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LOS COWBOYS ENCUBIERTOS

 

 

Después de tomar el mando de la sucursal de Oklahoma City en julio de 1925, White se puso a revisar las voluminosas carpetas sobre los asesinatos de los indios osage, una documentación que se había ido acumulando a lo largo de los dos años anteriores. Los casos de asesinato que no se resuelven enseguida suelen quedarse sin resolver; las pruebas se secan, los recuerdos se desvanecen. Habían pasado más de cuatro años desde los asesinatos de Anna Brown y Charles Whitehorn, y muchas veces la única manera de resolver casos así es encontrar una pista pasada por alto entre la ingente documentación original.

Los archivos sobre el particular eran una historia en bruto: datos y más datos sin la menor cronología, sin el menor contexto, como una novela cuyas páginas estuvieran completamente desordenadas. White se volcó sobre este universo de lo fortuito esperando encontrar una pauta. Aunque había tenido que vérselas con muertes violentas, la brutalidad que contenían aquellas carpetas le dejó sin habla. Escribiendo sobre la explosión de la casa de los Smith, un agente decía: «Las dos mujeres perecieron al instante, sus cuerpos volaron despedazados y más tarde encontraron fragmentos de carne de ambas en una casa situada a casi cien metros».[261] Los agentes anteriores se habían centrado en los seis casos que parecían más fáciles de resolver: las muertes de Rita Smith, su marido Bill Smith y la criada Nettie Brookshire en la explosión, y los asesinatos con arma de fuego de Anna Brown, Henry Roan y Charles Whitehorn.

White se esforzó por encontrar algún vínculo entre las dos docenas de asesinatos, pero había pocas cosas evidentes: indios ricos de la tribu osage eran el blanco, y tres de las víctimas —Anna Brown, Rita Smith y la madre de estas, Lizzie— estaban emparentadas. Sorprendentemente, nadie había ido a hablar con la hija de Lizzie que aún vivía, Mollie Burkhart. Al investigador se le enseñaba a ver el mundo con los ojos de otras personas. Pero ¿cómo podía White imaginarse lo que aquella mujer había visto, desde que naciera en una cabaña en medio de la pradera hasta que se transformara en una persona rica casi de la noche a la mañana y últimamente fuera presa del pánico conforme iban cayendo miembros de su familia y de su tribu? Los archivos ofrecían poca información de interés sobre Mollie, únicamente mencionaban que estaba enferma de diabetes y que vivía recluida en su casa.

Algunos detalles parecían reveladores. Los asesinos en serie suelen atenerse a rígidas rutinas, pero los asesinatos de los osage se habían perpetrado siguiendo un desconcertante batiburrillo de métodos. No había ninguna rúbrica. Esto, sumado al hecho de que los cadáveres aparecieran en puntos diversos del estado y de la región, sugerían que no había un solo responsable sino varios. Quienquiera que estuviese detrás de los crímenes debía de haber contratado a esbirros. El tipo de asesinato parecía apuntar a un cerebro que no era un asesino compulsivo sino alguien avezado en conspiraciones, alguien lo bastante inteligente para entender de sustancias tóxicas y lo bastante calculador como para llevar a término sus diabólicos planes en un espacio de años.

A medida que White examinaba los datos de que disponía, varias líneas argumentales parecieron ir tomando cuerpo. Pero la información siempre conducía a las mismas fuentes dudosas: investigadores privados y agentes de la ley locales, cuyas opiniones se basaban en poco más que habladurías. Dado que la corrupción parecía estar presente en todas las instituciones del condado de Osage, dichas fuentes podían estar divulgando desinformación adrede a fin de tapar el verdadero intríngulis del caso. White comprendió que el mayor problema de las anteriores investigaciones no era que los agentes hubieran fracasado a la hora de descubrir pistas, sino que había demasiadas. Los agentes seguían una de ellas y luego, simplemente, la descartaban o no conseguían corroborarla o al final la daban por mala. Incluso cuando parecían estar en el camino correcto, no habían obtenido pruebas que un tribunal pudiera considerar admisibles.

En su afán por ser un hombre moderno y racional, White tuvo que aprender numerosas técnicas nuevas, pero la más eficaz de todas era imperecedera y consistía en distinguir metódica y desapasionadamente las habladurías de los hechos que podían demostrarse con pruebas. White no quería ahorcar a un hombre solo porque él hubiera pergeñado una historia atractiva. Y después de años de investigaciones chapuceras, cuando no corruptas, sobre los asesinatos de los osage, White necesitaba descartar las medias verdades y construir un discurso que no ofreciera dudas sobre la base de lo que se conocía como una «concatenación ininterrumpida de pruebas».[262]

 

 

White siempre prefería investigar solo, pero dado el número de asesinatos y de pistas a seguir, comprendió que tendría que formar un equipo. Sin embargo, ni siquiera un equipo podía salvar uno de los principales obstáculos a que se habían enfrentado anteriores investigadores: la negativa de testigos a cooperar debido a prejuicios, a mera corrupción o, como lo expresó un agente, a un «temor casi universal a que los quitaran de enmedio».[263] Así pues, White decidió convertirse en la cabeza visible de la investigación y mantener encubierta a la mayoría de los otros agentes.

«Le daré tantos hombres como necesite»,[264] le prometió Hoover, el cual, reconociendo las limitaciones de sus muchachos universitarios, había mantenido en plantilla a unos cuantos cowboys más, entre ellos al hermano de Tom. Estos agentes estaban aprendiendo nuevas técnicas científicas de detección y procuraban adaptarse a la norma de redactar sus informes a máquina.[265] Pero White creyó que eran los únicos candidatos que podían asumir una misión de aquella índole: infiltrarse en territorio salvaje, tratar con forajidos, seguir a sospechosos, pasar días sin dormir, mantener la clandestinidad en circunstancias difíciles y, en caso necesario, manejar armas de fuego. White no incluyó a su hermano Doc en su cuadrilla de cowboys; desde la época que habían pasado en los rangers, ambos habían evitado coincidir en la misma misión a fin de proteger a su familia de la posibilidad de perder a dos de sus miembros a la vez.

Para empezar, White reclutó a un exsheriff de Nuevo México,[266] el cual, a sus cincuenta y seis años, se convertiría en el hombre de más edad del grupo. Aunque reservado hasta el punto de resultar tímido, era un experto en asumir identidades encubiertas (había pasado por ser desde un cuatrero hasta un falsificador). White enroló después a un antiguo ranger de Texas,[267] un individuo rollizo y parlanchín de cabello rubio, el cual, según un superior, era ideal para situaciones «en las que haya un elemento de peligro».[268] Además, White reclutó a un agente ultrasecreto con el aspecto del típico vendedor de seguros (quizá porque esa había sido su antigua profesión).[269]

White decidió contar con al menos uno de los agentes de la anterior investigación: John Burger. Burger conocía todos los detalles de los sospechosos y de las pruebas reunidas, y había desarrollado una extensa red de informantes entre los que había muchos forajidos. Dado que Burger era ya persona bien conocida en el condado, trabajaría abiertamente con White. Igual que Frank Smith, un agente texano que enumeraba así sus intereses: «Prácticas de tiro (con pistola y rifle); caza mayor; pesca deportiva; escalada; aventuras en general; caza del hombre».[270] En el Bureau, Smith estaba encasillado como uno de los «agentes sin estudios de la vieja escuela».[271]

Por último, White reclutó al peculiar John Wren. Wren, que había trabajado como espía para la revolución mexicana, era un bicho raro en el Bureau por el hecho de ser indio americano (muy probablemente, el único en toda la organización). Tenía sangre ute —una tribu que había prosperado en lo que actualmente es Colorado y Utah—, los ojos negros y un bigote retorcido. Pese a su talento como investigador, recientemente había sido suspendido por no presentar informes según mandaba el reglamento. Exasperado, un agente especial había dicho de él: «Wren es buenísimo llevando casos y parte de su trabajo solo puede calificarse de brillante, pero ¿de qué sirven tantas noches y tantos días de dedicación si luego los resultados no se plasman en informes escritos? Tiene toda la información en la cabeza pero se empeña en no pasarla al papel».[272] En marzo de 1925, Hoover había restituido a Wren en el cargo pero antes le advirtió: «A menos que esté a la altura de los criterios ahora vigentes en este Bureau, me veré obligado a pedir su dimisión».[273] White sabía que el punto de vista de Wren sería fundamental para el equipo. Algunos de los agentes que habían trabajado en el caso, incluido Burger, habían incurrido en el tipo de prejuicio contra los osage que por entonces era lugar común. En un informe conjunto, Burger y otro agente hacían constar que «los indios, en general, son holgazanes, pusilánimes, cobardes y disolutos»,[274] y el compañero de Burger insistía en que el único modo «de hacer hablar a estos indios testarudos y disolutos para que digan lo que saben es dejarlos sin cobrar el subsidio […] y, si es preciso, meterlos en la cárcel».[275] Semejante desdén había acrecentado la desconfianza de los osage para con los agentes federales y entorpecido la investigación. Pero Wren, que se refería a sí mismo como uno de los «valientes» de Hoover, había manejado con solvencia muchos casos difíciles en reservas indias.

 

Cortesía de Frank Parker Sr.

El equipo de White contaba con un ex ranger de Texas de quien se decía que era apto para «cualquier factor de peligro»

 

White le transmitió a Hoover la lista de los hombres que quería, y aquellos que no estaban ya destinados en la sucursal de Oklahoma recibieron órdenes urgentes, en clave, del cuartel general: «PROCEDA DE INCÓGNITO Y PRESÉNTESE INMEDIATAMENTE AL AGENTE ESPECIAL A CARGO TOM WHITE».[276] Reunido finalmente el equipo, White cogió su arma y partió rumbo al condado de Osage: otro viajero en la niebla.