Yo antes era una mujer medianamente activa, a veces consiente de una buena alimentación, pero la verdad solo con las ganas de mantenerme en forma, más no de tener una buena salud y proteger mi vida. Antes, era amante de las galletas integrales empaquetadas, de los quesos con y sin grasa, de los embutidos, aunque dijeran 95% libre de grasa, todos me los comía sin tener presente el gran daño que me hacían. También me gustaba incluir panes y tortillas con harinas refinadas, y le añadía azúcar al café, aunque dijera «light», sin medida.
Por eso, hoy soy tan feliz de poderte compartir la cantidad de opciones saludables que existen para empezar el día, sin necesidad de recurrir a los alimentos procesados y poco naturales. No siempre lo fácil es lo más duradero y no siempre lo saludable es lo más desagradable. Date una oportunidad, atrévete a convertirte en un científico y transforma tu cocina en un gran laboratorio.