Es de día. Estoy cansado. Los helicópteros van y vienen todo el día. Los helicópteros vienen para rescatar a las personas del pueblo. No vienen para rescatar a los animales. Los animales estamos solos. Estamos abandonados.
No hay muchas personas aquí, pero Paz sí está aquí. Y yo estoy con ella.
Un piloto y una rescatista vienen hacia nosotros. Hablan con Paz.
—¿Estás sola, niña? ¿Dónde está tu familia? —pregunta el piloto.
—¿Es tu perro? —pregunta la rescatista.
—¿Tienes frío? —pregunta el piloto.
—¡Vamos! Aquí es muy peligroso —dice la rescatista.
—¡No! Yo no estoy sola. Estoy con mi papá y con mi perro. Estamos bien —dice Paz.
—Entonces, necesito hablar con tu papá. ¿Dónde está tu papá? —dice la rescatista.
Paz no responde. La rescatista va hacia un grupo de personas y habla con ellas.
Paz no quiere estar allí. Va rápido hacia una casa desierta. Yo voy en ella. Ahora estamos solos. Paz dice rápido:
—Orión, sé que estás cansado. Pero necesito tu ayuda.
—¡Guau!
—Mi papá está vivo. No sé dónde está, pero sé que está vivo —dice Paz.
—¡Guau, guau!
—Orión, ¡busca a mi papá! —dice Paz.
—¡Guau, guau, guau!
Entonces, entro en el río otra vez. Ahora la corriente es más fuerte. Nado lentamente hacia la otra orilla.
Busco todo el día. Busco por todas partes. Busco en todas las casas. Busco en las calles. Busco en la estación de Policía. Pero Ren no está.
Entonces, voy al dique. Y ¡allí está! Ren está vivo, pero no está bien. Está atrapado en la tierra. Y no reacciona.
—¡Guau, guau, guau! ¡Aúúúú!
Ren reacciona lentamente y dice:
—Orión, ¿Tú? ¡¿Tú, aquí?!
—¡Guau!
—Estoy atrapado. No puedo salir —dice Ren cansado.
—¡Guau, guau!
Ren comprende. Me agarra del collar. Y con mi ayuda, lentamente sale de la tierra. Ahora vamos hacia el río. Vamos lentamente. Ren está muy cansado, y yo también.
En la otra orilla del río, las personas ven a Ren.
—¡Es Ren! —dice una persona.