Hacia finales de aquel verano, White empezó a sospechar que había un topo dentro de la investigación. Cuando uno de sus agentes estaba interrogando a un sórdido abogado local —quien, según un informador, intentaba «estrangular» la investigación del gobierno—,[308] el abogado se delató al mostrar un sorprendente conocimiento de los entresijos del caso. Finalmente, confesó que había «visto parte de los informes hechos por el Bureau […] y había tenido oportunidad de ver algunos más».[309]
Hacía tiempo que la investigación venía sufriendo filtraciones y sabotajes. Un agente se quejaba de que «los datos contenidos en los informes llegan inmediatamente a personas no autorizadas y sin escrúpulos».[310] Un abogado federal descubrió también que los informes que recibía del Bureau habían desaparecido de su despacho. Estas infracciones ponían en grave peligro a los agentes y creaban dudas insidiosas; los funcionarios empezaban a cuestionar la lealtad de sus colegas. Un fiscal federal exigió que no entregaran ninguna copia de su informe «a representantes del estado de Oklahoma».[311]
Lo más perjudicial fue tal vez que dos detectives privados —uno de ellos de la agencia Burns— intentaron poner en evidencia al principal informador del Bureau, Kelsie Morrison. Estos detectives filtraron a varios funcionarios locales que Morrison trabajaba para el Bureau y, posteriormente, llegaron al extremo de detenerle por un robo que no había cometido. El agente Burger dijo que la conducta de uno de los detectives era «censurable» y «dañaba sin duda a nuestra investigación».[312] Añadió que el «único propósito de estos detectives privados» era obstruir a la justicia, y continuó: «Alguien debe de estar pagándoles para que lo hagan».[313] Un agente informó que Morrison, tras ser puesto en libertad, parecía «aterrorizado».[314] Durante uno de sus encuentros, Morrison rogó a los agentes que atraparan a los «hijos de puta» causantes de los asesinatos antes de que lo liquidaran a él.[315] Y el agente Burger le advirtió: «Estate atento a cualquier trampa o traición».[316]
White se reunía a veces por la noche con su equipo, ocultos como fugitivos en algún punto de las afueras. Anteriormente, más de un agente había tenido la sensación de que le seguían, y White aconsejó a sus hombres por si alguien los descubría: «Mantened la calma, evitad en lo posible cualquier enfrentamiento». Dejando claro que debían ir armados, añadió: «Pero si tenéis que pelear para sobrevivir, hacedlo lo mejor que podáis».[317]
White tenía la sensación de estar vagando por un desierto de espejos, y que su trabajo se acercaba más al espionaje que a una investigación criminal. Había topos, había agentes dobles, posiblemente incluso agentes triples. Nadie había levantado más sospechas que el tal Pike, el investigador privado. Un caballero del condado de Osage se había presentado un día al agente Burger diciendo ser un intermediario, un mensajero de Pike. Los agentes sabían que William Hale había contratado a Pike en 1921 para que resolviera los asesinatos de los osage, pero el detective había abandonado el caso en vista de que no conseguía avanzar nada.
Cortesía de Alexandra Sands
El exsheriff de Nuevo México que se hizo pasar por ganadero en el equipo de White
Aun así, según el intermediario Pike se había guardado una información vital que había descubierto durante su investigación: conocía la identidad del tercer hombre al que habían visto con Bryan y Anna alrededor de la hora en que esta fue asesinada. Burger escribió que al parecer Pike «conoce y ha hablado con ese tercer hombre».[318] Pero el intermediario quiso dejar claro que Pike solo compartiría ese dato con una condición: que le pagaran un dineral. «Está claro que traman algo sucio», escribió el agente Burger en un informe.[319]
A través del intermediario, le exigieron a Pike que compareciera. Él, una vez más, se negó, sin duda decidido a sacar dinero y obstruir a la justicia. Los agentes se lanzaron a la búsqueda de Pike, cuyo último domicilio conocido estaba en Kansas City. «Habrá que localizar y detener a Pike —escribió el agente Burger—. Cambió de dirección en Kansas City tan pronto como se supo que íbamos tras él. Estamos convencidos de que alguien le ha pagado para que escape.»[320]
No mucho después, Pike fue detenido cuando intentaba supuestamente cometer un robo a mano armada en Tulsa. Cuando se vio entre la espada y la pared, Pike cantó el nombre de un jugador local. Los agentes pudieron confirmar que dicho jugador había estado bebiendo con Bryan y Anna en uno de los bares clandestinos la noche del 21 de mayo. Pero una investigación posterior demostró que el jugador se había ido a casa demasiado pronto para ser el «tercer hombre».
Al parecer los agentes habían hecho el primo una vez más. Sin embargo, continuaron investigando a Pike y presionándolo, y con el tiempo empezó a destapar, muy poquito a poco, una dimensión oculta del caso. Por ejemplo, reveló que a él nunca lo habían contratado para resolver el asesinato de Anna Brown y que, de hecho, se le había pedido que ocultara el paradero de Bryan la noche del crimen.
Pike dijo a los agentes que su misión era fabricar pruebas y generar falsos testigos para «dar forma a una coartada», dijo literalmente.[321] Es más, les aseguró que recibía órdenes directas de William Hale.
Pike explicó que Hale ponía mucho cuidado en no decir jamás de manera explícita que Bryan estuviera implicado en el asesinato de Anna, pero que no había duda de ello a tenor de lo que Hale le pedía que hiciera. Si Pike estaba diciendo la verdad, eso significaba que Hale —supuesto adalid de la ley y el orden que se había erigido en el mayor protector de Mollie Burkhart— había estado mintiendo durante años sobre el asesinato de Anna. En los informes de 1924, Pike no pudo contestar a lo que más le interesaba saber a White: ¿Hale estaba simplemente protegiendo a Bryan o formaba parte de un plan más intrincado y abominable?
No obstante Pike les dijo a los agentes una cosa más, igual de sorprendente. Cuando él se reunía con Hale y Bryan, dijo, a veces estaba presente otra persona: Ernest Burkhart. Y añadió que Ernest tenía mucho cuidado de no «hablar nunca del caso ni comentarlo con él si estaba presente Mollie Burkhart».[322]