Un día de aquel mes de septiembre, el agente encubierto que se hacía pasar por vendedor de seguros paró en una gasolinera de Fairfax y se puso a hablar con una de las empleadas. Cuando el agente le explicó que quería comprar una casa en los alrededores, la mujer mencionó que el que lo «controlaba todo» en aquella región era William Hale.[368] Dijo también que ella le había comprado su casa, que estaba en los aledaños de los pastos de Hale. Comentó que una noche habían ardido miles de hectáreas de Hale y que no habían quedado más que las cenizas. La gente no sabía quién había provocado el incendio, pero ella sí: Hale había ordenado a sus trabajadores que prendieran fuego a sus tierras para cobrar el seguro: treinta mil dólares en total.
White intentó ahondar en otro asunto sospechoso: ¿cómo había llegado Hale a ser el beneficiario de la póliza de veinticinco mil dólares del seguro de vida de Henry Roan? Cuando Roan apareció con una bala en la nuca en 1923, el que tenía el móvil más claro para haberlo asesinado era Hale. Sin embargo, el sheriff no le había hecho investigar, y tampoco otros agentes de la ley locales: un descuido que, a estas alturas, no parecía casual.
White consiguió localizar al vendedor de seguros que le había colocado la póliza a Roan en 1921. Hale siempre había insistido en que Roan, que era uno de sus mejores amigos, le había nombrado beneficiario porque él, Hale, había prestado mucho dinero a Roan a lo largo de los años. El vendedor de seguros ofreció una historia muy distinta.
Según él lo recordaba, Hale había presionado por su cuenta en relación con la póliza, diciendo: «Madre mía, eso es como pescar peces en un barril».[369] Hale dijo que por una póliza así pagaría una prima extra, a lo que el vendedor contestó:
—Bueno, podríamos hacerle una póliza de diez mil dólares.
—No, quiero que sea de veinticinco mil —dijo Hale.
El vendedor de seguros le había explicado que, no siendo pariente de Roan, solo podía convertirse en beneficiario en caso de ser su acreedor. Y Hale había dicho: «Bueno, él me debe un montón de dinero, unos diez o doce mil dólares».
A White le costaba creer que esa deuda fuera real. Si en verdad Roan le había debido esa suma a Hale, este no habría tenido que hacer otra cosa que aportar pruebas de la deuda al patrimonio de Roan, que le habría reembolsado el dinero. Hale no tenía ninguna necesidad de conseguir una póliza de seguro por la vida de su amigo, una póliza sin un valor de reembolso significativo a menos que Roan (el cual no había cumplido aún los cuarenta) muriera repentinamente.
El vendedor, que estaba en buenas relaciones con Hale, reconoció que no tenía prueba de la deuda y que en el fondo solo quería sacarse su comisión. Fue una más de las personas que participaba en el «negocio indio». Por lo visto, Roan estaba a dos velas de estas maquinaciones; confiaba en que Hale, que supuestamente era su mejor amigo, le estaba ayudando. Pero había aún un obstáculo en los planes de Hale. Un médico debía examinar a Roan —bebedor empedernido que en una ocasión había destrozado su coche estando borracho— y considerarlo un riesgo asumible para la compañía de seguros. Aunque hubo un médico que aseguró que nadie daría el visto bueno a aquel «indio borracho»,[370] Hale se puso a buscar hasta que en Pawhuska encontró a un hombre dispuesto a recomendar a Roan; y uno de los aparentemente ubicuos hermanos Shoun, James, también dio su recomendación.
White averiguó que la compañía de seguros había rechazado la primera solicitud. Un representante de la empresa replicó al empeño de Hale por conseguir una póliza de veinticinco mil dólares de forma tajante: «No me parece que sea algo normal».[371] Hale, impertérrito, habló con una segunda compañía de seguros. En la solicitud preguntaban si Roan había sido rechazado previamente por otra compañía. El solicitante respondió con un «no». Más tarde, un agente de seguros que revisó la solicitud dijo a las autoridades: «Yo sabía que algunas de las respuestas eran mentira».[372]
En esta ocasión, Hale había presentado un título de crédito a fin de demostrar que Roan le debía dinero. La deuda que en principio había aducido Hale —entre diez y doce mil dólares— había aumentado inexplicablemente hasta los veinticinco mil, justo la cantidad de la póliza de seguros. La nota iba supuestamente firmada por Roan con fecha «En, 1921»; era un dato importante, pues de él se deducía que el documento era anterior a los esfuerzos por conseguir el seguro y daba legitimidad a la propuesta de Hale.
Entonces la caligrafía y el análisis de documentos eran herramientas incipientes en el campo de la investigación criminal. Aunque muchas personas acogieron con veneración las nuevas técnicas forenses, atribuyéndoles un poder casi divino, a menudo eran susceptibles de errores humanos. En 1894, el criminólogo francés Bertillon había contribuido a condenar erróneamente por traición a Alfred Dreyfus tras presentar un análisis caligráfico repleto de errores. Pero aplicado con cuidado y prudencia, el análisis de documentos y caligrafía podía ser muy útil. En el tristemente célebre caso de Nathan Leopold y Richard Loeb, en 1924, los investigadores habían detectado correctamente similitudes entre los apuntes de colegio de Leopold y la nota de rescate, ambas escritas a máquina.
Los agentes que trabajaron después en la investigación del asesinato de Roan enseñaron el título de crédito a un analista del departamento del Tesoro, a quien se conocía como el «examinador de documentos dudosos». El analista detectó que la fecha escrita originalmente a máquina en el documento decía «Jun» en vez de «En» y que alguien había borrado cuidadosamente la J y la u y había añadido la E. «Fotografías tomadas por medio de luz oblicua muestran a las claras las fibras del papel erosionadas y levantadas como consecuencia de un borrado mecánico en torno a la fecha», escribió en su informe el examinador, quien determinó que alguien había cambiado las letras.[373]
White sospechaba que en su intento de conseguir la póliza de seguros Hale había falsificado el documento y que después lo modificó al darse cuenta de que había metido la pata con la fecha. Más adelante, un funcionario federal interrogó al hombre que, según Hale, había escrito a máquina la nota. El hombre negó haber visto jamás aquel papel. Al preguntársele si Hale mentía, dijo: «Por supuesto».[374]
La segunda compañía de seguros aprobó la póliza después de que Hale llevara otra vez a Roan al especialista de Pawhuska para el examen requerido. El médico recordaba haber preguntado a Hale: «Bill, ¿cuáles son tus planes, matar a este indio?».[375]
Y Hale, riendo, contestó: «¡Pues claro!».[376]
White supo que, después de que en el sepelio Hale portara el féretro de Roan, los agentes de la ley locales no solamente lo ignoraron como sospechoso, sino que buscaron un chivo expiatorio en Roy Bunch, el hombre que tenía un lío amoroso con la esposa de Roan. White y su equipo hablaron con Bunch, el cual sostuvo que era inocente y les contó una cosa curiosa sobre William Hale. Después del asesinato de Roan, Hale había ido a hablar con Bunch.
—Yo de ti me largaría del pueblo —le dijo.[377]
—¿Por qué tengo que huir? Yo no le maté.
—La gente piensa que sí —dijo Hale.
A continuación le ofreció dinero para ayudarle a escapar. Posteriormente, Bunch habló con un amigo, que le convenció de no dar ese paso, porque huir le haría parecer culpable.
—Si te vas, seguro que te cargan el mochuelo a ti —le dijo.
White y sus hombres investigaron a fondo a Roy Bunch y finalmente lo descartaron como sospechoso; como dijo un agente, «las aireadas relaciones entre Bunch y la mujer de Roan estaban calculadas como la base de una buena tapadera» para los verdaderos asesinos.[378] Y la persona que parecía más empeñada en incriminar a Bunch era el Rey de las Colinas Osage. A la muerte de Roan, Hale había ido varias veces a ver a su viuda con la intención de hacerle firmar diversos papeles relativos a reclamaciones por el patrimonio de Roan. En una de esas ocasiones, Hale le dejó como regalo una botella de whisky, pero ella, temiendo que quisieran envenenarla, no quiso probar el alcohol ilegal.
Aunque White había reunido pruebas circunstanciales que implicaban a Hale en el asesinato de Roan, el caso presentaba todavía enormes lagunas. No había ninguna prueba concluyente (huellas dactilares, testigos oculares) de que Hale hubiera disparado a Roan o de que hubiera dado órdenes de hacerlo a uno de sus sobrinos o a algún esbirro. Y aunque la sospechosa póliza de seguro de vida parecía vincularle con la muerte de Roan, no constituía un móvil para los otros asesinatos de indios osage.
Pero estudiando más a fondo el caso de Roan, a White le chocó un detalle: antes de conseguir la póliza de seguro, Hale había hecho un intento de comprarle a Roan su headright, o sea su parte en el patrimonio mineral de la tribu, que era más valiosa que cualquier alijo de oro o diamantes. Hale sabía perfectamente que el sistema de headrights excluía por ley la compra o venta de los mismos, pero confiaba en que tarde o temprano los grupos de presión blancos acabarían con esa prohibición. De hecho, Hale había dicho una vez: «Como tantos otros hombres buenos, yo creía que era solo cuestión de tiempo que el Congreso aprobara una ley para permitir que todo indio culto con certificado de competencia pueda vender o traspasar sus derechos minerales a quien le plazca».[379] No obstante, la ley no sufrió modificaciones, y White sospechaba que este revés había empujado a Hale a decidirse por el plan de la póliza y el asesinato.
De todos modos, existía un modo legal de hacerse con un headright: la herencia. Al examinar el archivo público de testamentos de muchas de las víctimas de asesinato, White pudo comprobar que con cada nueva defunción más y más headrights iban a parar a manos de una sola persona: Mollie Burkhart. Y daba la casualidad de que ella estaba casada con el sobrino de Hale, Ernest, un hombre a quien «Hale tiene completamente controlado», según escribió un agente en uno de sus informes en la investigación anterior.[380] Kelsie Morrison, el contrabandista e informante, dijo a los agentes del Bureau que tanto Ernest como Bryan Burkhart hacían exactamente lo que su tío les decía. Y añadió que Hale era «capaz de cualquier cosa».[381]
White analizó las muertes en la familia de Mollie en busca de una pauta. Ni siquiera la cronología parecía ya cosa del azar, sino parte de un plan especialmente despiadado. Anna Brown, divorciada y sin hijos, había legado casi toda su fortuna a Lizzie, su madre. Matando primero a Anna, el cerebro de la operación se aseguraba de que su headright no fuera repartido entre múltiples herederos. Dado que en su testamento Lizzie legaba casi todo su headright a las hijas que habían sobrevivido, Mollie y Rita, la anciana se convertía en la siguiente víctima lógica. Luego les tocó el turno a Rita y a su marido, Bill Smith. White comprendió que el poco habitual método utilizado —una explosión— tenía una lógica de lo más cruel. Los testamentos de Rita y Bill estipulaban que si morían a la vez, buena parte del headright de Rita iría a parar a su hermana Mollie. Aquí, el cerebro había incurrido en un error de cálculo. Al sobrevivir, inesperadamente, unos pocos días a su esposa, Bill se convertía en heredero de gran parte de la fortuna de Rita, y al morir él el dinero fue a parar a un pariente suyo. Eso no impidió que el grueso de los headrights de la familia recayera en Mollie Burkhart, cuya fortuna controlaba Ernest. White estaba convencido, además, de que Hale había fraguado en secreto una vía indirecta a esta fortuna por mediación de su servil sobrino. Como informó White a Hoover más adelante: «Aparentemente MOLLIE ha sido el primer medio a través del cual HALE, por mediación de los BURKHART, se ha hecho con los activos de la familia entera».[382]
White no pudo aclarar si el matrimonio de Ernest con Mollie —celebrado cuatro años antes del asesinato de Anna— formaba parte de la trama desde un principio, o si Hale habría convencido a su sobrino de que la traicionara una vez estuvieron casados. Fuera como fuese, el plan era tan siniestro, tan descarado, que costaba de imaginar siquiera. Requería que Ernest compartiera cama con Mollie y que tuviera hijos con ella, al tiempo que tramaba una estafa contra la familia. Como Shakespeare dejó escrito en Julio César:
¿Dónde vas a hallar una caverna lo bastante lóbrega
para esconder tu monstruoso rostro? No busques, conspiración:
ocúltalo con sonrisas y afabilidad.
Cortesía de la Oklahoma Historical Society, Oklahoman Collection
Ernest y Mollie Burkhart