En septiembre de 1925, mientras intentaba averiguar qué secretos ocultaban William Hale y sus sobrinos Ernest y Bryan, White se preguntó si una persona en concreto los habría descubierto anteriormente: Bill Smith, el cuñado de Mollie Burkhart. Smith fue el primero en sospechar que Lizzie había sido envenenada, y fue también quien había investigado si existía una conspiración de mayor envergadura en relación con la fortuna petrolífera de la familia. Si lo que averiguó fue la causa de que lo mataran, esa información podía ser la llave que abriera los entresijos del caso.
Después de que la explosión destrozara la casa de Smith, los agentes preguntaron a la enfermera que estaba de servicio cuando Bill estuvo ingresado en el hospital si él había comentado algo sobre los asesinatos. La enfermera dijo que, en su sueño febril, Bill murmuraba nombres pero que ella no había podido entenderlos. A veces, cuando el paciente se despertaba, parecía preocuparle la posibilidad de haber dicho algo en sueños, algo que debía callar. Poco antes de morir, recordaba la enfermera, Bill había hablado con sus médicos, James y David Shoun, y con su abogado. Los médicos habían pedido a la enfermera que saliera de la habitación; estaba claro que no querían que oyese lo que decían, y ella sospechó que Bill debía de haber hecho una declaración y revelado quién era el causante de la explosión de su casa.
White, que ya recelaba de los hermanos Shoun debido a que no habían encontrado la bala en el cadáver de Anna Brown, empezó a interrogar a todas las personas que habían estado con Bill en la habitación. A todas ellas las interrogarían después fiscales federales. Según la transcripción de estos interrogatorios, David Shoun admitió que su hermano y él habían hecho venir al abogado creyendo que Bill iba a señalar a sus asesinos, pero que no sucedió tal cosa. «Si Bill Smith tenía alguna idea de quién les puso una bomba, se lo calló», dijo el médico.[351]
Uno de los fiscales le presionó para que explicara por qué era tan importante que la enfermera saliese de la habitación. Shoun respondió que muchas veces las enfermeras salen cuando entra el doctor.[352]
—¿Quiere decir que ella miente cuando dice que usted le pidió que saliera?
—No. Si ella lo dice, seguro que fue así.[353] —Shoun insistió en que juraría las veces necesarias que Bill nunca dijo quiénes eran sus asesinos. Y, tocándose el sombrero, añadió—: Bill Smith me regaló este sombrero, y es mi amigo.
James Shoun fue igual de categórico que su hermano David.
—Bill nunca reveló quién había puesto la bomba —le dijo al fiscal.[354]
—Pero seguro que habló del asunto.
—Nunca reveló quién había puesto la bomba.
—¿Habló de quién había puesto la bomba?
—No, no habló de quién había puesto la bomba.
Cuando interrogaron al abogado de Bill Smith, también insistió en que él no tenía ni idea de quién era el autor del atentado contra la casa de los Smith. «Caballeros, para mí es un misterio», declaró.[355] Pero luego, sintiéndose entre la espada y la pared, reveló que en el hospital Bill había dicho: «Yo solo he tenido dos enemigos en la vida, sabéis», y que esos enemigos eran William K. Hale —el Rey de las Colinas Osage— y su sobrino Ernest Burkhart.[356]
Los investigadores preguntaron a James Shoun al respecto, y el médico finalmente confesó:
—No puedo afirmar categóricamente que él dijera […] que Bill Hale puso la bomba, pero sí dijo que Bill Hale era su único enemigo.[357]
—¿Y qué dijo de Ernest Burkhart? —le preguntó otro letrado.
—Que esos dos eran sus únicos enemigos que él supiera.
Los Shoun eran amigos y médicos de cabecera de Hale y de los Burkhart. Poco tiempo después de la conversación en el hospital, uno de los hermanos informó a la enfermera que Bryan Burkhart estaba enfermo y le pidió que fuera a visitarlo a su casa. Ella accedió. Mientras estaba en casa de Bryan Burkhart, apareció Hale, quien, después de hablar en privado con su sobrino, se dirigió a la enfermera. Intercambiaron cuatro trivialidades y luego Hale le preguntó si Bill Smith había dicho quiénes eran los autores del atentado. Y la enfermera respondió: «Si lo hubiera dicho, yo nunca se lo contaría a nadie».[358] Daba la impresión de que Hale intentaba cerciorarse de si ella sabía algo y, en ese caso, advertirle quizá de que no se fuera de la lengua.
Conforme White y los agentes ahondaban en la supuesta declaración de Bill Smith en el hospital, empezaron a sospechar que los médicos habían organizado la reunión privada con el herido no para recabar su testimonio sino, más bien, por un motivo oculto. Durante la reunión, se nombró a James Shoun administrador de los bienes de Rita, la esposa asesinada de Bill, lo que le permitiría ejecutar su testamento. Esa era una posición codiciada por los blancos, puesto que suponía unos honorarios desorbitados y proporcionaba numerosas oportunidades para el chanchullo.
En cuando el equipo de White destapó el plan, uno de los fiscales del caso interrogó a David Shoun al respecto.
—Usted ha estudiado medicina y tiene que conocer el requisito de una declaración in articulo mortis —le dijo—. ¿No se proponía conseguir algo de ese estilo?[359]
Shoun se limitó a responder:
—No.
Ahora estaba claro por qué los médicos no habían convocado al sheriff o a un fiscal, sino al abogado particular de Bill Smith. Le habían pedido que llevara los documentos necesarios para que Bill los firmara antes de morir.
Otro fiscal preguntó a David Shoun si Smith estaba mínimamente lúcido como para tomar semejante decisión.
—¿Él sabía lo que estaba firmando?[360]
—Supongo que sí; aparentemente, era capaz de razonar.
—Bien, usted es médico; ¿cree que era capaz de razonar?
—Sí.
—¿Y él dispuso que el hermano de usted fuera nombrado administrador de los bienes de su esposa?
—Sí, señor.
En una fase posterior del interrogatorio, Shoun admitió: «Un patrimonio muy abundante».
Cuanto más investigaba White el flujo de dinero procedente de los headrights osage, más casos de corrupción descubría. Aunque algunos tutores y administradores blancos intentaban obrar por el interés de la tribu, muchos otros se valieron de su posición para estafar a las mismas personas a quienes se suponía que estaban protegiendo. Muchos tutores compraban, para sus tutelados, bienes de sus propias tiendas o inventarios y a precios hinchados. (Uno en concreto adquirió un coche por doscientos cincuenta dólares y luego lo revendió a su tutelado por mil dólares más.) Algunos tutores, a cambio de una comisión, hacían que sus pupilos solo trataran con ciertos bancos y determinadas tiendas. Otros decían estar comprando casas y terrenos para sus tutelados cuando en realidad los compraban para ellos mismos. Otros les robaban directamente. Un estudio del gobierno calculó que antes de 1925 los tutores de indios osage habían sacado fraudulentamente de las cuentas restringidas de sus tutelados osage al menos ocho millones de dólares. «El capítulo más negro en la historia de este estado será sin duda el tutelaje ejercido sobre los patrimonios indios —afirmó un jefe osage. Y añadía—: Los tutores en persona han dilapidado no miles, sino millones de dólares de muchos miembros de la tribu.»[361]
White descubrió que el negocio indio, como se dio en llamar, era una operación criminal perfectamente orquestada con la complicidad de diversos sectores de la sociedad. Los tutores y administradores corruptos de patrimonios osage solían contarse entre los más destacados ciudadanos blancos: empresarios, rancheros, abogados y políticos. Otro tanto ocurría con los agentes de la ley, fiscales y jueces que facilitaban y tapaban las estafas (a veces, ellos mismos eran también tutores o administradores). En 1924 la Indian Rights Association, que defendía los intereses de comunidades indígenas, llevó a cabo una investigación sobre lo que calificó de «orgía de chanchullos y explotación».[362] La organización documentó cómo estaban «robando vergonzosa y descaradamente y de un modo científico y cruel» a los indios ricos de Oklahoma, y cómo las tutorías venían a ser «la guinda que se repartía entre los amigos leales de los jueces como recompensa por su apoyo en las urnas».[363] Se sabía que algunos jueces le decían al ciudadano: «Tú, vótame, que yo procuraré buscarte un buen tutelaje». Una mujer blanca casada con un osage explicaba a un periodista los apaños entre unos ciudadanos locales: «Surgió un grupo de comerciantes y abogados que tomó como objetivo a determinados indios. Tenían comprados a todos los funcionarios […] Estos hombres se entendían entre ellos. Con toda la sangre fría decían; “Tú coge a Fulano, Mengano y Zutano, que yo me quedo estos otros de aquí”. Elegían a indios que tuvieran headrights y propiedades grandes».[364]
Cortesía de Raymond Red Corn
El jefe osage Bacon Rind protestó diciendo que «todo el mundo viene pensando en conseguir algo de este dinero»
Decir que algunos trapicheos eran depravados es quedarse corto. La Indian Rights Association documentó el caso de una viuda cuyo tutor se fugó con la mayor parte de sus posesiones. Luego el hombre le comunicó a la mujer, que se había mudado del condado de Osage, que ya no le quedaba dinero en la cuenta corriente, por lo que hubo de criar dos hijos en la pobreza. «Para ella y los niños no había cama ni silla ni comida en la casa», dijo el investigador.[365] Y cuando el pequeño de la viuda enfermó, el tutor no cedió y se negó a pasarle dinero (dinero que era de ella), pese a que la viuda le suplicó varias veces. «El pequeño, sin alimentación adecuada y sin atención médica, murió», dijo el investigador.
Los osage eran conscientes de estos trapicheos pero no tenían medios para ponerles fin. Después de que la viuda perdiera a su hijo, se presentaron pruebas del fraude a un juez del condado, el cual declinó instruir una causa. «Mientras se permita que estas condiciones no cambien, no habrá esperanza de justicia —concluía el investigador—. El grito de esta […] mujer es una llamada de atención a todo el país.»[366] Un osage, hablando a la prensa sobre el asunto de los tutores, dijo: «Nuestro dinero los atrae y no se puede hacer absolutamente nada. Ellos tienen todas las leyes y toda la maquinaria de su lado. Cuando escriba el artículo, dígale usted a todo el mundo que aquí nos están arrancando, no ya la cabellera, sino el alma».[367]