ENTREVISTA A TIN MACHINE I

Adrian Deevoy | Junio de 1989, Q (Reino Unido)

“Nunca me preocupó perder seguidores”, declara Bowie en este artículo de la revista Q.

Si se tratara de cualquier otra estrella de rock de importancia, esto podría ser leído como algo diferente de una bravata. Cuando Bowie le contó a Cameron Crowe de Rolling Stone, en febrero de 1976: “En serio, honesta y verdaderamente, no sé cuánto tiempo más vayan a venderse mis álbumes… y la verdad es que me importa una mierda”, fue justo antes de que se lanzara hacia su “trilogía de Berlín”, lo cual pareció diseñado para alejar a todo aquel que alguna vez gustara de sus discos por su accesibilidad relativa y sin estorbos.

La pregunta de Adrian Deevoy, sobre si al artista le preocupaba en algún aspecto perder seguidores apuntaba a que, tras su álbum Never Let Me Down (1987), Bowie se había incorporado a Tin Machine, su primer ejercicio de democracia musical. Este artículo fue la entrevista inaugural de la banda en su totalidad.

Algunos discernirán significativamente del hecho de que Bowie es descripto como extremadamente nervioso en relación a la recepción que tuviera el álbum. Ciertamente, parece casi desgarrador leer su optimismo sobre el nuevo proyecto –el cual él establece como una salida a una depresión en la que había caído últimamente– a la luz de su patente mediocridad ensordecedora, y la consiguiente y pobre recepción que tuvo. Al mismo tiempo, cuando durante la entrevista a Bowie se le pide continuar su tradición de abogar por sus artistas favoritos del momento, este responde con el horripilante y autosuficiente comentario: “Es muy agradable poder decir que Tin Machine es mi banda favorita”, lo que parece la antítesis del sentimiento anti-showbiz inherente a la cita de me-importa-una-mierda.

Por su parte, Deevoy dice: “Imagínate el impacto que tuvo en mí cuando me puso su nuevo emprendimiento de metal artístico a un volumen exacerbado. Imagínate mi confusión ahora, que admiro en sumo grado ese álbum, y a su hábil arquitecto, un cuarto de siglo más tarde”.

“Soy David”, dice David Bowie sonrojándose ligeramente y extendiendo una mano sudorosa. “No ansío hacer esto ni un poquito”.

Estamos en la sala de controles de un estudio de grabación, tres plantas arriba de las reverberantes tiendas de música y de grupetes de músicos de entreacto que aplauden sobre la Calle 48 Oeste de Nueva York. Solemnemente apostados en torno a David Bowie están sus tres músicos, llamados colectivamente Tin Machine: el guitarrista líder de voz suave, Reeves Gabrels, con una camisa de jean y una expresión de templada aflicción; el ocurrente baterista Hunt Sales, una maraña pelinegra con una bandana, un gorro de tela y los pies recubiertos por un fornido par de pantuflas de tela escocesa, y su hermano Tony Sales, un bajista magro, chupado de cara, vestido completamente de negro y sentado silenciosamente sobre el suelo, con las piernas cruzadas.

Los hermanos Sales trabajaron por primera vez con Bowie hace doce años cuando aportaron los ritmos valientes y jactanciosos del álbum Lust For Life, de Iggy Pop. Gabrels lo conoció el año pasado, cuando ambos se unieron al grupo de danza La La La Human Steps para bailar ballet –Gabrels escribió la música; Bowie, más bien sin emoción, cortó una alfombra clásica– en el Instituto de Artes Contemporáneas de Londres.

“Tienes que verlos a todos juntos”, se había entusiasmado el agente de prensa norteamericano de Bowie antes de entrar al estudio, “haciendo bromas y divirtiéndose como hacen las bandas”. Él también, sin embargo, se ve taciturno e inquieto al haber reparado sin dudas en la preocupante ausencia de actividad promocional con desenfado.

La raíz de toda esta preocupación es la razón por la que estamos aquí. David Bowie decidió celebrar eso que los norteamericanos llaman “playback”, la reproducción de un disco previamente inédito en presencia de (en este caso, unas muy pocas) personas selectas. Y ahora se arrepiente. Apostado incómodamente sobre el brazo de un sofá, se acaricia pensativamente una nueva y crecida barba con movimientos lentos y descendentes, como quierendo hacerla crecer. El peinado rubio con forma de merengue que ha estado vacilante encima de su cabeza los últimos años fue recortado hasta llegar a un arreglo más sobrio de castaño claro. De forma similar, su ropa sufrió la indolora pero significativa transición de extravagante a “clásica”. Hoy en día, David lleva puesta una camisa fina color granate, una corbata oscura con elegantes pantalones carbón y zapatos de gamuza marrones desenfadadamente abrochados con una hebilla lateral.

Esos zapatos de pronto se ponen en acción cuando se sacude los pies. De cintura de serpiente y carente de un trasero discernible, camina con pasos cortos y delicados por el suelo del estudio y regresa con un manojo de papeles en la mano. “Estas son las letras”, sonríe tímidamente, ofreciendo las páginas. “Probablemente haya algunos errores. No las corregí aún”. Se aposta nuevamente sobre la mesa del estudio y asiente con la cabeza al productor del álbum, Tim Palmer –entre cuyos previos logros se incluyen trabajos con The Mission y The Cult– quien, dándose vuelta, se dirige hacia la gigantesca y parpadeante mesa de mezclas.

“¿Ponemos el lado uno?”, pregunta Bowie, encendiendo un Marlboro.

Desde luego, esta situación podría probar ser únicamente embarazosa si el álbum –cuando los últimos dos LP de Bowie, Tonight y Never Let Me Down, con sus “tratamientos” de tempestuosa suntuosidad, falso reggae y letras bobas lo han sugerido– resulta ser un penoso fracaso artístico. Ciertamente, a causa de estos dos álbumes y la promoción de los últimos conciertos de la absurdamente pretenciosa gira Glass Spider, la carrera de Bowie llegó a un punto muerto tan pegajoso que precisó de un súbito redescubrimiento de su tablero de dibujo. Su último álbum convincente fue Let’s Dance, de 1983.

El primer tema del lado uno, en este ejercicio de hurgar en su alma, ataca ahora como un cañón desde los parlantes franceses del estudio, que tienen el tamaño de una cómoda. Es, con misericordia, bastante bueno. El sonido es crudo, histérico, crepitante de vida. La guitarra decididamente no vegetariana de Reeves Gabrels –trae de inmediato a la mente dos palabras: Jimi y Hendrix– grita, cruje y se estrella con una batería enorme y desnuda, y las piruetas del bajo. Bowie chilla, gruñe y canta sobre “golpear a los negros con bates de béisbol”, “idiotas de derecha en traje de fajina” y “días salvajes”. Entonces, tan abruptamente como el tema comienza, finaliza.

La sala se encuentra bajo una opresiva calma. No se dice ni una sola palabra. Bowie mira fijamente y con dureza la pared que tiene ante sí, dejando descansar su mentón sobre el campanario que forman sus manos. Tony Sales arroja una sonrisa de suficiencia desde el suelo y comienza el segundo tema. Hay dedos de pies que comienzan a golpetear, Bowie articula algunas palabras y retuerce la cabeza con breves y tensos movimientos, y se estira una vez más en busca de sus cigarrillos. Para cuando el cuarto tema está en curso, ya por seguridad de que el álbum está siendo bien recibido o por estar exhausto a causa de la casi eléctrica intensidad de la sala, Bowie se escabulle en una sala lateral donde, a través de una pequeña ventana, puede vérselo jugando al billar con un joven oriental de gafas. Luego de un examen más preciso, su socio resulta ser, curiosamente, Sean Lennon. Por alguna extraña –sumamente surreal– coincidencia, la próxima canción que irá a atronarnos es una revisión poderosa en clave de rock de “Working Class Hero”, durante la cual Bowie vuelve a posicionarse al borde del sofá y Sean Lennon se sienta al otro lado del cristal del estudio a improvisar con una guitarra.

Tras 28 minutos, el lado uno llega a un alto. Reeves hace una broma respecto de que el álbum es “música de humor pastoral”, la cual es completamente ignorada. “¿Lado dos?”, sugiere Bowie.

Tim Palmer obedece y más de lo mismo recarga la sala. Esta vez, entre los grandes arranques de guitarra y las voces ásperas, hay un par de momentos tiernos: una canción de acento inglés sobre encontrar la religión en una parada de autobús; un tema picante que expresa el deseo de “atarte, finge que eres Madonna”; y una conmovedora canción de amor de heavy metal. Conforme el álbum termina, se oyen perceptibles suspiros de alivio y Bowie arroja una amplia sonrisa de muchos dientes, ríe enérgicamente, y, apagando el sexto de los cigarrillos que aliviaron su tensión dice: “Lógicamente el CD viene con dos temas extra”.

Pasada la prueba, Reeves, Hunt y Tony acuden a una sala lateral con vasos de agua mineral para discutir esta nueva aventura. La tan prometida “diversión” comienza de inmediato con los músicos de buen talante. “¿Es muy tarde para rehacer todas las partes de guitarra?”, pregunta inocentemente Hunt.

Siempre dramático, Bowie aparece más o menos un minuto más tarde y se alisa las cejas extravagantemente. “Puf”, dice. “Eso fue como tener una discusión con tu novia frente a una multitud. ¿No te sentiste así? Fue como… ¡cariño, aquí no! La sensación es muy parecida. Fue de veras traumático para nosotros, ya que es la primera sesión de audición que tuvimos. Fue como decir, esto es lo que hay. Es solo que ahora comienzo a pensar, ‘bueno, ¿cómo será la reacción?’. En serio, en cierto modo es como exponerte a ti mismo. Fue una experiencia increíblemente importante el hecho de hacerlo, casi como la visión de un túnel en ocasiones. Finalmente abrirlo y mostrárselo a alguien, es incómodo”.

Cuando se les pregunta a todos, en su primera entrevista como Tin Machine, qué es lo mejor de ser un grupo, se lanzan a un ataque entusiasta de vacilaciones, dando una buena impresión de cómo serán las dos horas siguientes.

“Para mí”, dice Bowie, “es el elemento sorpresa que recibo de los demás. Ellos me sorprenden todo el tiempo, sobre todo por lo que dicen. Se parece bastante a una pandilla, hay una suerte de solidez”.

“Oh, ”, dice Tony, adoptando una sinceridad similar a la de Bowie. “Es como una gran familia feliz…”.

“¡… con maltrato infantil!”, grita Hunt triunfante.

“Hay mucho amor”, dice Reeves impávido.

“Es cierto”, concede Tony. “Hay una unidad. Una unión”.

Bowie simula estar confundido. “¿Un eunuco?”.

ADRIAN DEEVOY: ¿Cuál crees que será la crítica fundamental al disco?

BOWIE: Va a haber todo un puñado de personas que dirán que no es accesible. Creo que no es tan obviamente melódico como se pensaría que probablemente fuera. No sé. No lo sabemos. Pero (adopta la voz de un presentador de televisión infantil) creo que en esa casita encontraremos la respuesta. (Ríe ante las caras en blanco de sus compañeros de banda). Este es el problema de trabajar con los malditos norteamericanos, ¡no pescan la mitad de las referencias!

¿Es esta una breve indulgencia o un proyecto a largo plazo?

BOWIE: Habrá por lo menos dos álbumes más. Oh, sí, esto será así durante un tiempo. Mientras todos disfrutemos tanto de tocar juntos, ¿por qué no? El día que dejemos de disfrutarlo, todos estaremos listos para dejarlo. Pero estoy tan metido en esto que quiero empezar a grabar el próximo álbum mañana.

El sonido es, en ocasiones, bastante extremo. ¿Te preocupa perder seguidores?

BOWIE: Nunca me preocupó perder seguidores. Recientemente ha dejado de molestarme ponerlo en práctica. Mi fuerza siempre estuvo en que nunca me importó una mierda lo que la gente pensara sobre mi trabajo. Estaba preparado para cambiar completamente de álbum a álbum, y excluir a todo aquel que se hubiera quedado enganchado al último. Eso jamás me importó ni jota. De algún modo estoy volviendo nuevamente a eso…

¿Qué recomendarías que la gente hiciese mientras escucha el LP?

BOWIE: ¡Que no conduzca! Estaba escuchando las mezclas en crudo y simplemente me quedé pegado a él. Pisé el acelerador e hice quince minutos desde el estudio antes de que me diera cuenta de donde estaba. Es un álbum exigente. No hay concesiones. Exige tu atención.

¿Te sientes más a gusto con este disco que con cualquiera de tus otras grabaciones recientes?

BOWIE: Absolutamente, sí. Yo… es difícil decirlo sin que suene falso. Me encanta. Para mí, es como si me pusiera al día desde Scary Monsters. Es casi desdeñoso en relación a los tres últimos álbumes que hice. Como si hubiera vuelto a encontrar el rumbo, podría decirse.

¿Fue básicamente una renuncia al control?

BOWIE: Fue en realidad lanzarme a mí mismo hacia un formato de grupo, algo que jamás habría hecho, la verdad. Incluso los Spiders eran lo que yo decía. Yo era joven, iba a prenderle fuego al mundo y en serio piensas eso cuando estás en esa edad. Pero que otros miembros de la banda tuvieran que tomar decisiones era… ¡de verdad difícil! (ríe).

¿Puedes convertirte en un tirano?

BOWIE: Cada vez menos a medida que envejezco. Pero nací para tener opiniones.

HUNT: Hombre, él tiene toda una reputación. El látigo lo guarda en la otra habitación…

BOWIE: (grita en broma) Oye, yo sé lo que quiero.

¿Cuál fue tu período más tiránico?

BOWIE: ¿Mi etapa más desesperada? A ver, veamos. Fue bastante difícil –pese a que, en cierto modo, ligeramente diferente– durante Ziggy Stardust. Concretamente no había espacio para nadie más. Tenía que, al menos dentro de mi cabeza, tararearle muchos solos a [Mick] Ronson. Llegué a un punto en el que cada una de las notas y cada parte de la canción tenía que ser exactamente como lo oía dentro de mi cabeza…

REEVES: ¡Diablos, estoy muerto! ¿En serio hacías eso?

BOWIE: No, no, no es del todo cierto. The Man Who Sold The World tuvo mucho que ver con Ronson. Pero, digamos, los solos más melódicos que Ronson hacía, una parte enorme de todo eso salía a partir de que yo le decía las notas que quería. Con todo, era genial. Él es muy relajado y simplemente le parecía bien. Estaba contento de tocar. Yo no sabía hacerlo de otra manera en cualquier caso. Sí… lo hacía. Es lo que tenía que hacer. Sabía lo que quería, ¿sabes? Ellos no sabían lo que yo quería.

¿Es avergonzante toparte con la gente que sacaste de los grupos o que “dejaste” en el pasado?

BOWIE: Nunca saqué a nadie de una banda. Nunca. Nunca tuve una banda permanente. Al ser un artista en solitario, uno se encuentra en una posición peculiar, porque contrato a los músicos por ocho meses o un año, y en definitva allí se separan nuestros caminos. Aún veo a algunos de ellos, Carmine [Rojas] y Carlos [Alomar], y estuve con Slicky [Earl Slick] el año pasado. Pero tienen su propia vida. Creo que, en ese entonces, la única banda que deseché en cierto modo fueron los Spiders. Ocurrió así porque ellos querían seguir haciendo lo que estaban haciendo, y yo no. Yo me dirigía hacia un sitio al que ellos no querían ir. Estaban contentos con tocar versiones de Jeff Beck. Pero yo sabía lo que quería que hiciera la banda. Aún lo sé, ¡solo que ya nadie se da cuenta! Yo me empujo a salir adelante: ¡Ve y ponte otra corbata, David!

¿Hubo discusiones durante las grabaciones?

BOWIE: Hubo discrepancias.

REEVES: Pero no estrictamente sobre música.

BOWIE: Hubo un período extraño durante el que todos nos sentimos desconectados, en Suiza. ¿Sentiste eso tú? Fue durante la primera semana. Una vez que nos decidimos a hacerlo, nos fuimos a Montreux, porque allí podríamos salir de la mierda en que estábamos metidos, ir allí y estar a solas mientras decidíamos de qué forma trabajaríamos juntos. Y durante la primera semana hubo este tipo de… pugnas.

REEVES: No, no fueron pugnas. Yo conocí a Tony y Hunt en ese momento, y había oído que tenían actitudes extrañas y demás.

TONY: ¡La única actitud extraña que teníamos era la tuya, amigo!

REEVES: Cuando llegué, Hunt tenía una navaja en el cinturón y una camiseta que decía: “Fuck you, soy de Texas”. Así que pensé: “Mierda”. Y cada vez que tocaba algo decían, no, tócalo de esta manera, chico. Y al cabo de una semana de ser un muchacho agradable –caminando esa fina línea entre ignorar lo que la gente está diciéndote y ser cortés al respecto– hice lo que yo quería.

¿Cuán resuelto estabas a que el proyecto funcionara? ¿Fue algo a lo que podrías haber renunciado con facilidad?

BOWIE: Estaba desesperado por que funcionara. Quería con todas mis fuerzas que saliera bien. Al cabo de unos días, estaba muy nervioso de que acaso no funcionara. Luego todos se aplacaron, resolvieron su jet lag emocional.

¿Qué habrías hecho si no hubiera resultado?

BOWIE: No lo sé. La verdad es que no lo sé. Llorar… por lo menos. Pero no puedo ni siquiera pensar en una situación hipotética. Definitivamente hubiera dado marcha atrás con lo que había estado haciendo de una forma u otra. Tenía que hacerlo para bien de mi propia salud musical. Tenía que hacer algo en lo que me sintiera más implicado y menos desapasionado. Tenía que volver a apasionarme. No podía seguir así. Era salir del frasco o aceptar la mierda.

Tus últimos dos álbumes –Tonight y Never Let Me Down– no fueron demasiado buenos, ¿verdad?

BOWIE: Mmm. Pensé que sería un gran material que pudiera calmar las aguas en términos de producción. Realmente no debí haberlo sometido a tanto trabajo en el estudio. Creo que en cierta medida fue un desperdicio de muy buenas canciones. Deberías escuchar los demos de esos álbumes. Son la noche y el día en comparación con los temas terminados. Pero hay material en los dos álbumes posteriores a Let’s Dance por el que en serio yo podría menospreciarme. Cuando escucho esos demos pienso: ¿cómo fue que acabó de esa manera? Deberías escuchar el demo de “Loving The Alien”. Es un demo maravilloso. ¡Te lo juro! (ríe). Pero en el álbum, no es…. tan maravilloso. ¿Qué iba a decir? (ríe).

¿Qué piensan los otros miembros de la banda de tu carrera estos últimos cinco años?

BOWIE: Oh, eso no es justo. ¡Sal de allí! (ríe). Oh, Dios.

HUNT: Oye, a mí me gusta David. A nivel personal, me gusta…

REEVES: Es un tipo precioso, ¿no?

HUNT: Pero, oye, esos álbumes, no lo sé. ¿Y la gira Glass Spider? Bueno, no fui a verla, pero la vi en televisión y…

BOWIE: Pero, Hunt (se desliza hacia el tono de un hombre de music hall), yo pensaba que nunca te perdías mis giras…

HUNT: Nunca me perdí ninguna de tus giras. Nunca voy a verlas, de modo que nunca me las perdí…

BOWIE: ¡Bum, bum!

HUNT: Pero no me gustó la gira Glass Spider. A eso me refiero. En serio. Pensé que no era digna de ti. Esa es mi opinión. No necesito sentarme allí y decir que me encanta algo sobre lo que no reflexioné demasiado. La vi pensando: “Vaya, ¿este es el tipo de los Spiders from Mars?”.

BOWIE: ¡Está diciendo que no escuchó nada de lo que hice desde los Spiders from Mars!

REEVES: Pero la gira de Glass Spider era el cabaret. Muchos críticos dijeron…

BOWIE: Sí, los críticos, claro... Dame tu opinión personal.

REEVES: Si quieres mi opinión personal, tendrás que preguntarle a mi esposa. Pero a mí me parece que se trataba de entretenimiento más que de música. Fui a ver la prueba de sonido en Chicago y era mucho mejor que el concierto.

¿Dirías que fue un concierto muy sobreactuado?

BOWIE: Para salir en su defensa, me gustó el video del concierto. Pero me agobié. Me puse demasiado detallista con… oh, Dios, ¡siguiente pregunta!

TONY: ¡Empieza a asarse!

BOWIE: Tenía demasiada responsabilidad en la última gira. Estaba bajo mucha presión cada día. Había una decisión por segundo. Era tan grande y tan poco manejable, y siempre todos tenían un problema, cada día, y yo estaba bajo tanta presión. Fue increíble.

¿Cómo enfrentas el estrés?

BOWIE: Muy mal. Tengo que apretar los dientes y pasar por ello, lo cual no es la mejor manera de resolverlo. Lo admito, me agobié y me puse demasiado puntilloso sobre algo que iba a ser visto (indica una pequeñisima figura entre su índice y su pulgar) por esta cantidad de gente. La gira Serious Moonlight funcionó mucho mejor porque eran pinceladas más amplias, más grandes, aunque aun así había cierto detallismo. Había movimientos faciales. Por ejemplo, ¿por qué, hermano? En realidad eso solo lo cargaba yo. Fue tan genial quemar la araña en Nueva Zelanda al final de la gira. Pusimos esa cosa en un campo y le prendimos fuego. ¡Fue todo un alivio!

Las letras del LP de Tin Machine son muy brutales. Hay muchísima imaginería bastante violenta. ¿Hay alguna razón especial en ello?

BOWIE: Caray. No había reparado en que fueran brutales. La verdad es que no me gustaría decir por qué es así.

REEVES: Había mucha resistencia de nuestra parte hacia él con respecto a que reescribiera letras que esencialmente le habían salido de las entrañas.

BOWIE: No había pensado en eso. ¡Ahora entiendo! Ni siquiera había reparado en ello. Es cierto. Ellos estaban allí diciéndome todo el tiempo: “No te acobardes, cántalo tal cual lo escribiste. Apégate”. Me he censurado con frecuencia y sigo censurándome a mí mismo en las letras. Digo algo y luego pienso: “Ah, acaso sea mejor no llevarlo hasta ese límite”. No sé por qué lo hago. Soy inglés. Quizás siento que esté siendo un poco descortés o algo así. No sé con certeza de donde viene eso, pero es como si algo en alguna parte de mí no quisiera ofender. Siempre he sido así.

En el pasado has escrito letras deliberadamente oscuras. ¿Disfrazas las ideas?

BOWIE: ¿Disfrazarlas? No. Las suavizo. Pero ciertamente, en cuanto a este momento, simplemente no me permití hacerlo. Reeves me castiga bastante y eso fue toda una revelación para mí. No me dejaron reescribir. Las letras iban reflejando mis primeras impresiones conforme el material salía. Lo puse por escrito tan pronto como pude. ¿Sabes que el otro día un tipo se me acercó en la calle y me dijo, ¿te gustan los gatitos? Y yo le dije: “Sí, ¡pero mi nombre no es Cats!”. (1)

Bum bum.

TONY: (ríe) Oh, Dios…

BOWIE: No, en serio, las palabras pasaron de inmediato al lienzo tal como iban saliendo…

REEVES: Odio que surja el tema del arte…

BOWIE: El arte lo hace muy bien. Paul era el escritor pero el Arte podría cantar y hacerte llorar. ¡Él lo haría si lo pusiera contra la pared en cualquier caso!

Hay un par de letras que resaltan entre las demás. ¿Podrías explicarlas? La línea de la canción “Pretty Thing”: “Átate, finge que eres Madonna”.

BOWIE: (ríe) Ey, estábamos pasando el rato con Sean y él nos contó un par de cosas. ¿Sabés a qué me refiero? Nah. No es nada importante. Solo estaba tratando de pensar en una… es una canción muy tonta de todos modos.

¿Crees que Madonna responderá?

BOWIE: ¿Responder? Oh… ¿qué importa? ¿En serio?

¿De quién fue la idea de versionar “Working Class Hero”?

BOWIE: Creo que fue mía. Esa siempre fue una de mis canciones favoritas. Vaya, me gusta muchísimo ese primer álbum de John Lennon. Creo que todas las canciones están maravillosamente escritas e, insisto, salidas desde muy adentro. Hay allí una honestidad en las letras. Y esa canción en particular, pensaba yo, podría sonar genial como una canción de rock. Valía la pena que la hiciera.

¿Qué piensa Sean Lennon de ella?

BOWIE: Creo que le gusta mucho. Siguió este álbum casi desde el principio, desde la segunda semana. Es un gran admirador de Reeves.

TONY: Reeves le daba clases de guitarra mientras estábamos grabando las canciones.

BOWIE: Ah, qué bonito.

Una de las canciones, “Bus Stop”, la cantas con un acento muy inglés. ¿Por qué tu acento al cantar siempre cambió tanto?

BOWIE: Sentía que esa canción era muy inglesa. Es casi de vodevil. No sé si las demás se sienten muy norteamericanas o lo que sea por comparación, pero esa la sentía muy inglesa.

¿Sigues sintiéndote inglés?

BOWIE: Bueno, paso tan poco tiempo allá… No he estado en realidad en Inglaterra desde 1973. La verdad es que no sé mucho de lo que pasa allá. Voy una vez al año o, de hecho, a veces ni siquiera voy. Cuando estaba viviendo en Berlín, no iba para nada a Inglaterra. Estuve en Berlín dos años, sin moverme. Digo, la información que tengo sobre Inglaterra se basa enteramente en lo que leo. Pero en términos de atmósfera, es una locura cada vez que voy allá unas tres o cuatro semanas.

¿Se ha tornado color sepia? Ya sabes, la vieja y buena Inglaterra.

BOWIE: No mucho.

¿Echas de menos el humor?

BOWIE: Sí. (Con expresión imperturbable) Eso es algo que se queda en ti. Siempre (ríe).

Presumiblemente te enteraste del LP de Lou Reed, New York. ¿Qué piensas de la forma en que su escritura se ha desarrollado en relación con la tuya?

BOWIE: Me parece que Lou escribe de una forma mucho más desapegada que yo. Lou es el tipo de persona que se sienta a observar lo que sucede y toma nota. Es muy neoyorquino. Creo que podría haber sido ensayista si no fuera músico. Podría escribir pequeños ensayos y publicarlos en The New Yorker o quizás en algún sitio más perturbador, como la revista Bomb. Es un periodista nato. Se ha convertido casi en una suerte de Woody Allen musical. El escritor, el observador, el Samuel Pepys de Nueva York.

TONY: ¿No crees que está transformándose en una caricatura de sí mismo?

BOWIE: No, creo que conforme va envejeciendo va transformándose en el escritor que probablemente siempre supo que iba a ser. Un cuentista. Escribe narrativa de una forma muy clara. Aún hay mucho simbolismo en las letras que yo escribo, mucho instinto y emoción –no sé de dónde viene– que expresa la forma en que me siento y la atmósfera en la que me encuentro. Hay un par de líneas en “Crack City”, la canción de este álbum –“They’ll bury you in velvet / And place you underground”– (2) en que intenté acercarme a él. La marcha fúnebre sobre drogas –y esto no es un guiño a Lou porque él ahora está limpio de drogas– pero es el sonido que uno asocia con ese estilo de vida en particular muy ejemplificado por los primeros Velvets. Esperaba poder revelarlo en esas dos líneas.

¿Has escuchado mucho a Velvet Underground últimamente?

BOWIE: No. Estoy demasiado viejo para eso (ríe). ¡Eso era en 1971!

Ciertamente pareciera que estuviste escuchando mucho a Jimi Hendrix antes de hacer este disco.

BOWIE: Definitivamente Jimi Hendrix está en él. El nuevo material de Rykodise es excepcional [un CD norteamericano que acaba de lanzarse, Live At Winderland]. La claridad de la visión de ese hombre. Es simplemente fabulosa. Tratando de captar cosas que están en el aire. Creo que redescubrí a Hendrix. Cream, Neu, Can –todas las bandas del período de Berlín–, Glenn Branca [el orquestador ruidoso de guitarra eléctrica]. Yo personalmente –no tanto ellos– pasé mucho tiempo con mis viejos álbumes: Heroes, Lodger, Scary Monsters, Low, para hacerme retroceder al porqué estuve escribiendo.

De todos modos, había estado haciendo eso antes de que nos reuniéramos. Yo había vuelto a no disfrutar de mí mismo como compositor e intérprete. Cada tanto me sucede. Creo que le ocurre a todo compositor e intérprete. Lo que sucede inevitablemente –y sucede siempre– es que uno vuelve a lo que considera que son sus raíces. Para mí, fueron estas las personas que solía escuchar, ya sea Syd Barrett, Hendrix o quien sea, y el material propio que uno piensa que es realmente bueno. ¿Adónde fue a parar ese espíritu? ¿Por qué yo mismo no estoy pensando en esos términos ya?, pensar en que debería complacerme a mí mismo antes que nada, y luego, si a alguien le gusta, pues genial. Pero no voy a estar contento si yo no me contento a mí primero.

Me encantan todos esos álbumes, sabes. Creo que hice algunos álbumes muy buenos. En veinte años, lo que compuse es un material con el cual estoy muy feliz y muy contento de haber realizado a grandes rasgos. En mi opinión, compuse algunos álbumes fabulosos. Tengo que ser honesto. Me encantan. Me encanta mi obra. Y me siento tan molesto cuando escucho cosas a las que no di lo mejor que podía haberles dado. Posiblemente no pueda expresar lo que sucede cuando escucho esos álbumes pero crean… una atmósfera.

¿Tomaron alguna droga mientras estaban haciendo el álbum?

HUNT: Mucho LSD, ¿verdad?

BOWIE: Salmón normal, ahumado y danés (ríe). No, no tomamos drogas. Todos pasamos por eso y tenemos perspectivas diferentes de aquellas que teníamos hace diez años respecto de lo que queríamos hacer con nuestras vidas. Nos hemos visto joder nuestras vidas en el pasado y –para qué perder el tiempo– solo queremos hacer lo que estamos haciendo y disfrutarlo por lo que es.

TONY: Ahora lo sabemos mejor. No estábamos en búsqueda de arruinarnos mientras estábamos grabando. Nuestro foro de reunión no era la casa del dealer o un bar.

BOWIE: ¡Nos reuníamos en el estacionamiento! Sentados en sillas cómodas.

¿Qué recuerdas, en contraposición, de la grabación de Low?

BOWIE: Yo era un tipo muy diferente entonces. Quiero decir, había pasado por mi período de drogas más intenso y Berlín fue mi forma de escapar de eso, y tratar de establecer una vida sin drogas. Es muy difícil. (Se vuelve hacia Tony) ¿Conoces ese período?

TONY: Recuerdo ese período. Yo traté de encontrar una solución para lo mismo.

BOWIE: Estás subiendo y bajando todo el tiempo, vacilando constantemente. Es un período muy duro del cual salir. De modo que mi preocupación durante Low no era musical. La música estaba literalmente expresando mi estado físico y emocional… esa era mi preocupación. Así que la música fue casi terapéutica. Era como, “oh sí, hicimos un álbum y suena así”. Pero era un subproducto de mi vida. Simplemente se lanzó. Nunca hablé con la compañía discográfica al respecto. Nunca hablé con nadie al respecto. Simplemente hice ese álbum… en un estado de rehabilitación. Un estado horrendo, de verdad.

¿Por qué elegiste ir a Berlín?

BOWIE: Bueno, la razón principal de ir allí fue a causa de que era un sitio bastante neutro. Jim (Iggy Pop) y yo –ambos estábamos teniendo los mismos problemas– sabíamos que era la clase de lugar donde puedes caminar y te dejan en paz, la gente no te reconoce. Son muy indiferentes allí. Gente cínica, basada en la ironía, y es un gran lugar si de verdad quieres tratar de hacer algo instrospectivo y encontrar lo que verdaderamente quieres.

Escuchar Low, ¿te remonta a recuerdos incómodos? ¿Sudas cuando lo escuchas?

BOWIE: Sí, claro. Todo vuelve a mí instantáneamente. Es una gran obra, pero ciertamente vuelvo a sentir los escalofríos y los sudores.

¿Cuáles son los períodos de Bowie favoritos de los miembros de la banda?

REENES: Aladdin Sane, Station To Station.

HUNT: A mí me gusta Ziggy Stardust and The Spiders.

TONY: Yo también me quedo con Ziggy Stardust. Causó tal impacto entonces. Me gustaban mucho Ronson y el bajista. ¿Quién era el bajista?

BOWIE: Trev. Trevor Bolder. Trev aún está trabajando. Está con Uriah Heep, ¿no es cierto?

REEVES: Ese fue un gran período –de 1970 a 1973– porque podías ir a la escuela con un mechón de pelo verde y decir: “Fuck you, me veo como David Bowie”.

BOWIE: Mi subidón más grande fue cuando conocí a Mickey Rourke y me dijo (imitando pobre y horrorosamente a Mickey Rourke): “Vaya, hombre, en 1973, hombre, yo me vestía igual que tú, hombre, tenía el pelo verde, ¡botas de taco alto y pantalones de cuero!”. Estoy tratando de imaginarme a Mickey Rourke con todo ese atuendo. Le pregunté: “¿Eras un glam-rocker?”. Me dijo: “Hombre, sí, en Florida nadie había visto nada semejante”. Me pareció absolutamente genial. Me dio tantos ánimos. Un tipo como él, y yo era una parte importante de su vida.

Eso debe haber sucedido muchas veces, gente que relaciona un período de su vida con las diferentes etapas de tu carrera.

BOWIE: Sucede, sí… y es encantador. En serio, es encantador. Siempre agradable. Si significa algo para alguien, genial. Aunque te veas horrible con sombra en los ojos (ríe).

¿Cómo será Tin Machine en vivo?

BOWIE: Cuando suceda, será bajo la forma que tú llamarías, con justicia, una situación íntima. Ya hicimos un concierto. Aparecimos en un club de Nassau, donde estuvimos grabando, e hicimos cuatro o cinco canciones. Fuimos al club y simplemente tocamos.

REEVES: No fue anunciado, solo subimos al escenario y se oía el susurro de todas las voces: “¡Ese es David Bowie! No, no puede ser David Bowie, ¡tiene barba!”.

Entonces los conciertos serán un asunto muy reducido.

BOWIE: Nada teatrales. Definitvamente. ¡Solo una sección de seis vientos y un trapecista!

¿Cómo te verás tú?

BOWIE: Tal como me ves ahora mismo. ¡Estamos vestidos para el concierto!

HUNT: Yo acaso me cambie estos calcetines.

BOWIE: Y Kevin Armstrong tocará con nosotros. Estuvo involucrado desde el principio. Originalmente Kevin estaba en la banda que usé en el Live Aid. De allí salió él. Tocará la guitarra rítmica, porque yo lo intenté y mis guitarras rítmicas no eran lo bastante buenas.

REEVES: Vamos, es que tú quieres caminar por el escenario y llevarte las chicas del público.

BOWIE: Ahí vamos otra vez (ríe). No quiero estar sujeto al micrófono.

¿Hay alguna posibilidad de no hacer una producción teatral desmesurada sobre el escenario?

BOWIE: ¡Pero si las dos últimas giras fueron así! Antes de Let’s Dance, la última gira teatral que hice fue Diamond Dogs, en 1974. A partir de ese período en adelante, como la gira de Young Americans, todo fue muy básico. Era como una suerte de banda de soul blanco. Estaba muy orientado hacia la imagen. Estaba [David] Sanborn en saxofón, Luther Vandross en coros y todo eso. Era una banda de puta madre, pero no era muy teatral. Sonaba genial y estaba orientada a ese sentir del soul blanco. Y luego, la gira de Station To Station era un puñado de luces, pero nosotros no hacíamos nada. Yo caminaba por el escenario bastante altivamente, muchas de las luces eran como (abre y cierra las manos) de esta manera en buena medida. Era muy blanco y negro. Era una puesta sin color. De modo que la cosa teatral apareció a partir de Let’s Dance. Desde el 74 hasta el 83 no fueron muy teatrales.

¿Has escuchado mucho hardcore?

BOWIE: Me encanta el trash metal. O el speed metal. En Estados Unidos, de hecho, hace rato que se oye. Arrancó hacia el 78 o el 79 en California. De alguna forma se convirtió en el sonido de California. Ahora Nueva York lo ha adoptado. De hecho, diría que me encanta, depende de cuál banda hablemos.

¿Tienes aún un ojo sobre lo que sucede en Gran Bretaña?

BOWIE: No en realidad. He escuchado mucho material que salió de Inglaterra. Siempre he sabido lo que sucedía musicalmente. Desde hace tiempo nada me conmueve. ¿Qué sucede allí en este momento?

Hardcore, deep house, varios tipos de world music, Morrisey es aún muy popular…

BOWIE: Oh, él no está nada mal. Creo que es un letrista excelente. Nunca pude entender sus melodías. Tengo debilidad por las melodías anticuadas y las suyas me parecen muy desiguales. Se apagan mucho. Pero creo que sus letras son absolutamente soberbias. Uno de los mejores letristas que Inglaterra –y él es muy inglés– ha dado en los últimos años. No estoy muy al tanto de su imagen o de cómo es, porque nunca lo vi en vivo, pero me gustan los discos.

En las entrevistas sueles aludir a ciertos grupos en particular que escuchas al momento: Psychedelic Furs, The The, Screaming Blue Messiahs. Casi has llegado a salir en su defensa. ¿Hay alguno en este momento?

BOWIE: Es muy agradable poder decir que Tin Machine es mi banda favorita. Satisface todo lo que quiero en la música en este momento. Estando donde estoy, de donde provengo, a mi edad, Tin Machine es todo lo que quiero escuchar. Y esta es la primera vez, tras mucho, mucho tiempo, que puedo decir esto.

REEVES: Diplomacia y Purple Haze.

BOWIE: ¿Qué? ¿Diplomacia y Purple Haze? Brillante. ¿Puedo decir eso?

REEVES: Claro.

BOWIE: A propósito, como te decía, ¡diplomacia y Purple Haze! (ríe).

La entrevista llegó a una conclusión satisfactoria, David se levanta y se afloja el nudo de la corbata. Inquiere nerviosamente sobre cuán seguros son los vuelos que llegan y salen de Gran Bretaña. “¿Por qué tienen tantas demoras?”, pregunta con toda la paranoia de un auténtico fóbico de los vuelos. “¿Las demoras son tan largas como dicen o es solo la propaganda de la aerolínea?”. Cuando se entera de que un vuelo se demoró a causa de un ala defectuosa, la cara se le pone roja, se sienta nuevamente, se agarra la cabeza y dice, muy tranquilamente: “¡No, no, no la maldita ala!”. Luego, recordando sus compromisos de promoción, se pone de pie, nos da la mano y se dispone a partir.

“Sabes, estaba escuchando el álbum en casa”, dice, confidencialmente, “y mi hijo (Joe), que tiene 17 años y escucha rap, heavy metal, The Smiths y hardcore, me preguntó: ‘¿Ese eres tú, papá?’ ¡Dios, eso sí que está bien!”.

1. Juego de palabras intraducible en castellano. En inglés: “Do you like pussy cats?”, literalmente “¿Te gustan los gatitos?”, pero que, con una coma en medio, podría transformarse en “¿Te gustan los coños, Cats?”.

2. “Ellos te cubrirán en terciopelo / y te pondrán bajo tierra”.