Prosigue en la materia comenzada y dice cómo se
acabó de concluir y se fundó este monesterio de el glorioso
San Josef y las grandes contradiciones y persecuciones que,
después de tomar hábito las relisiosas, hubo, y los grandes
trabajos y tentaciones que ella pasó, y cómo de todo la sacó
el Señor con vitoria y en gloria y alabanza suya.
1. Partida ya de aquella ciudad,1 venía muy contenta por el camino, determinándome a pasar todo lo que el Señor fuese servido muy con toda voluntad. La noche mesma que llegué a esta tierra, llega nuestro despacho para el monesterio y Breve de Roma, que yo me espanté, y se espantaron los que sabían la priesa que me había dado el Señor a la venida, cuando supieron la gran necesidad que había de ello y a la coyuntura que el Señor me traía; porque hallé aquí al obispo2 y al santo fray Pedro de Alcántara, y a otro caballero muy siervo de Dios,3 en cuya casa este santo hombre posaba, que era persona adonde los siervos de Dios hallaban espaldas y cabida.4
2. Entramos a dos acabaron con el obispo admitiese el monesterio; que no fue poco, por ser pobre, sino que era tan amigo de personas que vía ansí deteminadas a servir a el Señor, que luego se aficionó a favorecerle; y el aprobarlo este santo viejo y poner mucho con unos y con otros en que nos ayudasen, fue el que lo hizo todo. Si no viniera a esta coyuntura —como ya he dicho— no puedo entender cómo pudiera hacerse; porque estuvo poco aquí este santo hombre (que no creo fueron ocho días, y ésos muy enfermo) y desde a muy poco le llevó el Señor consigo.5 Parece que le había guardado Su Majestad hasta acabar este negocio, que había muchos días —no sé si más de dos años— que andaba muy malo.
3. Todo se hizo debajo de gran secreto, porque a no ser ansí no se pudiera hacer nada, sigún el pueblo estaba mal con ello, como se pareció6 después. Ordenó el Señor que estuviese malo un cuñado mío,7 y su mujer no aquí, y en tanta necesidad que me dieron licencia para estar con él; y con esta ocasión no se entendió nada, anque en algunas personas no dejaba de sospecharse algo, mas an no lo creían. Fue cosa para espantar, que no estuvo más malo de lo que fue menester para el negocio, y, en siendo menester tuviese salud para que yo me desocupase y él dejase desembarazada la casa, se la dio luego al Señor, que él estaba maravillado.
4. Pasé harto trabajo en procurar con unos y con otros que se admitiese, y con el enfermo, y con oficiales para que se acabase la casa a mucha priesa, para que tuviese forma de monesterio, que faltaba mucho de acabarse. Y la mi compañera no estaba aquí, que nos pareció era mijor estar ausente para más disimular; y yo vía que iba el todo en la brevedad8 por muchas causas; y la una era porque cada hora temía me habían de mandar ir. Fueron tantas las cosas de trabajos que tuve, que me hizo pensar si era esta la cruz; anque todavía me parecía era poco para la gran cruz que yo había entendido de el Señor había de pasar.
5. Pues todo concertado, fue el Señor servido que día de San Bartolomé tomaron hábito algunas, y se puso el Santísimo Sacramento; y con toda autoridad y fuerza quedó hecho nuestro monesterio de el gloriosísimo padre nuestro San Josef, año de mil y quinientos y sesenta y dos. Estuve yo a darles el hábito, y otras dos monjas de nuestra casa mesma, que acertaron a estar fuera.9 Como en ésta que se hizo el monesterio era la que estaba mi cuñado (que, como he dicho, la había él comprado por disimular mijor el negocio), con licencia estaba yo en ella, y no hacía cosa que no fuese con parecer de letrados, para no ir un punto contra obediencia. Y como vían ser muy provechoso para toda la Orden por muchas causas, que, anque iba con secreto y guardándome no lo supiesen mis perlados, me decían lo podía hacer; porque por muy poca imperfeción que me dijeran era, mil monesterios me parece dejara, cuantimás uno. Esto es cierto, porque anque lo deseaba por apartarme más de todo y llevar mi profesión y llamamiento con más perfeción y encerramiento, de tal manera lo deseaba que cuando entendiera era más servicio de el Señor dejarlo todo, lo hiciera —como lo hice la otra vez— con todo sosiego y paz.
6. Pues fue para mí como estar en una gloria ver poner el Santísimo Sacramento y que se remediaron cuatro huérfanas pobres, porque no se tomaban con dote y grandes siervas de Dios (que esto se pretendió a el principio, que entrasen personas que con su ejemplo fuesen fundamento para en que10 se pudiese el intento que llevábamos, de mucha perfeción y oración, efetuar), y hecha una obra que tenía entendido era para el servicio de el Señor y honra de el hábito de su gloriosa Madre, que éstas eran mis ansias. Y también me dio gran consuelo de haber hecho lo que tanto el Señor me había mandado, y otra ilesia más en este lugar de mi padre glorioso San Josef, que no la había. No porque a mí me pareciese había hecho en ello nada, que nunca me lo parecía, ni parece (siempre entiendo lo hacía el Señor, y lo que era de mi parte iba con tantas imperfeciones, que antes veo había que me culpar que no qué me agradecer); más érame gran regalo ver que hubiese Su Majestad tomádome por instrumento, siendo tan ruin, para tan gran obra. Ansí que estuve con tan gran contento, que estaba como fuera de mí, con grande oración.
7. Acabado todo, sería como desde a tres u cuatro horas, me revolvió el demonio una batalla espiritual, como ahora diré. Púsome delante si había sido mal hecho lo que había hecho, si iba contra obediencia en haberlo procurado sin que me lo mandase el provincial (que bien me parecía a mí le había de ser algún desgusto, a causa de sujetarle a el ordinario, por no se lo haber primero dicho; anque como él no le había querido admitir, y yo no la mudaba,11 también me parecía no se le daría nada por otra parte), y que si habían de tener contento las que aquí estaban en tanta estrechura, si les había de faltar de comer, si había sido disbarate, que quién me metía en esto, pues yo tenía monesterio. Todo lo que el Señor me había mandado y los muchos pareceres y oraciones que había más de dos años que no casi12 cesaban, todo tan quitado de mi memoria como si nunca hubiera sido. Sólo de mi parecer me acordaba, y todas las virtudes y la fe estaban en mí entonces suspendidas, sin tener yo fuerza para que ninguna obrase ni me defendiese de tantos golpes.
8. También me ponía el demonio que cómo me quería encerrar en casa tan estrecha y con tantas enfermedades, que cómo había de poder sufrir tanta penitencia y dejaba casa tan grande y deleitosa13 y adonde tan contenta siempre había estado, y tantas amigas, que quizá las de acá no serían a mi gusto, que me había obligado a mucho, que quizá estaría desesperada, y que por ventura había pretendido esto el demonio, quitarme la paz y quietud, y que ansí no podría tener oración, estando desasosegada, y perdería el alma. Cosas de esta hechura juntas me ponía delante, que no era en mi mano pensar en otra cosa, y con esto una afleción y escuridad y tinieblas en el alma, que yo no lo sé encarecer. De que me vi ansí, fuime a ver el Santísimo Sacramento, anque encomendarme a Él no podía. Paréceme estaba con una congoja como quien está en agonía de muerte. Tratarlo con nadie no había de osar, porque an confesor no tenía señalado.
9. ¡Oh, válame Dios, qué vida esta tan miserable! No hay contento siguro ni cosa sin mudanza. Había tan poquito que no me parece trocara mi contento con ninguno de la tierra, y la mesma causa de él me atormentaba ahora de tal suerte, que no sabía qué hacer de mí. ¡Oh, si mirásemos con advertencia las cosas de nuestra vida! Cada uno vería por espiriencia en lo poco que se ha de tener contento ni descontento de ella.
Es cierto que me parece fue uno de los recios ratos que he pasado en mi vida; parece que adevinaba el espíritu lo mucho que estaba por pasar, anque no llegó a ser tanto como esto si durara. Mas no dejó el Señor padecer mucho a su pobre sierva, porque nunca en las tribulaciones me dejó de socorrer;14 y ansí fue en ésta que me dio un poco de luz para ver que era demonio y para que pudiese entender la verdad y que todo era quererme espantar con mentiras; y ansí comencé a acordarme de mis grandes determinaciones de servir a el Señor y deseos de padecer por Él, y pensé que, si había de cumplirlos, que no había de andar a procurar descanso, y que si tuviese trabajos, que ese era el merecer, y si descontento, como lo tomase por servir a Dios, me serviría de purgatorio; que de qué temía, que pues deseaba trabajos, que buenos eran éstos, que en la mayor contradición estaba la ganancia; que por qué me había de faltar ánimo para servir a quien tanto debía.
Con estas y otras consideraciones, haciéndome gran fuerza, prometí delante del Santísimo Sacramento de hacer todo lo que pudiese para tener licencia de venirme a esta casa,15 y en pudiéndolo hacer con buena conciencia, prometer clausura.16
10. En haciendo esto, en un instante huyó el demonio y me dejó sosegada y contenta, y lo quedé y lo he estado siempre, y todo lo que en esta casa se guarda de encerramiento y penitencia y lo demás, se me hace en estremo suave y poco. El contento es tan grandísimo que pienso yo algunas veces qué pudiera escoger en la tierra que fuera más sabroso. No sé si es esto parte para tener mucha más salud que nunca u querer el Señor, por ser menester y razón que haga lo que todas, darme este consuelo que pueda hacerlo, anque con trabajo. Mas de el poder se espantan todas las personas que saben mis enfermedades. ¡Bendito sea Él que todo lo da y en cuyo poder se puede!17
11. Quedé bien cansada de tal contienda y riéndome de el demonio, que vi claro ser él. Creo lo primitió el Señor, porque yo nunca supe qué cosa era descontento de ser monja ni un memento, en veinte y ocho años y más que ha que lo soy,18 para que entendiese la merced grande que en esto me había hecho, y de el tormento que me había librado; y también para que si alguna viese lo estaba, no me espantase y me apiadase de ella y la supiese consolar.
Pues pasado esto, quiriendo después de comer descansar un poco (porque en toda la noche no había casi sosegado, ni en otras algunas dejado de tener trabajo y cuidado, y todos los días bien cansada), como se había sabido en mi monesterio y en la ciudad lo que estaba hecho, había en él mucho alboroto por las causas que ya he dicho, que parecía llevaban algún color. Luego la perlada19 me envió a mandar que a la hora me fuese allá. Yo en viendo su mandamiento, dejo mis monjas harto penadas, y voime luego. Bien vi que se me habían de ofrecer hartos trabajos; mas como ya quedaba hecho, muy poco se me daba. Hice oración suplicando a el Señor me favoreciese, y a mi padre San Josef que me trajese a su casa, y ofrecíle lo que había de pasar y, muy contenta se ofreciese algo en que yo padeciese por Él y le pudiese servir, me fui con tener creído luego me habían de echar en la cárcel; mas a mi parecer me diera mucho contento por no hablar a nadie y descansar un poco en soledad, de lo que yo estaba bien necesitada, porque me traía molida tanto andar con gente.
12. Como llegué y di mi discuento20 a la perlada, aplacóse algo, y todas enviaron a el provincial, y quedóse la causa para delante de él;21 y venido, fui a juicio con harto gran contento de ver que padecía algo por el Señor, porque contra Su Majestad ni la Orden, no hallaba haber ofendido nada en este caso; antes procuraba aumentarla con todas mis fuerzas y muriera de buena gana por ello, que todo mi deseo era que se cumpliese con toda perfeción. Acordéme de el juicio de Cristo y vi cuán nonada era aquél. Hice mi culpa22 como muy culpada, y ansí lo parecía a quien sabía todas las causas. Después de haberme hecho una gran repreensión, anque no con tanto rigor como merecía el delito, y lo que muchos decían a el provincial, yo no quisiera disculparme, porque iba determinada a ello; antes pedí me perdonase y castigase y no estuviese desabrido conmigo.
13. En algunas cosas bien vía yo me condenaban sin culpa, porque me decían lo había hecho porque me tuviesen en algo y por ser nombrada y otras semejantes; mas en otras claro entendía que decían verdad, en que era yo más ruin que otras, y que pues no había guardado la mucha relisión que se llevaba en aquella casa, cómo pensaba guardarla en otra con más rigor, que escandalizaba el pueblo y levantaba cosas nuevas. Todo no me hacía ningún alboroto ni pena, anque yo mostraba tenerla porque no pareciese tenía en poco lo que me decían. En fin, me mandó delante de las monjas diese discuento y húbelo de hacer. Como yo tenía quietud en mí y me ayudaba el Señor, di mi discuento de manera que no halló el provincial, ni las que allí estaban, por qué me condenar; y después a solas le hablé más claro y quedó muy satisfecho, y prometióme —si fuese adelante— en sosegándose la ciudad, de darme licencia que me fuese a él, porque el alboroto de toda la ciudad era tan grande como ahora diré.
14. Desde a dos u tres días, juntáronse algunos de los regidores y corregidor y de el cabildo, y todos juntos dijeron que en ninguna manera se había de consentir, que venía conocido daño a la república, y que habían de quitar el Santísimo Sacramento, y que en ninguna manera sufrirían pasase adelante. Hicieron juntar todas las órdenes para que digan23 su parecer, de cada una dos letrados. Unos callaban, otros condenaban; en fin, concluyeron que luego se deshiciese. Sólo un presentado de la Orden de Santo Domingo,24 anque era contrario —no de el monesterio, sino de que fuese pobre—, dijo que no era cosa que ansí se había de deshacer, que se mirase bien, que tiempo había para ello, que este era caso del obispo, u cosas de este arte, que hizo mucho provecho, porque sigún la furia, fue dicha no lo poner luego por obra. Era, en fin, que había de ser, que era el Señor servido de ello y podían todos poco contra su voluntad. Daban sus razones y llevaban buen celo, y ansí sin ofender ellos a Dios, hacíanme padecer y a todas las personas que lo favorecían, que eran algunas, y pasaron mucha persecución.
15. Era tanto el alboroto de el pueblo, que no se hablaba en otra cosa, y todos condenarme y25 ir a el provincial y a mi monesterio. Yo ninguna pena tenía de cuanto decían de mí más que si no lo dijeran, sino temor si se había de deshacer. Esto me daba gran pena, y ver que perdían crédito las personas que me ayudaban, y el mucho trabajo que pasaban, que de lo que decían de mí antes me parece me holgaba; y si tuviera alguna fe, ninguna alteración tuviera, sino que faltar algo en una virtud basta a adormecerlas todas; y ansí estuve muy penada26 dos días que hubo estas juntas que digo en el pueblo, y estando bien fatigada, me dijo el Señor: ¿No sabes que soy poderoso?; ¿de qué temes?, y me asiguró que no se desharía. Con esto quedé muy consolada. Enviaron a el Consejo Real con su información. Vino provisión para que se diese relación de cómo se había hecho.
16. Hela aquí comenzado un gran pleito; porque de la ciudad fueron a la corte y hubieron de ir de parte de el monesterio, y ni había dineros ni yo sabía qué hacer. Proveyólo el Señor, que nunca mi padre provincial me mandó dejase de entender en ello; porque es tan amigo de toda virtud, que, anque no ayudaba, no quería ser contra ello. No me dio licencia hasta ver en lo que paraba, para venir acá. Estas siervas de Dios estaban solas y hacían más con sus oraciones que con cuanto yo andaba negociando, anque fue menester harta diligencia.
Algunas veces parecía que todo faltaba, en especial un día antes que viniese el provincial, que me mandó a la priora27 no tratase en nada, y era dejarse todo. Yo me fui a Dios y díjele: —«Señor, esta casa no es mía; por Vos se ha hecho; ahora que no hay nadie que negocie, hágalo Vuestra Majestad». Quedaba tan descansada y tan sin pena, como si tuviera a todo el mundo que negociara por mí, y luego tenía por siguro el negocio.
17. Un muy siervo de Dios, sacerdote,28 que siempre me había ayudado, amigo de toda perfeción, fue a la Corte a entender en el negocio, y trabajaba mucho; y el caballero santo —de quien he hecho mención—29 hacía en este caso muy mucho, y de todas maneras lo favorecía. Pasó hartos trabajos y persecución, y siempre en todo le tenía por padre y an ahora le tengo. Y en los que nos ayudaban ponía el Señor tanto hervor, que cada uno lo tomaba por cosa tan propia suya como si en ello les fuera la vida y la honra, y no les iba más de ser cosa en que a ellos les parecía se servía el Señor. Pareció claro ayudar Su Majestad a el maestro que he dicho, clérigo, que también era de los que mucho me ayudaban,30 a quien el obispo puso de su parte en una junta grande que se hizo, y él estaba solo contra todos, y, en fin, los aplacó con decirles ciertos medios, que fue harto para que se entretuviesen, mas ninguno bastaba para que luego no tornasen a poner la vida, como dicen, en deshacerle. Este siervo de Dios que digo fue quien dio los hábitos y puso el Santísimo Sacramento, y se vio en harta persecución. Duró esta batería casi medio año,31 que decir los grandes trabajos que se pasaron por menudo sería largo.
18. Espantábame yo de lo que ponía el demonio contra unas mujercitas y cómo les parecía a todos era gran daño para el lugar solas doce mujeres y la priora, que no han de ser más —digo a los que lo contradecían—, y de vida tan estrecha; que ya que fuera daño u yerro, era para sí mesmas; mas daño a el lugar, no parece llevaba camino, y ellos hallaban tantos que con buena conciencia lo contradecían. Ya vinieron a decir que, como tuviese renta, pasarían por ello y que fuese adelante. Yo estaba ya tan cansada de ver el trabajo de todos los que me ayudaban, más que de el mío, que me parecía no sería malo hasta que se sosegasen tener renta, y dejarla después. Y otras veces, como ruin y32 imperfeta, me parecía que por ventura lo quería el Señor, pues sin ella no podíamos salir con ello, y venía ya en este concierto.
19. Estando la noche antes que se había de tratar en oración, y ya se había comenzado el concierto, díjome el Señor que no hiciese tal, que si comenzásemos a tener renta que no nos dejarían después que lo dejásemos y otras algunas cosas. La mesma noche me apareció el santo fray Pedro de Alcántara, que era ya muerto; y antes que muriese me escribió —cómo supo la gran contradición y persecución que teníamos—, se holgaba fuese la fundación con contradición tan grande, que era señal se había el Señor servir muy mucho en este monesterio, pues el demonio tanto ponía en que no se hiciese, y que en ninguna manera viniese en tener renta. Y an dos u tres veces me persuadió en la carta, y que, como esto hiciese, ello vernía a hacerse todo como yo quería. Ya yo le había visto otras dos veces después que murió, y la gran gloria que tenía; y ansí no me hizo temor antes me holgué mucho; porque siempre aparecía como cuerpo glorificado, lleno de mucha gloria, y dábamela muy grandísima verle. Acuérdome que me dijo la primera vez que le vi, entre otras cosas, diciéndome lo mucho que gozaba, que dichosa penitencia había sido la que había hecho, que tanto premio había alcanzado.
20. Porque ya creo tengo dicho algo de esto, no digo aquí más de cómo esta vez me mostró rigor y sólo me dijo que en ninguna manera tomase renta y que por qué no quería tomar su consejo, y desapareció luego. Yo quedé espantada y luego otro día dije a el caballero —que era a quien en todo acudía como el que más en ello hacía—33 lo que pasaba, y que no se concertase en ninguna manera tener renta, sino que fuese adelante el pleito. Él estaba en esto mucho más fuerte que yo, y holgóse mucho; después me dijo cuán de mala gana hablaba en el concierto.
21. Después se tornó a levantar otra persona,34 y sierva de Dios harto, y con buen celo; ya que estaba en buenos términos, decía se pusiese en manos de letrados. Aquí tuve hartos desasosiegos; porque algunos de los que me ayudaban venían en esto, y fue esta maraña que hizo el demonio de la más mala digistión de todas. En todo me ayudó el Señor, que ansí dicho en suma no se puede bien dar a entender lo que se pasó en dos años que se estuvo comenzada esta casa hasta que se acabó. Este medio postrero y lo primero fue lo más trabajoso.
22. Pues aplacada ya algo la ciudad, dióse tan buena maña el padre presentado dominico que nos ayudaba,35 aunque no estaba presente, mas habíale traído el Señor a un tiempo, que nos hizo harto bien y pareció haberle Su Majestad para solo este fin traído, que me dijo él después que no había tenido para qué venir, sino que acaso lo había sabido. Estuvo lo que fue menester. Tornado a ir, procuró por algunas vías que nos diese licencia nuestro padre provincial36 para venir yo a esta casa con otras algunas37 conmigo, que parecía casi imposible darla tan en breve, para hacer el oficio y enseñar a las que estaban. Fue grandísimo consuelo para mí el día que venimos.
23. Estando haciendo oración en la iglesia antes que entrase en el monesterio, estando casi en arrobamiento, vi a Cristo que con grande amor me pareció me recibía y ponía una corona, y agradeciéndome lo que había hecho por su Madre.
Otra vez, estando todas en el coro en oración, después de Completas, vi a nuestra Señora con grandísima gloria, con manto blanco, y debajo de él parecía ampararnos a todas; entendí cuán alto grado de gloria daría el Señor a las de esta casa.
24. Comenzado a hacer el oficio, era mucha la devoción que el pueblo comenzó a tener con esta casa. Tomáronse más monjas y comenzó el Señor a mover a los que más nos habían perseguido para que mucho nos favoreciesen y hiciesen limosna; y ansí aprobaban lo que tanto habían reprobado, y poco a poco se dejaron del pleito y decía38 que ya entendían ser obra de Dios, pues con tanta contradición Su Majestad había querido fuese adelante. Y no hay al presente nadie que le parezca fuera acertado dejarse de hacer, y ansí tienen tanta cuenta con proveernos de limosna, que sin haber demanda ni pedir a nadie, los despierta el Señor para que nos la envíen, y pasamos sin que nos falte lo necesario, y espero en el Señor será ansí siempre; que, como son pocas, si hacen lo que deben como Su Majestad ahora les da gracia para hacerlo, sigura estoy que no les faltará ni habrán menester ser cansosas,39 ni importunar a nadie, que el Señor se terná cuidado como hasta aquí, que es para mí grandísimo consuelo de verme aquí metida con almas tan desasidas. Su trato es entender cómo irán adelante en el servicio de Dios.
25. La soledad es su consuelo, y pensar de ver a nadie que no sea para ayudarlas a encender más el amor de su Esposo, les es trabajo, anque sean muy deudos. Y ansí no viene nadie a esta casa, sino quien trata de esto, porque ni las contenta ni los contenta. No es su lenguaje otro sino hablar de Dios, y ansí no entienden ni las entiende sino quien habla el mesmo. Guardamos la regla de nuestra Señora de el Carmen, y cumplida ésta sin relajación, sino como la ordenó fray Hugo, cardenal de Santa Sabina, que fue dada a m.cc.xlviii años, en el año quinto del pontificado del papa Inocencio Cuarto.
26. Me parece serán bien empleados todos los trabajos que se han pasado. Ahora, aunque tiene algún rigor porque no se come jamás carne sin necesidad y ayuno de ocho meses y otras cosas,40 como se ve en la mesma primera regla, en muchas an se les hace poco a las hermanas, y guardan otras cosas que para cumplir ésta con más perfeción nos han parecido necesarias, y espero en el Señor ha de ir muy adelante lo comenzado, como Su Majestad me lo ha dicho.
27. La otra casa que la beata que dije procuraba hacer,41 también la favoreció el Señor, y está hecha en Alcalá, y no le faltó harta contradición ni dejó de pasar trabajos grandes. Sé que se guarda en ella toda relisión, conforme a esta primera regla nuestra. Plega a el Señor sea todo para gloria y alabanza suya, y de la gloriosa Virgen María, cuyo hábito traemos, amén.
28. Creo se enfadará vuesa merced de la larga relación que he dado de este monesterio, y va muy corta para los muchos trabajos y maravillas que el Señor en esto ha obrado, que hay de ello muchos testigos que lo podrán jurar; y ansí pido yo a vuesa merced por amor de Dios, que si le pareciere romper lo demás que aquí va escrito, lo que toca a este monesterio vuesa merced lo guarde; y, muerta yo, lo dé a las hermanas que aquí estuvieren, que animará mucho para servir a Dios las que vinieren, y a procurar no caya lo comenzado, sino que vaya siempre adelante, cuando vean lo mucho que puso Su Majestad en hacerla por medio de cosa tan ruin y baja como yo.
Y, pues el Señor tan particularmente se ha querido mostrar en favorecer para que se hiciese, paréceme a mí que hará mucho mal y será muy castigada de Dios la que comenzare a relajar la perfeción que aquí el Señor ha comenzado y favorecido para que se lleve con tanta suavidad, que se ve muy bien es tolerable y se puede llevar con descanso, y el gran aparejo que hay para vivir siempre en él las que a solas quisieren gozar de su esposo Cristo; que esto es siempre lo que han de pretender, y solas con Él solo, y no ser más de trece; porque esto tengo por muchos pareceres sabido que conviene, y visto por espiriencia, que para llevar el espíritu que se lleva y vivir de limosna y sin demanda, que no se sufre más. Y siempre crean más a quien con trabajos muchos y oración de muchas personas procuró lo que sería mijor; y en el gran contento y alegría y poco trabajo que en estos años que ha estamos en esta casa vemos tener todas y con mucha más salud que solían, se verá ser esto lo que conviene.Y quien le pareciere áspero, eche la culpa a su falta de espíritu, y no a lo que aquí se guarda (pues personas delicadas y no sanas, porque le tienen, con tanta suavidad lo pueden llevar), y váyanse a otro monesterio, adonde se salvarán conforme a su espíritu.