XVIII
¿Cuáles son los beneficios reales de dar el pecho?
Tal vez la primera pregunta que puede hacerse sobre el valor de dar el pecho es ¿por qué lo hacemos? ¿No debería ser evidente que la naturaleza ha dedicado varios millones de años a perfeccionar este proceso? ¿Por qué habría de suponer nadie que un producto creado en una fábrica puede ser mejor que un proceso natural y biológico?
Pues el hecho es que mucha gente lo hace. El valor de dar el pecho continúa siendo objeto de debate, pero por lo que respecta a la ciencia se trata de una pregunta a la que nunca se ha contestado de manera firme. Siempre que sea posible, una madre debe amamantar a su hijo.
El hecho es que determinadas realidades médicas se han establecido tras varios siglos por la fuerza de la costumbre, y una de ellas es que la leche materna es uno de los milagros de la naturaleza, con numerosos beneficios para el niño y para la madre. Décadas de investigación han probado que la leche materna es la mejor fuente de alimentación para los bebés; además de prevenir ciertas enfermedades contribuye a la buena salud y al crecimiento del niño. Dar el pecho es una costumbre que se remonta a los orígenes de la humanidad. Las reglas por las que se guiaban las amas de cría —mujeres que amamantan a los hijos de otra mujer— ya están recogidas en el código de Hamurabi, escrito alrededor de 1800 a.C. En Grecia, las madres espartanas tenían la obligación de amamantar a su primer hijo, el que llevaría el apellido familiar, pero otras sociedades dejaban esta decisión en manos de los padres. Si era necesario, se alimentaba a los bebés con leche de vaca o de cabra, o con una pasta hecha de cereales molidos y líquidos azucarados, y muchos no sobrevivían. El primer alimento para bebés que se comercializó, la comida soluble para bebés Liebig, se introdujo en Europa en 1867. Y aunque a éste pronto siguieron otros alimentos en Estados Unidos, hasta que Gerber no lanzó su línea de alimentos para bebé en 1928 no se extendió su consumo.
Conforme las madres empezaron a sustituir el pecho con alimentos preparados y biberones y las mujeres empezaron a incorporarse al mundo laboral, amamantar se convirtió en algo menos común. De hecho, hasta las últimas dos décadas, cuando se han demostrado científicamente los beneficios que comporta, la costumbre de dar el pecho no ha vuelto a hacerse popular, aunque son muchas las personas que aún no son conscientes del gran valor que tiene para la salud. Recientemente muchas compañías han adaptado sus instalaciones y reglamentos para atender a las necesidades de las madres con hijos lactantes, proporcionándoles la intimidad que necesitan y en ocasiones también el equipamiento, para sacarse la leche. En Estados Unidos se ha aprobado una ley que permite amamantar en propiedad federal, después de que una madre que estaba dando el pecho a su bebé fuera obligada a abandonar un parque nacional.
Probablemente la gran pregunta a que se enfrentan las madres es ¿durante cuánto tiempo deben dar el pecho a su bebé? Numerosas organizaciones, incluida la Organización Mundial de la Salud, la American Academy of Pediatrics y la American Academy of Family Physicians recomiendan en la actualidad que el pecho sea la única fuente de nutrición del niño durante sus primeros seis meses de vida, y que después siga presente en su dieta durante al menos dos años. «Exclusiva» quiere decir que no ha de combinarse con leche maternizada. La enfermera y experta en nutrición infantil Ellen Long-Middleton, de Boston, cree que el momento más difícil es cuando nace el bebé. «Una madre puede estar muy cansada la primera noche después de dar a luz y sentirse tentada a darle biberón, sólo por esa noche. Yo siempre las animo a que den el pecho y nada más, sobre todo durante el primer mes».
Aunque dar el pecho se ha convertido ya en una costumbre extendida en Estados Unidos, las estadísticas indican que el porcentaje de mujeres estadounidenses que amamantan a sus hijos sigue siendo sustancialmente menor que los objetivos fijados internacionalmente, y que el incremento desde 1990 de madres que sólo amamantan a sus hijos no ha incrementado demasiado[41]. Tomar el pecho es de especial importancia para los lactantes en muchos países en desarrollo, donde a menudo las otras fuentes de nutrición escasean. La mortalidad infantil es un problema global gravísimo, no sólo, tal y como se cree, en países en desarrollo; también en Estados Unidos, y las estadísticas indican que dar el pecho puede reducir la tasa de mortalidad neonatal en un 21 por ciento.
En las últimas décadas los costes de paliar enfermedades infantiles que podrían prevenirse se ha disparado. Las estadísticas demuestran que los lactantes que se alimentan de leche materna van menos al hospital y tienen menos problemas, entre ellos, infecciones de oído, diarrea, erupciones cutáneas y alergias que los bebés que toman biberón. En los países en desarrollo la tasa de mortalidad en niños que toman el pecho es significativamente menor que en los que toman biberón. Investigadores australianos hicieron un seguimiento de más de dos mil bebés durante seis años y demostraron que además de una reducción en la tasa de alergias, los bebés amamantados también contraían menos enfermedades como asma e incluso obesidad, aunque otros estudios no han reflejado esta protección frente al asma.
Las razones de esto son obvias. La leche materna se produce de manera natural y está especialmente diseñada para satisfacer las necesidades nutricionales del bebé: es estéril, contiene unos cien nutrientes que no están presentes en la leche maternizada, los bebés nunca son alérgicos a la leche de su madre y cerca del 80 por ciento de las células contenidas en ella matan bacterias, virus y hongos, lo que supone una protección adicional, así como anticuerpos frente a posible agentes ambientales dañinos.
No hay sustitutivo que pueda equipararse a la leche materna. Las cuatro mil especies de mamíferos que existen producen leches de composición química ligeramente distinta. Incluso la leche de vaca, por ejemplo, contiene proteínas distintas que al bebé puede costarle digerir. De manera que no son intercambiables.
Y lo cierto es que la leche materna, que es la menos costosa de todas, ha resultado ser la más valiosa en la prevención de enfermedades. Además de sus probados beneficios nutricionales, mejora las funciones gastrointestinales del bebé, refuerza su sistema inmune y contribuye a su bienestar psicológico. Incluso mejora la vista y reduce el riesgo de contraer enfermedades. De hecho, las estadísticas de los países desarrollados demuestran que la leche materna reduce la mortalidad infantil general en comparación con la maternizada. Incluso en las naciones desarrolladas del mundo occidental, durante el primer año de vida de un niño el número de enfermedades graves, hospitalizaciones y visitas ambulatorias es menor en bebés que toman el pecho, lo que sugiere que sus defensas son más altas. Y también redunda en una incidencia menor del síndrome de muerte súbita del lactante.
No hay duda: la lactancia materna salva vidas. Uno de los problemas médicos más comunes en los lactantes es la infección aguda del tracto respiratorio inferior. Un estudio británico de quince mil novecientos ochenta lactantes demostró que las infecciones respiratorias pueden reducirse en más de un tercio cuando los bebés toman el pecho. El mismo estudio también reveló una reducción similar en la incidencia de diarrea, una causa de muerte muy común en países en desarrollo. Un estudio más pequeño de ensayos aleatorios realizado por investigadores del Johns Hopkins mostraba idénticos resultados, aunque éste también concluía que, puesto que la deficiencia de zinc es una de las causas de estas infecciones, los suplementos de este mineral podrían prevenir hasta un 25 por ciento de los casos.
La primera causa de muerte en niños menores de 5 años es la neumonía. Cerca del 10 por ciento de los ciento cincuenta y seis millones de casos de neumonía infantil que se registran cada año terminan en hospitalización, pero también puede suponerse que en muchos otros casos la hospitalización no es una opción. La Organización Mundial de la Salud informa de que hay pruebas sustanciales de que una de las principales causas de la neumonía es la lactancia no exclusivamente materna durante los primeros meses de vida, aunque ciertamente hay otros factores, incluyendo bajo peso al nacer, desnutrición y contaminación ambiental.
Al menos algunos de los beneficios de la lactancia materna se prolongan durante la infancia. Hay pruebas estadísticas de que los niños que han sido amamantados tienen menos riesgo de tener diabetes tipo I y II, tienen cocientes intelectuales más altos y menos probabilidades de ser obesos. En 2001 el Journal of the American Medical Association informó de que según un estudio realizado con más de quince mil niños de edades comprendidas entre los 9 y 14 años, aquellos que habían sido alimentados con leche materna tenían casi la mitad de tasa de obesidad que los que habían tomado biberón. Y un pequeño metaanálisis realizado en 2004 mostraba que los niños alimentados con leche materna también tenían un riesgo ligeramente menor de contraer cáncer, leucemia y linfoma.
Aparentemente algunos de estos beneficios se prolongan durante toda la vida, según muestran dos estudios conducidos en Framingham, Massachusetts, con el fin de determinar los efectos a largo plazo de la lactancia materna. En el llamado Framingham Offspring Study las madres debían completar cuestionarios sobre sus costumbres, mientras que el Framingham Third Generation examinaba los riesgos cardiovasculares de sus hijos. De los casi mil participantes de este segundo estudio, de edad media de 41 años, el 26 por ciento de sus madres les habían dado el pecho. Aquellos adultos que habían tomado el pecho tenían un índice de masa corporal ligeramente más bajo y niveles algo más altos del HDL o «colesterol bueno». Sin embargo, no se observó beneficio alguno en los niveles de colesterol «malo», tensión arterial, triglicéridos o glucosa.
También existen beneficios a largo plazo para las madres que amamantan a sus bebés. La American Academy of Pediatrics informa de estudios que muestran un ligero descenso en la tasa de cáncer de endometrio y de mama en mujeres que han dado el pecho, así como de una posible reducción del riesgo de osteoporosis. Varios estudios psicológicos indican que dar el pecho reduce el estrés y crea un fuerte vínculo entre madre e hijo. Y un estudio de 1993 publicado en el American Journal of Clinical Nutrition demostró que dar el pecho durante un periodo de tiempo prolongado ayuda a perder peso después del embarazo.
También hay importantes beneficios económicos y sociales. Se calcula que las familias donde las madres dan el pecho ahorran una media de mil dólares anuales, además de faltar menos días al trabajo por tener a un hijo enfermo. Y no hay que olvidar que los envases de las leches maternizadas y otros alimentos infantiles tienen un impacto en el medioambiente.
Así pues ¿por qué algunas mujeres no están seguras de si deben dar el pecho a sus hijos? Según Ellen Long-Middleton, «una de las principales preocupaciones de las madres es ¿tendré leche suficiente? ¿Podré hacerlo y, si no lo consigo, es que he fracasado como mujer? Existe el mito extendido de que si una mujer tiene los pechos demasiado pequeños no producirá la cantidad suficiente de leche. Yo les explico que se trata de un proceso de oferta y demanda. Cuanto más se pone una madre el bebé al pecho, más leche producirá. Y les repito una y otra vez que no es una cuestión de tamaño del seno, sino de las veces que se pone el bebé al pecho. La lactancia materna es mejor para las madres, para los niños y para la sociedad en general».
La ciencia médica moderna está descubriendo que al menos algunos de los tratamientos naturales que empleaban nuestros antepasados tienen también su aplicación hoy día. En otras palabras, las primeras civilizaciones experimentaban para descubrir aquello que funcionaba —a menudo poniendo en riesgo su vida— y cuando lo encontraban lo ponían en práctica. La lactancia materna ha sido una constante en la historia de la humanidad, pero sólo ahora se está demostrando científicamente aquello que nuestros antepasados ya sabían.
El consejo del doctor Chopra
Existen pruebas abrumadoras de que la lactancia materna tiene beneficios inmediatos y a largo plazo tanto para la madre como para el niño, así que, siempre que sea posible, las madres deben amamantar a sus hijos. Pero si por alguna razón no pueden deben saber que existen alternativas saludables y muchos otros factores que contribuyen al bienestar físico y psicológico del bebé, de manera que lo que se pierde al no dar el pecho puede compensarse de otras maneras.