hoy no escojo? —preguntó de repente.

Me entró la risa al recordar que la última vez le había preguntado si lo quería rápido, despacito o fuerte.

—¿Quieres escoger o prefieres la sorpresa?

—La verdad es que la última vez me...

La introduje de golpe en mi sexo y Thiago reaccionó del mismo modo: sus ojos abiertos y cargados de placer me miraron con adoración.

—Chica mala...

—Chico guapo...

Era increíble que ambos recordáramos palabra por palabra nuestra última sesión de sexo.

Empecé a moverme despacio para ir acelerando el ritmo. Thiago estaba apurado, lo veía en sus ojos, y su mano fue en busca de mi punto sensible para incrementar mi placer.

—Nena..., sigue... Dios...

—Sí...

Thiago tensó el brazo y supe que su orgasmo estaba a punto de atraparlo, así que me moví con más rapidez.

—Alexia...

Me encantaba saber que yo era la que provocaba todo aquel placer.

—Thiago..., dámelo...

Cerró los ojos unos segundos y empezó a gemir, tras lamerse los labios. Verlo de aquella forma, sintiendo su orgasmo provocó el mío y ambos nos nombramos a la vez.

—Alexia...

—Thiago...

Tras esa oleada de placer me fui deteniendo hasta dejarme caer en su pecho. Ambos respirábamos rápido y sentíamos los latidos de nuestros corazones.

 

 

Al día siguiente, después de una sesión de sexo suave y delicado nada más despertar, nos dimos una buena ducha y preparamos unos espaguetis con salsa boloñesa para comer. Estábamos hambrientos y nos sentamos a la mesa entre risas.

—Buenísimos —dijo masticando.

—¿Verdad? Me los enseñó a cocinar mi padre.

«¡Joder! Quizá debería llamarlo.»

Fui a por mi teléfono y le llamé al momento. Estaban comiendo y hablamos poco, pero quedamos en cenar juntos aquella noche.

—Tu amigo puede venir —dijo casi al final.

—¿Adónde?

—A cenar esta noche.

—Eh...

—A Judith le cae muy bien, y así yo me entreno en hacer un interrogatorio de esos que hacen los padres.

—¡Papá!

Nos reímos los dos y quedamos en que le diría a Thiago que estaba invitado a cenar con mi familia.

¡Mi familia! Joder, qué bien sonaba eso.

Justo cuando me despedía de mi padre, llamaron al timbre y Thiago me dijo que era Javi. Cuando subió, le abrí la puerta y nos dimos un fuerte abrazo.

—Aquí huele a macho —me dijo separándose de mí.

—Más bien a salsa boloñesa.

—¡Thiago!

Javi le saludó con uno de sus efusivos abrazos y mi chico se quedó un poco cortado. Seguidamente se dirigió a mí.

—Venía a explicarte algo...

Nos dijo que había visto a través de las grabaciones de las cámaras de Magic quién me había puesto droga en la bebida. Al parecer no había sido el tipo aquel, sino la propia Débora.

«Cuando la pille...»

Al irse Javi, Thiago y yo hablamos con tranquilidad de todo aquello. Le expliqué también la putada de la cerradura y el asunto de los mensajes y las fotos de Antxon. No lo podía asegurar, pero pensaba que todo aquello podía ser cosa de aquellas tres chaladas.

—Tengo entendido que Leticia se va en un par de días.

—¿En serio? —pregunté supercontenta. Sobre todo, por Lea.

—Sí, creo que se va a Asturias a pasar una temporada larga. No me preguntes a qué porque no tengo ni idea. Lo ha comentado esta mañana Nacho en nuestro grupo de WhatsApp.

—A ver si desaparece del mapa. En serio, creo que fue ella la que manipuló el coche de Adri.

—Te creo, esa tía no está bien de la cabeza.

—Ninguna de ellas. Suerte que Javi ha estado a mi lado como un buen amigo.

—¿Y es solo un amigo?

Lo miré sonriendo.

—Es homosexual.

—¿Cómo?

—Que a Javi le pareces más apetecible tú que yo...

—¿Bromeas?

—En absoluto. Y ahora vamos a ver su película favorita. ¿Has visto Dirty Dancing?

—Eh... ¿Esa que va de baile o algo así?

—Esa misma. Siéntate y ponte cómodo porque vas a alucinar.

—¿En serio? —preguntó sonriendo de medio lado.

—Ahora no sé si poner la película o comerte esa boca...

Adoraba su sonrisa, el brillo de sus ojos verdes y esos labios mullidos tan deseables, pero nos dedicamos a ver la película abrazados en el sofá, con las manos entrelazadas y mirándonos de reojo de vez en cuando.

Patrick Swayze molaba, vale, pero Thiago me fascinaba.