III
¿Previene la pizza el cáncer de próstata?
Esta afirmación tan provocadora se hizo por primera vez en 1997. En realidad hacía alusión a los licopenos contenidos en la salsa de tomate que da a las pizzas ese toque ácido. Y es la clase de afirmación relativa a temas médicos que desconciertan por completo a la gente. Hubo un tiempo en que sabíamos lo que era bueno para nosotros —comer verdura— y lo que era malo. Pero esta información parece cambiar con cada nuevo artículo que se publica y es responsable del estado de confusión sobre grupos de alimentos y salud en el que estamos sumidos.
No culpemos a la pizza. Mi coautor el doctor Alan Lotvin afirma —con ironía— que la pizza puede ser un alimento estupendo. «Contiene alimentos de los cuatro grandes grupos: cereales y granos, grasas, hortalizas y proteínas. Sabe bien y encima ¡te la llevan a casa!».
El cáncer de próstata es la enfermedad más extendida en el mundo industrializado y la segunda causa de mortalidad de todos los cánceres que afectan a los varones. En Estados Unidos casi uno de cada cinco hombres es diagnosticado tarde o temprano de cáncer de próstata y treinta y un mil quinientos mueren cada año por esta causa[11]. Pero lo que despertó la curiosidad de los investigadores en primera instancia fue el hecho de que en otras partes del mundo esto ocurre con frecuencia menor. Así, el cáncer de próstata no es tan común en China o en Japón como en Estados Unidos y Europa. Pero cuando japoneses o chinos emigran a Norteamérica sus hijos tienen más probabilidades de contraer la enfermedad. Esta curiosidad estadística llevó a los investigadores a concluir que hay factores ambientales y de nutrición que influyen de manera significativa.
El primer indicio de que el tomate puede ayudar a prevenir el cáncer de próstata provino de un estudio epidemiológico conducido en la década de 1970 entre unos catorce mil hombres mormones. El estudio, de seis años de duración, demostraba que los hombres que consumían cinco o más alimentos con tomate a la semana tenían un riesgo mucho menor de contraer cáncer de próstata que los que consumían menos de uno. Varios estudios posteriores sobre los efectos de la dieta en la salud indicaron que consumir tomate y productos que lo contienen —como la salsa que se utiliza como base en las pizzas— pueden reducir el riesgo de cáncer de próstata. En concreto, los científicos sospechaban que el licopeno, el compuesto que se encuentra tanto en los tomates crudos como en los procesados y que es responsable de su color rojo, podía ser el responsable. La cantidad de licopeno que contiene un tomate depende de su variedad y de su grado de madurez. Los productos elaborados con tomate tienen gran protagonismo en la dieta americana; los estadounidenses consumen alrededor de cuarenta kilos de tomates al año; en pizza, en salsas para pasta, chili, sopa de tomate, kétchup, etcétera, además de en crudo[12].
El Health Professionals Follow-Up Study, realizado en el Harvard Medical School y publicado en 1995 vino a demostrar que los tomates tienen beneficios para la salud. Un grupo de investigadores realizó el seguimiento de cuarenta y ocho mil profesionales sanitarios varones durante seis años. Los resultados demostraron que comer tomates, salsa de tomate o pizza más de dos veces a la semana reducía el riesgo de padecer cáncer de próstata entre un 21 y un 34 por ciento, dependiendo de cuál fuera el alimento específico. Resulta que el licopeno se absorbe mejor en tomates cocinados o procesados, así que no es de sorprender que este estudio de Harvard no observara los mismos beneficios para la salud en el consumo de zumo de tomate, que es rico en licopenos. Otros estudios, aunque no son concluyentes, indican que el licopeno procedente del zumo de tomate puede no absorberse con demasiada facilidad en el flujo sanguíneo.
Y aunque el licopeno es sólo una de las muchas sustancias químicas que contiene el tomate, el ensayo inicial sí pareció demostrar que proporcionaba ciertos beneficios. Así que cuando un nuevo estudio de calidad puso de manifiesto que niveles más altos de licopeno en sangre podrían asociarse a un descenso en el riesgo de contraer cáncer de próstata, los investigadores se preguntaron si un compuesto de licopeno puro sería aún más efectivo que el contenido en productos alimentarios. El resultado fue un complemento de licopeno, y el mercado no tardó en inundarse de productos de este tipo que, a juzgar por la publicidad que los acompañaba, tenían propiedades milagrosas.
Aunque el valor de los suplementos alimenticios en general sigue siendo controvertido, en este caso específico varios estudios demostraron que los compuestos de licopeno poseían poco o escaso valor a la hora de prevenir el cáncer de próstata. Los resultados son similares a los de un estudio realizado con betacarotenos. Años de investigación parecían apuntar que el betacaroteno, otro antioxidante «contra el cáncer», podía ser una herramienta valiosa para prevenir el cáncer de pulmón, pero dos estudios realizados con complementos de betacaroteno demostraron que no era así y, lo que es peor, en fumadores parecía aumentar el riesgo de cáncer pulmonar. En uno de los estudios el placebo resultó más beneficioso contra el cáncer que el betacaroteno.
Tal vez el estudio más exhaustivo realizado con licopeno fue el del National Cancer Institute and U.S. Department of Health and Human Services’ Prostate, Lung, Colorectal and Ovarian Cancer Screening Trial. En él, veintiocho mil varones sin historial de cáncer de próstata fueron examinados y monitorizados hasta que desarrollaron la enfermedad, murieron o el estudio terminó. El análisis de los datos mostró que no había diferencias significativas en la concentración de licopenos en los organismos de aquellos hombres que habían padecido cáncer de próstata y aquellos que no lo habían hecho. «Es decepcionante», dice el doctor Ulrike Peters del famoso Fred Hutchinson Cancer Research Center. «El licopeno podría haber sido una herramienta sencilla y barata para prevenir el riesgo de cáncer de próstata en varones».
Lo que es posible es que el licopeno no tenga un efecto preventivo por sí solo, sino en conjunción con otros compuestos químicos que se encuentran en el tomate. Es extremadamente difícil aislar un ingrediente químico en un producto natural y extraer conclusiones sobre su valor. En ensayos de laboratorio se encontró que el tomate pulverizado inhibía fuertemente el desarrollo de cáncer de próstata en ratas, mientras que el licopeno sintético puro no lo hacía. La razón de ello podría estar en la evolución. Conforme los organismos vivos evolucionaban, tuvieron que desarrollar un elevado número de sistemas complementarios de gran complejidad para hacer frente a los retos, sistemas que interactuaban para permitir al organismo sobrevivir y prosperar. De manera que, en apariencia, no es el licopeno por sí solo lo que inhibe el cáncer de próstata, sino su interacción con otros nutrientes que se encuentran en los tomates —entre ellos la vitamina C, el ácido fólico y el potasio— y la compleja interacción química resultante entre productos del tomate y la biología humana. El hecho es que sabemos muy poco sobre cómo los compuestos encontrados en tomates interactúan con nuestros sistemas, pero lo que está claro es que el licopeno funciona mejor y es más efectivo en conjunción con otros nutrientes.
Es una creencia casi universal que las frutas y las verduras crudas son más sanas que cocinadas. En algunos casos esto es cierto, pero no en éste. Los tomates cocinados, incluso si han sido enlatados o procesados, contienen significativamente más licopeno que los crudos. La hipótesis es que el licopeno está relacionado con la estructura celular del tomate y al cocinarlo —el calor— rompe ese vínculo y permite que el licopeno se digiera con más facilidad. El kétchup, por ejemplo, contiene cinco veces más licopeno que un tomate crudo; una salsa de tomate, siete veces más.
Muchos productos comerciales publicitan su contenido en licopeno con afirmaciones sobre sus beneficios para la salud en sus etiquetas. Se trata de una información cuanto menos dudosa. Aunque parece claro que consumir licopeno en abundancia y con frecuencia puede reducir las probabilidades de un individuo de contraer cáncer de próstata, hasta qué punto lo hace es otra cuestión. Y una muy difícil de medir. Los productos con tomate no contienen una concentración precisa y medible de licopeno. ¿Cuánta salsa de tomate había exactamente en la última pizza que me comí?
Los beneficios para la salud del licopeno también dependen de los alimentos con que se consuma y hay pruebas sustanciales de que se absorbe mejor si se ingiere con grasas, por ejemplo, aceite de oliva, queso y carne picada.
Así que estamos ante una de esas situaciones en las que las afirmaciones publicitarias resultan ser moderadamente correctas. Es un campo difícil de estudiar, porque tiene demasiadas variables, y el hecho de que los productos con tomate tengan tanto protagonismo en nuestra dieta hace casi imposible encontrar un grupo de control con el que conducir un estudio válido. Pero podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que los hombres deberían consumir tomate en cantidad, y acompañar los espaguetis con salsa de tomate, si les interesa cuidar su salud.
Así que mi amigo el doctor Lotvin puede dejarse de ironías y tomarse una porción de pizza, pero sólo una. Además de la saludable salsa de tomate, la pizza está llena de grasas saturadas, queso y sal, todo lo cual es malo para la salud. Así que a la hora de consumir tomate por sus supuestos beneficios no se olvide de que con ellos está tomando también otras sustancias no tan sanas.
El consejo del doctor Chopra
Disfrute de una buena salsa de tomate. El licopeno contenido en productos con tomate puede tener beneficios para su salud y desde luego no le hará daño. Pero no se moleste en tomar suplementos de licopeno, pues no se ha demostrado que tengan los mismos efectos que los tomates crudos o cocinados. De hecho, es muy difícil probar el valor de un agente aislado en un alimento, puesto que los alimentos son complejas combinaciones de innumerables ingredientes que han ido evolucionando con los siglos y actuando en conjunción para proporcionar alimento y beneficio a animales y seres humanos.