Capítulo 5

DIJE QUE tenía once años. Pero tengo diez; esa es parte de la complicación. A veces invento cosas, pero yo sé muy bien la diferencia entre mentir y arreglar las cosas para que se parezcan más a lo que yo quiero. Eso no es mentir. Mi tía Alicia dice que mentir es un pecado, una falta gravísima. Yo le trato de explicar que aumentarse la edad no puede hacerle daño a nadie, pero mi tía Alicia es de las personas que no escucha mucho a los niños. Le dice a mi mamá:

—Bárbara, tienes que hacer algo para que esta niña deje de mentir.

—No miente, Licha, sólo inventa —responde mi mamá con tranquilidad.

Me dieron el cuaderno para que apuntara todo lo que pasó, lo que pasó de verdad y lo que pasó en mi cabeza. Mi tía Licha piensa que todo lo que conté de Zu, Peter y los demás es un invento mío. Ella no dijo invento: dijo mentira. Pero mi mamá sabe que Zu se quiso ir, que la tristeza se contagia y se cura, y que los amigos pueden enviar cartas sin usar papel y lápiz. Ella sabe; eso es lo que me importa. Mientras, voy a seguir diciendo que tengo once años, aunque acabe de cumplir diez. A ver si así me duelen menos los diez años.