img EMPRENDER LA JORNADA img

Estás a punto de embarcarte en una jornada específica, y al igual que con todas las cosas de tu vida, tienes dos opciones: puedes hacerlo de forma superficial o puedes hacerlo profundamente.

El glotón compulsivo tiene una relación falsa con la comida, pues le ha otorgado un poder que en realidad no posee. Quizá te adhieres a la creencia mágica de que comer te brinda consuelo y fortaleza, aunque estés consumiendo un tipo (o una cantidad) de comida que de hecho solo puede perjudicarte. El glotón compulsivo forma una relación idólatra con la comida en la cual el poder que solo le pertenece a Dios, le ha sido otorgado a otra cosa.

Comienza, sencillamente, comprendiendo esto.

El crecimiento espiritual es un proceso fascinante cuando tú permites que ocurra. Es una jornada interior que va de un entendimiento al otro, en donde, cuando estás listo para recibirlos, las cosas se van dando para que tomes conciencia para tu propio beneficio. Las ideas tergiversadas se aclaran tan pronto las ves cómo son. Tu jornada de la ceguera a la visión espiritual precede tu jornada de comer de forma disfuncional a una relación sana y beneficiosa con la comida; de hecho, es un prerrequisito indispensable. Cuando comprendes profundamente las raíces de tu debilidad, estableces las bases para fomentar nuevas fortalezas.

De lo primero que debes tomar conciencia en tu jornada hacia la libertad, es que has estado creyendo en una mentira. Entonces, al fortalecer tu creencia en esta mentira, la has convertido en verdadera para ti. La mentira es que la comida que es perjudicial para ti tiene el poder de brindarte consuelo, nutrirte y sustentarte. Tu tarea es corregir esa mentira.

La última frase del Padre Nuestro: “Pues tuyos son el reino, el poder y la gloria”, significa que “solamente Dios tiene el poder de brindarme consuelo, nutrirme y sustentarme”. Esta frase no es una súplica, sino una afirmación que, cuando se pide con devoción, tiene el poder de penetrar en las regiones más profundas de la mente subconsciente. Tomas conciencia de que la comida no puede nutrirte emocionalmente, y que Dios, y solo Dios, puede hacerlo.

Al otorgarle todo el poder al espíritu, reorganizas las energías de tu mente subconsciente; haciendo que cada aspecto tuyo, incluyendo tu cuerpo, regrese a su orden divino perfecto. Tu cuerpo está destinado a ser un reflejo de tu espíritu, y tanto tus ideas como tus células responderán cuando se les recuerde su perfección divina.

El propósito de este curso es recordarle a tu cuerpo su perfección, recordándole a tu mente su perfección. Restableciendo uno, se restablece el otro.

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Este curso es acumulativo. Cada día recibirás una lección, y aunque el contenido de esa lección debe ser el enfoque de un día en particular, con el paso de los días, debes permitir que su energía resida continuamente en tu psiquis. Comer compulsivamente involucra dos factores: compulsión y comida. No abandonarás el hábito de comer compulsivamente, sustituyéndolo por otra práctica compulsiva. Por consiguiente, este no es un curso para llevarlo de prisa, sino más bien un proceso en el cual relajarse.

Estas lecciones no tienen la intención de causarte consternación ni sentimientos de culpa. No es posible aprobarlas ni fallarlas; ni puedes aprobar o fallar. Simplemente, involúcrate en ellas sintiendo que llegas a un lugar tranquilo y sereno, en donde eres igualmente amado ya sea que hagas tu lección “bien” en un día o ya sea que no lo logres por completo. El único caso en que puedes “fallar” una lección es cuando te castigas por tu fracaso. Este curso es una jornada, y como con cualquier jornada seria de autodescubrimiento, hay días en que nos desviamos hacia la oscuridad en nuestro camino hacia la luz.

En los momentos difíciles, quizá leíste algo inspirador en una de las lecciones y cerraste tus ojos en un momento hermoso y pacífico de meditación, pero una hora más tarde, ¡te descubriste comiéndote una bolsa entera de papas fritas!, comprende que el problema no son las papas fritas, sino más bien el miedo que ha surgido ante la presencia del amor.

Se dice que el amor atrae todo lo que es opuesto al amor, y algunas veces justo cuando sentimos que nos estamos acercando a una solución, el problema surge de nuevo y nos arrastra atrapándonos por la garganta. Es natural. Es parte del proceso. No te desesperes.

En una situación así, simplemente respira profundo, reconoce tus esfuerzos y perdónate por el desvío. Debes saber que los patrones de luz que estás estableciendo ahora eliminarán con el tiempo toda oscuridad. Debes saber que los grandes éxitos se logran a menudo dando dos pasos hacia adelante y luego uno o dos hacia atrás. Y debes saber además que las personas delgadas a veces también comen demasiadas papas fritas.

Estas lecciones son sencillas, pero su potencial de sanación es muy profundo. La razón por la cual las lecciones son sutiles es porque comer en exceso no lo es. Solamente el poder del amor puede superar el poder del odio, y no lo dudes por un instante: tus hábitos perjudiciales de comida son un acto de odio hacia ti mismo. Comer en exceso es una forma de violencia y uno de los mecanismos que estás ahora desmantelando es el hábito de embestir la espada contra ti mismo, ya sea ésta un cuchillo o un tenedor.

Comienza con el compromiso de tratarte con cariño. Comer en exceso es un acto emocionalmente violento, y reprocharte por hacerlo es una forma de infligir más violencia. En algún punto, terminarás manifestando esos sentimientos, y es muy probable que trates de apoyarte en tu sistema de respaldo de comer en exceso, como tu forma favorita de expresar el odio hacia ti mismo. No solo eso, sino que el comer en exceso también será la forma perfecta de consolarte mientras sientes toda esa culpa.

¿Te está quedando clara toda esta locura? ¿Y no es una consecuencia lógica pensar que solo un milagro podría desmantelar todas estas ideas y emociones tan extrañas y tergiversadas? En cierto punto, llegas a admitir una verdad que previamente habías resistido: no tienes la capacidad humana de arreglar este problema.

Sin embargo, no es el final. Nada más es el comienzo. Porque cuando comprendes que no puedes sanarte a ti mismo, comienzas a considerar Quién puede hacerlo.

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Estas lecciones no son solo para leerlas; seguir este curso requiere tu participación activa. En algunas ocasiones, te será requerido conseguir alguna cosa o realizar una actividad, y con frecuencia te será requerido que escribas. Hay unas páginas al final de este libro para ese propósito, o si deseas puedes usar un diario aparte. A través del curso, escribir será muy útil para ti, pues te ayudará a integrar las lecciones de una manera más completa.

Y, sin más, comencemos la jornada.

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