Capítulo 18

La saque rápidamente y la abrí: vale por un sueño, ponía. Para el mejor hijo-hermano y amigo que se puede tener, vuélvete...........

Al girarme me di cuenta de lo que pasaba, estaba tan ensimismado en la cajita, que no me había dado cuenta que a mis espaldas se producían algunos cambios.

Isabel me esperaba sonriente con lo que parecía una máquina de coser encima de una pequeña mesa, tapada con una sábana, yo le pregunté si era para el ajuar de la novia y ella levantando la sábana por el centro, dijo: más bien para el del novio.

Ante mis ojos apareció una maravillosa máquina de escribir, plateada, que a juzgar por su aspecto habría costado una fortuna, era mucho mejor de lo que yo, me hubiera soñado capaz de poseer. No puedo aceptarla dije, papá no has debido.............

No pude acabar la frase, mi padre miró a Don Nicanor y dijo: la idea fue suya y el dinero también, este al darse por aludido me miró y dijo: Tómalo como un adelanto, es un regalo por todo lo que has hecho, no quiero que dejes de escribir ahora que estas empezando, quisiera que plasmaras en papel todo lo que sientes, todo lo que la vida te dé y todo lo que tu mente sea capaz de hilvanar.

No te preocupes, lo hago a modo de inversión, me extendió la mano y me guiñó un ojo, yo tomé la suya y le di las gracias diciendo: No sabe lo que esto significa para mí. Gracias.

Así fue como me convertí en escritor, al amparo de ese hombre que tanto me ayudó, gracias a él he podido realizar mi sueño, a él y a mi padre, claro está, sin él nada de esto hubiera sido posible, que le vamos a hacer, no todo el mundo puede presumir de padre.

Estaba deslumbrado con la máquina, era imponente, preciosa, en ese pensamiento estaba cuando alguien me tocó en el hombro y me dijo, eso no es todo Nico.

Al volverme me encontré con los ojos de Irene que me miraban llenos de felicidad, con el amor que una madre mira a su hijo, como si de verdad lo fuera y el orgullo de madre le saliera por las orejas sin poderlo contener, me extendió unos papeles y me dijo: Esto también es para ti, quiero que seas el legítimo dueño, está todo a tu nombre.

No tuve más que leer el encabezamiento para darme cuenta de a qué se refería;

Escritura de propiedad urbana sita en Hospital de la virgen veinticuatro, primero B a nombre de Nicolás Sánchez Porteño.

No puedo aceptarla Irene, este era vuestro altar, no podría................ No pude acabar la frase, ella me cogió de las manos tiro de ellas y me susurró al oído: Ssssss todo está bien, hijo mío, todo está bien, a mí me queda poco tiempo, pero tú tienes toda la vida por delante, aférrate a ella y no te desvíes de tu camino, todos los seres de la tierra estamos en ella por una razón, encuentra la tuya y vive. He visto cómo te mira Isabel, sé cuánto te quiere, no le falles nunca por favor.

Me abracé a ella llorando y dándole las gracias, era justo lo que le faltaba a ese día para ser perfecto, el abrazo de mi madre, y por un momento así lo sentí, así lo viví, gracias mamá.

Demasiadas sorpresas para un día, demasiados sentimientos a flor de piel, pero había merecido la pena, solo con ver la cara de Julián el encargado del cementerio, cuando mi padre le echo el brazo por encima y le pidió que brindara con él, que poco hace falta para hacer felices a algunas personas, y lo que nos cuesta hacerlo a la mayoría de los humanos.

Esa noche caí en la cama rendido, después de despedir a todos los invitados, incluida Isabel me refugié en la cocina, tome un vaso de leche caliente y me dispuse a dormir, casi no tuve tiempo de ponerme el pijama, con los ojos vencidos y los pensamientos idos, me deslicé entre las sábanas y me abandoné a ese sopor que me derrotaba por momentos.

Esa noche tuve otro sueño, uno de esos que yo tengo de vez en cuando y que me hacen vivir experiencias diferentes y vidas paralelas, pero que en realidad no deja de ser más que eso, un sueño, ¿o no?

Han pasado sesenta años desde aquello, tengo setenta y cinco y aún lo recuerdo como si fuera ayer. Mi cuerpo yace inerte en la cama de mi dormitorio, yo me veo desde arriba, veo a las personas que han venido a verme, están todos; todos, menos las dos personas que más he querido en mi vida, mi padre que falleció hace unos veinte años y ella, Isabel que me dejó el año pasado, ahora hace once meses, once míseros meses de desesperación, que he tenido que aguantar hasta que el destino ha querido llevarme. Once largos meses en los que mi vida sin ella ha sido un infierno, se fue y me dejo como un despojo humano que languidecía con el paso de los días, esperando morir para volver a estar junto a ella.

Ya viene, lo presiento, huelo el olor de su pelo, siento como su aroma rodea mi cuerpo, cierro los ojos, me dejo llevar por él, siento su aliento de menta en mi boca, siento el tacto de su piel aterciopelado, suave y terso, abro los ojos y la veo, no me lo puedo creer, estar en el más allá le sienta divinamente, está más guapa que nunca, coge mi mano y tira de mí, veo como el medico lucha por recuperar un hilo de la vida que aún me queda, y surge la pregunta, más fácil de contestar de toda mi vida, ¿quieres morir o vivir?, aún puedes volver a entrar en tu cuerpo y alzarte triunfante ante la muerte, como ya he dicho, la pregunta más fácil de contestar de mi vida, quiero morir, claro está, quiero morir para estar con ella, porque eso no es morir, es vivir para siempre en el único amor verdadero de toda mi existencia, ISABEL.

A la mañana siguiente desperté plácidamente, como si el sueño, lejos de preocuparme por haber visto mi muerte, me hubiera gratificado por haberme dado la oportunidad de volver a estar con ella, entonces me hice el juramento de dedicar mi vida a hacerla feliz, y disfrutar de todo lo que tenía cuando estaba con ella.

Si puedo, algún día os contaré todo lo que pasó en los años que vivimos juntos, os contaré las pasiones que descubrí junto a ella, cuando descubrimos que el amor y el sexo van de la mano, como la felicidad se desbordó por mis venas cuando tuvimos nuestros hijos, y también os contaré lo que pasó con las personas que llegaron a nuestras vidas.

Espero que os haya gustado lo que he contado, he puesto el corazón en ello, y aunque habrá personas que no entiendan porqué lo he hecho, yo sé que lo hago porque siento la necesidad, a fin de cuentas soy diferente, o por lo menos así lo veo yo. Aunque algunas mujeres piensen que todos los hombres somos iguales.