Publicaciones, Wigan y España

1937-1938

 

 

Este fue un período productivo para Orwell. Publicó Los días de Birmania, La hija del clérigo, Que no muera la aspidistra y El camino a Wigan Pier y, aunque Orwell descartó la segunda y la tercera por alimenticias y no quería volver a verlas impresas a no ser que permitiesen ganar unos chelines a sus herederos, no son obras desprovistas de interés. Sus vivencias en las «áreas más deprimidas» —por supuesto, no solo viajó a Wigan— y en España fueron tan formativas para su carácter como para sus puntos de vista sociales y políticos. También colaboró con reseñas y artículos en periódicos literarios, en particular con «Matar a un elefante», que dice tanto de la decadencia del Raj como del derrumbe de un elefante.

Tras entregar a Victor Gollancz la copia mecanografiada de El camino a Wigan Pier, justo antes del día de Navidad de 1936, viajó a España para luchar en el bando gubernamental y contra Franco. Su intención era alistarse en las Brigadas Internacionales, pero, tal como le contó a Gollancz, se afilió, en parte por accidente, al POUM, el Partido Obrero de Unificación Marxista. Lo describió como «uno de esos partidos comunistas disidentes que han aparecido en los últimos años en muchos países como resultado de la oposición al “estalinismo”, es decir, al cambio, real o aparente, de la política comunista. Lo integraban en parte ex comunistas y en parte miembros de otro partido, el Bloque Obrero y Campesino. Numéricamente era un partido pequeño, sin demasiada influencia fuera de Cataluña […] donde su principal plaza fuerte era Lérida» (Homenaje a Cataluña, p. 207). Probablemente no lo habría hecho de haber sabido, antes de partir de Inglaterra, que los comunistas soviéticos estaban decididos a eliminarlo. En octubre de 1936, Victor Orlov, el jefe del NKVD en España, aseguró a su cuartel general que «la organización trotskista POUM puede liquidarse fácilmente» (Christopher Andrew y Vasili Mitrokhin, The Mitrokhin Archive [1996], p. 95). Así, la descripción de Orwell y Eileen como «trotzquistas pronunciados» en el informe elevado al Tribunal de Espionaje y Alta Traición de Valencia (un documento de cuya existencia Orwell no tenía noticia) les condenaba sin remedio. De haberse hallado en España en la época del juicio de compañeros como Jordi Arquer podría haber supuesto su encarcelamiento e incluso su ejecución.

Orwell se encontraba de permiso en Barcelona durante «los sucesos de mayo», cuando los comunistas intentaron eliminar los partidos revolucionarios (entre ellos, el POUM). Volvió al frente de Huesca y, el 20 de mayo de 1937, recibió un disparo en la garganta. Eileen y él escaparon de España y regresaron a su casa de Wallington donde Orwell escribió Homenaje a Cataluña. En marzo de 1938 contrajo tuberculosis, cayó gravemente enfermo y pasó más de cinco meses en el sanatorio de Preston Hall, en Kent. El 2 de septiembre, Eileen y él partieron hacia el Marruecos francés, convencidos de que eso le devolvería la salud.

 

Imagen

De una carta de Orwell a su madre, 2 de diciembre de 1911.

 

 

Jennie Lee* a propósito de la llegada de Orwell a Barcelona

 

Orwell vio a Gollancz el 21 de diciembre de 1936 para hablar de la publicación de El camino a Wigan Pier. Llegó a Barcelona en torno al 26 (Crick, p. 315). Tras la muerte de Orwell, Jennie Lee escribió el 23 de junio de 1950 a una tal señorita Margaret M. Goalby de Presteigne, Radnorshire, que le había preguntado por Orwell. He aquí parte de dicha carta.

 

En el primer año de la Guerra Civil española estaba sentada con unos amigos en un hotel de Barcelona cuando un hombre alto y delgado de tez demacrada se acercó a la mesa. Me preguntó si era Jennie Lee, y, en tal caso, si podía indicarle dónde alistarse. Dijo ser escritor, que Gollancz le había pagado un anticipo por un libro,1 y que había llegado dispuesto a conducir un coche o a hacer cualquier otra cosa, preferiblemente a combatir en primera línea del frente. Despertó mis sospechas y le pregunté qué referencias traía de Inglaterra. Por lo visto, no traía ninguna. No había visto a nadie, se había limitado a costearse el billete. Me convenció al enseñarme las botas que llevaba al hombro. Sabía que no iba a encontrar botas de su talla, pues medía más de un metro ochenta. Eran George Orwell y sus botas llegados para combatir en España.

Después lo conocí y vi que era un hombre muy amable y un escritor muy imaginativo. […] Un satírico que no encajaba en ninguna ortodoxia política o social. […] De lo único que puedo estar segura es de que, hasta el final de sus días, George fue un hombre de una integridad absoluta; muy bondadoso y dispuesto a sacrificar todas sus posesiones terrenales —nunca tuvo gran cosa— por la causa del socialismo democrático. Parte de su malestar se debía a que no solo era socialista sino profundamente liberal. Odiaba la burocracia allí donde la veía, incluso en las filas socialistas.

 

[XI, 355A, p. 5]

 

 

De Eileen Blair* a Norah Myles*

 

[¿16 de febrero de 1937?]

24, Croom’s Hill

Greenwich1

[sin encabezamiento]

Una nota para contarte que parto hacia España a las 9 a.m. de mañana (o eso creo, porque la gente telefonea de París con una grandeur inconcebible, y puede que no me vaya hasta el jueves). Me voy con prisas, pero no porque ocurra nada, sino porque cuando dije que me marchaba el 23, tal como había sido siempre mi intención, me nombraron de pronto secretaria tal vez del ILP en Barcelona. No parece que les haga mucha gracia. Si Franco me hubiese contratado para hacerle la manicura habría aceptado a cambio de un salvoconducto, así que todos contentos. El ILP en Barcelona lo integra un tal John McNair,2 que ha sido muy amable a distancia, pero tiene una voz un tanto desafortunada al teléfono y una prosa calamitosa en la que escribe artículos que tal vez yo tenga que pasar a máquina. Pero teóricamente a George le concederán un permiso a finales de este mes3 y yo tendré vacaciones lo quiera o no. A propósito, ¿te dije que George se ha alistado en la milicia española? No lo recuerdo. El caso es que así es, con mi aprobación, hasta que llegó. Se encuentra en el frente de Aragón, donde me consta que el gobierno debería estar atacando a menos que crea que con eso es suficiente. Si la fuerza aérea fascista continúa sin alcanzar sus objetivos y la línea férrea a Barcelona sigue funcionando, tendrás noticias desde allí algún día. Aunque, por lo general, las cartas tardan entre 10 y 15 días, y no sé cuánto tardarán si cortan la vía. En cualquier caso, sería un detalle que me escribieras una bonita carta, a la atención de John McNair, hotel Continental, Boulevard de las Ramblas, Barcelona.4 De momento, yo también me alojaré en el Continental, pero como nos hemos gastado casi todo el dinero del que dispondremos hasta noviembre, cuando volveremos a ser ricos gracias al Club del Libro de Izquierdas,5 creo que tendremos que hacer lo que los esperantistas llaman dormir sobre la paja —y, como son esperantistas, se refieren a dormir sobre la paja—. El ILP, por supuesto, no contribuye a mi mantenimiento, pero el gobierno español alimenta a George con pan sin mantequilla y «comida más bien escasa» y no le deja dormir, así que no tiene preocupaciones.

La carta se está alargando más de lo que pretendía (ahora debería poner puntos suspensivos, pero tendría que desplazar el carro de la máquina). Escríbeme, porque creo que Barcelona me va a parecer detestable, aunque me gustaría ver algunas de las cosas que no sucederán.6 Por supuesto, no sé cuánto tiempo estaremos allí. A no ser que George resulte herido, supongo que se quedará hasta que la guerra qua termine, igual que haré yo a menos que me evacuen por la fuerza o que tenga que volver a por dinero. Pero las noticias de hoy dan a entender que la guerra podría no durar mucho: dudo que Mussolini o ni siquiera Hitler pongan mucho entusiasmo en llevar a Franco hasta Cataluña, y desde luego necesitarían muchos más hombres para conseguirlo.7

Ha sonado la campana para cenar. No resulta agradable pensar que podría ser mi última cena no racionada.

Pig

 

Recuerdos a todos, a ti también. Eric ha ido a Bristol a dar clases,8 pero creo que no empieza hasta mayo. Hey Groves9 asistió a la conferencia sobre cirugía cardíaca en el Colegio de Cirujanos y le invitó a impartir otra para vosotros, pero aún no han fijado la fecha. Tiene fotos muy bonitas. Podría haber ido con él, tal vez aún lo haga. Si lo ves, dile que fije la fecha para después de la guerra.

¿Podrías decirle a Mary10 (no hay prisa) que no he tenido tiempo de escribir dos cartas distintas a mis dos viejas amigas de Oxford, lo cual no puede ser más cierto?

 

[LO, pp. 68-70; XI, 361A, p. 12; mecanografiada]

 

 

De Eileen Blair* a su madre, Marie O’Shaughnessy

 

22 de marzo de 1937

Sección Inglesa

Rambla de los Estudios, 10

Barcelona1

Queridísima mamá:

¡Te incluyo una «carta» que empecé a escribir en las trincheras! Termina bruscamente —creo que he perdido una hoja— y es prácticamente ilegible, pero al menos tendrás una carta escrita desde la auténtica línea de combate y podrás leer lo suficiente para tener las noticias más importantes. Me gustó, y mucho, estar en el frente. Si el médico hubiese sido un buen médico no habría dejado piedra sin remover con tal de quedarme como enfermera (en realidad, antes de verlo ya lo había hecho); el frente sigue tranquilo y podría haber aprendido para cuando empiece a haber actividad. Pero es bastante ignorante y muy sucio. Tienen un hospital minúsculo en Monflorite donde hace curas a los lugareños que se cortan en un dedo y demás, y atiende cualquier emergencia por herida de guerra que se presente. Los vendajes sucios los tira por la ventana, a no ser que esté cerrada, en cuyo caso rebotan al suelo, y nadie le ha visto nunca lavarse las manos. Así que decidí que debía tener un ayudante con formación (tengo pensado uno, un hombre). Eric fue a verlo, pero afirma que no tiene más que «frío, exceso de cansancio, etc.». Lo cual es cierto. No obstante, el tiempo ha mejorado y ya hace mucho que deberían haberle concedido un permiso, aunque el otro día otra sección del frente de Huesca llevó a cabo un ataque por sorpresa que tuvo un resultado bastante catastrófico y de momento han suspendido los permisos. Bob Edwards,2 que capitanea el contingente del ILP, tiene que marcharse un par de semanas y Eric quedará al mando en su ausencia, lo cual en cierto sentido será divertido. Mi visita al frente acabó de la mejor manera posible porque Kopp decidió que debía disponer de «unas horas más» y lo arregló para que un coche saliera de Monflorite a las 3.15 a.m. Nos acostamos a eso de las 10 y a las 3 Kopp llegó dando gritos, me levanté y espero que George3 (he olvidado a qué mitad de la familia escribo) volviera a quedarse dormido. De ese modo pudo descansar dos noches enteras y parece encontrarse mejor. La nota surrealista de la visita la acentuó el hecho de que no hubiese luz, ni siquiera una vela o una linterna; una se levantaba y se iba a la cama en total oscuridad, y la última noche estuve andando a oscuras entre las casas con el barro hasta la rodilla hasta que vi el resplandor del Comité Militar donde Kopp estaba esperando con el coche.

El martes sufrimos el único bombardeo de Barcelona desde mi llegada. Fue muy interesante. Los españoles son increíblemente ruidosos y apremiantes, pero ante una emergencia se vuelven silenciosos. No fue una verdadera emergencia aunque las bombas cayeron más cerca del centro de lo habitual e hicieron ruido suficiente para asustar a la gente. Hubo muy pocas víctimas.

Vuelvo a disfrutar de Barcelona; me hacía falta un cambio. Puedes enviarles esta carta a Eric y a Gwen, a quienes les agradezco que nos enviaran el té. He recibido tres libras que serán muy apreciadas. Según me ha contado Bob Edwards, ya casi estaba acabándose. El otro mensaje para Eric es que, como de costumbre, estoy escribiendo en el último momento, justo antes de que alguien salga hacia Francia y, también como de costumbre, no tengo conmigo mi talonario, pero le enviaré el cheque por 10 libras dentro de dos semanas y de momento le quedaría muy agradecida si le diese a Fenner Brockway4 las pesetas (por si no recibió la última carta, le pedí que cambiara 10 libras en pesetas y se las diese a Fenner Brockway para que las trajera en mano. Aquí la vida es muy barata, pero gasto mucho en el contingente del ILP porque ninguno ha cobrado ninguna paga y todos necesitan cosas. También le he prestado a John [McNair] 500 pesetas porque se había quedado sin nada. Guardo mis cinco libras inglesas que podría cambiar a buen precio,5 porque tengo que tener algo para cuando volvamos a cruzar la frontera, quienesquiera que la crucemos).

Espero que estéis todos bien y recibir pronto una carta que lo confirme. Gwen me envió una carta muy larga y emocionante; hasta yo padezco el extendido hábito de echar de menos Inglaterra. Tal vez ocurra lo mismo en las colonias. El otro día le dije a un camarero que me dio fuego que tenía un encendedor muy bonito y respondió: «¡Sí, sí, es bien, es inglés!». Luego me lo dio, evidentemente para que pudiera admirarlo. Era un Dunhill, supongo que comprado en Barcelona, porque de hecho los hay en abundancia, aunque muy poca gente los compra. Kopp, el comandante de Eric, echaba de menos la salsa Worcester Lea & Perrins. Lo descubrí por casualidad y encontré un poco en Barcelona, también hay encurtidos Crosse & Blackwell, pero la buena mermelada inglesa se ha agotado, y eso que los precios son exorbitados.

Después de ver a George confío en que estaremos en casa en invierno y tal vez mucho antes, claro. Cuando puedas, escríbele otra carta a su tía.6 No he tenido noticias suyas y Eric tampoco,7 y empiezo a estar preocupada. Creo que puede estar deprimida de vivir en Wallington. A propósito, George necesita con urgencia el infiernillo de gas, me pidió que escribiera para encargar uno cuanto antes, pero sigo pensando que sería mejor esperar hasta que estemos a punto de volver, sobre todo porque no he tenido noticias de Moore sobre el adelanto del libro.8 Lo cual me recuerda que las reseñas han sido mejores de lo que esperaba, pues las más interesantes no se han publicado todavía.

Anoche me di un baño, gran novedad. Y he cenado de maravilla tres veces seguidas. No sé si echaré de menos la vida en los cafés. Tomo café tres veces al día y alguna copa con mayor frecuencia, aunque teóricamente como en una lúgubre pensión, al menos seis veces por semana voy a uno de los cuatro sitios donde sirven comida buena, pero escasa. Todas las noches pienso volver a casa pronto y escribir cartas y todas las noches llego de madrugada. Los cafés están abiertos hasta la 1.30 y el café de sobremesa se toma a eso de las 10. Pero el jerez es imbebible, ¡y yo que quería llevar a casa unos barriles!

Dale recuerdos a Maud9 y dile que le escribiré cuando tenga tiempo. Y dale recuerdos a todo el mundo, aunque no les vaya a escribir. (Esta carta es para los tres O’Shaughnessey,10 así que va dirigida a vosotros y no a ellos.) Creo que vuelve a ser una carta aburrida. Le haré más justicia a esta vida de viva voz… o eso espero.

Con mucho cariño,

Eileen

 

[XI, 363, pp. 13-15; manuscrita]

 

 

A Eileen Blair*

 

[¿5? de abril de 1937]

[Hospital de Monflorite]

Queridísima:

Desde luego eres una esposa estupenda. Cuando vi los cigarros me llegaron al alma. Compensarán la falta de tabaco durante una larga temporada. McNair me ha dicho que estás bien de dinero, y que puedes pedir prestado y devolverlo después cuando B[ob] E[dwards] te traiga unas pesetas, pero no quiero que te dediques a mendigar y, sobre todo, no te prives de comida, tabaco, etc. Detesto saber que estás resfriada y deprimida. Tampoco dejes que te hagan trabajar demasiado, y no te preocupes por mí, pues me encuentro mucho mejor y espero volver al frente mañana o pasado mañana. Por suerte, la infección de la mano no se ha extendido y ya casi está curada, aunque por supuesto la herida sigue abierta. Puedo moverla bastante bien y hoy pienso afeitarme por primera vez en 5 días. El tiempo ha mejorado mucho y es casi primaveral, el aspecto del campo me recuerda al jardín de casa, quién sabe si habrán brotado ya los alhelíes y si el viejo Hatchett1 estará sembrando las patatas. Sí, la reseña de Pollitt2 fue bastante mala, aunque la publicidad nunca viene mal. Supongo que debe de haberse enterado de que estoy sirviendo en la milicia del POUM. No hago mucho caso de las reseñas del Sunday Times,3 pues G[ollancz] se anuncia tanto en él que no se atreverían a poner mal sus libros, pero la del Observer es mejor que la última vez. Le he dicho a McNair que, cuando me concedan el permiso, escribiré un artículo en el New Leader, aunque será tan distinto de los de B. E. que no creo que lo publiquen. Me temo que no hay que tener muchas esperanzas de que me concedan el permiso antes del 20 de abril. En mi caso es un fastidio, pues se debe al cambio de unidad; muchos de los que llegaron al frente a la vez que yo ya lo han disfrutado. Si me propusieran concedérmelo antes no creo que me negara, aunque no es probable que lo hagan y no voy a presionarles. Además, hay ciertos indicios —aunque no sé hasta qué punto son fiables— de que se espera actividad en los alrededores, y, si puedo evitarlo, no me iré de permiso justo antes de que empiece. Todo el mundo se ha portado muy bien conmigo durante mi estancia en el hospital, me han visitado a diario etc. Creo que ahora que ha mejorado el tiempo me las arreglaré para pasar otro mes sin ponerme enfermo, y luego podremos descansar e ir a pescar si es posible.

Mientras escribía esto, han llegado Michael, Parker y Buttonshaw,4 y tendrías que haber visto sus caras al ver la margarina. En cuanto a las fotos, por supuesto hay muchos que quieren copia y he escrito los números en la parte de atrás, tal vez puedas conseguir reproducciones. No creo que cueste mucho. No querría decepcionar a los ametralladores españoles, etc. Claro que algunas fotos eran un desastre. En la que sale Buttonshaw movido en primer plano se ve el estallido de un obús más bien borroso a la izquierda, justo detrás de la casa.

Tengo que dejar de escribir enseguida, pues no sé cuándo volverá McNair y quiero que la carta esté terminada. Muchísimas gracias por enviar las cosas, cuídate y procura estar contenta.5 Le he dicho a McNair que hablaría con él de la situación cuando me dieran el permiso y si ves el momento oportuno dile que quiero ir a Madrid, etc. Adiós, mi amor. Te escribiré pronto.

Con todo mi cariño,

Eric

 

[XI, 364, pp. 15-17, manuscrita]

 

 

De Eileen Blair* al doctor Laurence («Eric») O’Shaughnessy

 

1 de mayo de 1937

Rambla de los Estudios, 10

Barcelona

Querido Eric:

Qué vida tan dura llevas. Pensaba escribir a mamá para contarle las noticias, pero también quiero hablarte de asuntos financieros. Aunque, ahora que lo pienso, están tan inextricablemente ligados a las demás noticias que la carta también es para ella.

George ha venido de permiso. Llegó con la ropa hecha jirones, casi descalzo, cubierto de piojos, bronceado y con muy buen aspecto. Había pasado doce horas en trenes bebiendo anís, moscatel en botellas de anís, sardinas y chocolate. En Barcelona, de momento, abunda la comida, pero es difícil encontrar platos sencillos, no me extraña que cayera indispuesto. Ha pasado unos días en cama y se ha recuperado, pero aun así le he convencido de que descanse. Es la mejor manera de pasar el 1 de mayo. Tenía que presentarse en el cuartel, pero no se encontraba con fuerzas y ya ha solicitado los papeles de la licencia, así que no ha ido. El resto del contingente tampoco tenía intención de presentarse. Cuando le concedan la licencia es probable que se aliste en las Brigadas Internacionales.1 Por supuesto, somos —y sobre todo yo— sospechosos políticamente, pero le contamos todo al representante de las BI y se quedó tan perplejo que al cabo de media hora prácticamente me estaba ofreciendo un puesto ejecutivo y supongo que aceptarán a George. Por supuesto, tendré que irme de Barcelona, aunque iba a hacerlo de todos modos, pues quedarme no tendría sentido. Probablemente no pueda ir a Madrid, así que tendré que ir a Valencia, lejos de Madrid y Albacete. Es raro que una persona con el historial de George se aliste en las BI, pero es lo que tenía pensado en el primer momento y es la única manera de ir a Madrid. En fin. De todo esto surge otro problema financiero, porque cuando me vaya de Barcelona dejaré de tener contactos, señas e incluso crédito en el banco, por lo que es posible que tarde un tiempo en volver a escribiros. Ahora necesitamos mucho dinero para comprar equipo nuevo, etc. Te escribí para explicarte el procedimiento de transferir dinero a través del banco, es decir, que ellos compren pesetas a cambio de tus libras y den instrucciones a un banco de Barcelona para que me pague. Si es posible, ¿podrías encargarte de pedirles que me las envíen? (otras 2.000 pesetas, diría yo). Es probable que me quede todavía unas semanas, pero no estoy segura de adónde iré y, de ser posible, querría tener dinero disponible antes de marcharme. Si lo del banco no es factible, no sé qué haré, tendré que aceptar el crédito a 60 la libra antes de marcharme, y encontrar el modo de conseguir dinero a través de nuevos amigos, quienesquiera que sean (he conocido al corresponsal del Times en Valencia).

La otra cuestión es la casa. He sabido por la señora Blair que la tía no solo está pesadísima, sino que se ha cansado, y le he escrito sugiriéndole que se mude tal como convinimos. Por así decirlo, quedas tú al mando. Si te enseña la carta tal vez te alarmes, pero en veinte minutos lo habrás solucionado. Hay que pagar varias cosas, pero son solo unos chelines y en la caja hay —o debería haber— varias libras. Habrá que cerrar la tienda. Le he dicho que puedes comprar los productos perecederos. Por supuesto, eso no significa que los pagues, aunque a ella le digas que sí, pero ella es de las que no tiran nada, así que puedes meter lo que quieras en el maletero y hacer lo que mejor te parezca. Si mamá está en Greenwich tal vez pueda pasarse cuando se haya ido la tía y comprobar que no ha quedado nada que atraiga a los ratones. Cabe la posibilidad de que Arthur Clinton,2 que está herido, vaya a recuperarse a la casa. Es el hombre más simpático del mundo y espero que pueda instalarse en ella. Cuando vuelva a Inglaterra estará incapacitado, sin derecho al subsidio de desempleo y sin un penique. Si quiere la casa, te preguntará, claro.

Te deberemos dinero. Lo tenemos, pero no me apetece enviar cheques por si se extravían.

Tengo que llevar esto a la oficina de correos; uno del contingente vuelve a casa mañana y lo llevará. Hace dos o tres semanas empecé una larguísima carta a mamá, que llegará en su momento. Estoy muy bien.

En cuanto a la paga del LCC, no puedo estar más en contra de los pagos por sesión, es un sistema despiadado.3

Dale recuerdos a Gwen. A propósito, deduzco por su correspondencia que no va a venir. De lo contrario, por supuesto, la esperaré en Barcelona.

Tuya,

Eileen

 

Los datos bancarios son los siguientes: Eileen Maud Blair, número de pasaporte 174234.

Lo siento por ti, pero ¿qué otra cosa puedo hacer?

 

[XI, 367, pp. 20-22; manuscrita]

 

 

A Victor Gollancz*

 

9 de mayo de 1937

Hotel Continental

Barcelona

Apreciado señor Gollancz:

No he tenido ocasión de escribirle antes y agradecerle el prólogo que escribió para Wigan Pier, en realidad ni siquiera había visto el libro, o más bien la edición del C[lub] del L[ibro] de I[zquierdas], hasta hace unos diez días cuando vine de permiso, y desde entonces he estado muy ocupado. La primera semana de permiso estuve ligeramente indispuesto, después hubo 3 o 4 días de combates callejeros en los que todos nos vimos más o menos implicados, de hecho fue imposible quedarse al margen. Me ha gustado mucho el prólogo, aunque, por supuesto, he respondido a alguna de las críticas que usted hacía. Era la típica discusión acerca de lo que uno dice en realidad y que uno siempre quiere tener, aunque sin éxito, con los críticos profesionales. Me han enviado muchas reseñas, algunas muy hostiles, pero yo diría que en su mayoría son buenas desde el punto de vista publicitario. También muchas cartas de lectores.

Probablemente vuelva pronto al frente y si nada lo impide calculo que estaré allí hasta agosto. Después creo que volveré a casa, pues ya va siendo hora de empezar otro libro. Espero salir con vida de esta, aunque solo sea para escribir un libro sobre lo que está pasando. No es fácil hacerse idea de los hechos fuera del círculo de las propias vivencias, pero dentro de esas limitaciones he visto muchas cosas de enorme interés para mí. En parte por casualidad me alisté en la milicia del POUM en lugar de en las Brigadas Internacionales, y en cierto sentido fue una lástima porque no he visto el frente de Madrid; pero, por otro lado, gracias a eso he estado más en contacto con españoles que con ingleses y, sobre todo, he conocido a auténticos revolucionarios. Espero tener ocasión de escribir la verdad sobre lo que he visto. Casi todo lo que se ha publicado en los periódicos ingleses es una espantosa sarta de mentiras; no puedo decir más a causa de la censura. Si vuelvo en agosto, espero tener un libro listo terminado para que lo publique a principios del año que viene.

Atentamente,

Eric A. Blair

[XI, 368, pp. 22-23; mecanografiada]

 

 

Orwell fue alcanzado en el cuello por el disparo de un francotirador a las 5.00 a.m. del 20 de mayo de 1937. Él mismo describe el incidente en Homenaje a Cataluña, VI, pp. 143-146. Eileen envió un telegrama a los padres de Orwell en Southwold desde Barcelona el mediodía del 24 de mayo de 1937. Decía así: «Eric levemente herido, evolución excelente, envía recuerdos, no os preocupéis Eileen». El telegrama llegó a Southwold justo después de las 2.00 p.m. El superior de Orwell, George Kopp, escribió un informe sobre su estado el 31 de mayo y el 1 de junio de 1937. El informe se extravió y Kopp escribió otro para el doctor Laurence O’Shaughnessy, el cuñado de Orwell, con fecha «Barcelona, 10 de junio de 1937». Es ligeramente distinto de la versión ofrecida en Orwell Remembered, pp. 158-161. Kopp ilustró su informe con un dibujo del recorrido de la bala por el cuello de Orwell:

 

Imagen

Bert Govaerts, que investigó la vida de Kopp, sugiere que esto demuestra que había recibido formación en ingeniería. (Véase XI, 369, pp. 23-26.)

 

 

A Cyril Connolly*

 

8 de junio de 1937

Sanatori Maurín

Sania, Barcelona

Querido Cyril:

No sé si estarás en Londres las próximas semanas. De ser así, y si quieres que nos veamos, podrías escribirme unas líneas a:

 

24 Crooms Hill

Greenwich S. E. 10.

 

Si consigo los papeles de la licencia, debería estar de regreso en unos quince días. He sufrido una herida muy desagradable, aunque no exactamente grave: me atravesó la garganta una bala que por supuesto debería haberme matado, pero solo me ha producido dolores nerviosos en el brazo derecho y me ha dejado casi sin voz. Los médicos no parecen estar muy seguros de si la recobraré o no. Personalmente creo que sí, pues hay días que estoy mucho mejor, pero en cualquier caso quiero volver a casa y seguir un tratamiento como es debido. Acabo de leer uno de tus artículos sobre España en un ejemplar de febrero del New Statesman. Dice mucho a favor del New Statesman que haya sido el único periódico, aparte de unos cuantos no muy conocidos como el New Leader, que ha permitido la publicación de algún punto de vista distinto del comunista. El reciente artículo de Liston Oak1 sobre los disturbios de Barcelona era muy bueno y ecuánime. Estuve presente mientras duraron y me consta que la mayor parte de lo que publicaron los periódicos era una sarta de mentiras. Gracias también por decirle a la gente que probablemente debería escribir un libro sobre España, como, por supuesto, haré en cuanto se me cure este condenado brazo. He visto cosas asombrosas y por fin creo de verdad en el socialismo como nunca había hecho hasta ahora. En conjunto, y aunque lamento no haber visto Madrid, me alegro de haber estado en un frente relativamente poco conocido, entre anarquistas y gente del POUM en lugar de en las Brigadas Internacionales, como habría hecho si hubiese llegado con credenciales del PC en lugar de las del ILP. Es una lástima que no vinieses a nuestras posiciones cuando estuviste en Aragón. Me habría encantado ofrecerte un té en un refugio.

Tuyo,

Eric Blair.

 

[Orwell in Spain, p. 22]

 

 

A Serguéi Dinámov,* director de International Literature, Moscú

 

El profesor Arley Blyum de la Academia de Cultura de San Petersburgo, en An English Writer in the Land of the Bolsheviks (The Library, diciembre de 2003), reproduce el fascinante intercambio de cartas entre Dinámov y Orwell. International Literature disponía de bastante libertad y presentó a sus lectores a escritores como John Steinbeck, Ernest Hemingway, Thomas Mann y John Dos Passos, creando así «una imagen favorable del país de los sóviets». El editor escribió a Orwell el 31 de mayo de 1937 contándole que había leído reseñas de El camino a Wigan Pier y pidiéndole un ejemplar para poder presentárselo a los lectores del periódico. He aquí la respuesta de Orwell, hallada en el Archivo Estatal Ruso de Arte y Literatura.

 

2 de julio de 1937

The Stores

Wallington

Apreciado camarada:

Lamento no haber respondido antes su carta con fecha de 31 de mayo, pero acabo de regresar de España y me habían guardado las cartas. Es una suerte, pues de lo contrario algunas podrían haberse extraviado. Le envío, en correo aparte, un ejemplar de El camino a Wigan Pier. Espero que le interese algún fragmento. Debo advertirle de que parte de la segunda mitad trata de asuntos que pueden parecer triviales fuera de Inglaterra. Me interesaban cuando la escribí, pero mis vivencias en España me han hecho reconsiderar muchas de mis opiniones.

Aún no me he recuperado de la herida que sufrí en España, pero cuando esté mejor intentaré escribir algo para su periódico, tal como me sugirió en su carta anterior. No obstante, quiero ser franco con usted y he de decirle que en España combatí en la milicia del POUM, que, como sabrá, ha sido denunciado por el Partido Comunista y prohibido por el gobierno, así como también que, después de lo que he visto, coincido más con la política del POUM que con la del Partido Comunista. Se lo digo porque es posible que su revista no esté interesada en publicar artículos de un miembro del POUM1 y no quiero que se llame usted a engaño.

La de arriba es mi dirección permanente.

Fraternalmente suyo,

George Orwell

 

[LO, pp. 99-100; XI, 374B, p. 37; mecanografiada]

 

 

A Rayner Heppenstall*

 

31 de julio de 1937

The Stores

Wallington

Querido Rayner:

Muchas gracias por tu carta. Me alegró tener noticias tuyas. Espero que Margaret esté mejor.1 Lo que me cuentas suena fatal, pero por lo que dices, deduzco que al menos ya está levantada.

La temporada que hemos pasado en España ha sido interesante pero muy difícil. Por supuesto, nunca habría dejado ir a Eileen, y probablemente tampoco habría ido yo, de haber previsto el curso de los acontecimientos políticos, sobre todo la prohibición del POUM, el partido en cuya milicia estaba combatiendo. Fue todo muy extraño. Empezamos siendo heroicos defensores de la democracia y acabamos cruzando la frontera a hurtadillas con la policía pisándonos los talones.2 Eileen estuvo maravillosa, de hecho creo que hasta disfrutó. Pero, aunque nosotros salimos bien parados, casi todos nuestros amigos y conocidos están en la cárcel y es probable que sigan allí indefinidamente, sin que les hayan acusado de nada, solo por ser sospechosos de «trotskismo». Cuando me fui estaban ocurriendo aún cosas terribles, detenciones masivas, heridos sacados a rastras de los hospitales para meterlos en la cárcel, gente hacinada en sucios calabozos donde apenas hay sitio para tumbarse, presos apaleados y medio muertos de hambre, etc., etc. De momento, no hay forma de que la prensa inglesa diga una sola palabra de esto, pues ha prohibido las publicaciones del ILP, por estar afiliado al POUM. He pasado una temporada muy entretenida con el New Statesman a propósito de este asunto. Nada más salir de España, envié un telegrama desde Francia preguntándoles si querían un artículo y, por supuesto, respondieron que sí, pero, cuando vieron que era sobre la prohibición del POUM, dijeron que no podían publicarlo. Para dorarme la píldora me pidieron que escribiera una reseña de un libro muy bueno que ha aparecido hace poco, El reñidero español,3 que deja al descubierto lo que está sucediendo. Pero, una vez más, al ver la reseña, dijeron que no podían publicarla porque iba «en contra de su política editorial». Se ofrecieron a pagármela, en la práctica un soborno para silenciarme. También tendré que cambiar de editor, al menos para este libro.4 Por supuesto, Gollancz forma parte del tinglado comunista, y, en cuanto supo que había tenido relación con el POUM y los anarquistas y que había presenciado en primera fila los disturbios de mayo en Barcelona, me informó de que no creía que pudiera publicar mi libro, y eso que todavía no he escrito ni una palabra. Creo que debió de prever astutamente que ocurriría algo así, pues antes de mi partida a España firmó un contrato comprometiéndose a publicar mis libros de ficción, pero no los demás. En cualquier caso, hay otros dos editores interesados y creo que mi agente ha sido listo y los tiene pujando el uno contra el otro. He empezado a escribir el libro, pero, claro, aún tengo los dedos entumecidos.

La herida no fue gran cosa, aunque no me mató de milagro. La bala me atravesó limpiamente el cuello, pero solo tocó una cuerda vocal, o más bien el nervio que la controla, que ha quedado paralizado. Al principio no podía hablar, pero ahora la otra cuerda vocal está compensando a la primera, que puede que se recupere o no. Mi voz es casi normal, aunque no puedo gritar. Tampoco puedo cantar, pero todo el mundo dice que es mejor. Me alegro de haber recibido un balazo, porque creo que a todos nos ocurrirá en un futuro no muy lejano y me gusta saber que no es doloroso. Lo que vi en España no me ha convertido en un cínico, pero sí me ha convencido de que nos espera un futuro bastante sombrío. Es evidente que se puede engañar a la gente con cuentos antifascistas igual que se la engañó con el cuento de la pequeña y valerosa Bélgica, y cuando llegue la guerra es lo primero que harán. No obstante, no coincido con la actitud de los pacifistas como tú. Creo que hay que combatir por el socialismo y contra el fascismo, y me refiero a combatir físicamente, con las armas en la mano, aunque antes habrá que distinguir lo uno de lo otro. Estoy deseando ver a Holdaway5 para ver qué opina de lo de España. Es el único comunista más o menos ortodoxo que conozco que me merece cierto respeto. Me asquearía descubrir que se dedica a repetir los mismos tópicos sobre la defensa de la democracia y el trotskismo-fascismo que los demás.

Tengo ganas de verte, pero la verdad es que no creo que vaya a Londres en una temporada, como no sea por motivos de trabajo. Acabo de empezar el libro, que quiero tener terminado en Navidad, y también estoy muy ocupado con el huerto, que está muy descuidado después de mi ausencia. De todos modos, escríbeme y envíame tus señas. No puedo ponerme en contacto con Rees. Estaba en el frente de Madrid y las comunicaciones estaban prácticamente cortadas. He tenido noticias de Murry, que parecía apesadumbrado por algo. Au revoir.

Tuyo,

Eric

 

[XI, 381, pp. 53-54; mecanografiada]

 

 

A Charles Doran*

 

2 de agosto de 1937

The Stores

Wallington

Querido Doran:

No tengo tus señas, aunque confío en que me las den en la escuela de verano del ILP, donde tengo intención de ir el jueves. También estuve ayer, para oír el discurso de John McNair.

No sabes qué peso se me quitó de encima cuando vi al joven Jock Branthwaite,1 que ha estado viviendo con nosotros, y me contó que los que quisisteis habíais logrado salir de España sanos y salvos. Llegué del frente el 15 de junio para obtener la licencia médica, pero no pude acercarme a verte porque se dedicaron a enviarme de hospital en hospital. Regresé a Barcelona y me enteré de que en mi ausencia habían prohibido el POUM y se lo habían ocultado a las tropas con tanta eficacia que hasta el 20 de junio nadie sabía nada ni siquiera en Lérida, aunque la prohibición se produjo el 16-17. Mi primera noticia fue al entrar en el hotel Continental, cuando Eileen y un francés llamado Pivert,2 que se portó muy bien con todos durante los disturbios, se me acercaron corriendo, me sujetaron de los brazos y me dijeron que me fuese. Hacía poco que habían detenido a Kopp en el Continental, después de que algún empleado llamara a la policía y lo delatase. MacNair, Cottman y yo pasamos varios días huidos, durmiendo en iglesias en ruinas, etc., pero Eileen se quedó en el hotel y, aunque registraron su habitación y confiscaron todos mis documentos, no la molestaron, probablemente porque la policía la estaba usando como señuelo para atraparnos a MacNair y a mí. Nos escapamos precipitadamente la mañana del 23 y cruzamos la frontera sin muchas complicaciones. Por suerte, en el tren había primera clase y coche restaurante, así que procuramos parecer turistas ingleses normales y corrientes, porque nos pareció lo más seguro. En Barcelona se estaba a salvo de día, y Eileen y yo visitamos a Kopp varias veces en el sucio agujero donde lo tenían preso junto a otros muchos, entre ellos Milton.3 La policía llegó al extremo de detener a los heridos del POUM que había en el [hospital] Maurín; en la cárcel vi a dos hombres con las piernas amputadas y también a un niño de unos diez años. Hace unos días recibimos varias cartas, fechadas el 7 de julio, que Kopp había logrado enviar desde España. Entre ellas había una queja dirigida al jefe superior de policía. Decía que no solo llevaban dieciocho días detenidos (ahora será mucho más, claro) sin juicio ni acusación previa, sino que estaban encerrados en cuartuchos donde apenas tenían sitio para tumbarse, estaban medio muertos de hambre y en muchos casos les insultaban y apaleaban. Enviamos la carta a McNair, y tengo entendido que, tras hablar del asunto, Maxton4 va a entrevistarse con el embajador español y a advertirle de que, si no toma cartas en el asunto, al menos en lo que se refiere a los prisioneros extranjeros, está dispuesto a llevar la cuestión al Parlamento. McNair me cuenta también que hay una noticia fiable en los periódicos franceses de que ha aparecido en Madrid el cadáver de Nin,5 y al parecer también de otros dirigentes del POUM, cosidos a tiros. Supongo que será un «suicidio» o tal vez un nuevo caso de «apendicitis».6

Por otro lado, parece casi imposible publicar una palabra acerca de todo esto… [aquí Orwell repite lo que le había escrito a Rayner Heppenstal el 31 de julio de 1937 a propósito de las reacciones del New Statesman y de Gollancz].

Estuve en Bristol con varios más para participar en una protesta contra la expulsión de Stafford Cottman de la YCL7 con acusaciones como «ser un señalado enemigo de la clase trabajadora» y cosas por el estilo. Luego he sabido que miembros de la YCL habían vigilado la casa de Cottman y habían intentado interrogar a todos los que entraban y salían. ¡Menudo espectáculo! Y pensar que empezamos como heroicos defensores de la democracia y solo seis meses después éramos fascistas trotskistas escabulléndonos por la frontera con la policía pisándonos los talones. Y ser fascistas-trotskistas no parece sernos de gran ayuda con los profascistas de por aquí. Esta tarde a Eileen y a mí ha venido a vernos el vicario, que no aprueba que hayamos apoyado al gobierno de la República. Por supuesto, tuvimos que reconocer que lo de la quema de iglesias era cierto, aunque le alegró saber que solo eran iglesias católicas.

Tenme informado de cómo te va. Eileen me pide que te envíe recuerdos.

Tuyo,

Eric Blair

 

P. D. [manuscrita] Olvidaba añadir que en Barcelona quise escribirte para advertirte, pero no me atreví porque una carta así habría atraído las sospechas sobre el destinatario.

 

[XI, 386, pp. 64-66; mecanografiada]

 

 

Orwell y El camino a Wigan Pier se vieron sometidos a despiadados ataques por parte de los comunistas y la prensa de extrema izquierda. Ruth Dudley Edwards cuenta que Orwell fue «vilipendiado» por Harry Pollitt, dirigente del Partido Comunista de Gran Bretaña, en el Daily Worker el 17 de marzo de 1937 (Victor Gollancz [1987], p. 248). Pollitt escribió: «He aquí George Orwell, un muchacho desencantado de clase media que, al ver los defectos del imperialismo, decidió descubrir lo que podía ofrecerle el socialismo […] un antiguo policía imperialista […] si alguien lleva el sello del esnobismo es el señor Orwell. […] Deduzco que lo que más preocupa al señor Orwell es el “olor” de la clase trabajadora, pues dedica la mayor parte del libro a los olores. […] De una cosa estoy seguro: si el señor Orwell oyese lo que se dice de su libro en los círculos del Club del Libro de Izquierdas, no volvería a escribir sobre asuntos que no entiende». Los ataques contra Orwell duraron todo el verano hasta que por fin pidió ayuda a Gollancz.

 

 

A Victor Gollancz*

 

20 de agosto de 1937

The Stores

Wallington

Apreciado señor Gollancz:

No creo que haya visto el recorte que le adjunto, pues no se refiere a ningún libro mío que haya publicado.

Esta (fíjese en las palabras subrayadas) es, según creo, la tercera referencia en el Daily Worker a mi supuesta afirmación de que la clase obrera «huele». Como sabe, nunca he dicho nada semejante, de hecho he escrito precisamente lo contrario. Lo que escribí en el capítulo VIII de Wigan Pier, como tal vez recuerde, es que a la clase media se la educa para creer que la clase obrera «huele», lo cual es un hecho comprobable. He recibido numerosas cartas de lectores a propósito de esto que me felicitan por señalarlo. La insinuación de que opino que los obreros huelen es una mentira malintencionada y dirigida a quienes no han leído este u otro de mis libros para darles a entender que soy un vulgar esnob y atacar así de forma indirecta a los partidos políticos con los que he estado vinculado. Estos ataques del Worker empezaron justo después de que el Partido Comunista supiera que serví en la milicia del POUM.

No tengo relación con esa gente (la plantilla del Worker) y nada que pueda decirles servirá de mucho, pero por supuesto usted está en una situación muy distinta. Lamento mucho importunarle con un asunto más o menos personal, pero creo que tal vez valga la pena que intervenga para que cesen estos ataques que, por descontado, no harán ningún bien a los libros míos que ha publicado o podría publicar en el futuro. Por ello, si entra en contacto con alguien que tenga autoridad en la plantilla del Worker, le quedaría muy agradecido que les dijera dos cosas:

1. Que si repiten la falsedad de que he dicho que la clase obrera «huele» publicaré una réplica con las citas necesarias e incluiré en ella lo que me dijo al respecto John Strachey1 justo antes de que me fuese a España (a eso del 20 de diciembre). Strachey lo recordará, y no creo que al PC le guste verlo publicado.

2. Este es un asunto más grave. Hay una campaña de difamación en marcha contra quienes servimos en el POUM en España. Un camarada mío, un joven de dieciocho años a quien conocí en el frente,2 no solo fue expulsado hace poco de su rama de la YCL por su relación con el POUM, lo cual tal vez esté justificado porque la política del POUM y el PC son bastante incompatibles, sino que se le describió en una carta asegurando que estaba «a sueldo de Franco». Esta última afirmación ya es otro cantar. No sé si es difamatoria en sentido estricto, aunque pienso consultar a un abogado, pues, por supuesto, lo mismo podría decirse de mí (es decir, que estoy a sueldo de los fascistas). Tal vez, si habla usted con alguien que tenga cierta autoridad, pueda advertirles de que en caso de que digan algo parecido, no dudaré en demandarlos por libelo. Detesto adoptar esta actitud amenazadora y aún detestaré más tener que litigar contra otro partido de clase obrera, pero creo que tengo derecho a defenderme contra esos ataques personales y malintencionados que, incluso aunque el PC estuviera en lo cierto y el POUM y el ILP estuviesen equivocados, a la larga no harán ningún bien a la causa de los obreros. Verá (en el segundo párrafo subrayado) que se insinúa que no «cumplí con mi parte» en la lucha contra los fascistas. De ahí solo hay un paso a llamarme cobarde, escaqueado etc., y no me cabe duda de que lo harían si pensaran que no iba a acarrearles consecuencias.

Lamento muchísimo involucrarle en un asunto así, y entenderé y no me ofenderá si decide no hacer nada al respecto.3 Le he escrito porque es usted mi editor y tal vez considere que su buen nombre está hasta cierto punto ligado al mío.

Atentamente,

Eric Blair

[X, 390, pp. 72-74; mecanografiada]

 

 

A Geoffrey Gorer*

 

15 de septiembre de 1937

The Stores

Wallington

Querido Geoffrey:

Muchas gracias por tu carta. Me alegro de que lo estés pasando bien en Dinamarca, aunque tengo que admitir que es uno de esos países que nunca he querido visitar. Te llamé cuando estuve en Londres, pero por supuesto no estabas. Tomo nota de que vuelves el 24. Estaremos aquí hasta el 10 de octubre, después iremos a Suffolk a pasar unas semanas en casa de mis padres. Pero, si tienes tiempo entre el 24 y el 10, escríbenos y pasa unos días con nosotros. Podemos acomodarte sin problemas.

Lo que dices de no dejar que los fascistas aprovechen nuestras disensiones es muy cierto, siempre que uno sepa a qué se refiere con eso de fascismo, y también qué o quién está haciendo imposible la unidad. Por supuesto, toda la palabrería frentepopulista que divulgan la prensa y el Partido Comunista, la plantilla de plumíferos a sueldo de Gollancz etc., etc., se resume en que apoyan el fascismo británico (en potencia) y se oponen al alemán. Lo que intentan es que el imperialismo-capitalista británico se alíe con la URSS y la apoye en una guerra contra Alemania. Por supuesto se hacen los santurrones y fingen no querer una guerra y que una alianza franco-ruso-británica podría impedirla de acuerdo con el antiguo equilibrio de potencias. Pero ya sabemos adónde nos llevó eso la vez pasada, y en cualquier caso es evidente que las naciones se están armando con la intención de luchar. El camelo del Frente Popular se resume en que cuando empiece la guerra los comunistas, laboristas etc., en lugar de esforzarse en impedir la guerra y derribar al gobierno, se pondrán de su parte, siempre que esté en el bando «correcto», es decir, contra Alemania. Pero cualquiera con dos dedos de frente ve que, en cuanto empiece la guerra, se impondrá el fascismo, aunque no se llame así. De manera que tendremos un fascismo con la participación de los comunistas, que, en caso de una alianza con la URSS, desempeñarán un papel de importancia. Es lo que ha pasado en España. Después de lo que he visto allí, he llegado a la conclusión de que no tiene sentido ser «antifascista» e intentar conservar el capitalismo. Al fin y al cabo, el fascismo es un producto del capitalismo y hasta la democracia más amable puede girar hacia el fascismo llegado el caso. Nos gusta pensar que Inglaterra es un país democrático, pero el gobierno en la India, por ejemplo, es tan malo como el fascismo alemán, aunque exteriormente sea menos molesto. No se me ocurre otra forma de oponerse al fascismo que derrocar el capitalismo, empezando, claro, por el del propio país. Quien colabore con un gobierno capitalista-imperialista en una lucha «contra el fascismo», es decir, contra un imperialismo rival, estará dejando entrar el fascismo por la puerta trasera. En eso se ha convertido la lucha del lado gubernamental en España. Los partidos revolucionarios, los anarquistas, el POUM, etc., querían completar la revolución, los otros querían combatir contra los fascistas en nombre de la «democracia» y, por supuesto, cuando hubiesen asegurado su posición y engañado a los obreros para que devolvieran las armas, reintroducir el capitalismo. Lo más grotesco, y muy pocas personas fuera de España lo han entendido, es que los comunistas se hallaban más a la derecha que nadie, y estaban incluso más deseosos que los liberales de perseguir a los revolucionarios y eliminar cualquier idea revolucionaria. Por ejemplo, han conseguido deshacer las milicias obreras fundamentadas en los sindicatos, en las que todos los rangos eran iguales y cobraban la misma paga, y las han sustituido por un ejército de carácter burgués donde un coronel recibe una paga ocho veces superior a la de un soldado, etc. Por supuesto, todos esos cambios se han llevado a cabo en nombre de las necesidades militares y se han apoyado en la patraña «trotskista», que consiste en decir que cualquiera que profese principios revolucionarios es un trotskista y está a sueldo de los fascistas. La prensa comunista española ha declarado, por ejemplo, que Maxton está a sueldo de la Gestapo. La razón por la que tan poca gente ha entendido lo sucedido en España es el control de la prensa por parte de los comunistas. Además de sus propios periódicos, tienen de su parte a toda la prensa capitalista antifascista (periódicos como el News Chronicle), que ha reparado en que el comunismo oficial es ahora antirrevolucionario. El resultado es que han divulgado una cantidad inaudita de mentiras y es casi imposible publicar nada que las contradiga. Jamás he visto una sarta de falsedades como las que se han dicho a propósito de los disturbios de mayo en Barcelona, en los que tuve la desgracia de verme involucrado. Por cierto, el Daily Worker me ha estado acosando personalmente con calumnias repugnantes, llamándome profascista, etc., pero pedí a Gollancz que los hiciera callar, y así lo hizo, aunque supongo que a regañadientes. Lo curioso es que sigo obligado por contrato a escribir varios libros para él, pese a que se negó a publicar el libro que estoy escribiendo sobre España incluso antes de que lo hubiese empezado.

Me gustaría mucho conocer a Edith Sitwell1 cuando vaya a Londres. Me sorprendió mucho que hubiera oído hablar de mí y que le gustasen mis libros. Sus poemas nunca me han parecido gran cosa, pero me encantó su vida de Pope.

Intenta venir alguna vez. Espero que te hayas recuperado.2

Tuyo,

Eric

 

[XI, 397, pp. 80-81; mecanografiada]

 

 

A H. N. Brailsford*

 

10 de diciembre de 1937

The Stores

Wallington

Apreciado señor Brailsford:

No puedo decir que nos conozcamos, aunque creo que nos vimos una vez en Barcelona y me consta que conoció usted a mi mujer.

Estoy intentando establecer la verdad sobre ciertos aspectos de los disturbios de mayo. Veo que en el New Statesman del 22 de mayo afirmó usted que los partisanos del POUM atacaron al gobierno con tanques y cañones «robados de los arsenales del gobierno». Por supuesto yo estaba en Barcelona cuando se produjeron los disturbios y, aunque nada puedo decir de los tanques, estoy seguro de que no hubo fuego de artillería. En varios periódicos he visto una versión basada evidentemente en la misma historia, según la cual el POUM utilizó una batería de cañones robados de 75 mm en la plaza de España. Sé que es falsa por varios motivos. En primer lugar, testigos presenciales me han contado que no vieron ningún cañón; en segundo, inspeccioné los edificios de la plaza y ninguno tenía indicios de haber sufrido disparos de artillería; y en tercero, mientras duraron los disturbios no oí ningún cañonazo, un ruido inconfundible para quien lo conoce. Así que está claro que se ha producido algún tipo de confusión. Y quisiera saber si sería tan amable de decirme quién le contó lo de los tanques y los cañones. Lamento importunarle, pero querría aclarar este asunto si es posible.

Tal vez deba decirle que escribo con el seudónimo de George Orwell.

Sinceramente suyo,

Eric Blair

 

[XX, 413A, pp. 309-310; mecanografiada]

 

 

A. H. N. Brailsford*

 

18 de diciembre de 1937

The Stores

Wallington

Apreciado señor Brailsford:

Muchas gracias por su carta.1 Me interesaba mucho conocer el origen de la noticia sobre los tanques y los cañones. No me cabe duda de que el embajador ruso se lo dijo de buena fe y, por lo poco que sé, no me extrañaría que fuese cierto en los términos en que se lo contó a usted. Aunque, debido a las circunstancias, esos incidentes suelen ser un tanto confusos. Espero no aburrirle si añado una o dos observaciones más sobre el asunto.

Como digo, es del todo concebible que en algún momento robasen los cañones, porque, según tengo entendido, aunque nunca lo presencié, las milicias se robaban constantemente unas a otras. No obstante, quienes no estaban en la milicia no parecen haberse hecho cargo de la situación. Se procuraba que, dentro de lo posible, las milicias anarquistas y del POUM apenas recibiesen armas y se les dejaba con el mínimo imprescindible para defender la línea del frente pero no para emprender acciones ofensivas. En ocasiones no había suficientes fusiles para todos los hombres de las trincheras y, hasta que se produjo la disolución de las milicias, no se envió artillería al frente de Aragón. Cuando los anarquistas atacaron la carretera de Jaca en marzo y abril tuvieron que hacerlo con muy poco apoyo artillero y sufrieron un espantoso número de bajas. En esa época (marzo-abril) solo había 12 aeroplanos operando en la zona de Huesca. Cuando el Ejército Popular atacó en junio, uno de los participantes en el ataque me contó que había 160. En particular, las armas rusas no se enviaban al frente de Aragón y se repartían únicamente entre la policía de la retaguardia. Hasta abril solo vi un arma rusa, un subfusil ametrallador, muy probablemente robado. En abril llegaron dos baterías de cañones rusos de 75 mm, que es posible que también fueran robados y tal vez fuesen a los que se refería el embajador ruso. En cuanto a las pistolas y los revólveres, tan necesarios en la guerra de trincheras, el gobierno no concedía permiso para comprarlos a los milicianos ni a los oficiales de la milicia y la única forma de adquirirlos era comprárselos ilegalmente a los anarquistas. En esas circunstancias todo el mundo estaba dispuesto a conseguir armas por las buenas o por las malas, y las milicias siempre se robaban unas a otras. Recuerdo que un oficial me contó que él y otros más habían robado un cañón de campaña de un parque de artillería del PSUC,2 y yo habría hecho lo mismo sin dudarlo en esas circunstancias. Cosas así ocurren siempre en tiempo de guerra, pero unidas a las noticias de los periódicos de que el POUM era una organización fascista, sirvieron para dar a entender que robaban las armas no para combatir a los fascistas, sino para utilizarlas contra el gobierno. Gracias al control de la prensa por los comunistas se pudo ocultar que otras unidades estaban haciendo lo mismo. Por ejemplo, está demostrado que en marzo unos partisanos del PSUC robaron 12 tanques de un arsenal del gobierno utilizando una orden falsificada. La Batalla, el periódico del POUM, estuvo prohibido cuatro días y tuvo que pagar una multa de 5.000 pesetas por publicar esa información; en cambio, Solidaridad Obrera, el periódico anarquista, pudo publicarla impunemente. En cuanto a la posibilidad de que los cañones, si es que los robaron, se quedaran en Barcelona, me parece muy improbable. Alguien se habría enterado en el frente y, de haber sabido que estaban reteniendo las armas, se habría organizado un escándalo. Además, dudo mucho que pudieran esconder dos baterías de cañones incluso en una ciudad del tamaño de Barcelona. En cualquier caso, se habría sabido después, cuando se prohibió el POUM. Por supuesto, ignoro lo que había en todos los reductos del POUM, pero estuve en tres de los más importantes durante los disturbios y me consta que apenas tenían armas suficientes para los centinelas que vigilaban los edificios. Por ejemplo, no tenían ametralladoras. Y creo que es seguro que no hubo fuego de artillería durante los combates. Veo que afirma usted que los Amigos de Durruti3 estaban más o menos controlados por el POUM, y John Langdon-Davies dice algo parecido en su reportaje para el News Chronicle. Ese bulo se puso en circulación para tildar al POUM de «trotskista». En realidad, los Amigos de Durruti, una organización extremista, odiaban a muerte al POUM (que, a su entender, era una organización más o menos de derechas) y, por lo que sé, nadie militaba en ambas organizaciones al mismo tiempo. La única relación entre las dos es que se dice que, cuando se produjeron los disturbios, el POUM apoyó la distribución de un cartel incendiario por parte de los Amigos de Durruti. Una vez más, resulta dudoso; está demostrado que no hubo ningún cartel, tal como se afirma en el News Chronicle y en otros sitios, aunque es posible que se repartiese una especie de panfleto. Es imposible saberlo, pues se han destruido los archivos y las autoridades españolas no me permitieron enviar recortes ni siquiera de los periódicos del POUM. Lo único seguro es que las informaciones de los comunistas sobre los disturbios de mayo, y aún más sobre la supuesta conjura fascista del POUM son totalmente falsas. Lo que me preocupa no es que se divulguen esas mentiras, normales en tiempo de guerra, sino que la prensa inglesa de izquierdas se haya negado a oír la versión del otro bando. Por ejemplo, los periódicos organizaron un gran revuelo con lo de que Nin4 y los demás estaban a sueldo de los fascistas, pero no han publicado que los miembros no comunistas del gobierno español lo han desmentido. Supongo que creen que, al dejar actuar a los comunistas, están ayudando al gobierno de la República. Lamento aburrirle con este asunto, pero he intentado hacer cuanto estaba en mi mano, aunque no sea mucho, por dar a conocer la verdad de lo sucedido en España. Me trae sin cuidado que digan que estoy a sueldo de los fascistas, pero para los miles que siguen en la cárcel en España y que podrían ser asesinados por la policía secreta como tantos otros es muy distinto. Dudo que sea posible hacer gran cosa por los presos antifascistas españoles, pero una protesta organizada podría servir para que liberasen a muchos de los extranjeros.

Mi mujer me pide que le envíe recuerdos. Nuestra estancia en España no nos ha dejado secuelas graves, aunque, por supuesto, ha sido una vivencia agotadora y decepcionante. Los efectos de mi herida desaparecieron mucho antes de lo que esperaba. Si le interesa, le enviaré un ejemplar de mi libro sobre España en cuanto se publique.

Sinceramente suyo,

Eric Blair

 

[XX, 413B, pp. 310-311; mecanografiada]

 

 

De Eileen* a Norah Myles*

 

En The Stores no había electricidad. Esta carta se escribió al parecer a la luz de una vela, que hacia el final debía de estar consumiéndose, y contiene varios errores tipográficos que se han corregido sin indicarlo.

 

Día de Año Nuevo de 1938

The Stores, Wallington

[sin encabezamiento]

Ya ves que no tengo pluma, ni tinta, ni gafas, y pronto me quedaré sin luz, porque la pluma, la tinta, las gafas y las velas están en la habitación donde trabaja George y, si vuelvo a interrumpirlo, será la decimoquinta vez esta noche. Pero haciendo gala de ingenio y resolución he encontrado una máquina de escribir, y se supone que los ciegos escriben en la oscuridad.

También tengo que responder a una mujer que me ha enviado un regalo de Navidad (creo que es más bien un regalo de boda, después de cinco o diez años distanciadas), y al ir a buscar sus señas he encontrado una carta dirigida a ti, una carta muy rara e histérica, más típica de España que cualquiera de las que escribí en aquel país. Así que aquí la tienes. Lo malo de la guerra de España es que sigue dominando nuestra vida de manera muy poco razonable porque Eric George (¿o tú lo llamas Eric?) está terminando un libro sobre eso y yo le paso las copias a máquina con un sinfín de correcciones manuscritas que no entiende, y siempre tiene que venir a preguntarme, por lo que he vuelto a hacerme pacifista y he ingresado en la PPU.1 (Por cierto, tú también deberías apuntarte a la PPU. La guerra está muy bien mientras duran los disparos y es mucho menos alarmante que un aeroplano en un escaparate, pero tiene efectos terribles en la gente cuerda e inteligente; algunos hacen esfuerzos desesperados por conservar cierta integridad y otros, como Langdon-Davies, no hacen ninguno, pero muy pocos logran seguir siendo razonables, y mucho menos honrados.) La situación de Georges Kopp2 es ahora más délica3 que nunca. Continúa en la cárcel, pero se las ha arreglado para enviarme varias cartas; George abrió una de ellas y la leyó porque yo había salido. Quiere mucho a Georges, que desde luego cuidó de él con verdadera ternura en España y, además, es un soldado admirable por su enorme valor, y ha sido muy magnánimo siempre, igual que Georges lo fue en su momento. De hecho, se dedicaron a salvarse mutuamente la vida, o al menos a intentarlo, de un modo que casi me resultó horrible, aunque entonces George no había reparado en que Georges estaba «colado» por mí. A veces pienso que nadie ha tenido mayor sensación de culpa que yo. Siempre quedó claro que no estaba lo que se dice enamorada de Georges; nuestra relación avanzó a pequeños saltos, cada uno de ellos antes de algún ataque u operación en el que era casi inevitable que lo matasen,4 pero la última vez que lo vi estaba en la cárcel, esperando a que lo fusilaran, y sencillamente no pude explicarle, a modo de despedida, que nunca sería un rival para George. Así que lleva más de seis meses pudriéndose en una cárcel inmunda sin nada más que hacer que acordarse de mí en los momentos más complacientes. Si no lo sueltan, que de hecho es lo más probable, me alegraré de que se las haya arreglado para tener recuerdos agradables, pero, si lo liberan, no sé cómo recordarle a un hombre que acaba de recobrar la libertad que solo una vez no le di a entender que por nada en el mundo me casaría con él. Estar encarcelado en España supone vivir en una celda con varias personas (unas quince o veinte, en una habitación como tu cuarto de estar) y no salir nunca; si la ventana tiene postigos de acero, como ocurre a menudo, no ver la luz del sol; no recibir cartas; no ser acusado formalmente y mucho menos llevado a juicio; y no saber si te van a fusilar o a soltar al día siguiente, en ambos casos sin la menor explicación; y, si se te acaba el dinero, no comer otra cosa que un cuenco de la sopa más asquerosa que puedas imaginar y un mendrugo de pan a las 3 p.m. y otro a las 11 p.m.

En general es una pena que haya encontrado la carta porque después de todo no estamos tan obsesionados con España. Tenemos diecinueve gallinas, dieciocho a propósito y una por accidente porque compramos unos patitos y una gallina los acompañó. Pensamos preparar un caldo con ella este otoño e hicimos turnos para vigilar los ponederos para ver si ponía algún huevo que justificase concederle una vida más larga, y lo hizo. Es una buena madre y tendrá descendencia en primavera. Esta tarde hemos construido un gallinero nuevo —es decir, hemos colocado las tablas— que servirá de núcleo para el corral. Dudo que haya algo sobre la cría de pollos que no sepa. A lo mejor te convendría tener una batería (digamos tres unidades) en el baño y aprovechar mis consejos. Sería muy conmovedor recoger un huevo justo antes de lavarte los dientes y comértelo justo después. Lo que me recuerda que, desde que volvimos de Southwold, donde pasamos unas increíbles Navidades en familia con los Blair, hemos comido huevos duros casi todos los días. Antes teníamos solo una huevera de Woolworths; no, dos de Woolworths y una que le regalé a George con un huevo de Pascua antes de casarnos (me costó tres peniques con el huevo). Así que fue una idea estupenda, querida, y son muy bonitas, hacen juego con el platillo de la mantequilla y la panera de tu madre y dan tono a la mesa.

También tenemos un cachorro de caniche. Lo llamamos Marx para acordarnos de que no habíamos leído a Marx5 y ahora que lo hemos leído un poco le hemos cogido tanta manía que no podemos mirar al perro a la cara. Marx, el perro, es un caniche francés, en teoría miniatura, con pedigrí de ganador de concursos y pelo plateado. De momento es blanco y negro, con las sienes grises, y a los cuatro meses y medio es bastante más grande que su madre. No obstante, pensamos que podría ganar el premio a la mayor miniatura. Es muy simpático y hace muy bien la digestión. Esto último me tiene muy orgullosa. Nunca ha vomitado, y eso que encuentra casi a diario huesos en el jardín que llevaban veinte años sin desenterrar y se ha comido varias alfombras, sillas y taburetes. No queríamos cortarle el pelo, pero literalmente chorrea de barro los días secos, se retuerce sobre los cojines y luego salta sobre mi regazo, así que decidimos trasquilarlo un poco. Pero ahora no volverá a ser simétrico hasta que lo pelemos. Laurence (es vergonzoso que no conozcas a Laurence)6 se lleva con él estupendamente y eso que ni siquiera le ha rascado nunca el hocico.

Estuve con Mary.7 Te habrás enterado de los cambios domésticos. Fue a pasar una temporada con una prima que estaba en estado, leyó un libro sobre alimentación infantil, y descubrió que todo lo que hacía la niñera estaba equivocado. Así que tuvo que volver a casa para advertírselo o habría matado a los niños. Ahora tienen una niñera noruega. Creo que es mejor, pero David ha salido perdiendo porque era el favorito de la otra niñera y la noruega no le hace mucho caso, nunca levanta la voz y lo castiga cara a la pared. Mary ha resultado ser una buena madre, cuando tiene a los niños. Es muy razonable. No sé qué habrá ocurrido. David es muy inteligente y me hace sentir un poco celosa porque me gustaría tener un hijo y no lo tenemos. Mary y yo resumimos la historia de la humanidad de un modo espantoso durante mi visita; yo tuve síntomas de estar a punto de contraer la peste y llegué a pensar que la padecía, y Mary no tuvo síntomas, pero le subió la fiebre y tuvo que ir a la farmacia a comprar un analgésico o alguna otra medicina. Dimos dos fiestas; fuimos a ver a Phyl Guimaraens y la MAMMETT vino a tomar el té.8 Podía haber llevado el uniforme de las Girl Guides, pero ahora organiza lecturas dramatizadas, en las que todas las antiguas alumnas de Saint Hughs van a su casa a leer Julio César. Mary fue una vez, pero pensó que habría algo de comer y no había nada, ni siquiera un bollo o una taza de té, así que se enfadó y ya no ha vuelto a ejercer de alumna modélica. David y la Mammett tuvieron una conversación muy simpática. David me había contado que iba a venir a tomar el té y que la conocía muy bien; se lo conté y ella se quedó encantada. Cuando lo llamaron a saludar ocurrió lo siguiente:

—Caramba, David [alargando la mano], ¿sabes quién soy?

—Sí… eres la abuelita [con total confianza, mientras dejaba que le cogiese y acariciara la mano].

—No [amabilísima], no soy la abuelita.

—¡Ah! Entonces, ¿qué eres?

Phyl sigue tan encantadora como siempre y fue muy divertido volver a verla. Creo que tal vez deberíamos juntarnos todas algún día. ¿No podrías instalarte con ella y mientras está en la oficina ir a comer patatas fritas al Criterion (Mary y yo lo hicimos, en recuerdo de los viejos tiempos y porque hacía frío)? Me parece muy inteligente seguir en el mercado, como ella dice. Me maravilla cada vez que la veo.

La última vela se está consumiendo y no sé cómo acabar esta carta. Aunque tal vez se haya roto el hechizo. ¿Significa la tuya que June está en Oxford? No lo sabía. De todos modos, no tendrá más de quince años. ¿Y Norman? ¿John? ¿Elisabeth? ¿Jean? ¿Ruth? ¿Tu madre? ¿Tu padre?9 No sé si quiero recibir noticias tuyas y de Quartus porque creo saberlo todo y sería terrible enterarme de que no es así. Lo único que puedo hacer es ir a veros. Supongo que tendré vacaciones cuando el libro esté terminado a finales de mes, aunque a pesar de lo ricos que éramos,10 no tendremos un penique. ¿Cuándo piensas venir de rebajas? ¿Vas a venir? No sé si podré escaparme siquiera un día, porque el libro se está retrasando y aún no he mecanografiado el último borrador y Eric está escribiendo un libro con varias personas, entre ellas un alemán, y tengo que revisar el manuscrito y no entiendo nada de lo que dice,11 pero si vienes a las rebajas todas estas cosas no tendrán importancia para

Pig.

 

¿Te he deseado feliz Año Nuevo?

Por favor, felicita el año a toda tu familia.

Eric (es decir, George) acaba de llegar para decirme que se ha apagado la luz (él tenía el quinqué porque estaba trabajando), y que si queda aceite (menuda pregunta), y que no puedo escribir con esta luz (lo cual tal vez sea cierto, aunque no puedo verlo), y que tiene hambre, y que quiere chocolate caliente con galletas, y que es más de medianoche y que Marx está mordisqueando un hueso y ha dejado un trozo en cada silla, y que dónde va a sentarse él ahora.

 

[LO, pp. 70-75; XI, 415A, p. 109; mecanografiada]

 

El 5 de febrero de 1938, Orwell escribió una carta al director de Time and Tide, que había publicado su reseña de El reñidero español de Frank Borkenau, a propósito de su rechazo por motivos políticos «por otro semanario bien conocido». Raymond Mortimer, crítico y director literario de The New Statesman and Nation escribió una queja a Orwell, el 8 de febrero de 1938, en la que decía: «Por supuesto, es posible que “el semanario bien conocido” al que se refiere no sea el New Statesman, pero lo tomo como una alusión a nosotros, igual que harán casi todos los lectores de su carta». Las oficinas de The New Statesman fueron bombardeadas en la guerra, por lo que toda la correspondencia de esa época se ha perdido, pero entre sus papeles Orwell conservó los originales de las cartas de Kingsley Martin, director de The New Statesman y Raymond Mortimer y una copia en papel de calco, reproducida aquí, de su réplica a Mortimer.

 

 

A Raymond Mortimer*

 

9 de febrero de 1938

The Stores

Wallington

Apreciado Mortimer:

En relación con su carta del 8 de febrero, lamento muchísimo haber herido sus sentimientos o los de cualquier otro, pero antes de pasar a cuestiones más generales, debo señalar que lo que dice es inexacto. Escribe usted: «Su reseña de El reñidero español fue rechazada porque ofrecía una descripción muy insuficiente y engañosa del libro. Utilizó la reseña solo para expresar sus opiniones y para relatar unos hechos que quería dar a conocer. Además, la última vez que nos vimos, así lo reconoció. ¿Por qué da a entender ahora equivocadamente que la reseña se rechazó porque “contravenía la política editorial”? Confunde usted la reseña con el rechazo de un artículo que nos envió anteriormente y que le devolvimos porque acabábamos de publicar tres sobre el mismo asunto».

Le incluyo una copia de la carta de Kingsley Martin.1 Verá que la reseña se rechazó porque «contraviene la orientación política de la editorial» (yo debería haber dicho la «orientación política» y no «la política editorial»). En segundo lugar, dice usted que me devolvieron el anterior artículo porque «acabábamos de publicar tres sobre el mismo asunto». Pues bien, el artículo en cuestión trataba de la supresión del POUM, la supuesta conjura «trotskifascista», el asesinato de Nin, etc. Que yo sepa, el New Statesman no ha publicado nada sobre dicho asunto. Desde luego, admití y sigo admitiendo que la reseña que escribí era tendenciosa y tal vez inexacta, pero no se rechazó por esos motivos, como verá en la carta adjunta.

Nada me resulta más detestable que verme envuelto en estas polémicas y escribir, por así decirlo, contra gente y periódicos que siempre he respetado, pero es preciso entender lo que está en juego y la enorme dificultad que supone dar a conocer la verdad en la prensa inglesa. Por lo que sabemos, hay en las cárceles españolas no menos de 3.000 presos políticos (es decir, antifascistas), y la mayoría llevan seis o siete meses en celdas inmundas, como tuve ocasión de comprobar personalmente, sin haber sido juzgados o acusados de nada. Muchos han sido eliminados ya, y no cabe duda que se habría producido una matanza en toda regla si el gobierno español no hubiese tenido el sentido común de hacer oídos sordos al clamor de la prensa comunista. Se dice que varios miembros del gobierno español han repetido hasta la saciedad a Maxton, McGovern, Félicien Challaye2 y otros que están deseando ponerlos en libertad, pero que no pueden hacerlo a causa de la presión de los comunistas. Lo que ocurre en la España republicana está dirigido en gran parte por la opinión extranjera, y no cabe duda de que, si hubiese [habido] una protesta generalizada de los socialistas extranjeros, se habría liberado a los prisioneros antifascistas. Incluso las protestas de un partido pequeño como el ILP habrían tenido algún efecto. Pero hace unos meses, cuando se presentó una petición solicitando la liberación de los presos antifascistas, casi todos los dirigentes socialistas ingleses se negaron a firmarla. No tengo la menor duda de que, aunque no daban crédito a la monserga sobre una conjura «trotskifascista», tenían la impresión general de que el POUM y los anarquistas estaban en contra del gobierno, y, en particular, se habían tragado las mentiras publicadas por la prensa inglesa a propósito de los disturbios de mayo de 1937 en Barcelona. Por citar un ejemplo concreto, Brailsford afirmó, en uno de sus artículos en el New Statesman, que el POUM había atacado al gobierno con tanques y baterías de cañones previamente robados, etc. Estuve en Barcelona durante los disturbios y, hasta donde es posible probar una negativa, puedo demostrar con testigos oculares, etc., que la historia es totalmente falsa. En la época en que mantuvimos correspondencia acerca de la reseña escribí a Kingsley Martin para decírselo, y hace poco escribí a Brailsford para preguntarle dónde había oído la historia. Se vio forzado a admitir que la había obtenido de una fuente no autorizada. (Stephen Spender tiene ahora la carta, pero si quiere verla podría hacérsela llegar.) No obstante, ni el New Statesman ni Brailsford se han retractado de una afirmación que equivale a acusar de robo y traición a personas inocentes. No creo que me culpe por creer que el New Statesman tiene su parte de responsabilidad en esta visión sesgada de los hechos.

Una vez más, permita que le diga lo mucho que lamento todo este asunto, pero tengo que hacer lo poco que esté en mi mano por lograr que se haga justicia a unas personas que han sido encarceladas sin juicio previo y vilipendiadas en la prensa, y una forma de hacerlo es llamar la atención sobre la censura procomunista que sin duda existe. Si creyese que iba a ayudar al gobierno español guardaría silencio (de hecho, antes de partir de España, algunos de los presos nos pidieron que no diésemos publicidad al asunto en el extranjero, por miedo a desacreditar al gobierno), pero no creo que a la larga sea de ninguna ayuda ocultar la verdad como se ha hecho en Inglaterra. Si las acusaciones de espionaje, etc., que se hicieron contra nosotros en la prensa comunista hubiesen sido analizadas como es debido en su momento en la prensa extranjera, se habría visto que eran absurdas y el asunto hace tiempo que habría caído en el olvido. Pero las mentiras sobre la conjura trotskifascista se divulgaron a los cuatro vientos y solo publicaron desmentidos, y a regañadientes, algunos periódicos poco leídos como el [Daily] Herald y el Manchester Guardian. El resultado fue que no se produjo ninguna queja en el extranjero y miles de personas continúan en la cárcel y varias han sido asesinadas, con el resultado de que se ha sembrado el odio y la disensión en el movimiento socialista.

Le devuelvo los libros que me envió para reseñar. Creo que es mejor que no vuelva a colaborar con ustedes; lamento muchísimo todo este asunto, pero tengo que apoyar a mis amigos, y eso supone atacar al New Statesman si creo que están ocultando información importante.

Atentamente.

 

[XI, 424, pp. 116-120; mecanografiada con añadidos manuscritos]

 

En una hoja suelta hay una nota manuscrita de Orwell, que, al ir sin encabezamiento, es casi seguro que se envió a Raymond Mortimer con la anterior carta mecanografiada. Orwell incluyó la carta de H. N. Brailsford, que, según él, tenía Spender. (Véase XI, p. 118.)

 

 

Raymond Mortimer se apresuró a responder a Orwell con una nota manuscrita que decía: «Apreciado Orwell: Le pido que por favor acepte mis humildes disculpas. Desconocía que Kingsley Martin le hubiese escrito en esos términos. Los motivos por los que rechacé la reseña fueron los que le he dicho. Lamentaría que dejase de colaborar con nosotros, y quisiera convencerle por pasadas reseñas de que no favorecemos la ortodoxia estalinista». El 10 de febrero, Kingsley Martin escribió a Orwell: «Raymond Mortimer me ha enseñado su carta. Sin duda le debemos una disculpa en relación con su carta sobre El reñidero español. En la carta hay varias cosas que me inducen a pensar que se ha producido un malentendido del que creo que sería mejor hablar que escribir. ¿Tendría la amabilidad de pasar a verme la próxima semana? Tengo libres el lunes por la tarde y el martes». Se desconoce si Orwell aceptó la invitación de Martin, aunque es probable que lo hiciera. La reseña de Orwell de Glimpses and Reflections de Galsworthy se publicó en The New Statesman el 12 de marzo de 1938, y colaboró con otras reseñas en el periódico desde julio de 1940 hasta agosto de 1943. No obstante, se sabe por conversaciones con sus amigos que nunca perdonó a Martin su postura en la Guerra Civil española.

 

 

A Cyril Connolly*

 

14 de marzo de 1938

The Stores

Wallington

Querido Cyril:

Veo en la lista del New Statesman & Nation que vas a sacar un libro esta primavera.1 Si pides que me envíen un ejemplar, escribiré una reseña para el New English, y tal vez también para Time & Tide. Le he pedido a Warburg que te mande un ejemplar de mi libro sobre España2 (el mes que viene) con la esperanza de que puedas escribir una crítica. Hoy por mí, mañana por ti.

Te escribo desde la cama. Puede que al final no vaya a la India, y en cualquier caso no iré antes del otoño. Los médicos opinan que no debería. He vuelto a escupir sangre, probablemente no sea grave, pero es alarmante y voy a ir a un sanatorio en Kent3 a que me hagan radiografías. No me cabe duda de que me dirán que estoy bien, como las otras veces, pero en cualquier caso me servirá como excusa para no viajar a la India, que no me apetecía nada.4 La situación en Europa me tiene tan preocupado que no puedo escribir. Veo que Gollancz ha puesto ya mi nueva novela5 en su lista, y eso que aún no he escrito ni una línea y ni siquiera la tengo bosquejada. Tengo la sensación de que más nos valdría ir haciendo las maletas para el campo de concentración. King-Farlow vino el otro día y la semana que viene me quedaré con él antes de dejar el sanatorio. Cuando esté en Londres intentaré localizarte. Si tienes la amabilidad de escribirme al 24 de Croom’s Hill, Greenwich S. E. 10,6 para decirme tu teléfono, que por supuesto he vuelto a perder, te llamaré si tengo ocasión. Por favor, dile a tu mujer que le envío recuerdos.

Tuyo,

Eric Blair

 

[XI, 431, p. 127; manuscrita]

 

 

La secuencia de acontecimientos que condujeron al ingreso de Orwell en el sanatorio de Preston Hall es incierta y se complica por las dudas respecto a la fecha de la carta de Eileen a Jack Common. El historial de Orwell (hallado por Michael Shelden) muestra que ingresó en Preston Hall el martes 15 de marzo, y que le dieron el alta ese mismo día; luego volvió a ingresar el jueves 17 y se quedó hasta el 1 de septiembre de 1938. El historial incluye también un análisis radiológico de los pulmones de Orwell fechado el 16 de marzo. Podría suponerse razonablemente que fue ingresado de urgencias el 15 de marzo; que cortaron la severa hemorragia descrita por Eileen y le hicieron radiografías; una vez examinadas al día siguiente, volvieron a ingresarlo para someterlo a tratamiento. Dicho tratamiento incluía reposo absoluto, inyecciones de calcio coloidal y vitaminas A y D hasta que la tuberculosis quedara definitivamente descartada.

El sanatorio de Preston Hall, en Aylesford, Kent, estaba a una milla o dos al norte de Maidstone. Era un hospital de la Legión Británica para militares retirados (de ahí que el pabellón donde estaba Orwell se llamara Jellicoe, en honor al famoso almirante de la Primera Guerra Mundial). Al principio, le dieron una habitación individual; eso despertó comentarios sobre un trato preferente, pero él insistió en estar con los demás y se llevaba bien con ellos. (Véanse Crick, 358-360; Shelden, 316-319, y para mayor información, XI, 432, pp. 127-128.)

 

 

De Eileen Blair* a Jack Common*

 

Lunes [y martes, 14-15 de marzo de 1938]

24 Croom’s Hill

Greenwich

Querido Jack:

Probablemente te habrás enterado del susto de ayer. Espero que no acabaras calado hasta los huesos.1 Daba la impresión de que la hemorragia no cesaría y el domingo todos coincidían en que había que llevar a Eric a algún sitio donde, en caso necesario, pudiesen tomar las medidas oportunas: practicarle un neumotórax artificial para que dejara de sangrar o hacerle una transfusión. Fueron a un especialista que visita en un pequeño hospital cerca de aquí y él también recomendó su traslado, que se llevó a cabo en una ambulancia que parecía un lujoso dormitorio con ruedas. El viaje no tuvo consecuencias, su presión arterial era más o menos normal, y cortaron la hemorragia sin necesidad de practicarle el neumotórax. Así que valió la pena. Todo el mundo temía aceptar la responsabilidad del traslado, pero al final nos pusimos de acuerdo. Eric está un poco deprimido por estar en una institución pensada para el asesinato, pero por lo demás se encuentra muy bien. Dicen que no tendrá que quedarse mucho tiempo,2 aunque el especialista tiene la esperanza de poder localizar el lugar concreto donde se producen las hemorragias y controlarlas en el futuro.

En realidad, te escribo para darte las gracias por ser tan buen vecino y más con el mal tiempo que hacía. Es desquiciante no poder hablar más que con la gente del pueblo, que no se puede decir que sea muy tranquilizadora.

Te tendré al corriente de lo que ocurra. He de escribir varias cartas terribles a nuestros parientes.

Besos a Mary y a Peter,3

Eileen

 

[XI, 432, pp. 127-129; manuscrita]

 

 

Orwell escribió a Spender el 2 de abril. Spender, en una carta sin fechar, respondió que había acordado escribir una reseña de Homenaje a Cataluña para el London Mercury. Luego sacó a colación la actitud de Orwell. Afirmó que le había atacado sin conocerlo, que le «había extrañado que, todavía sin conocerme, y después de verme solo una o dos veces, interrumpiese dichos ataques» y aseguró que le gustaría hablar con él. Además, decía que lamentaba mucho saber que Orwell estaba enfermo y le enviaba su obra de teatro Trial of a Judge, que, si no tenía otra cosa que hacer, tal vez podría interesarle: «Si no le apetece, no la lea. No me ofenderé».

 

 

A Stephen Spender*

 

Viernes [¿15? de abril de 1938]

Pabellón Jellicoe

Preston Hall

Aylesford, Kent

Apreciado Spender:

Muchísimas gracias por su carta y por el ejemplar de su obra de teatro. He esperado a haberla leído para escribirle. Me ha interesado, aunque no estoy seguro de qué opinión me merece. Creo que tendría que verla interpretada, porque es evidente que, cuando la escribió, pensaba usted en diversos efectos escénicos, ruidos, etc, que influirían en el ritmo del verso. Pero hay muchas cosas de las que me gustaría hablar cuando nos veamos.

Pregunta usted por qué le ataqué sin conocerle y por qué cambié de opinión después de verle. No recuerdo haberle atacado, aunque desde luego hice algunos comentarios ofensivos de pasada sobre los «bolcheviques de salón, como Auden y Spender» o algo por el estilo. Quise utilizarle como símbolo del bolchevique de salón porque a) los versos suyos que había leído no me habían parecido gran cosa, b) me parecía usted una especie de persona elegante y de éxito, amén de comunista o simpatizante comunista, y como no nos conocíamos podía considerarlo un tipo y hasta una abstracción. Incluso si me hubiese desagradado usted, después de conocerle, tendría que haber cambiado mi actitud, porque al conocer a alguien uno repara enseguida en que se trata de una persona y no una especie de caricatura que personifica determinadas ideas. En parte por esa razón no frecuento mucho los círculos literarios, porque sé por experiencia que después de conocer y hablar con alguien ya no podré demostrar ninguna brutalidad intelectual, incluso aunque lo considere mi obligación, igual que esos parlamentarios laboristas que se pierden sin remedio cuando los duques les dan palmaditas en la espalda.

Es muy amable al reseñar mi libro sobre España. Pero no se meta en líos con su propio partido. No vale la pena. Aunque puede usted disentir de todas mis conclusiones, como probablemente hará, sin llamarme mentiroso. Me gustaría mucho que viniese a verme, si no es demasiada molestia.1 No soy infeccioso. No creo que llegar aquí sea complicado, porque los autobuses de la línea verde paran en la puerta.2 Estoy bastante contento y muy bien cuidado, aunque por supuesto es un incordio no poder trabajar y me paso el rato haciendo crucigramas.

Suyo,

Eric Blair

 

[XI, 435, pp. 132-133; manuscrita]

 

 

Homenaje a Cataluña se publicó el 25 de abril de 1938, pero, como de costumbre, los ejemplares para los críticos se enviaron antes. Un sábado antes de la carta de Orwell a Gorer, probablemente el 16 de abril, Gorer le escribió una breve nota para decirle que Homenaje a Cataluña le parecía «sin ninguna duda un libro de primera fila», y adjuntó una copia en papel de calco de su crítica en Time and Tide «por si ponen objeciones a su insólita extensión» y para que Orwell le dijera si había alguna errata, antes de que Gorer recibiese las pruebas de imprenta. La reseña se publicó el 30 de abril.

 

 

A Geoffrey Gorer*

 

18 de abril de 1938

Pabellón Jellicoe

Aylesford

Querido Geoffrey:

Debo escribirte para agradecerte tu maravillosa crítica. Tuve que pellizcarme para asegurarme de que estaba despierto, aunque tendré que volver a hacerlo si los de T. & T. la publican; me temo que pensarán que es demasiado larga y laudatoria. No creo que el asunto les preocupe, pues han sido bastante decentes con la guerra de España. Pero, incluso si la recortan, te agradezco mucho tu buena intención. Solo hay una o dos cosas que habría que corregir. Una es que dices que los disturbios de Barcelona los iniciaron los guardias de asalto. En realidad, fueron guardias civiles.1 En esa época no había guardias de asalto en Barcelona y la diferencia es importante, porque la Guardia Civil es la antigua gendarmería española que data de principios del XIX y en realidad es un cuerpo más o menos profascista, es decir, que siempre que ha podido ha apoyado a los fascistas. La Guardia de Asalto es un cuerpo más reciente, creado por la República en 1931, prorrepublicano y no tan odiado por los obreros. La otra es que si te ves obligado a abreviar o modificar la reseña, no vale la pena insistir, como haces ahora, en que solo participé en los disturbios montando guardia. Es cierto que fue así, pero si me hubiesen ordenado combatir lo habría hecho, porque en mitad de aquel caos lo único que se podía hacer era obedecer a tu partido y a tus superiores militares inmediatos. No obstante, me alegra que te gustara el libro. Por lo visto, han enviado varios ejemplares a los críticos, pero yo aún no he recibido ninguno y me inquieta pensar cómo será la sobrecubierta. Warburg pensó en adornarla con los colores catalanes, que se confunden fácilmente con a. la bandera monárquica española o b. el MCC.2

Espero que te vayan bien las cosas. Yo estoy mucho mejor; de hecho, empiezo a albergar dudas sobre si estaré enfermo de verdad.3 Eileen se está peleando sola con los pollos, etc., aunque viene a verme una vez cada quince días.

Tuyo,

Eric Blair

 

[XI, 436, pp. 133-134; manuscrita]

 

 

 

De Eileen Blair* a Leonard Moore*

 

30 de mayo de 1938

[The Stores], Wallington

Apreciado señor Moore:

Prometí a Eric que le escribiría para ponerle al corriente de las novedades, que se resumen en que va a pasar el invierno en el extranjero, aunque seguirá en Preston Hall hasta que se vaya de Inglaterra, es decir, probablemente hasta agosto o septiembre. Después tenemos la esperanza de que pueda regresar a casa, aunque no aquí. Estamos pensando en buscar algún sitio en Dorset. No es que esté peor, pero su estado está ahora más claro. De hecho, el diagnóstico original estaba equivocado: tenía bronquiectasia y es probable que no fuese tisis.1 Por lo visto, no tiene sentido tratar la bronquiectasia con reposo absoluto, como se hace a veces para curar la tisis, y creo que lo dejarán levantarse en cuanto el tiempo mejore.2 También debería poder trabajar un poco en su novela en julio o agosto. Por supuesto, no es fácil trabajar en un sanatorio, donde no para de entrar gente y hay un horario que casi seguro interfiere con su horario de trabajo, pero ya tiene bosquejado el libro y está deseando ponerse a trabajar. Debería haberle escrito hace tiempo para hablarle de esta novela, cuando Eric comprendió por primera vez que no podría terminarla en octubre, pero él quería decirle a Gollancz que estaría terminada antes de Navidad. Ahora cree que estará lista en primavera y es probable que lo esté. Le quedaré muy agradecida si pudiera comunicárselo a Gollancz en los términos que considere adecuados.

He oído que han publicado una crítica estupenda de Homenaje a Cataluña en el Observer,3 pero aún no la he leído. En general, las reseñas han sido muy buenas, ¿no cree? Es interesante que el PC haya decidido guardar las formas, y también muy inteligente por su parte que hayan sido tan discretos en la prensa claramente comunista y hayan dicho lo que querían de manera anónima en el TLS y el Listener.4 A propósito, ¿sabe cuándo tiene pensado Warburg pagarnos un anticipo? Pensábamos que nos pagaría 75 libras en enero y otras 75 el día de la publicación, pero puede que nos equivocáramos.

Eric continúa siendo muy razonable y plácido y todo el mundo está muy contento de su estado general.

Atentamente,

Eileen Blair

 

[XI, 447, pp. 154-155; mecanografiada]

 

 

Al director de The Listener

 

16 de junio de 1938

Aylesford

 

Reseña de Homenaje a Cataluña

 

El modo en que su crítico1 aborda los hechos es un tanto curioso. En su reseña de mi libro Homenaje a Cataluña en The Listener del 25 de mayo emplea cuatro quintas partes de su columna para resucitar la acusación de la prensa comunista de que el partido político español conocido como POUM es una organización quintacolumnista a sueldo del general Franco. Primero afirma que dicha acusación era «hiperbólica», para luego añadir que era «creíble», y que los dirigentes del POUM eran «traidores a la causa gubernamental». Dejo de lado la cuestión de cómo puede ser creíble que la «quinta columna» de Franco la integren los obreros más pobres y la dirijan personas que en su mayoría habían estado en la cárcel bajo el régimen que Franco estaba intentando restaurar, y que, al menos uno de ellos, estuviese en la lista de Franco de «individuos que hay que fusilar». El crítico está en su derecho de creer semejante historia. A lo que no tiene derecho es a repetir su acusación, que, dicho sea de paso, es una acusación contra mí, sin indicar siquiera de dónde procede o que yo tenía algo que decir al respecto. Todo el artículo da a entender que los absurdos cargos de traición y espionaje partieron del gobierno español. Pero, tal como señalé con todo lujo de detalles (capítulo XI de mi libro), dichas acusaciones nunca encontraron apoyo fuera de la prensa comunista y no hay pruebas que las demuestren. El gobierno español ha desmentido varias veces que sean ciertas y se ha negado reiteradamente a procesar a las personas denunciadas por los periódicos comunistas. He citado literalmente las declaraciones del gobierno español, repetidas en numerosas ocasiones. Su crítico sencillamente las pasa por alto, sin duda con la esperanza de haber desanimado a los lectores y de que nadie repare en sus tergiversaciones.

No espero ni quiero «buenas» reseñas y, si un crítico decide utilizar su columna para expresar sus opiniones políticas, eso es problema suyo y de usted. Pero creo estar en mi derecho de exigir que, cuando dicha columna se dedica a hablar de un libro mío, que se aluda al menos a algo de lo que he dicho.

George Orwell

 

[XI, 452, pp. 160-162]

 

La queja de Orwell produjo esta respuesta del crítico de The Listener.

 

Hemos enviado la carta anterior a nuestro crítico, que responde:

«La carta del señor Orwell pasa por alto el hecho de que la situación en Barcelona llegó a ser tan difícil que el gobierno español se vio obligado a enviar a la policía armada para reprimir lo que se había convertido en una insurrección. Los dirigentes de dicha insurrección eran los elementos extremistas anarquistas aliados con el POUM. No se trata de “resucitar” las acusaciones de la prensa comunista, sino de un hecho histórico. He pasado gran parte de la guerra en España y no me he basado en notas de agencia para redactar mi columna.

»Como he dejado claro en mi reseña, los militantes del POUM creían combatir contra Franco. Eran personas pobres e ignorantes y la complejidad de la situación revolucionaria los superaba; los culpables fueron sus jefes. En cuanto a lo de ser parte de la quinta columna de Franco, no hay duda de que quien se negase a cooperar con el gobierno central y a someterse a la ley estaba debilitando de hecho la autoridad de dicho gobierno y ayudando al enemigo. En una guerra, el desconocimiento es tan reprochable como el sabotaje intencionado. Lo importante son las consecuencias, no los motivos de sus actos.

»Lamento que el señor Orwell piense que mi intención era desanimar a los lectores para que no leyeran un libro magníficamente escrito; no es así: quiero que la gente lo lea, pese a que, en mi opinión, su análisis está equivocado. La esencia de la democracia en tiempo de paz es que todas las opiniones estén disponibles para todos».

Debemos decir, al publicar la réplica de nuestro crítico, que no responde a las cuestiones que plantea el señor Orwell, a quien expresamos nuestro pesar.

Director, THE LISTENER2

 

 

De Eileen Blair* a Denys King-Farlow*

 

22 de junio de 1938

[The Stores], Wallington

Querido Denys:

Cuando te dije por teléfono que más o menos te estaba escribiendo era cierto. Pero también tenía la gripe, aunque no acababa de creérmelo, porque me parecía muy raro en esa época, incluso en un año tan raro como ese.

No había olvidado el dinero; de hecho, lo fui apreciando cada vez más porque el «adelanto» por el libro sobre España no llegaba. ¡Al final lo cobramos a plazos! Pobre hombre (me refiero al editor). Espero que no te hiciese falta. No me habría quedado el cheque si hubiese pensado que no podía devolverlo en el acto. O al menos eso creo.

Ya te habrás enterado de que Eric no está tan enfermo como pensaban. Por supuesto, él nunca ha creído estarlo, pero los dos primeros meses daba la impresión de que tenía los dos pulmones afectados de tisis y en tal caso habría estado desahuciado. Ahora resulta que es una bronquiectasia, con la que la gente vive más o menos indefinidamente en condiciones bastante buenas. Supongo que te habrá contado que probablemente iremos a pasar el invierno en el extranjero en lugar de ir a un sanatorio, y que luego tendremos que encontrar la casa perfecta en uno de los condados del sur por un alquiler de 7 libras y 6 chelines. Volveré pronto a buscarla. Incluso creen que podría salir de Preston Hall en agosto y pasar un mes o así en condiciones normales en Inglaterra. Por supuesto, tiene que ser muy «cuidadoso», pero el tratamiento consiste solo en descansar y comer mucho. Puede que nos quedemos en una granja en algún sitio. Luego le devolveremos esta casa al casero o a un desdichado tío anciano de Eric que se ha ofrecido como posible inquilino.1

Me alegra mucho que fueses a ver a Eric y lo sacases de allí. Creo que le deprime más estar en esa especie de semiconfinamiento que estar en cama, y la fiesta le encantó.2 Fue un bonito detalle por tu parte enviar el dinero, en lugar de ofrecerte a hacerlo.

Muchas gracias.

Un abrazo,

Eileen Blair

 

[XI, 455A, pp. 164-165, manuscrita]

 

 

A Jack Common*

 

5 de julio de 1938

New Hostel

Preston Hall

Aylesford, Kent

Querido Jack:

Como sabes, tengo que pasar el invierno en el extranjero, probablemente unos seis meses a partir de finales de agosto. ¿Te gustaría disfrutar de nuestra casa sin pagar el alquiler a cambio de cuidar de los animales? Te explicaré la situación para que puedas ver las ventajas e inconvenientes por ti mismo.

i. Los médicos dicen que debo vivir más al sur. Eso significa dejar la casa como muy tarde cuando regresemos. Pero no quiero deshacerme de los animales porque tenemos ya casi 30 gallinas, que el año que viene podrían ser 100, y además eso significaría vender los gallineros, que cuestan muy caros pero por los que apenas te dan nada si los vendes. De modo que podemos elegir entre buscar a alguien que se instale en la casa o pagar a otra persona para que cuide de los animales, que, con lo que nos costará guardar los muebles en un almacén, ascenderá casi a lo mismo que pagar el alquiler de la casa.

ii. Sabes cómo es nuestra casa. Es horrible. Aun así, resulta más o menos habitable. Hay una habitación con una cama doble y otra con una individual, y creo que hay sábanas suficientes y demás para dos personas y un niño. Cuando cae algún chubasco en invierno la cocina a veces se inunda; por lo demás, la casa es tolerablemente seca. Tal vez recuerdes que la chimenea del cuarto de estar echa mucho humo, pero creo que le daremos un vistazo antes de irnos; en todo caso, es un arreglo de poca importancia. Hay agua corriente, aunque no caliente, claro. Hay una estufa Calor Gas, que resulta bastante cara (por el gas), pero también hay un hornillo de aceite que podrías resucitar. No habrá demasiadas verduras, pues Eileen no ha podido atender el huerto ella sola, pero en cualquier caso tendréis patatas para todo el invierno. También habrá leche, más o menos un cuarto de litro al día porque la cabra acaba de parir. Mucha gente tiene prejuicios con la leche de cabra, pero en realidad es muy parecida a la de vaca y dicen que es muy buena para los niños.

iii. En cuanto a lo de cuidar de los animales, me refiero a dar de comer, etc., a unas 30 aves y a dar de comer y ordeñar a las cabras. Dejaré instrucciones detalladas sobre la comida, etc., y quedaré con el vendedor de trigo para que te entregue el grano y me envíe la factura. También podrías vender los huevos (el carnicero, que pasa dos veces a la semana, te los comprará todos) y guardarnos el dinero. Al principio, no habrá muchos, pues la mayoría son gallinas nacidas este año, pero a principios de primavera deberían estar poniendo unos 100 a la semana.

Ya me dirás si te interesa. A nosotros nos vendría muy bien y como mínimo tú tendrías un sitio tranquilo donde trabajar.1

Recuerdos a Mary y Peter.

Tuyo,

Eric Blair

 

[XI, 461, p. 171; manuscrita]