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ELIMINAR LO IMPOSIBLE

 

 

Uno tras otro, los desconocidos fueron introduciéndose en el condado de Osage.[277] Apareció el exsheriff, disfrazado de viejo y silencioso ganadero texano. A continuación el antiguo ranger de Texas, haciéndose pasar asimismo por ranchero. Poco tiempo después, el que fuera agente de seguros abrió un negocio en el centro de Fairfax ofreciendo pólizas de confianza. Por último, el agente Wren llegó anunciándose como un curandero indio que estaba buscando a sus parientes.[278]

White había aconsejado a sus hombres no complicarse con sus tapaderas a fin de no delatarse. Pronto, los dos agentes que se hacían pasar por ganaderos trabaron amistad con William Hale, que los tomó por cowboys paisanos de Texas y los presentó a muchos vecinos prominentes. Con la excusa de ofrecerles pólizas a domicilio, el vendedor de seguros se personó en casa de diversos sospechosos. Por su parte, el agente Wren hizo sus incursiones en reuniones tribales y logró sonsacarles información a algunos indios osage que nunca habrían hablado con un agente de la ley blanco. «Wren había vivido entre indios […] y había salido airoso de la prueba y en muy buena forma», le dijo White a Hoover, añadiendo que su equipo de agentes encubiertos parecía capaz de «soportar todos los rigores de la vida».[279]

White no sabía por dónde iniciar la investigación. Los documentos de la indagación sobre la muerte de Anna Brown habían desaparecido misteriosamente. «Alguien me abrió el cajón de mi mesa y las declaraciones se esfumaron», dijo el juez de paz de Fairfax.[280]

Apenas se conservaban pruebas de las diversas escenas de los crímenes, aunque en el caso de Anna el hombre de la funeraria se había quedado a escondidas con un objeto: el cráneo de la muerta. La calavera hueca, del tamaño de un melón, era inquietantemente ligera si uno la sopesaba, y el aire entraba y salía como si se tratara de una concha blanqueada por el sol. Al examinarla, White vio el agujero en la parte posterior por donde había entrado la bala. Al igual que otros investigadores, dedujo que el arma homicida debía de haber sido de pequeño calibre, una pistola del 32 o quizá el 38. También a él le extrañó que no hubiera orificio de salida en la parte delantera del cráneo, lo cual quería decir que la bala había quedado alojada dentro. En la autopsia habría sido imposible no detectarla; alguien —un conspirador o el propio asesino— la había hecho desaparecer.

El juez de paz reconoció que él había abrigado las mismas sospechas. Cuando se le presionó en ese sentido —¿Era posible que, por ejemplo, los dos médicos, David y James Shoun, la hubieran cogido?—, el juez respondió: «Ni idea».[281]

Interrogado sobre el particular, David Shoun admitió que no había orificio de salida, pero hizo hincapié en que su hermano y él habían «buscado a fondo» la bala.[282] James Shoun puso similares objeciones. Sin embargo, dado el número de personas presentes durante la autopsia —entre ellas los agentes de la ley locales, el encargado de la funeraria, y Mathis, el dueño de la Big Hill Trading Company—, parecía imposible señalar un culpable.

 

 

Para distinguir los hechos de las habladurías en los informes del Bureau, White optó por un enfoque sencillo pero elegante: tratar de corroborar metódicamente la coartada de todos los sospechosos. Ya lo decía Sherlock Holmes: «Cuando uno ha eliminado lo imposible, el resto, por improbable que sea, tiene que ser la verdad».[283]

White recurrió al agente Burger para que lo guiara por el cenagal de la anterior investigación federal. Burger había trabajado en el caso durante un año y medio y en ese tiempo había seguido muchas de las mismas pistas que los detectives contratados por Hale y Mathis y la familia de Mollie. A partir de lo que había descubierto el agente Burger, White pudo descartar enseguida a muchos de los sospechosos, incluido el exmarido de Anna, Oda Brown. Comprobada su coartada —que ese día se encontraba con otra mujer—, quedó claro que quien había implicado a Brown se había inventado una historia con la esperanza de lograr mejores condiciones en la prisión. Nuevas investigaciones eliminaron a otros sospechosos, como los dos tipos duros de los campos petroleros a los que había señalado Harve Freas, el sheriff destituido.

White se dispuso a analizar el rumor de que Rose Osage había matado a Anna porque esta había intentado seducir a su novio, Joe Allen. (Rose y Joe se habían casado con posterioridad.) White leyó la declaración de la mujer kaw que había conseguido el investigador privado n.º 28, en la que Rose confesaba a ser la asesina. En un informe de campo, un agente del Bureau comentaba: «Es bien sabido que Rose […] tenía un carácter violento y era muy celosa».[284] El alguacil de Fairfax compartió con agentes un detalle inquietante: cerca de la fecha en que Anna fue asesinada, él había encontrado una mancha oscura en el asiento de atrás del coche de Rose. Dijo que parecía sangre.

 

Cortesía del Federal Bureau of Investigation

El agente John Burger

 

El agente Burger informó a White de que, en la anterior investigación, una vez había llevado a Rose y Joe a la oficina del sheriff para interrogarlos. Los sospechosos hubieron de esperar largo rato en habitaciones separadas. Cuando el agente Burger interrogó a Rose, esta insistió en que no tenía nada que ver con la muerte de Anna. «Nunca discutí ni me peleé con ella», declaró.[285] Burger habló a continuación con Joe, el cual, en palabras del agente, era «muy reservado, huraño y de aspecto siniestro».[286] Otro investigador le había preguntado a Joe aparte:

—¿Estabas a partir un piñón con Annie?

—¿Yo? Qué va —dijo Joe.[287]

La coartada de ambos era la misma: la noche del 21 de mayo de 1921, habían estado juntos en Pawnee, veintisiete kilómetros al sudoeste de Gray Horse, y habían parado en una pensión. El dueño del establecimiento —uno de aquellos sitios inmundos que apestaban a sexo y aguardiente ilegal— confirmó lo que decían Rose y Joe. No obstante, los investigadores repararon en que lo que contaban los dos sospechosos coincidía con demasiada exactitud, como si lo hubieran ensayado.

Rose y Joe fueron puestos en libertad. El agente Burger recabó entonces la ayuda de un informador, el contrabandista y traficante Kelsie Morrison, que parecía una fuente ideal para el caso. Había estado casado con una mujer osage y era amigo de Rose y otros sospechosos. Sin bien antes de que el agente Burger pudiera reclutar a Morrison, tenía que dar con él. Pero Morrison había huido del condado de Osage tras agredir a un agente local de la ley seca. Tras algunas averiguaciones, Burger y otros agentes se enteraron de que Morrison se encontraba en Dallas (Texas) y se hacía llamar Lloyd Miller. Los agentes le tendieron una trampa. Enviaron el aviso de una carta certificada al apartado de correos que constaba bajo el apellido Miller y cuando fue a buscarla lo atraparon. «Interrogamos a Lloyd Miller, quien por espacio de una hora negó ser Kelsie Morrison, hasta que por fin reconoció que efectivamente era él», informó el agente Burger.[288]

Morrison, de quien el agente Burger dijo que era «muy astuto, despiadado y un criminal confeso», vestía como un gigoló.[289] Alto, con cicatrices de bala, ojos pequeños y muy nervioso, parecía estar consumiéndose por dentro, de ahí su apodo del Flaco. «Habla y fuma mucho —anotó el agente Burger en su informe—. Sorbe por la nariz, y mueve continuamente boca y nariz como haría un conejo, sobre todo si está nervioso.»[290]

Los federales hicieron un trato con él: a cambio de anular la orden de arresto por agresión, él trabajaría como informador en el caso de los asesinatos de los indios osage. El agente Burger comunicó a la dirección que «se trata de un pacto estrictamente confidencial y nadie de fuera del Bureau debe enterarse de ello, bajo ninguna circunstancia».[291]

Existía el riesgo de que Morrison se escabullera, y, antes de dejarlo en libertad, el agente Burger se aseguró de que hubiera pasado por el riguroso proceso conocido con el nombre de bertillonage. Ideado por el criminólogo francés Alphonse Bertillon en 1879, fue el primer método científico para identificar a un criminal reincidente. Mediante un calibrador y otras herramientas especiales, así como con la ayuda de la policía de Dallas, el agente Burger, tomó once medidas del cuerpo de Morrison: la longitud del pie izquierdo, la anchura y longitud de su cabeza y el diámetro de la oreja derecha entre otras.

Tras informar a Morrison del objeto de aquellas mediciones, el agente Burger encargó una foto de identificación, otra de las innovaciones de Bertillon. En 1894 Ida Tarbell, reportero de la prensa amarilla, escribió que todo preso que se sometiera al sistema de Bertillon quedaría «fichado» para siempre: «Podrá borrarse los tatuajes, podrá comprimir el pecho, teñirse el pelo, sacarse dientes, hacerse cicatrices o disimular su estatura: de nada le va a servir».[292]

Pero el bertillonage empezaba a ser sustituido por un método más eficaz, un método que estaba revolucionando el mundo de la investigación científica: la identificación por huellas dactilares. En algunos casos, ya no era preciso un testigo presencial para situar a un sospechoso en la escena del crimen. Cuando Hoover pasó a ser director en funciones del Bureau, una de las primeras cosas que hizo fue crear la Sección de Identificación, un almacén central de huellas dactilares de criminales de todo el país.[293] Estos métodos científicos, proclamaba Hoover, ayudarían «a los defensores de la civilización en su lucha contra el peligro».[294]

El agente Burger mandó entintar las yemas de los dedos de Morrison. «Tenemos su fotografía, su descripción, sus medidas y sus huellas dactilares, por si en algún momento hubiera motivo para proceder a su detención», informó al cuartel general.[295]

Luego le dio a Morrison un poco de dinero para gastos. Morrison prometió hacer una visita a Rose Osage y Joe Allen, así como a elementos del hampa, para ver qué sacaba en claro sobre los asesinatos, no sin advertir que si alguien descubría que estaba trabajando para los federales, sería hombre muerto.

Posteriormente informó de que, en relación con el asesinato de Anna, le había preguntado a Rose por qué la había matado.[296] Y ella respondió: «No tienes ni idea de esto, Flaco. Yo no maté a Anna».[297] En un memorándum, el agente Burger comentaba sobre su valioso informador: «Si no lo liquidan demasiado pronto, nos puede prestar un gran servicio».[298]

 

 

White examinó toda la información que Morrison y los agentes habían recopilado sobre Rose Osage y Joe Allen. A la luz de lo que ella le había respondido a Morrison y del hecho de que el dueño de la pensión había confirmado la coartada de Rose y Joe, la declaración de la india kaw según la cual Rose le había confesado ser la asesina resultaba de lo más desconcertante. Un detalle en concreto llamaba la atención. Según lo que la india kaw había relatado de la confesión de Rose, Anna estaba en el coche cuando Rose le disparó, y luego habían dejado el cuerpo tirado en el arroyo, junto con las prendas de Rose manchadas de sangre.

La autopsia era reveladora: los criminólogos habían descubierto que después de la muerte la sangre se coagula en el punto más inferior del cuerpo, produciendo manchones oscuros en la piel. Si, al encontrar un cadáver, estos manchones aparecen en las regiones superiores, es señal de que alguien ha movido el cuerpo. En el caso de Anna, los médicos no habían indicado nada de esto, y en ninguna de las descripciones de la escena se hablaba de que hubiera un rastro de sangre entre el coche y el arroyo.

Todo parecía indicar que la testigo mentía y que Rose y Joe eran inocentes. Eso podía explicar por qué el dictógrafo que habían instalado los detectives contratados por la familia de Mollie Burkhart no captaron ninguna afirmación incriminatoria y por qué nunca se encontró la ropa que supuestamente Rose había dejado en el arroyo. Interrogaron de nuevo a la india kaw, y a los agentes no les costó hacerla confesar. Dijo que Rose jamás le había contado que ella matara a nadie. En realidad un blanco muy raro se había presentado en su casa, había escrito la declaración y la había obligado a firmarla a pesar de que era todo mentira. White comprendió que los conspiradores no solo estaban borrando pruebas, sino que las estaban fabricando.