XXXVIII
¿Se puede prevenir la alopecia?
La pérdida de pelo es uno de los grandes motivos de lamentación del hombre en todas las épocas. Desde los antiguos griegos y romanos, que asociaban el pelo a la virilidad hasta el hombre moderno y sofisticado que asocia el pelo a... la virilidad, la búsqueda de una cura para la calvicie nunca ha cesado. Los inventos destinados a disimular lo que se llama amablemente «frente amplia», y que en realidad se refiere a una cabeza sin pelo van desde los tupés y las pelucas a los injertos quirúrgicos, pasando por las coronas de laurel. También se han patentado innumerables tónicos capilares, lociones, cremas, ungüentos y pociones que supuestamente harían crecer el pelo. De hecho, lo único que hacían crecer eran las cuentas bancarias de quienes los vendían.
En su mayoría, la pérdida de pelo es consecuencia de la vejez, la herencia genética y los niveles hormonales. El 25 por ciento de los casos de alopecia se dan en varones, pero hay determinadas enfermedades que también causan pérdida de pelo en hombres y mujeres. La primera cura recomendada para la calvicie se encuentra en un papiro escrito alrededor de 1550 a.C. y hallado en Egipto. Prescribía una invocación a Ra, dios del sol, y a continuación ingerir una mezcla a base de hierro, plomo rojo, cebollas, alabastro y miel.
Más de mil años después Hipócrates experimentó con varias fórmulas, entre ellas un preparado a base de opio, excremento de paloma, rábano, remolacha y especias. Hipócrates también señaló que «los eunucos no sufren de gota ni se quedan calvos», aunque incluso él debía comprender que la castración no era la solución ideal al problema de la alopecia.
Cada nueva época traía consigo nuevos remedios para esta enfermedad de los vanidosos. A principios del siglo XVII Luis XIII popularizó las famosas pelucas empolvadas para disimular su propia calvicie. Al parecer la reina Victoria de Inglaterra creía que el vino hecho con salvia de abeto le ayudaría a fortalecer su escasa melena. Y desde principios del siglo XVIII hasta la actualidad, desde la parte trasera de carromatos de vendedores ambulantes a Internet, son incontables los tratamientos que se ofrecen para hacer crecer el pelo. Puesto que el aceite de serpiente no requiere de la aprobación de la FDA, ninguno de estos productos está sujeto a regulaciones y los fabricantes no necesitan demostrar su efectividad. En 1989 la FDA prohibió todos los tratamientos «crecepelo» a la venta sin receta que afirmaban prevenir la calvicie o hacer crecer de nuevo el pelo, pero ello no ha impedido a los charlatanes seguir anunciándolos. Hay incontables champús y acondicionadores, geles y mousses, cremas y tónicos que prometen hacer crecer un pelo sano sin rebasar los límites de la legalidad. Y aunque es cierto que algunos consiguen crear volumen recubriendo los mechones de cabello con productos químicos, aceites y ceras, otros colorean la cabellera para que parezca más abundante vista desde lejos, lo cierto es que aún no existe un producto que prevenga la pérdida de pelo y haga crecer uno nuevo.
Después de miles de años esperando este milagro, el primer método probado capaz de prevenir en cierta medida la pérdida de cabello se descubrió en 1978. La compañía farmacéutica Upjohn lanzó el Loniten (minoxidil), una píldora que de forma casi instantánea aumentaba la tensión arterial, dilatando los vasos capilares para aumentar el flujo sanguíneo. Los pacientes que lo tomaban empezaron a sufrir un efecto secundario: reducía e incluso prevenía la pérdida de pelo. Upjohn pronto descubrió que aplicar una solución al 2 por ciento de este preparado al cuero cabelludo hacía que nuevo pelo creciera. Y aunque este medicamento sigue usándose para tratar la hipertensión, en 1988 la FDA aprobó el Rogaine, el primer tratamiento farmacéutico contra la caída de cabello. Con el tiempo, la concentración se subió al 5 por ciento y se lanzó un producto específico para mujeres.
Parece increíble, pero lo cierto es que nadie sabe cómo previene el minoxidil la caída del cabello. Y sólo es efectivo si se emplea de manera regular, cuando se detiene el tratamiento el pelo vuelve a caerse. Y aunque previene la alopecia, en la mayoría de los casos lo máximo que se consigue es una delgada capa de pelusa. Ensayos clínicos patrocinados por el fabricante, lo que hace sospechosos los resultados, afirman que cerca de la cuarta parte de los varones que usaron minoxidil entre los 18 y los 49 años han experimentado un crecimiento del pelo entre moderado y denso. En una quinta parte de las mujeres el crecimiento fue moderado y en otro 40 por ciento, mínimo. Muchos dermatólogos, basándose en su experiencia, se inclinan a pensar que la tasa de éxito es menor. Un estudio de doble ciego, aleatorio y controlado por placebo conducido en el Duke Dematopharmacology Center comparó una solución de minoxidil del 2 por ciento con otra del 5 por ciento en cerca de cuatro mil varones con alopecia común. Como era de esperar, al cabo de un año la solución al 5 por ciento había resultado casi el doble de efectiva, y no se habían detectado efectos secundarios de importancia[76].
A diferencia del minoxidil, los científicos sí saben por qué Propecia, el único otro fármaco aprobado por la FDA para prevenir la caída del cabello, funciona. Pero al igual que el minoxidil se desarrolló con otro propósito médico. En este caso el finasteride, nombre que recibe el principio activo desarrollado por Merck, fue aprobado inicialmente por la FDA para tratar el agrandamiento de la próstata y, eventualmente, del cáncer de próstata. El National Cancer Institute calcula que Proscar, nombre comercial del fármaco, puede reducir el tamaño de la próstata así como la incidencia de cáncer de próstata en hasta un 30 por ciento. El finasteride actúa inhibiendo la conversión de testosterona en una sustancia llamada deshidrotestosterona (o DHT por sus siglas en inglés), que es también la culpable de la caída del cabello, y al reducir su presencia en el sistema, previene también a la alopecia. Los investigadores de Merck lo vieron claro en el curso de los primeros ensayos clínicos con pacientes de próstata y no tardaron en fabricar un producto de dosis menor destinado a combatir la caída de cabello. Se toma en pastillas y la FDA probó su uso contra la alopecia en 1998. Al igual que el minoxidil, cuando se deja de tomar el finasteride, la pérdida de pelo se reanuda[77].
La Propecia no deben tomarla mujeres, mucho menos si están embarazadas. Entre sus efectos secundarios potenciales está la disminución de la libido, algo que se observa en muy pocos pacientes, así como una enfermedad relativamente común llamada ginecomastia o agrandamiento de las glándulas mamarias del hombre.
Existe un tercer método que ha demostrado al menos cierta efectividad en la prevención de la alopecia. En varios estudios, en un pequeño porcentaje de participantes que tomaban placebo, la pérdida de cabello se redujo e incluso se revirtió.
Hay otros métodos prometedores y en desarrollo, entre ellos terapia genética, que prevendrán la pérdida de cabello a nivel genético, reduciendo al sensibilidad al DHT, clonando aquellos mechones de pelo de un individuo que no son sensibles al DHT, e incluso hacer crecer pelo nuevo en un tubo de ensayo a partir de nuestras propias células, pero ninguno de ellos ha sido aún testado clínicamente.
Y como siempre ha ocurrido desde que el mundo es mundo, existen métodos no probados cuyos fabricantes defienden firmemente, entre ellos las terapias con láser que, según dicen, funciona estimulando con láser las zonas sin pelo de manera que éste crezca de nuevo.
Lo cierto es que el minoxidil y la Propecia son las únicas sustancias de eficacia demostrada. Tal y como lo explica el doctor Ken Washenik, director de dermo-farmacología en NYU: «Nunca habrá una fórmula secreta contra la caída del cabello, porque saldrá en la primera página del New York Times. Será la noticia del año... y no hará falta recurrir a un experto para que nos diga cómo se llama el fármaco».
El consejo del doctor Chopra
Tan sólo hay dos medicamentos capaces de prevenir la alopecia y hacer crecer de nuevo el cabello: Minoxidil y Propecia. Y ya está. Y las mujeres no deben tomar Propecia. Existen otros métodos para recuperar el pelo perdido, incluidos la cirugía y los implantes de pelo. También se está experimentando con métodos nuevos, como las terapias con láser de baja frecuencia. No existe una cura secreta para la calvicie que las compañías farmacéuticas estén tratando de ocultarnos.