De Marruecos a la BBC

1938-1941

 

 

Todo el mundo pensó que el clima del norte de África beneficiaría la salud de Orwell. No obstante, resultó ser más bien ilusorio, aunque probablemente le sentara bien el relativo descanso. Aun así se las arregló para cultivar algunas verduras y criar dos cabras y gallinas. Mientras estuvo en Marruecos, le angustió la preocupación de haber pedido prestado más de lo que podía devolver, aunque, sin que él lo supiera, el novelista L. H. Myers había adelantado las 300 libras como regalo. Orwell insistió en muchas ocasiones en devolver esa «deuda» y llegó a pagar lo que creía deber a un intermediario, Dorothy Plowman.

Mientras estaban en Marruecos, los Orwell pasaron unos días en las montañas del Atlas y él escribió Subir a por aire, cuyo manuscrito entregó a Leonard Moore, su agente, para que se lo llevase a Gollancz nada más regresar a Inglaterra el 30 de marzo de 1939. El 28 de junio de 1939, el padre de Orwell murió de cáncer y él describió de forma conmovedora su paseo frente al mar en Southwold mientras pensaba qué hacer con los peniques que habían utilizado para cerrar los ojos de su padre al morir. Al final los arrojó al mar.

El estallido de la guerra el 3 de septiembre de 1939 supuso el inicio de un período de gran frustración para él. No consiguió ningún puesto desde el que colaborar con la causa aliada y tampoco lo aceptaron en el ejército. Eileen al principio encontró empleo (irónicamente) en una oficina del Departamento de Censura en Whitehall. Más irónico resulta todavía que Orwell utilizara después uno de los cuadernos donde se registraba el correo censurado para apuntar sus ingresos y declararlos a Hacienda. Reseñó libros, obras de teatro y películas y, en mayo de 1940, después de Dunkerque, se alistó en lo que se convertiría en la Home Guard, donde sirvió activamente como sargento. Uno de los miembros de su unidad era su editor Fredric Warburg, que había combatido en Passchendaele en 1917. Otros miembros de la unidad de Orwell eran dos verduleros, el dueño de un garaje y su hijo, un repartidor de Selfridge’s, Denzil Jacobs (un censor de cuentas que luego sirvió como piloto de la RAF) y su padre, que fueron ambos a visitar a Orwell al hospital del University College en 1949. Denzil Jacobs afirmó que, para Orwell, «el compromiso lo era todo».

Su El león y el unicornio se publicó en 1941. Colaboró en unas cuantas emisiones de la BBC, entre ellas cuatro para el Servicio Exterior de la BBC. Luego, el 18 de agosto de 1941, lo nombraron asesor del Servicio Exterior de la BBC con un sueldo de 640 libras anuales. Tras asistir a un breve curso de formación (llamado con cierta injusticia «La escuela de los mentirosos»; en realidad era muy práctico y directo), empezaron dos años de trabajo duro e intenso. Aunque llegó a considerarlos «dos años desperdiciados», en realidad fueron más valiosos de lo que pensaba. Para entonces Eileen había cambiado el alienante Departamento de Censura por el Ministerio de Alimentación, donde trabajaba en programas como «La cocina del frente» y aconsejaba a la población cómo aprovechar al máximo la poca comida disponible en una época de estricto racionamiento.

 

Imagen

De una carta de Orwell a su madre, 25 de febrero de 1912.

 

 

De Eileen* a Ida,* la madre de Orwell

 

15 de septiembre de 1938

Hotel Majestic

Marrakech

Querida señora Blair:

Creo que Eric le ha enviado unas postales explicando, como dice él, que he estado «indispuesta». Podría decirse que los dos lo hemos estado, supongo que en parte por el clima y en parte por el espanto que nos inspiraba este país. Yo tuve además una especie de fiebre, tal vez por comer comida en mal estado, aunque es más probable que fuese por los mosquitos; Eric ha comido lo mismo que yo pero no le han picado, y yo parezco hecha de brioches.

El viaje, hasta que partimos de Tánger, fue tan agradable que nos confiamos demasiado. Es cierto que fuimos a Gibraltar por error y luego tuvimos que quedarnos en Tánger porque los barcos a Casablanca estaban llenos, pero Gibraltar fue muy interesante y Tánger es una delicia. Las medicinas de Eric para el mareo funcionaron incluso en el viaje de Gibraltar a Tánger y eso que había mala mar (se paseó por cubierta con una sonrisa seráfica viendo cómo la gente vomitaba e insistiendo en que entrase en el lavabo de señoras para informarle de los desastres que acontecían allí); y el hotel Continental en Tánger estaba muy bien. Si hubiésemos podido venir en barco, como teníamos pensado, probablemente Marruecos nos habría gustado más, pero tuvimos que venir en tren, lo que supuso desayunar a las 5 a.m., padecer interminables tormentos hasta contentar a la policía y las autoridades de aduanas de todas las naciones antes de subir al tren y luego responder a las preguntas de más policías y oficiales de aduanas a) antes de que el tren saliera de la zona internacional, b) antes de entrar en la zona española, y c) antes de entrar en la zona francesa. Los españoles fueron muy amables y descuidados, y menos mal porque en el último minuto llegó un hombre para llevarse los periódicos franceses que llevaba todo el mundo y cuya entrada estaba prohibida en territorio español. Llevábamos en las maletas una colección de unos 20 periódicos, fascistas y antifascistas. Los franceses, como es típico en ellos, se negaron a creer que nuestros motivos para ir a Marruecos fuesen honrados. No obstante, dejaron que la policía de Marruecos se encargase de detenernos y llegamos hasta el enlace donde había que cambiar a un tren con coche restaurante. Eran las 11.45 y debían ser las 11.00. Todo el mundo corrió por la estación acompañados de un sinfín de mozos de cuerda árabes de edades que oscilaban entre los 10 y los 70 años, y el tren arrancó antes de que subiésemos. Nuestro mozo de cuerda, que medía 3 pies y 6 pulgadas, se las arregló para dejar nuestras maletas en la plataforma para perseguirnos y cobrar su propina (aseguró que las había dejado en el coche restaurante), pero averiguarlo nos costó horas y tardamos dos días en recuperarlas en Casablanca. Luego fuimos a Marrakech, otra vez partiendo a las 7 a.m., y nos alojamos en el hotel Continental que nos habían recomendado y que tal vez fuese bastante bueno en otro tiempo. Ahora ha cambiado de dueño y es evidente que es un burdel. No conozco muchos burdeles, pero, como ofrecen un servicio especial, probablemente pueden permitirse ser sucios y no ofrecer otras comodidades. No obstante, nos quedamos un día, en parte porque Eric no notó que ocurriera nada raro hasta que intentamos vivir en él y en parte porque la fiebre me estaba subiendo un grado cada hora y necesitaba acostarme, lo cual resultó fácil, y pedir alguna bebida, que nos trajo una ilimitada variedad de árabes callejeros de aspecto patibulario pero muy amables. Eric, por supuesto, comió fuera y eso es muy caro en Marruecos, así que nos trasladamos aquí lo antes posible. Es el segundo hotel más caro de Marrakech, pero resulta mucho más barato pagar una pensión completa (95 francos al día para dos personas)1 que ir a restaurantes.

 

Domingo.

Eric me obligó a acostarme y hasta ahora no he podido reanudar la carta. Esta mañana le ha escrito mientras yo deshacía las maletas, así que ya sabrá lo de madame Vellat y la villa que tenemos en perspectiva. Creo que lo de la villa será divertido desde nuestro punto de vista. Está totalmente aislada y solo hay unos árabes que viven en las dependencias para cuidar de la plantación de naranjos. Vamos a comprar los muebles necesarios para instalarnos. Como serán los más baratos que podamos conseguir, el efecto estético tal vez no sea muy afortunado, pero tenemos la esperanza de encontrar alguna alfombra decente, pues queremos llevárnoslas cuando volvamos. Hay un salón muy grande, dos dormitorios, un baño y una cocina. No hay dónde cocinar, pero compraremos unos botes de carbón y un infiernillo Primus. El campo parece desértico, pero tal vez sea diferente después de las lluvias. En cualquier caso, podemos tener una cabra y el clima será beneficioso para Eric. En Marrakech no lo habría sido. El barrio europeo es insoportable, con una respetabilidad de segunda y muy caro. El barrio nativo es «pintoresco», pero el ruido es aún peor que los olores. Eric estaba tan deprimido que pensé que tendríamos que volvernos, pero ahora está emocionado con lo de la villa y creo que se sentirá a gusto. Según el doctor Diot (que nos recomendó un amigo de mi hermano en París), el clima es ideal para él, o lo será dentro de unas semanas cuando refresque. Y la villa tiene una especie de observatorio en el tejado donde podrá trabajar.

El segundo dormitorio, por supuesto, es para Avril, si lo quiere. Si viajase a Tánger por mar el billete de ida y vuelta le costaría unas 12 libras. En Tánger puede alojarse en el Continental por 10 chelines al día con todo incluido. El billete de Tánger a Marrakech en tren cuesta 155 francos en segunda clase. Por desgracia, el tren a Casablanca sale hacia las 3 p.m. y el primer tren a Marrakech no sale hasta las 8 y tarda toda la noche en llegar. Sería mejor que pasara la noche en Casablanca, supongo que le costaría unos 10 chelines, y coger el tren de la mañana. Solo tarda cuatro horas y se puede ver el paisaje. A nosotros nos pareció detestable, pero solo porque estábamos condenados a vivir en él seis meses. A medida que uno se acerca a Marrakech, los camellos se van haciendo más frecuentes y al final son tan comunes como los burros, y los pueblos nativos son extraordinarias acumulaciones de cabañas de unos 5 pies cuadrados (pero por lo general de planta circular) y el tejado de paja, rodeadas a veces de una especie de cerca de madera o de un murete de adobe. No sabemos para qué sirven, pues no son lo bastante fuertes o altos para impedir que entre nadie. Marrakech también estaba hecha de adobe en su mayor parte y tiene unas murallas gigantescas. La tierra al secarse adquiere un color rojizo que es precioso cuando es adobe de verdad, pero resulta muy poco afortunado cuando los franceses, que gustan de llamar a Marrakech la rouge, intentan reproducirlo con pintura. Algunos de los productos nativos son preciosos, sobre todo la cerámica, los botes y las jarras que utilizan.

El doctor Diot aún no ha reconocido a Eric, aunque tiene intención de hacerlo. No es especialmente simpático, pero debe de ser un buen médico y gracias a él sabremos si sus pulmones están reaccionando como es debido.

Por favor, dele recuerdos al señor Blair y a Avril. Espero que el señor Blair esté mejor y que Avril se anime a venir a Marruecos. Dicen que la luz es estupenda para hacer fotografías. Desde su punto de vista, sería más interesante quedarse en Marrakech, pero cuando no hace calor se puede ir andando (son unas 3 millas) y creo que un taxi cuesta 2 chelines y 6 peniques. Si quisiera, podría alquilar un coche para sacarse el carnet internacional de conducir antes de venir. En todo caso, de Marrakech salen autobuses a todas partes.

Con cariño,

Eileen

 

[XI, 481, pp. 198-200, manuscrita]

 

 

De Eileen* a Marjorie Dakin*

 

27 de septiembre de 1938

Chez Mme. Vellat,

Rue Edmond Doutte Medina,

Marrakech

Marruecos francés

Mi querida Marjorie:

Acabamos de recibir nuestra primera carta —de la señora Blair—. Traía muchas buenas noticias. Me alegro mucho de que tu familia esté bien y de que Marx sepa apreciar su buena suerte.1 Solo espero que se comporte como dicen.

Ayer pasamos el día bastante histéricos escribiendo cartas semiprofesionales con la esperanza de que las entregaran antes de que estallase la guerra. Hoy los periódicos están más tranquilos, pero resulta desquiciante no poder leer más que los que se publican en Marruecos (los demás pueden conseguirse con entre 4 y 8 días de retraso y en el momento actual es como si tuviesen años de antigüedad). Lo más extraordinario es que nadie parece interesado. Ayer estábamos en un café cuando llegó el periódico vespertino y solo lo compró una persona que ni siquiera se molestó en hojearlo. Y eso que aquí viven muchos jóvenes franceses a los que supongo que movilizarán para servir en Francia. La idea más extendida es que Marruecos será un país muy seguro, al menos en el interior. Los árabes no parecen dispuestos a armar jaleo e, incluso si lo estuvieran, los pobres desgraciados tendrían que vérselas, solo en Marrakech, con 15.000 soldados regulares con artillería y demás. Mientras nos permitan quedarnos, y probablemente nos dejarán mientras tengamos dinero, probablemente tendremos más posibilidades que la mayoría de seguir con vida. Aunque Dios sabe para qué. Parece muy improbable que Eric pueda seguir publicando libros tras el estallido de la guerra. Me alegró saber lo del refugio de Humphrey.2 Eric lleva dos años queriendo construir uno, aunque sus planes se enfriaron cuando construyó uno en España y se les cayó encima a sus compañeros y a él, no por un bombardeo, sino por la fuerza de la gravedad. Pero lo del refugio es solo una distracción; sus especialidades son los campos de concentración y el hambre.

Enterró unas patatas por si acaso y podrían haber sido muy útiles si no se hubiesen podrido casi en el acto. Para mi sorpresa, tiene intención de quedarse aquí pase lo que pase. En teoría parece muy razonable e incluso cómodo; en la práctica, tal vez no lo sea tanto. En cualquier caso, estoy agradecida de haber venido. Si hubiésemos estado en Inglaterra supongo que lo habrían metido en la cárcel y los médicos me han advertido solemnemente de que no le conviene, aunque ninguno me ha dicho cómo evitarlo. Sea cual sea la solución, sigo teniendo la desesperada esperanza de que no haya una guerra que estoy segura de que para los checos sería mucho peor. Al fin y al cabo, la opresión política, aunque se le dé mucha publicidad, solo puede afligir a una pequeña parte de la nación porque un régimen político, sobre todo una dictadura, necesita ser popular. Nos exaspera ver las fotos de las muchedumbres londinenses «manifestándose» sin saber por qué se manifiestan, y hay referencias dispersas a la detención de «extremistas», aunque no se aclara sin son comunistas que se manifiestan contra la moderación de Chamberlain, fascistas, socialistas o pacifistas. Eric, que a pesar de todo conserva una extraordinaria ingenuidad política, quiere oír lo que llama la voz del pueblo. Cree que podría impedir la guerra, pero yo estoy segura de que la voz diría que no quiere combatir, pero lo haría si el gobierno se lo ordenase. Se me hace muy raro pensar que Chamberlain es nuestra única esperanza, aunque creo que no desea la guerra en este momento y, desde luego, es un hombre valiente.3 Aun así, resulta espantoso e increíble pensar que en este momento podéis estar probándoos las máscaras antigás.4

Probablemente habrás oído decir que no nos gusta Marrakech. Es interesante, pero al principio nos pareció un sitio espantoso. Hay unas arcadas preciosas de las que salen olores horribles y niños adorables cubiertos de tiña y moscas. Encontré un sitio despejado para contemplar la puesta de sol y, cuando ya era demasiado tarde, descubrí que parte del terreno que teníamos detrás era un cementerio; la conversación de Eric diciendo que la vista estaba dominada por gusanos invisibles se me hizo insoportable y acabamos yéndonos sin ver la puesta de sol. No obstante, en general me he aclimatado y pensaba que Eric también, aunque él dice que no. Pero, cuando tengamos nuestra villa (nos mudamos el día 15), será feliz. Incluso está comprando cosas para la casa, entre ellas una bandeja de latón de cuatro pies de lado que dominará lo que queda de nuestra existencia. También tenemos dos palomas. Están en una jaula, pero en la villa las dejaremos sueltas. Aquí no se pueden tener animales domésticos porque llevan una vida horrible, y seis semanas de cuidados harían que el futuro les resultara aún peor. De todos modos, tendremos algunos burros, cada uno cuesta 100 francos.5

Supongo que no entenderás ni una palabra por culpa de mi letra. Solo tenemos una mesa y Eric está escribiendo a máquina unas notas para su diario. Os manda recuerdos a todos, también a Marx. Y yo también.

Eileen.

 

No sé cómo será Bristol,6 o cualquier otro sitio, si hay una guerra. Pero, si en algún momento, necesitas un lugar más apartado para los niños, es muy posible que nuestra casa esté vacía. No sé qué harán al final los Common, pero le hemos dicho a mi hermano que deje la casa in statu quo. Será tan segura como cualquier otro lugar de Inglaterra, pero es capaz de autoabastecerse, así que hemos pensado que a alguien podría gustarle. Claro que tal vez se queden los Common. En casa de mi hermano (24 Croom’s Hill, S. E.10) lo sabrán. Supongo que a él también lo movilizarán, pues está en el RAMC.7

 

[En el encabezamiento] Todavía no tenemos noticias fiables sobre la salud de E. El médico dice que debemos esperar a que pasen 3 o 4 semanas para que termine la «aclimatación» y se puedan apreciar los resultados.

 

[XI, 487, pp. 205-207; manuscrita]

 

 

A Jack Common*

 

29 de septiembre de 1938

Chez Madame Vellat

Marrakech

Querido Jack:

Ayer te escribí dándote ideas por si estallaba la guerra; esta mañana he recibido tu carta que da a entender que la guerra no es tan probable, así que vuelvo a escribirte con ánimo más sereno. En este extremo del mundo es difícil hacerse una idea de lo que pasa. Los soldados llevan el equipo completo, la artillería hace maniobras en el extremo proletario de la ciudad «por si hay problemas» y esta tarde ha habido un ejercicio antiaéreo que no he llegado a entender; por su parte, la población francesa no demuestra el menor interés y es evidente que no cree en la inminencia de la guerra. Claro que aquí no corren peligro más que los jóvenes a los que movilizarían, y tal vez eso influya en su actitud. Todo es tan absurdo que me pone enfermo. De una cosa estoy seguro. A no ser que su prestigio se vea tremendamente comprometido, como ocurriría si Hitler invadiera Checoslovaquia entera sin que Inglaterra y Francia moviesen un dedo, y devolvieran al embajador británico a Inglaterra con el culo pintado de verde, Chamberlain ganará las próximas elecciones por mayoría. Los supuestos partidos de izquierdas se las han puesto en bandeja con la estupidez de su política.

Lamento saber que no te dan nada por los pollos. Cruzamos las gallinas con un Leghorn porque así son buenas ponedoras y sale más a cuenta vender los huevos que los pollos. Lo mejor que podéis hacer es coméroslos. La carne está buena, pero son tan pequeños que apenas se pagan. Las más tempranas deberían empezar a poner este mes y las otras supongo que en noviembre. Intenta darles un poco de Karswood, que es muy barato, para criarlas. Espero que Muriel1 se esté portando bien. Sigo sin recordar lo que le dábamos de comer. ¿Te están entregando los de Clarke’s los suministros? Si es así, pídeles la factura. Saben que soy buen pagador, y a lo mejor se les ocurre un modo de enviarme las facturas o dan con alguna otra solución. Corta el teléfono, si no lo han hecho ya. Pensé que mi cuñado se encargaría. ¿Podrías escribirle para decírselo? Te di su dirección en mi última carta. No sé si habrá manzanas en el árbol del huerto. Algunos años da entre 30 y 40 libras. Son muy buenas para cocinar, pero conviene consumirlas pronto porque no se conservan bien.

Me entristece que nunca hayas salido de Inglaterra, sobre todo cuando pienso en los cabrones que sí viajan y se limitan a ir de hotel en hotel sin notar más diferencia que la temperatura. Aunque, por otro lado, no estoy muy seguro de los beneficios de viajar. Siempre he creído que uno no llega a aprender nada de un país extranjero si no trabaja en él o hace algo que lo obligue a entrar en contacto con sus habitantes. Este viaje es nuevo para mí, porque por primera vez me siento como un turista. El resultado es que es casi imposible, al menos de momento, entrar en contacto con los árabes, mientras que si, pongamos por caso, hubiese venido a vender armas de contrabando, habría conocido a un montón de gente interesante pese a la dificultad del idioma. A menudo me ha llamado la atención lo fácil que es que la gente te acepte cuando estás en su mismo barco y lo difícil que resulta en caso contrario. Por ejemplo, cuando estuve con los vagabundos, daban por hecho que vivía en la calle, les traía sin cuidado mi acento de clase media y estaban dispuestos a ser más cercanos de lo que yo quería. Mientras que si, digamos, llevases a un vagabundo a tu casa e intentaras que hablase contigo, la relación sería paternalista y bastante absurda. Como de costumbre, estoy tomando notas detalladas de todo lo que veo, aunque no sé qué haré luego con ellas. En Marrakech es más difícil hacerse una idea de la situación en Marruecos que en un sitio menos típico. En una ciudad como Casablanca hay una enorme población francesa y un proletariado blanco, y en consecuencia ramas locales del Partido Socialista y demás. Esto no es muy diferente de la sociedad angloindia y uno está más o menos obligado a ser un sahib auténtico o a afrontar las consecuencias. Aún nos quedaremos otras dos o tres semanas en la ciudad antes de instalarnos en la villa. Será un poco más caro, pero también más tranquilo para trabajar y necesito tener un huerto y unos animales. Además me interesa ver un poco cómo viven los campesinos árabes. Aquí en la ciudad las condiciones son espantosas, los salarios rondan 1 chelín o 2 la hora y es el primer sitio donde he visto a los mendigos pedir pan y engullirlo con ansia cuando se lo dan. Sigue haciendo bastante calor, pero empieza a refrescar y los dos estamos bastante bien de salud. En realidad, no me pasa nada y, aunque me fastidia haber perdido tanto tiempo, probablemente me haya sentado bien dejar el trabajo estos siete meses. La gente que no escribe, no cree que escribir sea un trabajo, pero tú y yo sabemos que sí. Gracias a Dios he empezado ya mi nueva novela, que estaba programada para este otoño, pero tal vez aparezca en primavera. Aunque, si hay guerra, sabe Dios si seguirán publicándose libros. Lo de la guerra me parece una auténtica pesadilla. Richard Rees hablaba como si ni siquiera la guerra pudiera ser peor que la situación presente, pero creo que se refiere a que no ve ninguna utilidad a las actividades propias del tiempo de paz. Muchos intelectuales piensan igual, y creo que es una explicación de por qué los supuestos izquierdistas se han convertido en los más patrioteros. Personalmente se me ocurren muchas cosas que hacer y que quiero seguir haciendo los próximos treinta años, y me saca de quicio pensar que tendré que interrumpirlas y marcharme o acabar en un sucio campo de concentración. Eileen y yo hemos decidido que, si hay guerra, lo mejor que podemos hacer es seguir con vida y procurar que prevalezca la cordura.

Estaré en las señas de arriba durante un tiempo. Te enviaré las nuevas cuando las tenga, probablemente sea una lista de correo, pues no creo que el cartero llegue a donde vamos. Muchos recuerdos a Mary y Peter. Eileen también os manda besos.

Tuyo,

Eric

 

P. D. [manuscrita en el encabezamiento de la primera página] Sí, coincidí una vez con Alec Henderson2 en una fiesta. La gente del pueblo es muy amable, sobre todo los Hatchett, la señora Anderson, Titley, Keep, Edie (la hija de la señora Ridley) y su marido Stanley, y Albert, el otro yerno de la señora R. No sé qué hacer por el viejo H. excepto darle huevos cuando sus gallinas no pongan. Es un anciano muy amable. Dile a todos que has tenido noticias mías y que les envío recuerdos.

 

[XI, 489, pp. 210-212, mecanografiada]

 

 

De Marjorie Dakin* a Eileen Blair* y a Orwell

 

3 de octubre de 1938

166 Saint Michael’s Hill

Bristol

Queridos Eileen y Eric:

Muchísimas gracias por vuestras cartas, y por la libra que enviasteis. Marx se está portando muy bien, aunque tiene cierta perversidad innata que nunca podrá erradicarse del todo. Es muy obediente fuera de casa y acude cuando le llamas, también está aprendiendo a no bajar de la acera y lo llevamos sin correa por las calles tranquilas para que aprenda. Juega mucho con los niños, sobre todo en el campo. Sobre su cabeza pende una espada de Damocles, pues le hemos amenazado con convertirlo en salchichas si racionan la comida; a Tor también, aunque su carne estará un poco correosa.

Ya supondréis que todo el mundo ha estado preocupadísimo con la guerra, pensábamos que esta vez era inevitable, y puede que aún lo sea. Los preparativos continúan. El otro día llevé a los niños a por sus máscaras antigás, no es que tenga demasiada fe en ellas, pero qué se le va a hacer. He oído que las ARP son una farsa y que, si nos bombardearan, nadie sabría qué hacer.1 También he oído que en Bristol solo tendríamos cuatro minutos para reaccionar y en Londres 25 segundos, pero no sé si será cierto.2 Si lo es, casi no vale la pena hacer nada porque no me veo poniéndoles las máscaras a los niños y llevándolos al refugio en cuatro minutos.

A Humph lo han trasladado provisionalmente al Ministerio de Transportes, y lo han enviado a Salisbury, aunque supongo que no tardará en volver. Por lo que ha podido averiguar, todos los altos funcionarios de Londres (del transporte) se han trasladado en masa al sur de Inglaterra con sus mujeres y sus familias. El jefe se ha ido al distrito de Truro. Y como Humph era el único que llegaba de fuera le dieron Salisbury, que era el destino más peligroso.

Aquí todo está muy tranquilo, sin mítines de ningún tipo. Todos los parques y jardines han sido excavados para construir refugios, y en Inglaterra no queda hierro corrugado ni sacos terreros. Creo que en los colmados han vendido más que en Navidad. Yo no he acumulado comida, aunque compré un saco de patatas que me ofreció el verdulero.

Devon y Cornualles están abarrotados, no se puede encontrar casa ni alojamiento a ningún precio, la gente que fue a Londres el viernes dijo que estaba prácticamente vacío, Hyde Park y los jardines de Kensington tienen millas de trincheras excavadas. Ahora habrá que pagar los gastos.

Espero que Chamberlain lo deje todo bien atado, ofrezca a Alemania la devolución de sus colonias e intente eliminar los aranceles. De lo contrario, tendremos que vivir con la vergüenza de haber salvado el pellejo a costa de los checos. Aunque apuesto a que no lo hará. Da la impresión de que a la pobre Francia le han dado una patada en el culo, por decirlo de forma vulgar, pues los tratados se han firmado sin contar con ella. Personalmente, creo que se va a organizar una buena cuando se haya calmado un poco la histeria. Unos aseguran que no estaremos preparados para la guerra hasta dentro de dos años y que el gobierno hará cualquier cosa por posponerla hasta entonces;3 otros, que ahora que los grandes de la tierra se han dado cuenta de que va a ser un una lucha generalizada y no solo cuestión de «sacrificar» a un hijo, todo se ve con una luz nueva.

Creo que si hay otra guerra, meteré a Humph en un manicomio una temporada, porque tiene los nervios destrozados; me alegró que lo enviaran a Salisbury, porque no hacía más que empeorar las cosas y por supuesto a los niños4 les importaba un comino y lo estaban pasando en grande. Hen[ry] estuvo por ahí y se hartó de ver reflectores y ametralladoras, y Jane no se inmutó, aunque dijo que esperaba que no convirtieran la escuela de arte en un hospital.

Os envío mi cariño por encima de la bandeja de cuatro pies de lado; tengo una parecida con un trípode debajo para poder usarla como mesa. He recibido unos P.5 muebles de la casa del doctor Dakin,6 cosas que he odiado desde mi infancia, pero tengo la esperanza de poder deshacerme pronto de ellos. Disculpad mis faltas de mecanografía, estoy practicando tenazmente con todos mis amigos y parientes.

¿Habéis leído algún libro de un hombre llamado R. C. Hutchinson?7

Acabo de terminar un libro suyo titulado Shining Scabbard que me ha parecido muy bueno. Tengo entendido que el último, Testament, es aún mejor.

Muchas gracias por el ofrecimiento de la casa, pero si las cosas se ponen verdaderamente feas, creo que iremos a Middlesmoor;8 la casa aún sigue amueblada, un amigo nuestro se ha instalado en ella, pero creo que cabríamos todos, como si fuese una casa encantada capaz de albergar un número ilimitado de personas.

Muchos besos para los dos,

Marge

 

[XI, 492, pp. 215-217, mecanografiada]

 

 

De Eileen Blair* a Geoffrey Gorer*

 

4 de octubre de 1938

Chez Mme. Vellat,

Marrakech

Querido Geoffrey:

Acaba de llegar tu carta. Por supuesto, la culpa es nuestra. Pensaba que Eric te había escrito y ahora veo que es imposible. Por mi parte, lo único que recuerdo de las últimas semanas en Inglaterra es que pasamos casi todo el tiempo en trenes. Teníamos que despedirnos de la gente e ir a buscar cosas (entre ellas las de Eric) por todo el país; además, había que dejarles la casa vacía pero amueblada a los Common, que están pasando allí el inverno y cuidando de las cabras, etc. Salimos a toda prisa de Inglaterra en parte por si estallaba la guerra y en parte porque Eric empezaba a ponerse rebelde y yo me rebelé. Resultó ser una lástima. Marrakech es el dernier cri de la medicina. Desde luego el clima es seco. Llevan tres años con sequía y no ha llovido en 17 meses. El clima no empieza a ser tolerable hasta finales de septiembre y este año aún persiste el calor. Los dos habíamos escogido ya nuestras mortajas (los árabes prefieren el color verde y no tienen ataúdes, lo cual es de agradecer los días de funeral porque las moscas se marchan incluso de los restaurantes para echarles un vistazo a los cadáveres),1 al final hemos preferido escoger una villa. Está en mitad de una plantación de naranjos en la zona de los palmerales al pie del Atlas, de donde sopla el aire saludable. Creo que a Eric le sentará muy bien que nos instalemos allí, lo malo es que no está disponible hasta el día 15. Hemos comprado el mobiliario por unas 10 libras. Solo he visto la casa una vez durante cinco minutos; no pude abrir las persianas y no había luz artificial, pero creo que puede ser bonita. Adornada con nosotros y nuestros muebles de diez libras parecerá un poco rara, pero será reconfortante para el espíritu. Incluso tendremos cabras, que serán importantes emocional y físicamente, porque de lo contrario no hay forma de encontrar leche fresca. Está a unas tres millas de Marrakech.

¿Conoces Marruecos? Nos ha parecido un país muy desolado, millas y millas de terreno que técnicamente no puede llamarse desierto, es decir, que podría cultivarse si estuviese irrigado, pero que sin agua no es más que piedra y tierra en proporciones iguales en donde no crecen ni las malas hierbas. El otro día nos emocionamos mucho porque encontramos una acedera. La villa está en una de las zonas más fértiles. Marrakech tiene partes muy bonitas. Está amurallada y muchos edificios están hechos de barro excavado cinco pies por debajo del nivel del suelo. Al secarse adquiere un suave color rojizo y por eso los franceses llaman a la ciudad la rouge, y pintan todo lo que no es adobe de un espantoso color salmón. Lo mejor es la cerámica local. Por desgracia, no está vidriada (salvo algunas partes pintadas con horribles dibujos para los turistas), pero estamos intentando conseguir alguna que no pierda agua. Hay unas exquisitas tazas de arcilla blanca con un dibujo muy sencillo en el interior. Cuestan un franco y por lo visto la gente gana uno o dos francos la hora.

Eric tiene intención de escribirte, así que dejaré que se ocupe él de la crisis. Estoy decidida a darle la razón a Chamberlain porque necesito descansar un poco. En cualquier caso, Checoslovaquia debería estarle agradecida; parece indudable desde el punto de vista geográfico que el país será arrasado en cualquier guerra librada para defenderlo. Pero, claro, la izquierda inglesa siempre es espartana; también está combatiendo con el último español contra Franco.

Espero que el libro anterior y el nuevo estén yendo bien.2 ¿Vas a ir a Estados Unidos? Si pasas por el sur de Europa, ven a visitarnos. No es demasiado difícil —de hecho, hay un vuelo desde Tánger— y tenemos una habitación vacía (demasiado vacía, ni siquiera hay muebles); podríamos visitar la región en burro y tal vez el desierto en camello, y lo pasaríamos en grande.

Más vale que te envíe recuerdos de los dos por si se retrasa la carta de Eric. Ha empezado su novela3 y también está haciendo de carpintero (está construyendo un comedero para las cabras y un gallinero, y eso que todavía no tenemos ni cabras ni gallinas).

Abrazos,

Eileen

 

La villa no figura en ningún distrito postal y supongo que tendremos que contratar un apartado de correos. Te enviaremos nuestras señas en cuanto las sepamos.

 

[XI, 493, pp. 217-218; manuscrita]

 

 

A Jack Common*

 

12 de octubre de 1938

Chez Madame Vellat

Marrakech

Querido Jack:

Gracias por tu carta. Había varias cosas que quería decirte, pero las olvidé por culpa de la situación en Europa. La primera es que creo que olvidamos advertiros de que no utilizarais papel higiénico grueso en el cuarto de baño. A veces el pozo negro se atasca con resultados desastrosos. Lo mejor es utilizar papel Jeyes, que cuesta 6 peniques el paquete. La diferencia de precio es ínfima y un pozo negro atascado es muy desagradable. En segundo lugar, si veis que la chimenea del cuarto de estar humea demasiado, creo que por una módica cantidad podéis hacer que pongan una pieza de latón en la chimenea, que es lo que le hace falta. Ve a Brookers en Hitchin y te informarán. Incluso es probable que puedas ponerla tú mismo. Quería haberlo hecho yo, pero lo fui posponiendo. En tercer lugar, te adjunto un cheque por 3 libras. ¿Te importaría cobrarlo y pagarle 2 a Field, el cartero de Sandon, por el arrendamiento de la tierra? De hecho, ha vencido hace mucho, pero F. nunca se acuerda. Field pasa todos los martes con su coche gris cargado de animales camino del mercado de Hitchin, y a veces puede uno pararlo plantándose en mitad de la carretera y moviendo los brazos. En cuanto a la libra restante, ¿podrías hacer que removieran la tierra en parte, o, si es posible, de todo el huerto? El viejo H[atchett] se está haciendo demasiado mayor y no me gusta pedírselo, aunque a él no le importa y, por supuesto, está dispuesto a trabajar por un salario muy bajo. No hay prisa, es solo cuestión de voltear la tierra sin cultivar en invierno y preferiblemente echar un poco de estiércol (el de cabra está bien si no tiene demasiada paja). La versión oficial es que vamos a dejar la casa en primavera, así que siguiendo los principios de un buen negociante deberíamos agotar la tierra plantando una enorme cosecha de coles de Bruselas y olvidarnos. Pero detesto agotar la tierra, y además no estoy tan seguro de que dejemos la casa. Supongo que ya habrás descubierto que no puede ser más humilde, pero no deja de ser un techo y mudarse es muy caro y un auténtico quebradero de cabeza. Creo que preferiría conservarla para instalarnos en ella en abril, aunque llegado el momento no lo hagamos, porque no sé cuál será mi situación económica. No creo que mi libro sobre España se haya vendido bien y, si tengo que regresar a Inglaterra y empezar otro con sólo 50 libras en el bolsillo, preferiría tener un techo sobre mi cabeza desde el principio. Está muy bien tener un techo, aunque sea con goteras. Cuando Eileen y yo nos casamos yo estaba escribiendo Wigan Pier y teníamos tan poco dinero que no sabíamos qué comeríamos al día siguiente, pero descubrimos que podíamos subsistir bastante bien a base de patatas. Espero que las gallinas ya hayan empezado a poner. Al menos algunas. Acabamos de comprar las de nuestra nueva casa, adonde nos trasladaremos el sábado. En este país son tan raquíticas como las de la India, más o menos del tamaño de una Bantam, y lo que se considera una buena gallina ponedora, es decir, la que pone una vez cada quince días, cuesta menos de un chelín. Deberían costar 6 peniques, pero en esta época del año el precio aumenta porque, después del Yom Kippur, todos los judíos, y en la ciudad hay unos 13.000, se zampan una gallina entera para compensar las doce horas de ayuno.

En fin, supongo que la luna mortal sobrevivió al eclipse1 hasta 1941. No me sorprende que Chamberlain y los suyos estén un poco desfondados una vez pasado el peligro. A juzgar por las cartas que recibo de Inglaterra, diría que la gente se siente como cuando estás a punto de lanzarte desde lo alto de un trampolín y luego te lo piensas dos veces. La verdadera clave será lo que ocurra en las elecciones, y profetizo que el Partido Conservador ganará sobradamente, a menos que sufra una escisión. Porque los otros cretinos son incapaces de ofrecer otra política que la de «Queremos la guerra» y, por muy avergonzada que se sienta la gente después de dejar en la estacada a Checoslovaquia, o a quien sea, llegado el momento se volverá atrás. La única esperanza de que venzan los laboristas es que ocurra algún desastre, o que las elecciones se celebren dentro de un año, cuando haya otro millón de parados. Creo que ahora nos espera un proceso lento de deriva hacia el fascismo, similar al de Dollfuss-Schuschnigg,2 que es lo que introducirán Chamberlain & Co., pero prefiero eso a que la opinión pública acabe identificando a los partidos de izquierda con el partido de la guerra. La única esperanza es que si Chamberlain gana y empieza a prepararse en serio para combatir con Alemania, como sin duda hará, el P[artido] L[aborista] se verá obligado a defender una política antibelicista y aprovechará el descontento que produciría la conscripción, etc. La política de gritar a favor de la guerra y fingir que denuncian la conscripción, el rearme, etc., es una estupidez y la gente no es tan tonta como para no darse cuenta. En cuanto al resultado en caso de guerra, aunque sin duda se producirá una especie de situación revolucionaria, no creo que pueda conducir a nada que no sea el fascismo, a menos que la izquierda haya sido antibelicista desde el principio. No sabes lo mucho que desprecio a los imbéciles que creen que primero pueden empujar a la nación a una guerra por la democracia y luego, cuando la gente se harte, cambiar y decir: «Ahora hagamos la revolución». Lo que más me repugna de la gente de izquierdas, y sobre todo de los intelectuales, es su absoluta ignorancia de cómo son las cosas en realidad. Era lo que más me sorprendía cuando estaba en Birmania y leía panfletos antiimperialistas. ¿Has visto el artículo («crítico») de Kingsley Martin en el N[ew] S[tatesman] sobre las condiciones bajo las que el PL debería apoyar al gobierno en caso de guerra? Como si el gobierno fuese a permitir condiciones. El muy imbécil cree que la guerra es un partido de críquet. Ojalá alguien publicara el panfleto antibelicista que escribí a principios de año,3 pero, claro, nadie lo hará.

Muchos recuerdos. Besos a Mary y a Peter. E. os manda recuerdos.

Tuyo,

Eric

 

P. D. [manuscrita junto al encabezamiento en la primera página] Escríbenos a estas señas.

 

[XI, 496, pp. 221-222; mecanografiada]

 

 

A John Sceats*

 

26 de octubre de 1938

Boite1 Postale 48

Guéliz

Marrakech

Marruecos francés

Apreciado Sceats:2

Espero que estés bien. Tenía pensado ir a verte antes de irme de Inglaterra, pero al final fui casi directamente del sanatorio al barco y solo dispuse de un día en Londres, y por supuesto estuve bastante ocupado. Te escribo ahora para pedir el consejo de un experto. Se supone que el protagonista de la novela que estoy escribiendo3 es agente de seguros. Su trabajo no tiene importancia para el argumento, solo quería que fuese un tipo de edad mediana que gana unas 5 libras a la semana y vive en una casa en las afueras, también es meditabundo, bastante bien educado e incluso un poco libresco, lo cual resulta más creíble en el caso de un agente de seguros que, digamos, en el de un viajante comercial. Pero quiero que cualquier alusión que se haga a su trabajo sea correcta. Y mis ideas sobre lo que hace un agente de seguros son muy vagas. Quiero que sea un tipo que viaja y que gane parte de sus ingresos de las comisiones, no un simple oficinista. Un tipo así, ¿tiene un «distrito» y hace una ronda igual que un viajante? ¿Hace esa ronda para captar clientes, o se limita a visitar a los que quieren una póliza? ¿Pasa todo su tiempo viajando o está parte de él en la oficina? ¿Tendría despacho propio? Las grandes compañías de seguros, ¿tienen sucursales por todo el país (este hombre vive en un barrio de las afueras como podría ser Hayes o Southall) o tienen solo una oficina central desde la que envían a todos su agentes? ¿Haría tasaciones un individuo semejante? ¿Y seguros de vida y de hogar? Me encantaría que me aclarases estas cuestiones. El retrato que hago de él es el siguiente: pasa dos días a la semana en una oficina de la sucursal que hay en su barrio y el resto del tiempo viajando en coche por un distrito que abarca más o menos medio condado, visitando a personas que le han escrito diciendo que quieren contratar una póliza, haciendo tasaciones de casas, acciones y demás y también captando pólizas que le suponen una comisión extra, gracias a lo cual gana unas 5 libras a la semana, después de 18 años en la empresa (donde empezó por abajo). Quisiera saber si resulta creíble.

En fin, «la luna mortal sobrevivió al eclipse y los tristes augures se burlan de sus propios presagios»4 y, a juzgar por el New Statesman, algunos no pueden estar más tristes. No obstante, calculo que dentro de unos dos años tendrán la guerra que tanto anhelan. La verdadera postura de la clase gobernante ante este asunto se resume en una frase que le oí nada más llegar a uno de la guarnición de Gibraltar: «Es evidente que Hitler va a invadir Checoslovaquia. Es mejor dejarle. En 1941 estaremos preparados». De momento, el resultado será que los conservadores arrasarán en las elecciones generales. Juzgo por las cartas de mis parientes más o menos conservadores que, ahora que ha pasado todo, la gente está un poco harta y dice: «Qué lástima que no aguantáramos un poco más, Hitler se habría vuelto atrás». Y los cretinos del P[artido] L[aborista] deducen que los ingleses quieren otra guerra para proteger la democracia en el mundo y que la mejor línea de actuación es explotar la monserga antifascista. No parecen darse cuenta de que las elecciones revivirán el espíritu de la crisis, el mundo será Chamberlain y Paz, y, si el PL va por ahí diciendo «Queremos la guerra», que es lo que la gente corriente interpreta, con razón, como una postura firme ante Hitler, perderá. Creo que en los dos últimos años mucha gente se ha dejado engañar por fenómenos como el Club del Libro de Izquierdas. He ahí unas 50.000 personas deseando armar jaleo sobre España, China, etc., y como la mayoría guardan silencio da la impresión de que los vendedores de libros de izquierdas son la voz de la nación, en lugar de una minoría minúscula. Nadie parece pararse a pensar que lo que importa no es lo que digan unos cuantos cuando no ocurre nada, sino lo que hace la mayoría en momentos de crisis. La única esperanza es que si vapulean al PL en las elecciones, como ocurrirá casi con toda seguridad, eso los obligue a retomar la política correcta. Pero me temo que antes tendrán que pasar uno o dos años.

Tengo que ir a dar cuenta de una comida que se está enfriando, así que au revoir. Te quedaré muy agradecido si me aclaras estas cuestiones, pero tampoco hay prisa.

Tuyo,

Eric Blair

 

[XI, 498, pp. 226-228; mecanografiada]

 

 

A John Sceats*

 

24 de noviembre de 1938

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido Sceats:

Muchas gracias por tu carta con la utilísima información sobre las oficinas de seguros. Veo que mi personaje tendrá que ser un representante y que he subestimado un poco sus ingresos. He trabajado mucho, pero, por desgracia, después de malgastar nada menos que una quincena escribiendo artículos para diversos periódicos caí ligeramente enfermo, así que llevo 3 semanas sin trabajar. Es horrible lo deprisa que pasa el tiempo. Con esta enfermedad he decidido considerar 1938 un año perdido y borrarlo del calendario. Pero el campo de concentración asoma en el horizonte y hay tantas cosas que quiero hacer… He llegado al punto en el que creo que podría escribir una buena novela si tuviese cinco años de paz y tranquilidad, pero de momento es como si quisiera pasar cinco años en la luna.

En general, este es un país bastante monótono. Después de Navidades queremos ir una semana a las montañas del Atlas, que están a 50 o 100 millas y parecen muy interesantes. Aquí el terreno es llano y seco como un enorme solar abandonado y prácticamente sin más árboles que unos cuantos olivos y palmeras. La pobreza es espantosa, aunque, por supuesto, siempre es más fácil de soportar en un clima cálido. La gente tiene pequeñas parcelas de terreno que cultivan con herramientas que ya estaban anticuadas en tiempos de Moisés. Es posible hacerse una idea del hambre que impera en todas partes por el hecho de que en toda la región apenas quedan animales salvajes, pues la gente ha devorado todo lo que era comestible. No sé si podría compararse con las zonas más pobres de la India, pero Birmania sería un paraíso en lo que al nivel de vida se refiere. Los franceses están exprimiendo el país sin piedad. Se quedan con casi toda la tierra fértil y con los minerales, y, si se tiene en cuenta la pobreza de la gente, los impuestos son muy altos. Exteriormente, su administración parece mejor que la nuestra y desde luego tiene menos animosidades racistas, porque el color de la piel apenas despierta prejuicios. Pero creo que, en el fondo, es muy similar. Por lo que puedo juzgar, no hay ningún movimiento antifrancés entre los árabes, y, si lo hubiese, casi seguro sería más nacionalista que socialista, pues la mayoría de la gente está en la época feudal y supongo que los franceses quieren que sigan así. No sabría decirte nada de la extensión del movimiento socialista local, porque ha sido ilegal durante un tiempo. Solicité al ILP que pidiera al Partido Socialista francés que me pusiese en contacto con algún movimiento socialista, aunque solo fuese por saber más de la situación local, pero no lo han hecho, tal vez porque es demasiado peligroso. Los franceses de por aquí, aunque son muy diferentes de la población británica en la India, en su mayor parte comerciantes minoristas e incluso trabajadores manuales, son muy rancios y conservadores y ligeramente profascistas. He escrito dos artículos sobre la situación local para el Quarterly que supongo que publicarán,1 pues no son demasiado incorrectos ni sutilmente trotskistas. Espero, dicho sea de paso, que Controversy2 no haya sucumbido. Sería un desastre, y aún más si el N. L.3 pasara a ser mensual. En cuanto a Controversy, estoy seguro de que podrían aumentarse las ventas con un poco de energía y cierta voluntad de distribuir los ejemplares atrasados, y haré lo que pueda en la ciudad más próxima cuando regrese.

¿Has oído algún rumor sobre las elecciones generales? La única persona con quien puedo hablar aquí y que tal vez sepa algo es el cónsul británico, que opina que el gobierno va a retrasarlas todo lo que pueda y que se va a intentar resucitar el viejo Partido Liberal. Personalmente no creo que nada impida la victoria de Chamberlain, a no ser que se produzca un escándalo imprevisto. Los laboristas tal vez ganen alguna elección parcial, pero las generales se librarán en un ambiente emocional totalmente distinto. Lo mejor que puede ocurrir es que los laboristas aprendan la lección. Solo puedo conseguir periódicos ingleses muy de cuando en cuando y no he visto los resultados de algunas elecciones parciales. Veo que los laboristas ganaron en Dartford, pero deduzco que los conservadores vencieron en Oxford.4

Escríbeme algunas líneas de vez en cuando para contarme cómo van las cosas.

Tuyo,

Eric Blair

 

[XI, 504, pp. 237-238; mecanografiada]

 

 

A Charles Doran*

 

26 de noviembre de 1938

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido Charlie:

Muchas gracias por tu carta con el ejemplar de Solidarity y la amabilísima reseña de mi libro. Veo en la primera página de Solidarity que esos puñeteros mentirosos del News Chronicle han informado del resultado del juicio del POUM bajo el titular «Espías sentenciados», dando la impresión de que los presos del POUM han sido condenados por espionaje. The Observer hizo algo parecido, aunque de manera más circunspecta, y la prensa francesa de este país, que es pro-Franco, informó del acta de acusación contra el POUM, afirmó que «los cargos habían sido demostrados», ¡y no publicó el veredicto! Admito que estas cosas me asustan. Significan que está desapareciendo el respeto más elemental por la verdad, no solo en la prensa comunista y fascista, sino en la prensa liberal burguesa que todavía respeta de boquilla las antiguas tradiciones del periodismo. Da la sensación de que nuestra civilización se desliza en una especie de niebla de mentiras en la que será imposible distinguir la verdad de lo demás. De momento he escrito al ILP pidiéndoles que me envíen un ejemplar del número de Solidaridad Obrera1 donde se informaba del caso, para poder escribir a la prensa si es necesario, es decir, a los periódicos que se avengan a publicar mi carta, y aclarar por qué han condenado a los presos del POUM. Confío, no obstante, en que alguien lo haya hecho. Aquí es muy complicado conseguir periódicos extranjeros, sobre todo un periódico como Solidaridad Obrera, que solo conseguí en Gibraltar y con muchas dificultades.

Tal vez sepas que me han aconsejado pasar aquí el invierno por el bien de mis pulmones. Llevamos casi tres meses y creo que me ha sentado más o menos bien. Es un país aburrido en algunos aspectos, aunque resulta interesante echarle un vistazo a los métodos coloniales franceses y compararlos con los nuestros. Por lo que puedo deducir, creo que son tan malos como los nuestros, aunque en la superficie parezcan un poco mejor, en parte debido al hecho de que hay una numerosa población indígena blanca, parte de la cual es proletaria o casi proletaria. Por esa razón no es fácil defender los prejuicios de la carga del hombre blanco como hacemos en la India, y hay menos prejuicios raciales. Pero económicamente es el mismo timo por el que existen todos los imperios. La pobreza de la mayor parte de la población árabe es espantosa. Por lo que he podido deducir, una familia media parece vivir con un chelín al día y, por supuesto, la mayoría son campesinos o artesanos de poca monta que tienen que trabajar de firme con medios anticuados. Al mismo tiempo no me ha parecido que haya ningún movimiento antifrancés. Si apareciera alguno, creo que sería solo nacionalista al principio, pues la mayoría de la gente continúa en la etapa feudal y es estrictamente mahometana. En algunas grandes ciudades, como Casablanca, hay un proletariado blanco y de color y un incipiente movimiento socialista. Pero los partidos socialistas árabes se suprimieron hace tiempo. Estoy convencido de que, a menos que la clase trabajadora (en realidad depende de ella) de las democracias cambie de táctica dentro de un año o dos, los árabes se echarán en manos de los fascistas. Los franceses de por aquí son mayoritariamente pro-Franco, y no me sorprendería que Marruecos sirviese de trampolín para una versión francesa de Franco en el futuro. No sé qué pensar de la crisis, Maxton, etc. Creo que Maxton ha metido la pata al ser demasiado cordial con Chamberlain, y también creo que sería absurdo considerar a Chamberlain un pacificador. Estoy de acuerdo en lo que dice la gente sobre el modo en que han dejado en la estacada a los checos. Pero creo que deberíamos tener presentes dos cosas. Una que casi cualquier cosa es mejor que una guerra europea que conduciría no solo a la muerte de decenas de millones, sino a la extensión del fascismo. Ciertamente, Chamberlain & Co. se están preparando para la guerra, y quienquiera que gane las elecciones también lo hará; pero entretanto tenemos un plazo de tal vez dos años en los que sería posible agitar un movimiento verdaderamente popular antibelicista en Inglaterra, en Francia y, sobre todo, en los países fascistas. Si logramos hacerlo, hasta el punto de dejar claro que ningún gobierno irá a la guerra porque el pueblo no los seguirá, creo que Hitler estará acabado. El otro hecho es que el Partido Laborista se está causando un daño espantoso al venderse ante la opinión pública como el partido belicista. En mi opinión, es imposible que ganen las elecciones2 a no ser que ocurra algo totalmente imprevisto. De modo que estarán en la oposición empujando al gobierno en la dirección en la que ya se dirige. De ser así, lo mismo podrían desaparecer, y de hecho dentro de un año o dos no me extrañaría ver a Attlee & Co. derrumbándose y participando en una nueva versión de un gobierno nacional.3 Admito que ser antibelicista probablemente le sirva a Chamberlain unos meses, pero pronto llegará el momento en que los antibelicistas de todo jaez tendrán que oponerse al avance del fascismo que conlleva la preparación para la guerra.

Espero que te vayan bien las cosas. Después de la espantosa pérdida de tiempo debida a mi enfermedad he empezado mi novela, que espero que pueda salir en abril. Eileen te envía recuerdos.

Tuyo,

Eric Blair

 

P. D. [en el encabezamiento] Muchísimas gracias por tus buenos oficios con mi libro sobre España. Eso es lo que hace que se venda un libro: que la gente lo pida en las bibliotecas.

 

[XI, 505, pp. 238-240; mecanografiada]

 

 

A Leonard Moore*

 

28 de noviembre de 1938

Boîte Postale 48

Marrakech

Apreciado señor Moore:

Acabo de recibir una carta de Allen Lane, que al parecer dirige la Penguin Series.1 Dice lo siguiente:

«Le escribo para saber si sería posible publicar alguna de sus obras en mi editorial. De hecho, me impresionó mucho uno de los relatos que le publiqué hace un tiempo en New Writing cuando yo trabajaba en Bodley Head.2 Si no es posible que nos ceda una novela, ¿tiene alguna colección de relatos breves que sirvan para publicar un volumen?».

Creo que deberíamos aprovechar la ocasión si es posible. Por supuesto, no tengo relatos breves que ofrecerles. Sencillamente no sé escribir relatos. Pero deduzco que preferirían una de mis novelas y les he escrito proponiéndoles Sin blanca,3 Los días de Birmania4 y Que no muera la aspidistra. No sé si les gustará alguna. Pero le he pedido al señor Lane que se ponga en contacto con usted si está interesado, y le he dicho que le proporcionaría ejemplares de cualquier libro que quisiera. Si se deciden por Sin blanca, no me quedan ejemplares y creo que a usted tampoco. La única persona que me consta que tiene uno es mi madre. Si lo pidieran, ¿podría escribirle y pedírselo usted para ahorrar tiempo? Su dirección es Señora R. W. Blair, 36 High Street, Southwold, Suffolk. Le escribiré para decirle que se lo envíe si tiene noticias suyas. Si los de Penguin se deciden a publicar algún libro, no tengo ni la menor idea de cuáles serán sus condiciones. Pero creo que, en caso necesario, valdría la pena dejarles publicar uno, aunque los términos no sean demasiado ventajosos, porque es una publicidad de primera.

Por favor, no se preocupe más por ese condenado panfleto.5 Lamento haberle causado ya tantos problemas. Como bien dice, los panfletos no se venden, y en cualquier caso la Hogarth Press está en manos de comunistas (al menos Lehmann lo es)6 que no publicarán ninguna obra mía si pueden evitarlo.

El tiempo ha refrescado un poco y me parece que el clima me está sentando bien. La novela está bastante avanzada. Creo que puedo prometerle que estará terminada a principios de abril; tal vez pueda usted decírselo a Gollancz si vuelve a preguntarle. Si lo hace, dígale que lamenté mucho fallarle con el plazo, pero supongo que sabrá que estuve en el sanatorio hasta finales de agosto. Espero que la señorita Periam7 esté mejorando. Mi mujer le envía recuerdos.

Atentamente,

Eric Blair

 

[XI, 506, pp. 241-242; mecanografiada]

 

 

A Richard Walmsley Blair*

 

2 de diciembre de 1938

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido padre:

Me alegra saber por mi madre que se encuentra usted un poco mejor y que se ha levantado un par de veces. Si sigue usted sin tener hambre, ¿por qué no prueba a tomar Haliborange? Yo lo he tomado de vez en cuando, y no está mal del todo, es nutritivo y al cabo de un tiempo parece abrir el apetito. Creo que el doctor Collings daría su visto bueno. Es solo aceite de hígado de halibut aromatizado con naranja y unas cuantas cosas más.

El tiempo aquí ha refrescado y se parece bastante a cuando hacía frío en el norte de Birmania, por lo general soleado pero no caluroso. Casi todos los días encendemos la chimenea, aunque en realidad no hace falta hasta la noche, pero nos gusta. En este país no hay carbón, todos los fuegos son de leña y utilizan carbón vegetal para cocinar. Hemos probado a cultivar un huerto, sin demasiado éxito porque no conseguimos que las semillas germinen, supongo que por lo seco que está todo. La mayoría de las flores inglesas crecen bastante bien aquí una vez que se aclimatan, y al mismo tiempo hay plantas tropicales como la buganvilla. Los campesinos están recogiendo las cosechas de guindillas, como las que se cultivaban en Birmania. Aquí la gente vive en pueblos rodeados de tapias de adobe de unos diez pies de altura, supongo que como protección contra los ladrones, y dentro hay míseras cabañas de paja de unos diez pies de ancho. Es un país muy desolado, una gran parte es casi desierto, aunque no se considera verdadero desierto. Los lugareños llevan sus rebaños de ovejas, cabras, camellos y demás a pastar a sitios donde no parece crecer nada y los desdichados animales se dedican a escarbar hasta que encuentran hierbajos secos debajo de las piedras. Los niños, por lo visto, empiezan a trabajar a los cinco o seis años. Son extraordinariamente obedientes, y pasan fuera todo el día cuidando de las cabras y espantando a los pájaros de los olivos.

Creo que el clima me está sentando bien. La semana pasada estuve un poco indispuesto, pero en conjunto me encuentro mucho mejor y estoy ganando un poco de peso. He trabajado mucho. Vamos a hacer alguna fotografía más, entre ellas alguna de la casa, y se las enviaremos cuando estén reveladas.1 Cuídese y repóngase pronto.

Con cariño,

Eric

 

[XI, 509, pp. 247-248; mecanografiada]

 

 

De Eileen Blair* a Mary Common

 

5 de diciembre de 1938

Boîte Postale 48

Marrakech

Querida Mary:

Acabamos de volver de hacer las compras navideñas. Todo empezó porque tuve un pinchazo con la bicicleta. Lo siguiente fue mi llegada a Marrakech, sin un penique, dos minutos después de que cerrara el banco. Cuando Eric llegó a comer yo había recorrido toda la ciudad (en la que no conocemos a nadie) en busca de ayuda y había conseguido hacer efectivo un cheque y reunir un séquito de guías, porteadores, etc., que habían esperado tanto tiempo a que les pagase que puede decirse que se habían ganado el dinero. Después de comer empezamos a comprar y pasamos dos horas y media rodeados de unos veinte hombres y muchachos que gritaban e incluso lloraban. Si alguno de los dos intentaba abrir la boca, mucho antes de que terminásemos de decir lo que queríamos todos los presentes, gritaban: «Sí, sí. Ya le entiendo. Los demás no le comprenden». Compramos un montón de cosas en una tienda porque hacen envíos a Inglaterra, o eso dicen. Las hemos mandado en tres lotes, a tres destinatarios que tendrán que repartirlas. Tú eres la destinataria principal, y deberías recibir un plato para la señora Hatchett, una bandeja de latón para la señora Anderson, y una couverture para ti (y para Jack). Por supuesto, es posible que te llegue algo muy distinto, o incluso nada. Cada vez que algún porteador consigue echar mano a alguna cosa es como si lo contratases y a medida que yo iba dejando cada cosa en su montón, entre una y cuatro personas la cogían para ponerlas en otro sitio, o para colocar las piezas en sitios diferentes. Suponiendo que te llegue algo, tal vez tengas que pagar los gastos de aduana. No creo que sean más de tres o cuatro chelines y espero que no sea nada. Ya hemos enviado algunas cosas a casa sin dificultades (y con eso me refiero a lo de tener que pagar dinero) y en Navidad deberían ser amables, aunque también es posible que contraten a empleados a propósito para ser desagradables. En cualquier caso, si hay que pagar algo, por supuesto os lo devolveremos cuando regresemos o antes por medio de alguien, pero de momento no se me ocurre mejor solución que la de que lo pague Peter.1 A Peter, como a todos nuestros amigos más jóvenes, le daremos dinero por Navidad porque aquí no puede conseguirse nada para niños por menos de treinta francos y que no hagan mejor en Woolworth. Por dinero me refiero a 5 chelines. Espero que todo llegue a tiempo, aunque como es natural hemos esperado demasiado. Deberíamos haberlo hecho antes, pero Eric estuvo enfermo y tuvo que guardar cama más de una semana y en cuanto se recuperó me puse mala yo, que había contraído la enfermedad antes que él y no tuve más remedio que posponerla. Me gustó estar enferma: tuve que cocinar como de costumbre, pero en batín, y luego me llevaba la bandeja a la cama. Ahora estamos los dos bien, o al menos eso recuerdo haber pensado anoche. Hoy estamos los dos literalmente tambaleándonos y el menú de la cena, que antes era a base de salsa de champiñones y suflé, ha sido revisado: huevos cocidos, pan, mantequilla, queso; pan, nata, mermelada y fruta fresca. El criado se va a casa después de comer. Se suponía que iba a dormir aquí en una especie de establo, pero prefiere recorrer en bicicleta las cinco o seis millas que hay hasta Marrakech todas las tardes y todas las mañanas. Lo prefiero. Aquí no hay nada que hacer aparte de fregar los platos después de cenar, y hasta entonces se sentaba en las escaleras de la cocina, a menudo al borde de las lágrimas, y se levantaba cada diez minutos para ordenar la cocina y llevarse (casi siempre a la bodega) las cosas que yo estaba a punto de utilizar. Los franceses y los árabes tienen la costumbre de levantarse a las cinco como muy tarde, y llega aquí a eso de las siete con pan del día y leche para el desayuno. Para nosotros es muy pronto. Hemos llegado a entendernos muy bien, aunque casi nunca sé si me habla en árabe o en francés, y a menudo me dirijo a él en inglés. El tiempo ha refrescado mucho, lo cual es una maravilla. De hecho, es un clima estupendo y empiezo a pensar que no nos matará, como hasta hace poco parecía probable en mi caso, y desde luego en el de Eric. Tenía que mejorar por su enfermedad, pero nunca lo he visto peor que aquí. El país es, o era, tan deprimente que casi rozaba lo insoportable, sin llegar a ser desierto. Ahora es mejor porque empiezan a crecer algunas cosas, y según las guías turísticas en febrero todo el país estará cubierto con un manto de flores silvestres. El otro día nos emocionó mucho encontrar una, que resultó ser una especie de lirio sin tallo y que suponemos debía de ser una de las primeras fibras del manto. En nuestro jardín hemos tenido vivencias desgarradoras. Debemos de haber plantado unos veinte paquetes de semillas y el resultado han sido unas cuantas capuchinas, varias manzanillas y unos cuantos guisantes de olor. Han tardado tres o cuatro semanas en germinar y, o bien tardan lo mismo en crecer, o no pasan de media pulgada. Pero, por supuesto, la mayor parte de las veces ni siquiera germinan. Las dos cabras son más gratas porque enseguida dejaron de dar leche y así nos ahorramos complicaciones. Hasta hace poco las ordeñábamos dos veces al día: Mahdjub2 les sujetaba la cabeza y la pata trasera, Eric las ordeñaba y yo respondía a sus gritos desesperados mientras hervía un poco de leche de vaca; entre las dos daban menos de un cuarto de litro al día. Las gallinas, en cambio, se han vuelto muy productivas. Han puesto diez huevos en cuatro días. Empezamos con doce gallinas, pero cuatro murieron casi en el acto, así que si quieres puedes hacer el cálculo, iba a hacerlo yo, pero es demasiado difícil. Espero que esas gallinazas de Wallington estén avergonzadas. Deberían estar poniendo muy bien (es decir, unos cuatro huevos por semana). Las Navidades pasadas tuvimos tantos que regalamos muchos con el resultado de que los felices destinatarios recibieron cartas del director de la oficina de correos diciéndoles que lamentaba tener que informarles de que un paquete dirigido a ellos había tenido que ser destruido porque apestaba. Tengo que escribir algunas felicitaciones navideñas y por eso mecanografío tan mal. Tener que decir lo mismo dos veces me sume en la melancolía, así que al llegar a la décima o decimoquinta felicitación digo cosas de lo más sorprendentes, pero al llegar a la número veinte me resigno a dicha melancolía y acabo deseándole a todos feliz Navidad. Eso mismo te deseo a ti, y un estupendo Año Nuevo, claro. Y estoy segura de que Eric hace lo mismo. Los dos os enviamos nuestro cariño.

Vuestra,

Eileen

 

[XI, 510, pp. 248-250, mecanografiada]

 

 

A Cyril Connolly*

 

14 de diciembre de 1938

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido Cyril:

Veo que ha salido tu libro.1 Envíame un ejemplar, ¿quieres? Aquí no puedo conseguir libros ingleses. El New English [Weekly] quedó en enviarme un ejemplar para que les escribiese una crítica, pero no lo han hecho, así que es posible que no tengan. Llevo unos tres meses aquí, pues se supone que es bueno para mis pulmones pasar aquí el invierno. No creo en esas teorías que dicen que algunos climas son «buenos» para la salud; si escarbas siempre resultan ser un timo organizado por las agencias de turismo y los médicos locales, pero ya que estoy aquí supongo que nos quedaremos hasta abril. Marruecos me parece un país aburridísimo, sin bosques, ni animales salvajes, y la gente que vive cerca de las grandes ciudades está tan pervertida por la combinación del turismo con la pobreza que acaba convertida en una raza de mendigos y vendedores de recuerdos. El mes que viene iremos a pasar unos días al Atlas y tal vez sea interesante. Continúo trabajando en mi novela que estaba programada para otoño, pero por culpa de esta dichosa enfermedad no pude empezarla hasta hace dos o tres meses. Por supuesto, ahora tendré que escribirla deprisa y corriendo, pues tiene que estar terminada en primavera. Es una lástima porque la idea es muy buena, aunque no sé si te gustaría si la vieses. Todo lo que escribe uno en estos tiempos parece enturbiado por la espantosa sensación de que corremos hacia un precipicio y de que, aunque no conseguiremos evitar la caída, debemos ofrecer alguna resistencia. Calculo que, en realidad, nos quedan unos dos años antes de que empiecen los cañonazos. Estoy deseando ver tu libro; deduzco por las críticas que trata sobre Eton y me interesa mucho comprobar si las impresiones que conservas coinciden con las mías. Por supuesto, a ti te fue mucho mejor que a mí en el colegio y el hecho de que yo tenía mucho menos dinero que la mayoría de la gente complicó e incluso dominó mi situación allí, pero en general tuvimos las mismas vivencias desde 1912 hasta 1921. Y también incidió en ciertos aspectos de nuestro desarrollo literario. ¿Recuerdas que, en torno a 1914, alguien consiguió un ejemplar de El país de los ciegos, de H. G. Wells, en Saint Cyprian’s, y que nos dejó tan fascinados que siempre estábamos quitándonoslo unos a otros? Tengo el vívido recuerdo de haberme colado a hurtadillas a las cuatro de la madrugada de la noche de San Juan por el pasillo de tu dormitorio y haberte robado el libro de la mesilla. ¿Y recuerdas que por esa misma época llevé al colegio un ejemplar de Sinister Street de Compton Mckenzie, que empezaste a leer hasta que la asquerosa de la señora Wilkes lo encontró y organizó un lío tremendo por haber llevado «un libro así» (aunque en aquel entonces yo no sabía a qué se refería) al colegio. Siempre he querido escribir un libro sobre Saint Cyprian’s. Toda mi vida he defendido que los colegios privados no están tan mal, aunque la gente se corrompe antes de tener edad de matricularse en ellos por culpa de las repulsivas academias privadas.

Por favor, envíale recuerdos a tu mujer. Espero poder veros cuando volvamos.

Tuyo,

Eric Blair

 

P. D. [manuscrita] Supongo que el Quintin Hogg2 que ha ganado las elecciones en Oxford será aquel mequetrefe mariquita de cuando dejé el colegio.

 

[XI, 512, pp. 253-254; mecanografiada]

 

 

De Eileen* a Norah Myles*

 

14-17 dic. de 1938

Boîte Postale 48

Marrakech

[sin encabezamiento]

Seguro que a mi gran amiga le gustará recibir un regalo de Año Nuevo aunque no recibiese uno por Navidad. Lo que no sé es si sabrá qué hacer luego con él. Dicen que sirve para guardar dinero y desde luego si lo haces se sostiene en pie de un modo muy interesante. Pero depende de lo que te guste. Ojalá esté lleno de dinero todo 1939 y tengas también las otras riquezas, las mejores.

La novedad es que me siento muy feliz. Por lo que puedo juzgar, la felicidad es el resultado directo de las noticias de ayer, que fueron las siguientes: a) que el señor Blair se muere de cáncer, b) que a Laurence,1 el bebé de Gwen, tuvieron que llevarlo a Great Ormond Street (tiene cuatro semanas y media o cinco), c) que George Kopp propone venir a quedarse con nosotros en Marruecos (no tiene dinero y anteayer recibimos un telegrama diciendo que había salido de la cárcel y de España;2 la reacción de Eric al telegrama fue decir que George debía quedarse con nosotros y su reacción al recibir la carta anunciando que venía fue decir que no debía quedarse con nosotros, aunque creo que la solución podría ser que George no encuentre quién le preste el dinero necesario). No obstante, Eric está mejor. Me quejé mucho cuando vinimos a principios de septiembre y me temo que con razón. El calor era insoportable. Tuve 38 de fiebre cuando apenas llevábamos aquí veinticuatro horas y Eric, sin sufrir ninguna crisis, perdió 9 libras de peso el primer mes y se pasó el día tosiendo, sobre todo por la noche, de modo que hasta noviembre no tuvimos media hora seguida de descanso. Ahora ha recuperado unas 5 libras y ya no tose tanto (aunque más que en Inglaterra), así que calculo que, después de pasar el invierno en el extranjero, no estará mucho peor que antes. Supongo que su vida se ha acortado uno o dos años más, pero los totalitarios han conseguido que eso carezca de relevancia. Una razón para mis reticencias al venir fue que lo había arreglado todo para ir a Bristol y llevar a Marx el caniche (que está pasando el invierno allí con la hermana de Eric) y alojarnos contigo. Por supuesto, tú no sabías nada, pero te habría encantado. Tuvimos que salir corriendo del país porque Eric desobedeció a mi hermano Eric y fue a ver a su padre, que ya estaba enfermo aunque nadie sabía que fuese cáncer. A mi hermano Eric ya no se le ocurrían más mentiras que contarle sobre la enfermedad (lo tuvieron en Preston Hall con el firme y repetido diagnóstico de tisis durante dos meses, hasta que supieron que no la tenía y descubrí que, tras las primeras radiografías, todas las opiniones estaban en contra incluso de un diagnóstico provisional de tisis), así que desvió su atención hacia Marruecos. Por supuesto, fue una tontería venir, pero no supe negarme y Eric se sintió obligado, aunque no para de quejarse con razón de que, por culpa de una campaña de mentiras, debe dinero por primera vez en su vida3 y ha malgastado uno de los pocos años útiles que le quedan. No obstante, nos hemos acostumbrado a la aridez del país y lo estamos disfrutando, y Eric está escribiendo un libro que a los dos nos gusta mucho.4 Y en cierto sentido, he perdonado a mi hermano, que no puede evitar ser un fascista de la naturaleza, pese a lo mucho que le disgusta serlo.5

Si quieres tener noticias de Marruecos te enviaré una postal. Los mercados son fascinantes si no paras de fumar (mejor si es un cigarro) y no miras al suelo. Al principio vivimos en el propio Marrakech, en pension (después de una primera noche que pasamos en un burdel por culpa de una guía Cooks un poco anticuada). En Marrakech abundan las enfermedades de todo tipo, parásitos, tuberculosis, disentería; y, si comes en un restaurante, los enjambres de moscas solo se dispersan para alejarse un momento para saborear un cadáver camino del cementerio.6 Ahora vivimos en una villa a varias millas de la ciudad. Está amueblada con sillas de enea que nos hicieron por encargo (en realidad son butacas y bastante cómodas), dos alfombras y una estera de oración, varias bandejas de latón, una cama y varias couvertures de pelo de camello, tres mesas de madera blanca, dos braseros de carbón vegetal para cocinar, más o menos un tercio de los cacharros de cocina indispensables y unas cuantas piezas de ajedrez. Ha quedado bastante bien. La casa está en medio de una plantación de naranjos propiedad de un carnicero que cultiva los naranjos, pero prefiere ganarse la vida vendiendo carne. Los únicos vecinos son los árabes que cuidan de los árboles. También tenemos un árabe, Mahdjub.7 La historia de su vida es así: «Moa dis ans et dus ans avec Francais… soldat». Dice muchas cosas, de carácter casi bíblico. «Dire gaz» significa: «Si echas petróleo en el depósito de alcohol de un infiernillo Primus echa un humo que apenas se distingue del Mispá.8 Últimamente ha estado preocupado porque no recordaba cómo se decía «pescado» en francés, pero esta semana lo ha aprendido de una vez por todas: «oiseau».9 Ahora nos entendemos de maravilla (a menudo me llama Mon Vieux Madame), aunque casi nunca sé si me habla en francés o en árabe y yo misma le hablo muchas veces en inglés. Se encarga de hacer la compra, sacar el agua del pozo y fregar el suelo (Moa porti sac chitton) y yo cocino y, aunque parezca raro, lavo los platos. Las lavanderías son muy caras (10 francos por una sábana, 11 por una camisa, 14 por un vestido) y por lo general tardan entre dos y tres semanas. Creo que nadie las utiliza, así que tienen que contratar empleados cada vez que les envío alguna cosa. Tenemos dos cabras que daban un cuarto de litro de leche al día entre las dos, después de ordeñarlas dos veces (las ordeñaba Eric mientras Mahdjub les sujetaba la cabeza y la pata trasera), pero ahora han dejado de dar leche. En cambio, nuestras gallinas ponen mucho. Compramos 12, 4 murieron enseguida y el resto han puesto 10 huevos en tres días; la respuesta es un récord para una gallina marroquí. La gente llama a la puerta de atrás deseando comprarlas. También tenemos dos palomas. No ponen huevos, pero si se deciden a hacerlo sin duda construirán el nido en nuestra almohada porque pasan casi todo el día paseando por la casa, una detrás de la otra.

Que no se me olvide la hermana de Eric. Pensaba presentártela ese fin de semana. Llegaron a Bristol en julio. Se llama Dacombe: Marjorie aetat 40, supongo que Humphrey es bastante mayor,10 Jane 15, Henry 10, Lucy 7. Viven en Saint Michael’s Hill, creo que en el 166. En el fondo de mi corazón no me gusta Marjorie, que no es trigo limpio, pero siempre me alegro de verla. Pasamos la Navidad juntos y Humphrey quería contarme una historia que no era apropiada para los niños. Era una historia muy larga, que iba contándome por los pasillos y siempre acababa en la despensa, que era el sitio más frío que recuerdo. Nunca llegué a saber de qué trataba la historia, y eso que los niños me explicaron un par de fragmentos, pero era una buena historia. Los críos son muy simpáticos. Estaría bien que fueses a verlos, seguro que te gustarán. Humph me recuerda a un poco a Frank Gardner,11 aunque esto es infamante porque no tiene sus mismas costumbres. Me parece muy amable. Si no vas a verlos el encuentro tendrá lugar cuando vaya a recoger a Marx en primavera, pero si los visitaras sería mejor para mi reputación. La familia, dicho sea de paso, vive en la más absoluta miseria. Por supuesto, el Blair más simpático es el señor Blair, que se está muriendo, aunque el pobre viejo tiene 82 años y no tiene dolores, y eso ya es algo.

Escoger la tarjeta de felicitación de Navidad de tu madre siempre me ha gustado y este año me lo he perdido. En parte por las tarjetas de Navidad. En parte porque hace unos quince días tuve fiebre y sufrí de pronto una violenta neuralgia. Normalmente voy a Marrakech en una bicicleta roja fabricada en Japón para una persona de piernas muy cortas y con las manos más grandes del mundo, pero en esta ocasión he cogido un taxi para hacerme una radiografía. Parecía evidente que me había salido otro quiste, de hecho incluso hice la maleta por si tenía que volver al hospital. De todos modos, no me pasa nada en la mandíbula, la fiebre se pasó hace dos o tres días y hoy he salido por primera vez con la cabeza cubierta con un pañuelo. He enviado dos paquetes, he rellenado 12 formularios y he pagado más para franquearlos que por el contenido. Pero es demasiado tarde para las tarjetas de Navidad, así que dale recuerdos a tu madre, y a tu padre, y a Ruth, a Jean, a Billy, a Maurice, a June, a Norman, a John, a Elizabeth. Incluso a Quartus, aunque a Norah solo la quiere

Pig.

 

[LO, pp. 75-79; XI, 512A, p. 254; manuscrita]

 

 

A Jack Common*

 

26 de diciembre de 1938

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido Jack:

Muchísimas gracias por tu carta. No sabes cuánto lamento lo de las puñeteras gallinas. Parece que te hemos dado unos cuantos elefantes blancos. No sé qué puede ser. Se me ocurre que si tuviesen alguna enfermedad se morirían y no dejarían de poner sin más. Y en cuanto a lo de que sea cosa del terreno, no lo creo posible. Para empezar, ya habían estado en él sin que les pasara nada. Las gallinas del viejo Desborough, que fue el dueño del campo hasta finales de 1935, murieron de coccidiosis, pero dudo que los gérmenes hayan podido resistir tanto tiempo en el suelo y que no se hayan desarrollado antes, y además la coccidiosis es inconfundible, pues las habría matado a casi todas o las habría debilitado mucho. Lo que de verdad se me escapa es por qué no ponen las gallinas más viejas (hay unas cuantas, ¿no?). Con las jóvenes ocurre a veces que no empiezan a poner hasta agosto-septiembre, y luego, entre la muda y el frío, ya no ponen hasta primavera. Lo malo es que de momento tendrás que pagar las facturas del grano. Dentro de unos días intentaré enviarte unas pocas libras (me temo que, en el mejor de los casos, tendrán que ser unas pocas) para pagar los gastos. Hace poco he escrito al banco para preguntar si me queda dinero y recibiré la respuesta dentro de unos días. Por supuesto, este viaje, que en todo caso hemos hecho con dinero prestado, ha sido muy caro y no creo que vaya a tener ingresos en tres o cuatro meses. La novela debería estar terminada a principios de abril. En realidad es un desastre, aunque algunas partes me gustan mucho y me ha descubierto un asunto que no había tratado antes y en el que no he tenido tiempo de trabajar como es debido. No sabes cuánto me gustaría seguir vivo, fuera de la cárcel y sin agobios de dinero los próximos años. Supongo que después de este libro escribiré alguno puramente alimenticio, pero me ronda la vaga idea de escribir una novela larguísima en varios volúmenes y necesito que me dejen en paz unos años para planificarla. Por supuesto con eso no me refiero a que no haya guerra, pues se puede estar en paz aunque uno esté combatiendo, aunque no creo que a lo que me refiero sea compatible con la guerra moderna y totalitaria. Los de Penguin se han interesado por volver a publicar alguno de mis libros, espero que lo hagan, porque, aunque no creo que paguen mucho, no hay publicidad mejor. Además, es muy irritante ver cómo se agotan tus libros. Uno de ellos, Sin blanca, está descatalogado y, a pesar de que es uno de los libros más solicitados en la biblioteca de Dartmoor, la única persona que conozco que tiene un ejemplar es mi madre. Me alegro de que Warburg haya tenido suerte al menos con un libro. Hay que reconocer que es muy emprendedor y casi nadie ha publicado libros tan variados como él. Mi libro sobre España se vendió muy mal, pero no importa, porque mi agente había cobrado un anticipo y las críticas fueron muy buenas.

Dios sabe cuándo llegará el paquete. Por lo que sé de las oficinas de correos francesas, no me sorprendería que llegase en Navidad de 1939. En realidad dejé que lo enviara, junto a otros muchos, la dueña de la tienda, porque estaba exhausto después de pasar la tarde comprando, que en este país es muy cansado como en la mayoría de los países orientales. Los árabes regatean aún más que los indios y he acabado por pensar que les gusta. Si un objeto cuesta un chelín, el vendedor empieza pidiendo dos y el comprador ofrece tres peniques, y pueden pasar media hora sin ponerse de acuerdo en el chelín, aunque los dos sepan desde el primer momento que es lo que vale. Una cosa que afecta mucho a nuestros contactos con otros países es que los ingleses no son tan pacientes como otras razas; por ejemplo, no soportan el ruido. Me gustan los árabes, son muy amables, y, teniendo en cuenta su situación, nada serviles, pero apenas he podido relacionarme con ellos, en parte porque la mayoría hablan un francés macarrónico y no me he molestado en aprender árabe. Los franceses en este país parecen mucho más grises y aburridos que los angloindios. Dudo que haya un verdadero movimiento político entre los árabes. Todos los partidos de izquierdas han sido suprimidos (por el Frente Popular), pero no creo que hayan sido nunca gran cosa. La gente vive en un Estado feudal y la mayoría parecen creer en la ficción de que siguen gobernados por el sultán. Solo se ha hecho eco de lo de Túnez la prensa francesa. Si alguna vez se produce un gran movimiento árabe creo que será profascista. Me han contado que los italianos en Libia los tratan de un modo atroz, pero sus principales opresores han sido las democracias. La postura de los supuestos partidos de izquierdas en Francia e Inglaterra respecto a la cuestión imperial sencillamente me repugna. Si siguen así acabarán convirtiendo en fascista a toda la gente de color. En el fondo lo que ocurre es que la clase obrera en Francia e Inglaterra no siente la menor solidaridad por la clase obrera de color.

Me preguntabas dónde está Marrakech. Se halla en la parte izquierda de África, justo al norte de las montañas del Atlas. Curiosamente hemos notado el frío incluso aquí y el día de Nochebuena cayó mucha escarcha, no sé si será muy frecuente, pero a juzgar por la vegetación no lo creo. Tuve la rara y placentera ocasión de ver las naranjas y los limones de los árboles cubiertos de escarcha, aunque no parece que les haya perjudicado mucho. Los efectos de la escarcha fueron muy curiosos. Algunas capuchinas que había sembrado se marchitaron, y en cambio a los cactus y a la buganvilla, que es una planta tropical del Pacífico Sur, no les afectó. Las montañas llevan ya tiempo cubiertas de nieve. En cuanto haya terminado el primer borrador de la novela, vamos a ir a pasar allí una semana. Los romanos pensaban que eran el fin del mundo, y desde luego lo parece. Durante el día hace buen tiempo, pero tenemos la chimenea siempre encendida. El único combustible es la madera de olivo, sencillamente porque no crece un árbol silvestre en varias millas a la redonda. Es uno de esos países casi desérticos capaces de mantener una población muy reducida de hombres y animales que devoran cualquier cosa que sea comestible y queman cualquier cosa que pueda arder, de modo que si hubiese solo una persona más se produciría una hambruna. Y pensar que en época de los romanos el norte de África estaba cubierto de bosques donde merodeaban leones y elefantes… Ahora apenas hay animales salvajes mayores que una liebre, y supongo que incluso la población humana debe de ser más escasa. He estado leyendo acerca de esta región en Salammbô de Flaubert, un libro que, por algún motivo, siempre había evitado, pero que es sencillamente deslumbrante.

No me extraña que J. M. M[urry] vaya a ingresar en la iglesia. No durará mucho. Supongo que no tardará en publicar un libro titulado La necesidad del fascismo.1 Aunque ya va siendo hora de que alguien lo estudie en serio. Algo tiene que tener aparte de lo que afirma la prensa de izquierdas. Mussolini lleva «a punto» de caer desde 1926.

Los franceses apenas celebran la Navidad, solo el Año Nuevo. Los árabes puede que también lo celebren, aunque tal vez no sea el mismo que nosotros. Son musulmanes estrictos, aunque debido a su pobreza no son demasiado escrupulosos con lo que comen. Nosotros aún no hemos celebrado las Navidades, pero lo haremos cuando recibamos un pudin que nos han enviado desde Inglaterra. Eileen se puso mala el día de Navidad y a mí se me olvidó qué día era. Es triste porque mi padre está muy enfermo y mi hermana, que iba a venir a vernos, no ha podido. Tenemos dos amigos que acaban de salir de España. Uno es un tipo llamado Robert Williams,2 que ha vuelto con las tripas llenas de fragmentos de metralla. Dice que Barcelona está tan machacada que resulta irreconocible, todo el mundo pasa hambre y una libra vale 900 pesetas. El otro es George Kopp un belga de quien hablo mucho en mi libro. Acaba de escapar después de 18 meses en una cárcel de la GPU3 donde perdió casi cuarenta kilos. Han sido unos idiotas al dejarlo marchar después de lo que le han hecho, aunque supongo que no les ha quedado otro remedio. Es evidente por muchos detalles que los comunistas han perdido mucho poder y que la GPU existe solo extraoficialmente.

Recuerdos a Mary y a Peter. Eileen os envía muchos besos y le agradece a Mary su carta. Os escribiré cuando tenga noticias del banco. Espero que se pase pronto el frío. Puede ser muy desagradable en una casa tan pequeña. En febrero habrá que pensar en aparear a Muriel, pero no hay prisa. Pase lo que pase, no dejéis que la monte el viejo macho cabrío del señor Nicholls,4 que está exhausto después de veinte años follándose a sus hermanas, hijas, nietas y bisnietas.

Tuyo,

Eric

 

P. D. ¿Les has dado a los pollos un suplemento alimenticio? El de Clarke’s es muy bueno.

 

[XI, 516, pp. 259-263; mecanografiada]

 

 

A Herbert Read*

 

4 de enero de 1939

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido Read:

Gracias por tu carta y por el manifiesto.1 Te parecerá gracioso, pero ya lo había visto en La Flèche y tenía pensado averiguar algo más. Desde luego lo firmaré, aunque, si solo quieres unos cuantos nombres en representación de Inglaterra, podrías encontrar gente mucho más conocida. No obstante, no dudes en utilizar mi nombre de cualquier modo que te parezca útil. Me preguntabas si quería proponer algún cambio en el manifiesto. Tan solo hay punto que me parece un poco dudoso, aunque tampoco quiero insistir demasiado. En la página 2 dices: «Para salvaguardar la burocracia rusa, se ha dejado en la estacada primero a los trabajadores alemanes, luego a los españoles y ahora a los checoslovacos». No me cabe duda de que es cierto, pero ¿es estratégicamente inteligente para gente en nuestra situación sacar a relucir en este momento la cuestión checa? No hay duda de que los rusos han puesto a los checos en un aprieto, pero no creo que se hayan portado peor o de forma muy distinta a los gobiernos británico y francés, y dar a entender que deberían haber declarado la guerra para defender a los checos implica que Francia y Gran Bretaña deberían haberla declarado también, que es justo lo que dirían los del Frente Popular y con lo que no estoy de acuerdo. Es solo una sugerencia en la que no quiero insistir demasiado, pero en cualquier caso añade mi nombre al manifiesto.

Estoy pasando el invierno aquí por el bien de mis pulmones, aunque no creo haber mejorado gran cosa. Por culpa de este puñetero problema de salud he malgastado un año, pero el descanso me ha sentado bien y estoy trabajando en una nueva novela, y eso que el año pasado, después de la espantosa pesadilla de España, llegué a pensar que no podría volver a escribir una. Curiosamente, llevaba un tiempo pensando en escribirte a propósito de un asunto que no se me quita de la cabeza. Se trata de lo siguiente:

Me parece de vital importancia que quienes pensamos oponernos a la próxima guerra empecemos a organizar actividades antibélicas ilegales. Es evidente que la agitación abierta y legal será imposible no solo cuando la guerra haya empezado, sino cuando sea inminente, y si no preparamos ahora los panfletos, etc., no podremos hacerlo cuando llegue el momento decisivo. En la actualidad hay bastante libertad de prensa, y la compra de imprentas y papel no está controlada, pero no creo ni por un instante que la situación vaya a durar mucho. Si no hacemos ahora los preparativos podríamos encontrarnos silenciados e impotentes cuando empiece la deriva fascista prebélica o la propia guerra. Es difícil que la gente entienda este peligro, porque la mayoría de los ingleses son incapaces por naturaleza de creer que vaya a producirse ningún cambio. Además, los pacifistas sinceros por lo general tienen objeciones morales a trabajar en la clandestinidad o de forma ilegal. Estoy de acuerdo en que la gente con cierta notoriedad puede conseguir mejores resultados trabajando abiertamente, pero podría ser muy útil disponer también de una organización clandestina. Me parece que sería de sentido común acumular el material necesario para producir panfletos, carteles, etc., dejarlo en algún sitio discreto y no utilizarlo hasta que haga falta. Para eso necesitaríamos organizarnos y, sobre todo, dinero, probablemente unas 300 o 400 libras, aunque con la ayuda de la gente no debería ser difícil y podría hacerse poco a poco. ¿Te importaría escribirme para hacerme saber si la idea te parece interesante? Pero, aunque no te lo parezca, no se lo digas a nadie.

Te adjunto el manifiesto firmado.

Tuyo,

Eric Blair

 

P. D. [manuscrita] Me quedo el folleto de Clé2 y enviaré mi contribución en cuanto pueda ir a Marrakech y enviar un giro.

 

[XI, 522, pp. 313-314; mecanografiada]

 

 

A Francis Westrope*

 

15 de enero de 1939

Boîte Postale 48

Marrakech

Apreciado Frank:

Quisiera saber si podría tener la bondad de enviarnos los siguientes libros:

Pendennis, de Thackeray (Nelson Double vol. 2).

Eustace Diamonds, de Trollope (World’s Classics).

Otra vuelta de tuerca, de H. James (Everyman, n.º 912).

Autobiografía, de J. S. Mill (World’s Classics).

Creo que así casi agotaremos nuestro crédito, pero si le quedamos algo a deber, no deje de decírnoslo.

Me temo que llevaba mucho sin escribirle, y además no respondí a la carta que me envió la señora Westrope1 cuando partimos de Inglaterra. Llevamos ya unos cuatro meses en este país y pensamos quedarnos hasta finales de abril.

Debo decir que agradecí mucho no estar en Europa durante la crisis bélica. Aquí la gente no hizo demasiado caso, en parte por miedo a agitar a los árabes, pero también porque era evidente que no creían que fuese a haber una guerra. Creo que uno de los factores determinantes de la situación es que los franceses no pueden entrar en guerra si Francia no es invadida, y sus políticos lo saben. Supongo que el próximo conflicto será por Ucrania, así que tal vez podamos regresar a Inglaterra a tiempo de que nos internen en un campo de concentración, si no nos hunde antes un submarino alemán. Espero y confío en que no sea así. Acabo de terminar el borrador de mi novela y vamos a ir a las montañas del Atlas una semana antes de empezar la revisión, que me tendrá ocupado hasta principios de abril. Creo que el clima me ha sentado bien. Ahora apenas toso y he ganado un poco de peso, casi tres kilos. Me sacan de quicio estas interrupciones por culpa de las guerras y demás.

Dicho sea de paso, creo que no le di las gracias por enviarme el manual de árabe. Siento decir que ni Eileen ni yo hemos aprendido nada de árabe, quitando algunas palabras que es imposible no aprender, porque todos los árabes hablan una especie de francés macarrónico y todos se relacionan con franceses. Además, en esta parte del mundo, hablan una especie de dialecto con palabras bereberes y españolas. Muchos son chleuhs, una raza que los franceses no conquistaron hasta hace poco y también hay bastantes negros. Para venir aquí tuvimos que pasar por el Marruecos español. Lo vislumbré solo de pasada, pero vi algunos soldados franquistas, que apenas se distinguían de las tropas gubernamentales que había un año antes. Aquí los franceses son casi todos partidarios de Franco, y creo que acabará descubriéndose que lo han ayudado mucho de forma tanto directa como indirecta. Hay una gran población judía y, en consecuencia, muchos sentimientos antijudíos, y eso que la mayoría son muy pobres y viven casi igual que los árabes. Hasta ahora no había reparado en que gran parte de la artesanía marroquí la hacen judíos. Hay cosas preciosas y muy baratas, aunque por desgracia las mejores no son fáciles de transportar.

Por favor, dé recuerdos a todo el mundo. Espero que cuando volvamos a vernos no sea detrás de una alambrada.

Suyo,

Eric Blair

 

[XI, 527, pp. 319-320; mecanografiada]

 

 

A lady Rees

 

23 de febrero de 1939

Boîte Postale 48

Marrakech

Apreciada lady Rees:1

Espero sinceramente que Richard esté bien. La última vez que tuve noticias suyas fue a través de los Plowman, hace unos meses, cuando todavía se encontraba en Barcelona, pero, por supuesto, desde la retirada no he vuelto a saber de él. Espero y confío en que haya podido salir y que no esté demasiado abrumado por lo que debe de haber visto. Si ha regresado y quiere escribirnos, nuestras señas serán estas hasta finales de marzo. Creo que mi mujer le contó que había estado enfermo con algo que tiene un nombre muy largo y que, después de muchas radiografías, decidieron que no era tuberculosis. Estuve seis meses en un sanatorio y luego me dijeron que debía pasar aquí el invierno. No sé si me habrá sentado muy bien, pero no me cabe duda de que ha sido mejor no estar en Inglaterra, donde al parecer ha habido un invierno muy frío. Por supuesto, todo esto ha retrasado mucho mi trabajo, pero casi he acabado otra novela y a principios de abril, en cuanto esté terminada, volveremos a casa. Dicen que debería vivir más al sur, así que creo que nos instalaremos en Dorset o en algún sitio parecido cuando encontremos otra casa.

Este es un lugar muy pacífico y silencioso. Tenemos una casita a unas pocas millas de Marrakech y no vemos más europeos que algunos soldados de la legión extranjera que pasan a visitarnos. Hace poco estuvimos una semana a unos 5.000 pies en las montañas, donde vive una raza bereber llamada chleuh. Son un pueblo interesante, muy sencillos, iguales y libres, muy sucios, pero de aspecto espléndido, sobre todo las mujeres. Tienen pequeños prados de pasto casi como en Inglaterra y uno se puede tumbar en la nieve bajo un sol cegador. Aquí el campo es llano y muy seco, sin árboles silvestres, como en el norte de la India. Los árabes son muy pobres y trabajan por un penique la hora. La vida para los europeos no es demasiado barata, desde luego menos que en Francia, aunque algunas cosas sí lo son; por ejemplo, se puede comprar un camello por trescientos francos, suponiendo que uno quiera. La artesanía de cobre y de latón es preciosa, pero lo más bonito es la baratísima cerámica local, que por desgracia es casi imposible de transportar.

Nos alegró mucho estar fuera de Inglaterra durante la crisis bélica, y confío en que no haya otra justo cuando lleguemos. La guerra me parece una pesadilla y me niego a creer que pueda tener nada bueno, o incluso que haya diferencia entre quién salga vencedor. Si Richard ha regresado y no le apetece escribir, ¿le importaría decirle que le enviamos recuerdos y que nos gustaría verlo cuando volvamos?

Atentamente,

Eric Blair

 

[XI, 532, pp. 329-330; mecanografiada]

 

 

A Jack Common*

 

23 de febrero de 1939

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido Jack:

¿Escribiste a la señorita Woods para lo de aparear a Muriel? Si no lo has hecho, ¿te importaría enviarle una postal? No recuerdo sus señas exactas, pero creo que son: Woods, Woodcotes, Nr. Sandon, y en cualquier caso en la taberna las sabrán. [Orwell no quería que el viejo macho cabrío del señor Nicholls se aparease con Muriel (véase 26-12-38) y el 12-1-39 le había pedido que se pusiera en contacto con la señorita Woods.] Dicho sea de paso, espero que este año no haya fiebre aftosa. Supongo que hacen bien al no permitir el traslado de los animales, aunque no impidan el movimiento de perros y personas, pero creo que es hora de acabar con la absurda idea de sacrificar rebaños enteros ante la aparición de un solo caso.

No sé con exactitud cuándo volveremos, aunque será en abril, así que te enviaré la fecha exacta más adelante. Tengo que terminar la novela, que ha sufrido un retraso porque he estado enfermo y he tenido que guardar cama quince días, aunque ya estoy recuperado. Y, además, está lo del barco. De ser posible, queremos ir en barco desde Casablanca, pero solo hay uno al mes y aún no he conseguido averiguar la fecha. Cuando regresemos, iré directo a Southwold a ver a mi padre, y Eileen se pondrá a buscar una casa nueva cuanto antes. A no ser que para entonces haya estallado la guerra, porque en ese caso no quiero que me pille con los calzones bajados y conservaremos la casa. Si quieres quedarte hasta finales de abril, por nosotros está bien, porque, en todo caso, E. o yo tendremos que ir a Wallington a supervisar la mudanza. Nos llevaremos las gallinas, claro, a pesar de su fracaso como ponedoras, pero probablemente nos deshagamos de los gallineros y compremos otros nuevos; será igual de caro que trasladarlos y menos engorroso. Dime si ha brotado algo en el jardín. Debería haber ya alguna campanilla de invierno y azafrán silvestre.

Ignoro si la situación mundial ha mejorado o empeorado. Ahora la considero con ojos de meteorólogo, ¿va a llover o no?, aunque supongo que, como de costumbre, cuando empiece no habrá forma de quedarse al margen. Si yo fuese un buen espécimen biológico capaz de fundar una nueva dinastía dedicaría todas mis energías durante la guerra a no dejarme ver y a seguir con vida. No he tenido noticias de Richard [Rees], pero acabo de escribir a su madre para ver si averiguo algo. Supongo que habrá escapado sin dificultades. Es una catástrofe espantosa y, si uno no está implicado personalmente, lo peor será el fracaso total de los izquierdistas a la hora de aprender del desastre, las controversias estériles durarán años y todo el mundo se dedicará a culpar a los demás.

Ya me contarás qué tal va la ordenación de Murry. Supongo que, como tiene un título universitario, no tendrá que estudiar demasiado. ¿Pero acepta los 39 artículos,1 etc.? Nunca lo habría dicho. Sería cómico que acabara de obispo. Y, a propósito, ¿has conocido al párroco de Rushden cum Wallington, el señor Rossborough? No es demasiado atractivo pero es amable y tiene un hijo muy simpático. El hijo, Rob, está en Haileybury, ingresó en la PPU2 y se negó a apuntarse al OTC3 Lo que me impresionó no fue tanto eso como que el padre, después de pensárselo, decidiera apoyarlo. Ha sido misionero en África y ha visto el trato que se les da a los nativos, y eso ha hecho que tenga opiniones heterodoxas sobre algunas cuestiones, como suele ocurrir con los misioneros. La mujer es muy amable, pero tengo para mí que está un poco chiflada. A propósito, ella y sus amigas rezan habitualmente por mi salud (no se lo cuentes a nadie, pues se supone que es un secreto; la señora R. se lo contó a Eileen en confianza).

Muchos recuerdos a Mary y a Peter. Eileen os manda besos.

Tuyo,

Eric

 

[XI, 533, pp. 330-331; mecanografiada]

 

 

A Lydia Jackson*

 

Lydia Jackson había ido a ver a Orwell al sanatorio de Aylesford en 1938 y describió así su visita:

 

Encontré a Orwell en el jardín en una silla de madera y vestido con ropa de calle; al verme llegar se puso en pie y me propuso dar un paseo por el parque. No fuimos muy lejos. Nada más perder de vista los edificios, nos sentamos en la hierba y me rodeó con sus brazos. Fue una situación incómoda. No me parecía atractivo y su enfermedad incluso me causaba una leve repulsión. Al mismo tiempo, saber que estaba enfermo y privado de la intimidad con su mujer hizo que me resultara difícil rechazarlo. No quise ser mojigata ni darle mayor importancia al incidente. ¿Por qué iba a apartarlo si besarme le proporcionaba unos minutos de placer? Estaba convencida de que quería mucho a Eileen y yo no era una rival para ella (A Russian’s England, 1976, p. 419).

1 de marzo de 1939

Boîte Postale 48

Marrakech

Querida Lydia:

Me temo que llevo mucho tiempo sin escribirte y creo que tú tampoco me has escrito, ¿no es así? Espero que estés bien. Con toda probabilidad dejaremos este país el 23 de marzo, en cuyo caso estaremos de vuelta el 30. Supongo que pasaremos unos días en Londres antes de ir a ver a mi familia, etc. ¡Tengo muchas ganas de verte! Intenta reservar uno o dos días después del 1.º de abril. ¿Qué tal va tu trabajo? Espero tener terminada mi novela antes de embarcar, aunque no creo que haya podido pasarla a máquina para entonces. Hay partes que me gustan mucho y otras que no tanto. Eileen está bien, aunque ha estado ligeramente indispuesta un par de veces. Hace poco caí enfermo y tuve que guardar cama quince días por culpa de una gripe; no obstante, vuelvo a estar bien. No creo en las supuestas cualidades maravillosas de este clima, que no me parece ni mejor ni peor que cualquier otro. Para lo único que nos ha servido pasar aquí el invierno es para gastar enormes cantidades de dinero prestado; de todos modos, hemos estado fuera de Inglaterra durante la crisis bélica y eso ha sido un auténtico alivio. Espero que no nos topemos con otra a nuestro regreso.

Vete a saber quién será ahora tu joven pretendiente.1 He pensado a menudo en ti… ¿has pensado tú en mí? Sé que es indiscreto escribir estas cosas en una carta, pero serás inteligente y la quemarás, ¿verdad? Estoy deseando verte y charlar un buen rato contigo. Eileen también está deseando volver a Inglaterra. Supongo que tendremos que dejar la casa de Wallington, pero de ser posible alquilaremos otra en Dorset o en algún sitio parecido. Cuídate. Espero verte a principios de abril.2

Con cariño,

Eric

 

[XI, 534A, pp. 335-337; manuscrita]

 

 

A Jack Common*

 

5 de marzo de 1939

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido Jack:

Espero que estéis bien. Te escribo para contarte nuestros planes. Si el banco nos envía el dinero a tiempo, partiremos en el barco que zarpa de Casablanca el 22 o el 23 y deberíamos llegar a Londres a finales de marzo. Después, tengo que ir a Southwold a ver a mi familia y deberé atender varios asuntos. Tras mucho pensarlo, hemos decidido seguir viviendo en la casa hasta que acabe el verano y no mudarnos hasta el otoño. Entre otras cosas, hasta que salga mi libro no tendremos dinero y eso dificultaría mucho la mudanza, y por otro lado es mejor buscar con tiempo para encontrar un sitio mejor. Si no hay guerra nos mudaremos, porque dicen que no me conviene pasar allí el invierno y en el campo debería poderse encontrar una casa más saludable por no mucho más dinero, pero da igual dónde pasemos el verano. Por otro lado, si nos mudamos en otoño, podremos llevarnos ciertos frutales, etc., que hemos plantado. Así, el trabajo que hayas hecho o encargado al viejo Hatchett no será en vano, aunque me temo que para ti no será ningún consuelo.

Mientras tanto, podríais hacernos un gran favor, que tal vez facilite las cosas si encontráis adónde ir antes de nuestra llegada. Recordarás que en mi libro sobre la guerra española hablo de Georges Kopp,1 que fue el comandante de mi brigada durante un tiempo. Lleva una temporada viviendo en casa del hermano de Eileen en Greenwich, pero no podemos pedirles que lo alojen indefinidamente, porque la casa está muy llena. ¿Podríais alojarle en Wallington, si hiciera falta? No digo en la casa, puede quedarse con la señora Anderson, pero ¿podríais ocuparos de alimentarlo? Gwen O’Shaughnessy, la cuñada de Eileen, te dará el dinero para comprar comida para que no tengas de desembolsarlo tú, y tal vez a Mary no le suponga un gran esfuerzo cocinar para uno más. Ya veréis que se contenta fácilmente. Creo que te caerá bien. Tal vez no sea necesario, puede que encuentre algún trabajo, aunque dudo que pueda trabajar aún, después de pasar 18 meses en la cárcel casi sin comida y demás. Así, si queréis marcharos antes de que lleguemos él podría quedarse en la casa. Estaría allí hasta nuestra llegada y luego se quedaría un tiempo hasta que encuentre trabajo, suponiendo que lo consiga. Si llega a hacer falta espero que no os suponga un gran trastorno.

Estoy deseando volver a Inglaterra. Aquí empieza a hacer calor. Esta es la única época del año en la que hay un poco de hierba, y los camellos y los asnos se atiborran mientras pueden. Muchas flores silvestres son las mismas que en Inglaterra. Los cerezos están en flor y los manzanos empiezan a echar hojas. Será agradable volver a ver eso en Inglaterra. Me gustaría saber si hay campanillas y azafrán silvestre en el jardín. Creo que terminaré la novela justo antes de embarcar, pero probablemente tenga que pasarla a máquina en el barco. Hay unas 100 páginas con las que estoy muy contento, lo demás ha sido un fracaso. No he vuelto a tener noticias de los de Penguin2 y espero que no se hayan echado atrás.

¿Enviaste la postal a la señorita Woods para lo de Muriel?3 No he sabido nada de Richard [Rees] aunque escribí a su madre para preguntarle por él. Si escribes, no lo hagas después del día 15 porque la carta podría extraviarse. Recuerdos a Mary y a Peter,

Tuyo,

Eric

 

P. D.4 Eileen os envía muchos besos, y la posdata en realidad es para Mary. Creo que George Kopp te parecerá interesante, sobre todo si no te importa ceder los fogones. Es muy manitas en la casa y le encanta cocinar. Si podéis alojarlo, ¿te importaría escribirle e invitarlo a ir con vosotros? Por supuesto sin decir que le vais a pagar la comida. Gwen debe de estar un poco deprimida porque acaba de tener un bebé y necesita espacio en la casa para la nodriza y el interino (Gwen es médico). No puede proponerle que se vaya, pero sí animarlo a aceptar nuestra invitación. Podríais usar la excusa de que así se alojará con nosotros y de que tal vez le guste ver nuestro pueblo (seguro que sí). Es de los que están a gusto en cualquier parte si se siente bien recibido, y os resultará interesante charlar con él (habla inglés con fluidez). Si no os importa alojarlo, pero no queréis escribirle, decídselo a Gwen y le hará llegar la invitación. Lo único importante es que crea que la invitación es cosa vuestra.

 

[Eileen escribió junto al encabezamiento:] Dirección de Gwen: Dra. Gwen O’Shaughnessy, 24 Crooms Hill, Greenwich, Londres S. E.10

 

[XI, 535, pp. 337-338; mecanografiada]

 

 

A Herbert Read*

 

5 de marzo de 1939

Boîte Postale 48

Marrakech

Querido Read:

Muchas gracias por tu carta. Probablemente deje este país el 22 o 23 de marzo, por lo que debería llegar a Inglaterra a finales de mes. Estaré en Londres unos días y procuraré pasar a verte. Me gustaría echar una mano con Revolt,1 pero no sabré si puedo ser útil hasta que vea qué tipo de periódico va a ser. Lo malo es que, cuando estoy escribiendo un libro, por lo general me resulta casi imposible hacer otro trabajo creativo; no obstante, me gusta escribir críticas, si quieren alguna. Creo que si pudiéramos publicar una revista de izquierdas que no fuese estalinista (en realidad es cuestión de dinero) a mucha gente le gustaría. No todo el mundo es estúpido y la gente no tardará en darse cuenta de lo que hay detrás de la estafa «antifascista». Una idea que me alegra mucho es que cada generación, que en literatura equivale a unos diez años, se rebela contra la anterior, e igual que los Auden, etc., se rebelaron contra los Squire2 y los Drinkwater,3 debe de haber otros a punto de alzarse en contra de los Auden.

En cuanto a lo de la imprenta, reconozco que es un poco absurdo empezar a preparar una campaña clandestina4 sin saber quién va a participar y en qué, pero la clave está en que, si no iniciamos cuanto antes los preparativos, cuando queramos empezar estaremos atados de pies y manos. No creo que la época en que se pueda comprar una imprenta sin que nadie haga preguntas vaya a durar siempre. Por tomar un ejemplo similar, cuando era niño podías ir a una tienda de bicicletas o una herrería y comprar cualquier arma de fuego que no fuese un cañón de campaña, y a casi nadie se le pasó por la cabeza que la Revolución rusa y la guerra civil en Irlanda pondrían punto final a eso. Lo mismo ocurrirá con las imprentas y demás. En cuanto a lo que habría que hacer, mi análisis de la situación es el siguiente: la probabilidad de que los laboristas o alguna coalición de izquierdas gane las elecciones es, en mi opinión, nula, y en cualquier caso si lo consiguieran no creo que fuesen mejores o muy diferentes de la pandilla de Chamberlain. De modo que lo que nos espera es o bien una guerra dentro de dos años, o una prolongada preparación para la guerra, o tal vez solo unos preparativos fingidos para ocultar otras cosas, pero en cualquier caso un proceso de deriva hacia el fascismo que conducirá a un régimen autoritario, es decir, a una especie de austrofascismo. Mientras el objetivo, real o fingido, sea una guerra con Alemania, la mayor parte de la izquierda se pondrá de lado de dicho proceso, que en último extremo les llevará a apoyar la reducción de los salarios, la supresión de la libertad de expresión, la brutalidad en las colonias, etc. Por tanto, será necesario rebelarse tanto contra la izquierda como contra la derecha. Dicha rebelión tendrá dos facciones, por un lado los izquierdistas disidentes como nosotros y, por otro, los fascistas, en particular los fascistas hitlerianos idealistas más o menos representados en Inglaterra por Mosley. No sé si Mosley tendrá las agallas y el sentido común de oponerse a la guerra con Alemania, pues cabe la posibilidad de que opte por jugar la baza patriótica, pero en ese caso alguien ocupará su lugar. Si la guerra conduce al desastre y la revolución, la izquierda oficial se habrá identificado ya ante la opinión pública con el partido belicista, y los fascistas tendrán el terreno allanado, a no ser que haya un grupo de gente que esté en contra de la guerra y de los fascistas. De hecho, lo habrá y será muy numeroso, pero que puedan hacer algo dependerá mucho de que dispongan de algún medio de expresión cuando empiece a cundir el descontento. Dudo que haya muchas esperanzas de salvar a Inglaterra del fascismo de uno u otro tipo, pero está claro que es necesario resistirse y parece tonto acabar silenciados por no haber tomado unas cuantas precauciones de antemano. Si guardamos las imprentas, etc., en algún sitio discreto podríamos crear una red de distribución sin llamar demasiado la atención y estaríamos preparados para cuando empezasen las dificultades. Por otro lado, estoy seguro de que, si no llegan a producirse, no nos importará haber hecho un pequeño esfuerzo en vano. En cuanto al dinero, lo más probable es que no tenga un penique hasta final de año a no ser que ocurra algo inesperado. Tal vez, si nos decidimos a hacer algo, tu amigo Penrose5 pueda colaborar, y creo que hay otros a quienes podríamos convencer. ¿Qué me dices, por ejemplo, de Bertrand Russell?6 Debe de tener dinero y apoyaría nuestra idea sin dudarlo si pudiéramos convencerlo de que está en peligro la libertad de expresión.

Cuando vuelva te escribiré o te llamaré para poder vernos. ¿Te importaría decirme si vas a estar en la ciudad a principios de abril o si tienes pensado ir a algún sitio? No me escribas a estas señas porque la carta podría extraviarse. Escribe al 24 Croom’s Hill, Greenwich SE.10.

Tuyo,

Eric Blair

 

[XI, 536, pp. 340-341; mecanografiada]

 

 

A Jack Common*

 

19 de marzo de 1939

Marrakech

Querido Jack:

Muchísimas gracias por vuestros buenos oficios con George Kopp. Nos escribió contándonos que lo habíais invitado a ir a Wallington y que no iba a ir, supongo que para vosotros debió de ser un alivio, aunque creo que os habría gustado. Es una situación un tanto rara, Gwen O’Shaughnessy, la cuñada de Eileen, lo tiene en su casa desde hace dos meses y no podemos pedirle que lo aloje indefinidamente. Además, no sé qué haremos si decidís mudaros antes de que lleguemos; me refiero a si la casa se queda vacía. Si quisierais marcharos antes de nuestro regreso, si, por ejemplo, encontrarais otra casa, supongo que podríamos pedirle al viejo Hatchett que cuide de los animales hasta nuestra llegada. Sabe que le pagaremos y, en cualquier caso, es muy amable y siempre está dispuesto a echar una mano. No creo que lleguemos a Londres antes del 2 de abril, y luego iré directo a ver a mi padre; me temo que el pobre se está muriendo. Estaba demasiado frágil para trasladarlo y me parece increíble que haya sobrevivido a este invierno, que ha debido de ser muy frío en Suffolk. Tiene 81 años, así que ha disfrutado de una vida larga, pero qué hueco deja la desaparición de alguien a quien has conocido desde la infancia. No podemos volver antes porque el barco en el que íbamos a zarpar el 23 se ha retrasado en alta mar. Por supuesto, si no pasara algo así en cualquier viaje que estuviese a punto de emprender, no sería yo. Menos mal que hay un barco japonés que unos días después tiene que recalar en Casablanca para desembarcar un cargamento de té y podremos subir a bordo. Nunca he viajado en un carguero japonés, pero me han dicho que son muy buenos. Podríamos regresar por donde vinimos a través del Marruecos español hasta Tánger, aunque es muy incómodo cuando se lleva demasiado equipaje. Al venir perdimos casi todas las maletas y tardamos semanas en recuperarlas porque en todas las estaciones hay una horda de árabes que se pelean literalmente por ser tu mozo de cuerda, y, cada vez que el tren se detiene, lo toman al asalto, cogen el equipaje y lo amontonan en cualquier otro tren que haya en la estación, tras lo cual sale hacia diversas partes de África mientras intentas explicar lo sucedido a gente que solo habla árabe. Quisiera llegar lo más lejos posible por mar, porque en un barco al menos uno no puede equivocarse de estación.

La novela está terminada y te escribo a mano porque la están pasando a máquina. He tenido novedades de Richard [Rees], que se encuentra en Perpiñán y parece exhausto, lo cual no me extraña. Daría cualquier cosa por saber si tendremos cinco años de descanso antes de la próxima guerra. No parece probable. De todos modos, agradezco a Dios que, cuando empiece el jaleo, tengamos un techo sobre nuestra cabeza y un campo de patatas. Espero que consiguierais aparear a Muriel. Por cierto, que si tuviste ocasión de presenciarlo es un espectáculo muy poco edificante. Recuerdos a Mary y Peter. Eileen os manda besos. No nos escribas porque nos cruzaríamos. Si necesitas hacerlo, escribe a las señas de Greenwich.

Tuyo,

Eric

 

P. D. Tengo curiosidad por saber si ha brotado el ruibarbo. Tenía mucho y el año pasado la escarcha lo marchitó. No sé si habrá sobrevivido o no.

 

[XI, 539, pp. 344-345; manuscrita]

 

 

A Lydia Jackson*

 

[30 de marzo de 1939]

tarjeta postal1

Querida Lydia:

Llamé a la puerta de tu piso y me llevé una decepción al ver que no estabas en casa. El portero me dijo que en realidad no habías salido de Londres. Mañana tengo que ir a ver a mis padres el fin de semana, pero espero verte cuando regrese, a eso del martes. Además, si soy listo, tal vez pueda pasarme a verte una hora mañana por la mañana, así que procura estar en casa, ¿quieres?

Besos,

Eric

 

[XI, 542A, p. 348; manuscrita]

 

 

A Lydia Jackson*

 

Viernes [31 de marzo de 1939]

36 High Street

Southwold

Querida Lydia:

Has sido mala por no quedarte en casa esta mañana como te pedí. Aunque es posible que no pudieras. Llamé 3 veces. ¿Estás molesta conmigo? Te escribí dos veces desde Marruecos y creo que no me contestaste. Pero escucha, el lunes o el martes volveré a Londres y Eileen se va a quedar aquí unos días más. Estaré en la ciudad varios días para atender unos asuntos, así que podemos vernos, a no ser que no quieras. Te llamaré.

Siempre tuyo,

Eric

 

[XI, 542B, p. 348; manuscrita]

A Leonard Moore*

 

25 de abril de 1939

The Stores

Wallington

Apreciado Sr. Moore

Muchas gracias por su carta. Temo que debe de estar usted abrumado de trabajo sin la señorita Periam1 y habiendo estado enfermo usted también, y siento molestarle con todo esto.

He pensado que Gollancz podría poner objeciones. El libro, claro, no es más que una novela más o menos apolítica dentro de lo posible hoy en día, pero su tendencia general es pacifista, y hay un capítulo (el capítulo i. de la III parte, supongo que no habrá visto usted el manuscrito) donde se describe una reunión del Club del Libro de Izquierdas que sin duda no agradará a Gollancz. También me parece muy posible que algunos de los amigos comunistas de Gollancz se hayan pasado para pedirle que nos tache a mí y a otros escritores políticamente dudosos de su lista. Ya sabe cómo son las presiones políticas, y por supuesto es difícil para Gollancz, o en cualquier caso para Lawrence & Wishart, publicar mis libros y al mismo tiempo otros que demuestran que la gente como yo somos espías alemanes. ¿En qué situación está nuestro contrato? No vi el último que firmamos, porque recordará que se redactó cuando yo estaba en España, aunque, por lo que me contó mi mujer, deduje que Gollancz se comprometía a publicar mis tres próximas novelas y a pagar un adelanto de 100 libras por cada uno de ellas. Aunque también es cierto que esta ha estado tres veces en su lista de próximas publicaciones, debido al retraso causado por mi enfermedad. Pero al mismo tiempo creo que sería mejor no insistir en hacerle cumplir los términos del contrato si pone reparos a publicarla. Para empezar, siempre me ha tratado muy bien y, en segundo lugar, si la novela no le gusta no la promocionará mucho una vez publicada. Tal vez lo mejor sería sincerarse con él. Si tuviésemos que cambiar de editor, ¿cuál me recomendaría? Supongo que lo mejor sería probar con uno de los grandes, suponiendo que me quieran, pero imagino que eso causaría muchos retrasos. Es un grave inconveniente. Apenas he ganado dinero desde la primavera pasada, estoy casi sin un penique y he contraído deudas, y tenía la esperanza de que este libro me permitiera sobrevivir hasta el verano mientras escribo el siguiente. Aún no he tomado una decisión clara sobre mi próximo libro, tengo ideas para dos que había pensado escribir a la vez, pero, si vamos a cambiar de editor, tal vez valiera la pena hablarlo. De modo que cuanto antes aclaremos este asunto tanto mejor. Siento causarle tantas molestias.

Espero que se haya recuperado de la gripe. Yo vuelvo a estar muy bien y estoy trabajando mucho en el huerto para recuperar el tiempo perdido. Mi mujer le envía recuerdos.

Atentamente,

Eric Blair

 

P. D. [en el encabezamiento] Si G. quiere que haga cambios en el libro, estoy dispuesto a hacer los cambios menores de costumbre para evitar demandas por libelo, pero no a hacer cambios de importancia.

 

[XI, 546, pp. 352-353; manuscrita]

 

 

A Leonard Moore*

 

[¿4 de julio de 1939?]1

The Stores

Wallington

Apreciado Sr. Moore:

Muchas gracias por su carta. Ayer pasé por su oficina, pero por desgracia no le encontré. Voy retrasadísimo con mi libro de ensayos2 que tenía la esperanza de acabar como muy tarde en septiembre. Estas malditas enfermedades me han hecho perder varios meses. También lamento decirle que mi padre acaba de morir. Pasé con el pobre hombre la última semana de su vida, y luego vino el funeral etc., etc., todo muy deprimente y desasosegante. De todos modos, tenía 82 años y había sido muy activo hasta pasados los 80, así que tuvo una buena vida, y me alegra que últimamente no se sintiera tan decepcionado de mí como antes. Es curioso, pero en su último momento de conciencia oyó una crítica que me habían hecho en el Sunday Times. Se había enterado y quiso verla, y mi hermana se la leyó, poco después perdió la conciencia por última vez.

En cuanto al libro, no empezaré la novela hasta haber terminado el libro de ensayos y, a menos que algo frustre mis planes, mi intención es escribir una novela larga, en realidad la primera parte de una novela enorme, una especie de saga(!) que tendrá que publicarse en tres partes. Creo que debería terminar el libro de ensayos en octubre, pero la novela me llevará mucho tiempo e incluso si no hay guerra, enfermedades, etc., no es probable que esté terminada hasta finales de verano de 1940. Al menos esos son mis proyectos. Y por lo que se refiere al libro de ensayos, no sé si será del gusto de Gollancz. No son exactamente lo suyo, y como se trata de una especie de ensayos entre lo literario y lo sociológico hay comentarios políticos con los que seguro que no estará de acuerdo. Los temas que trato son Charles Dickens, los semanarios juveniles (el Gem, el Magnet, etc.) y Henry Miller, el novelista estadounidense. Estoy a punto de terminar el borrador del dedicado a Dickens, pero es probable que no tarde tanto en escribir los otros. Diría que va a ser un libro breve, de unas 50.000 o 60.000 palabras. No sé si Gollancz estará interesado, pero si quiere rechazarlo es cosa suya y de usted. Si quiere arriesgarse a ponerlo en su lista, pensaré un título, pero no puedo enviarle un ejemplar, porque todavía es un galimatías.

Veo que ha salido una segunda edición de Subir a por aire, así que supongo que se está vendiendo bastante bien. Tuvo algunas críticas muy buenas, sobre todo de James Agate. La francesa3 que estaba traduciendo Homenaje a Cataluña ya lo ha terminado y lo está ofreciendo a varios editores sin éxito; la gente está harta de libros sobre la Guerra Civil española, y no me extraña. No obstante, cree poder convencer a alguien para que lo publique gratis, al menos parcialmente. Pero teme que Warburg se oponga, igual que por lo visto hizo con un libro de Freda Utley.4 En caso de que suceda, creo que podremos convencer a Warburg.5 Siempre servirá de publicidad, y en cualquier caso nunca se saca mucho de los editores franceses. À propos de esto, ¿sabe en qué quedó lo de aquella traducción al birmano de Los días de Birmania por la que me escribió aquella gente? Debió de ser el año pasado.6

Espero que le vaya bien. Mi mujer le envía recuerdos.

Atentamente,

Eric Blair

 

[XI, 555, pp. 365-366; mecanografiada]

 

 

A Leonard Moore*

 

4 de agosto de 1939

The Stores

Wallington

Apreciado Sr. Moore:

Como es natural, estoy encantado con lo de Albatross.1 Ha sido usted muy hábil al gestionarlo. Siempre he querido publicar en una de esas editoriales europeas. Los ingleses cuando viajan al extranjero siempre leen los pocos libros ingleses que pueden encontrar con tanta atención que estoy seguro de que no hay publicidad mejor.

Por supuesto, no tengo objeciones a los cambios que proponen, aunque en dos de los cuatro casos he sugerido otra frase en lugar de dejar un blanco. Pueden hacer lo que prefieran, pero me ha dado la impresión de que cortar la frase sin insertar otra alteraría el equilibrio del párrafo. Ya que van a cambiar la tipografía, podrían corregir también dos erratas que se me escaparon. Lo he anotado en el documento adjunto, y tal vez pueda usted explicárselo.

Suyo,

Eric Blair

 

[XI, 561, pp. 384-385; mecanografiada]

 

 

A Leonard Moore*

 

6 de octubre de 1939

The Stores

Wallington

Apreciado Sr. Moore:

¿Podría decirme si hay algún modo de saber la tirada de un periódico? Como creo que le comenté, uno de los ensayos del libro que estoy escribiendo es sobre los semanarios juveniles de dos peniques como el Gem, Wizard, etc., y me gustaría saber su tirada, pero no sé cómo averiguarlo. ¿Cree que si escribe a los editores se lo dirán? Tengo una docena de periódicos en mi lista, y le quedaría muy agradecido si me ayudase a descubrirlo.

Mi mujer ha conseguido ya un empleo en una oficina gubernamental.1 Yo no lo he logrado. Volveré a intentarlo, pero de momento me quedaré aquí a terminar el libro2 y a preparar el huerto para el invierno, pues creo que el año que viene agradeceremos tener algunas patatas. El libro debería estar terminado en noviembre. Ya debería estarlo, pero por supuesto la guerra me ha despistado varias semanas.

Suyo,

Eric A Blair

 

[XI, 572, pp. 410-411; mecanografiada]

 

 

A Leonard Moore*

 

Viernes [8 de diciembre de 1939]

The Stores

Wallington

Apreciado Sr. Moore:

He terminado mi libro (el libro de ensayos, titulado Dentro de la ballena) y está casi pasado a máquina, aunque mi mujer está terminando de mecanografiar una parte en Londres. Cyril Connolly y Stephen Spender, que como tal vez sepa van a publicar una revista mensual llamada Horizon, me han pedido ver el manuscrito por si quisiera publicar uno de los ensayos en ella.1 No sé si habrá alguno que les sirva, pero en caso de que se animaran a publicarlo, ¿estaría de acuerdo el editor? ¿Sería posible llegar a un acuerdo? Como recordará, Gollancz quería ver el libro, pero no sé si lo publicará, pues hay al menos un pasaje que políticamente no le gustará.2 Si Gollancz no lo quiere, ¿qué le parecería volver a probar suerte con Warburg? Me lo encontré no hace mucho y estaba deseando publicar mi próximo libro de ensayos, así que tal vez nos haga una buena oferta por este, aunque desde luego lo mejor sería conseguir un adelanto si es posible. Le diré a Connolly que se quede el manuscrito solo unos días. Creo que es mejor no decirle nada a ningún editor de momento, porque si Connolly & Co. no lo quieren, como tal vez suceda, podría hacer que tuviera prejuicios en contra del libro.

¿Sabe qué ha sido de los de Albatross?3 Recordará que firmamos un contrato con ellos para Subir a por aire justo antes de que estallara la guerra. Supongo que se habrán largado.

Atentamente,

Eric Blair

 

[XI, 581, pp. 422-423; mecanografiada]

 

 

A Victor Gollancz*

 

8 de enero de 1940

The Stores

Wallington

Apreciado Sr. Gollancz:

En este momento no puedo prestarle Trópico de Cáncer, porque han confiscado mi ejemplar. Cuando estaba escribiendo mi último libro se presentaron en mi casa dos detectives con órdenes del fiscal de confiscar todos los libros que hubiese «recibido por correo». En Correos habían interceptado una carta mía dirigida a Obelisk Press y la habían abierto. Los policías no hacían más que cumplir órdenes y fueron muy amables, e incluso el fiscal me escribió para decir que entendía que al ser escritor necesitase libros que era ilegal poseer. Basándose en eso me devolvió algunos libros, por ejemplo, El amante de lady Chatterley, pero parece que los libros de Miller no llevan suficiente tiempo publicados para haberse vuelto respetables. En cualquier caso, me consta que Cyril Connolly tiene un ejemplar de Trópico de Cáncer. Ahora está enfermo con gripe, pero cuando pueda hablar con él se lo pediré prestado y se lo enviaré.

En cuanto a sus observaciones sobre mi libro, me alegra que le gustara. Tal vez tenga razón al pensar que soy demasiado pesimista. Es muy posible que la libertad de opinión, etc., sobrevivan en una sociedad económicamente totalitaria. Es imposible saberlo hasta que se pruebe una economía colectivizada en un país occidental. Lo que me preocupa es si la gente normal en países como Inglaterra comprenderá lo suficiente la diferencia entre la democracia y el despotismo para querer defender sus libertades. No los sabremos hasta que se les amenace de manera inconfundible. Los intelectuales que afirman ahora que la democracia y el fascismo son la misma cosa, etc., me deprimen muchísimo. Tal vez cuando la cosa empeore la gente normal resultará ser más inteligente que los listos. Espero que así sea.

Atentamente,

Eric Blair

 

[XII, 583, p. 5; mecanografiada]

 

 

A Geoffrey Gorer*

 

10 de enero de 1940

The Stores

Wallington

Apreciado Geoffrey:

Parece que haya pasado un siglo desde la última vez que nos vimos o tuve noticias tuyas. No sé en qué parte del mundo estarás ahora, pero en todo caso mandaré la carta a Highgate y espero que te la reenvíen. Te llamé por teléfono al empezar la guerra y tu hermano me contó que estabas en Estados Unidos.

La primavera pasada regresamos de Marruecos y empecé otro libro; luego lamento decir que falleció mi padre, fue todo muy doloroso y turbador, pero me alegré de que el pobre anciano nos dejara porque tenía 82 años y había sufrido mucho los últimos meses. Luego volví a escribir hasta que me interrumpió la guerra, así que al final un libro muy breve, al que pensaba dedicar a lo sumo 4 meses, me tuvo ocupado 6 o 7. Debería publicarse en marzo y creo que hay partes que podrían interesarte. Hasta ahora no he conseguido que me dejen servir al gobierno de Su Majestad, y no es por falta de ganas, porque creo que, ya que estamos en esta maldita guerra, tenemos que ganarla y me gustaría echar una mano. En el ejército no me quieren por culpa de mis pulmones. Eileen tiene un empleo en una oficina gubernamental, que, como ocurre siempre, consiguió porque conocía a alguien que conocía a alguien, etc., etc. Yo también querría un trabajo porque quiero dejar de escribir por un tiempo, tengo la sensación de estar agotado y de que debería pasar una temporada en barbecho. Estoy incubando una novela muy larga, una especie de saga familiar, pero no quiero empezarla antes de estar preparado. Es horrible tener la sensación de que el carro alado del editor te sigue a todas partes.1 ¿Has visto la nueva revista mensual, Horizon, que dirigen Cyril Connolly y Stephen Spender? Están intentando mantenerse al margen de la puñetera jaula de grillos de la política, y ya era hora de que se le ocurriera a alguien. Hace poco vi a Gollancz y está furioso con sus amigos comunistas por sus mentiras, etc., así que es posible que el Club del Libro de Izquierdas vuelva a servir al bien, si logra sobrevivir. Tengo entendido que el año que viene van a racionar el papel y el número de libros publicados se reducirá mucho. De momento los editores están encantados porque la guerra hace que la gente lea más. Cuéntame cómo te va, si estás en Inglaterra o cuándo piensas volver, y por supuesto te quedaré muy agradecido si se te ocurre algún hilo del que pudiera tirar para conseguir un trabajo. Eileen te enviaría recuerdos si estuviese aquí.

Tuyo,

Eric

 

[XII, 585, pp. 6-7; mecanografiada]

 

 

A Geoffrey Gorer*

 

3 de abril de 1940

The Stores

Wallington

Querido Geoffrey:

Me alegró mucho recibir tu carta y saber que al menos estás bastante cómodo y con un buen empleo. Sin novedad en el frente de Wallington. Como casi todo el mundo, he fracasado totalmente en conseguir un «trabajo bélico». Pero estoy haciendo ímprobos esfuerzos por entrar en un centro de instrucción gubernamental y por estudiar diseño industrial, en parte porque quiero un empleo y porque estoy convencido de que dentro de un año nos llamarán a todos a filas y prefiero hacer algún trabajo más o menos especializado, y en parte porque creo que me vendría bien haber aprendido un oficio cuando termine la guerra. De todos modos, aún no sé si lo lograré. Eileen sigue trabajando en el departamento gubernamental, pero, si podemos permitírnoslo más adelante, quiero que lo deje, porque la matan a trabajar y apenas podemos estar juntos. Creo que podríamos arreglárnoslas si me dedicase solo a escribir, pero ahora mismo estoy deseando parar y no apresurarme con el próximo libro; llevo publicados 8 en 8 años y es demasiado. Supongo que no verías el último (Dentro de la ballena) que salió hace unas semanas. Hay un ensayo sobre los semanarios juveniles que podría interesarte, pues tiene que ver con tus propios estudios. Recordarás que hace unos años te dije que habría que estudiar a fondo cierto género de ficción popular y te puse de ejemplo a Edgar Wallace. El ensayo se publicó antes de forma ligeramente abreviada en la revista mensual de Cyril Connolly Horizon, y ahora el editor del Magnet, que sin duda recordarás de tu infancia, les ha pedido responder a mis «acusaciones». Me tiene un poco intranquilo, pues sin duda he cometido muchos errores, aunque lo más probable es que se centre en mi insinuación de que esos semanarios intentan inculcar cierto esnobismo.1 No me quedan ejemplares, pero debería haber alguno en la biblioteca. Hay un ensayo sobre Dickens que tal vez te interese también. Esta crítica literaria, en parte sociológica, me parece muy interesante y me gustaría aplicarla a muchos otros escritores, pero por desgracia no es rentable. Gollancz me dio un adelanto de ¡solo 20 libras! Con las novelas es más fácil asegurar las ventas, pero ahora estoy pensando en una gran novela, y me refiero a grande en tamaño, y quiero estar un tiempo en barbecho antes de empezar. Por supuesto, Dios sabe qué esperanza habrá de ganarse la vida escribiendo en el futuro, o dónde estaremos dentro de unos años. Si la guerra continúa de verdad tal vez tengamos ocasión de combatir. Hasta ahora no he hecho muchos esfuerzos por alistarme en el ejército, porque, aunque uno consiga pasar la revisión médica, mandan a los hombres mayores a los Pioneros, etc. Es espantoso lo poco que tarda uno en volverse «mayor».

En Inglaterra no está pasando gran cosa. Por lo que veo, la gente está harta de la guerra pero no demasiado. Quitando a algunos, como los pacifistas, etc., la gente quiere zanjar la cuestión y creo que estaría dispuesta a combatir otros diez años si pensara que los sacrificios iban a ser iguales para todos, lo cual es, por desgracia, muy improbable con el actual gobierno. El gobierno parece haber hecho toda la propaganda con el máximo de estupidez posible y probablemente eso le pase factura cuando la gente empiece a entender que la guerra supone jornadas de 12 horas, etc., etc. La nueva revista Horizon está funcionando muy bien, las ventas rondan ya los 6.000 o 7.000 ejemplares. Gollancz se ha dejado barba y ha roto con sus amigos comunistas, en parte por lo de Finlandia2 etc., y en parte por su falta de sinceridad en la que acaba de reparar. Cuando lo vi hace poco, por primera vez en tres años, me preguntó si era cierto que la GPU había estado activa en España durante la Guerra Civil y me contó que, cuando apoyó a los comunistas en 1936 no sabía que tuviesen otra política que la del Frente Popular. Es espantoso que gente tan influyente esté tan mal informada. La situación de los alimentos no está mal, y creo que el racionamiento (de carne, azúcar y mantequilla)3 en realidad es innecesario y solo se ha hecho para que la gente se vaya acostumbrando. Hace poco han tenido que doblar la ración de mantequilla porque las reservas se estaban echando a perder. Estoy muy entretenido cultivando el huerto y quiero intentar cosechar media tonelada4 de patatas este año, pues no me sorprendería que el que viene la comida empiece a escasear. Si pensara que iba a quedarme criaría más gallinas y también algunos conejos.

Eileen te enviaría recuerdos si estuviese aquí.

Tuyo,

Eric

 

[XII, 607, pp. 137-138; mecanografiada]

 

 

A Rayner Heppenstall*

 

16 de abril de 1940

The Stores

Wallington

Querido Rayner:

Miles de felicidades por la niña. Espero y confío en que estén bien las dos. Por favor, felicita a Margaret y envíale recuerdos. Qué maravilla tener un hijo propio, siempre he querido tener uno. Pero, Rayner, no aflijas a la pobre mocosa con uno de esos nombres célticos que no sabe escribir nadie. Se volverá mística o algo así. La gente siempre es como sus nombres. Me costó casi treinta años superar los efectos de llamarme Eric. Si quisiera que una niña fuese guapa la llamaría Elizabeth, y si quisiera que fuese honrada y buena cocinera la llamaría Mary o Jane. Lo malo es que si le pones Elizabeth todos pensarán que lo has hecho por la reina, que supongo que llegará a serlo algún día.

Gracias por las fotos, pero no me dijiste lo que te habían costado los negativos, etc. Escogí la 3 y la 5 y se las mandé a la gente. Pensé que la 3 era la que más se me parece, aunque, como es lógico, conozco mejor mi rostro de frente. Esperemos que cause el efecto deseado. Puesto que es para gente al otro lado del mundo, no sé por qué no he enviado la de un joven guapo de la Air Force o algo por el estilo. Me temo que no tengo nada de glamour, porque recibo muchas cartas de lectores, pero siempre son de pedantes que señalan algún error que he cometido y nunca de mujeres jóvenes diciéndome que soy un galán. Una vez recibí unas cartas preciosas de una comadrona y le respondí sin decirle que estaba casado, pero al final, con gran regocijo por parte de Eileen, resultó que tenía 35 años y 4 hijos.

No sé cuándo volveré a Londres. Estoy enterrado en libros que tengo que reseñar y no avanzo con el mío. Dios sabe si llegaré a escribirlo o si seguirán publicándose novelas dentro de dos años. Muchos recuerdos.

Tuyo,

Eric

 

[XII, 612, pp. 146-147; mecanografiada]

 

 

A Geoffrey Trease*

 

1 de mayo de 1940

Como si se hubiese enviado desde The Stores

Wallington

Apreciado Sr. Trease:

Por favor, disculpe este papel que no se parece en nada al mío,1 pero estoy en una especie de visita apresurada en Londres. Me alegró mucho recibir su carta. Por lo que dice, supongo que ha visto o bien mi último libro Dentro de la ballena o el ensayo que se publicó en Horizon, a propósito del cual me escribieron esas dos personas para hablarme de su Bows against the Barons, etc. Haré lo que pueda por conseguirlo, no solo porque me gustó mucho It’s Only Natural,2 sino porque no me cabe duda de que la cuestión de los relatos inteligentes para jóvenes es muy importante, ya que, en mi opinión, se acerca el momento en que se podrá hacer algo al respecto. No es inimaginable que un periódico como el News Chronicle pudiera empezar una edición para jóvenes e incluso me parece concebible que lo haga el TUC. Por supuesto, no serviría de nada si lo hiciesen los partidos de ultraizquierda. Los muchachos de la Ogpu, o Los jóvenes liquidadores, etc., etc., aunque por suerte nadie los leería. Pero creo que algún periódico un poco más de izquierdas y también un poco menos anticuado que los actuales podría intentarlo. El éxito de periódicos como el Picture Post y la News Review, que sin duda habrían sido considerados «bolcheviques» hace 20 años, demuestra que la opinión está cambiando. Por cierto, ¿ha visto la réplica a mi artículo que publicó en Horizon Frank Richards? No consigo decidir hasta qué punto es falsa, pero desde luego no lo era del todo, y resulta casi increíble que siga habiendo gente así, y no digamos que dirija periódicos para jóvenes.

Me hace gracia que diga que soy un hombre «famoso y con éxito». No sé si sabrá cuántos ejemplares vendo de mis libros: por lo general unos 2.000. De mi mejor libro, el que escribí sobre la Guerra Civil española, se vendieron menos de 1.000, aunque por aquel entonces la gente estaba harta de libros sobre la Guerra Civil, y la verdad es que no me extraña.

Me gustaría que nos conociéramos algún día.3

Atentamente,

George Orwell

 

[XII, 618, pp. 156-157; mecanografiada]

 

 

Al director de Time and Tide

 

22 de junio de 1940

Estimado señor:

Es casi seguro que Inglaterra será invadida en los próximos días o semanas, y es probable que se trate de una gran invasión con tropas transportadas por mar. En un momento así nuestro eslogan debería ser ARMAD AL PUEBLO. No soy competente para tratar cuestiones como el modo de rechazar la invasión, pero defiendo que la campaña en Francia y la reciente Guerra Civil española han dejado dos cosas claras. Una es que, si la población civil está desarmada, los paracaidistas, los motoristas y algún que otro tanque aislado no solo pueden causar mucho daño, sino distraer a un gran número de soldados regulares que deberían estar enfrentándose al enemigo. El otro hecho (demostrado por la Guerra Civil española) es que las ventajas de armar a la población superan el peligro de poner armas en las manos equivocadas. Las elecciones parciales celebradas desde que empezó la guerra han demostrado que en Inglaterra solo hay una minúscula minoría de desafectos que en su mayoría están identificados.

ARMAD AL PUEBLO es en sí misma una frase vaga y, por supuesto, ignoro qué armas están disponibles para su reparto inmediato. Pero hay al menos varias cosas que deberían y podrían hacerse ya, es decir, en los próximos tres días:

1. Granadas de mano. Es la única arma de guerra moderna que puede fabricarse rápida y fácilmente, y una de las más útiles. En Inglaterra hay cientos de miles de hombres que están acostumbrados a utilizarlas y que estarían dispuestos a instruir a otros. Se dice que son útiles contra los tanques y serán totalmente necesarias si paracaidistas enemigos con ametralladoras llegan a hacerse fuertes en nuestras grandes ciudades. Fui testigo de excepción de los combates callejeros en Barcelona en 1937, y me convencí de que unos cuantos cientos de hombres armados con ametralladoras pueden paralizar la vida de una gran ciudad, por el simple hecho de que una bala no atraviesa una pared de ladrillo. Pueden eliminarse con artillería, pero no siempre es posible disponer de cañones. Por otro lado, los primeros combates callejeros en Barcelona demostraron que, con granadas o incluso cartuchos de dinamita, se puede desalojar a hombres armados de un edificio de piedra, si se utilizan las tácticas oportunas.

2. Escopetas. Se habla de la posibilidad de armar a algunos de los contingentes de las Local Defence Volunteers1 con escopetas. Podría ser necesario si los rifles y los fusiles Bren hiciesen falta para las tropas regulares. Pero en ese caso la distribución debería hacerse ahora y todas las armas deberían requisarse de las armerías. Hace semanas que se viene diciendo, pero de hecho en los escaparates de muchas armerías hay armas que son no solo inútiles, sino un peligro, pues sería fácil asaltarlas. Deberían explicarse las limitaciones de las escopetas (el retroceso y el alcance de unas sesenta yardas) por la radio.

3. Bloquear los campos para prevenir aterrizajes del enemigo. Se ha hablado mucho de esto, pero solo se ha hecho de forma esporádica. La razón es que se ha dejado en manos de voluntarios, es decir, de gente que no dispone del tiempo necesario ni puede requisar materiales. En un país pequeño y muy poblado como Inglaterra sería posible lograr en muy pocos días que ningún aeroplano pudiese aterrizar en ningún sitio que no fuese un aeródromo. Lo único que hace falta es ponerse manos a la obra. Por eso las autoridades locales deberían tener la capacidad de reclutar a gente para trabajar y requisar los materiales necesarios.

4. Borrar los nombres de los sitios. Ya se ha hecho en lo que se refiere a carteles y demás, pero en todas partes hay carteles, furgonetas, etc., que siguen luciendo el nombre de su pueblo. Las autoridades locales deberían tener autoridad para borrarlos de inmediato. Entre ellos, los nombres de los cerveceros de las tabernas. La mayoría fabrican cerveza para zonas muy concretas, y los alemanes probablemente sean lo bastante metódicos para saberlo.

5. Emisoras de radio. En todas las sedes de los Local Defence Volunteers debería haber una emisora, por si fuese necesario recibir órdenes. Es fatal confiar en los teléfonos en un momento de emergencia. Igual que ocurre con las armas, el gobierno no debería dudar a la hora de requisar lo que considerase necesario.

Todo esto podría hacerse en muy pocos días. Mientras tanto, sigamos repitiendo ARMAD AL PUEBLO con la esperanza de que se nos unan más y más voces. Por primera vez en varias décadas tenemos un gobierno con imaginación, y al menos hay una posibilidad de que nos escuche.

 

[XII, pp. 192-193; mecanografiada]

 

 

A Sacheverell Sitwell*

 

6 de julio de 1940

18 Dorset Chambers

Chagford Street

Ivor Place NW 1

Apreciado Sr. Sitwell:

Leí su libro sobre los espíritus con la intención de escribir una crítica para Horizon y me interesó mucho. Solo pude escribir una reseña de unas 600 palabras y no sé si la publicarán, porque no disponen de mucho espacio. Al leer el espeluznante incidente que cuenta de la niña médium que vestía maniquíes o colocaba la ropa por el cuarto, recordé algo sucedido hace 10 años que he pensado que tal vez le gustaría saber, pues creo que guarda una lejana relación con el asunto.

Hará unos diez años salí a dar un paseo por un prado de Walberswick, cerca de Southwold, en Suffolk, con un niño retrasado que estaba a mi cuidado en esa época.1 Debajo de unas aulagas el niño vio un paquete muy bien atado y me lo indicó para que lo viera. Era una caja de cartón de unas 10 por 6 por 3 pulgadas. Descubrimos que el interior estaba forrado de tela y era como una pequeña habitación, con muebles minúsculos hechos con cerillas y pedacitos de tela pegados. Había también (aunque para ser totalmente exactos, debo decir que no estoy seguro de que fuese en esa misma caja o en otra) varias diminutas prendas femeninas, entre ellas la ropa interior. Un papelito decía «¿A que no está mal?» (o unas palabras muy similares) escritas con letra evidentemente femenina. La pulcritud y fragilidad de todo me convencieron de que lo había hecho una mujer. Lo que más me impresionó fue que alguien se tomara la molestia de hacer aquello, que debió de requerir varias horas de trabajo, luego hiciese un paquete y lo dejase al pie de un arbusto, y además en un lugar bastante apartado. Ignoro hasta qué punto son fiables los sentimientos «intuitivos», pero puedo decir que tuve la convicción de que (a) lo habían dejado allí para que alguien lo encontrara, y (b) lo había fabricado alguien que padecía una especie de aberración sexual. Walberswick es muy pequeño y probablemente habría podido averiguar fácilmente quién había sido. Puedo añadir que no pudo ser el muchacho que me acompañaba. No solo era muy retrasado, sino tullido y tan torpe con las manos que habría sido incapaz de hacer algo así. Lo raro es que no sé qué se hizo de la caja. Creo recordar que volvimos a dejarla debajo del arbusto y que unos días después volvimos a pasar por allí y había desaparecido. En cualquier caso, no me la quedé, aunque habría sido lo más natural. He pensado a menudo en aquel incidente y siempre con la sensación de que había algo vagamente enfermizo en la aparición del cuartito y la ropa. Luego leí en su libro que relacionaba usted el impulso de las niñas a vestir a las muñecas con un claro desequilibrio mental, y se me ocurrió que la anécdota podía tener algo que ver. El hecho de que recordase el incidente nada más leer el pasaje de su libro parece establecer una especie de relación.

Me he aventurado a escribirle sin conocerlo. No obstante, es posible que conozca usted alguno de mis libros. En todo caso, creo que su hermana ha oído hablar de mí, pues tenemos un amigo común en Geoffrey Gorer.2

Atentamente,

George Orwell

 

[XII, 653, pp. 208-209; mecanografiada]

 

 

A Leonard Moore*

 

22 de octubre de 1940

18 Dorset Chambers

Chagford Street NW 1

Apreciado Sr. Moore:

Acabo de recibir su carta, pues he pasado una semana en el campo. No he recibido la carta anterior a la que alude. Así está el correo.

Lo he pensado bien y creo que no puedo hacer lo que me pidió para Hutchinson’s. Siento que se haya tomado usted la molestia. Pero en realidad no estoy nada familiarizado con ese asunto, y supondría ponerme a investigar, cosa que resulta muy difícil hoy en día, sobre todo porque no puedo salir de Londres. Por favor, discúlpeme ante ellos y acepte usted también mis disculpas.1

Casi he terminado el librito que estoy escribiendo para Warburg y debería estar listo en unos diez días. Lo habría acabado antes, pero he estado enfermo, por eso he estado en el campo. Se titulará El león y el unicornio.2

Atentamente,

Eric Blair

 

[XII, 699, p. 277; mecanografiada]

 

 

De Eileen* a Norah Myles*

 

[¿c. 5 de diciembre de 1940?]

24 Croom’s Hill, SE 10

[sin encabezamiento]

Esta carta es para acompañar un precioso regalo, pero aún no sé qué será porque lo compraré esta tarde. O eso espero. He estado ENFERMA. Mucho. He tenido que guardar cama 4 semanas y aún sigo débil. Tal vez tú o Quartus sepáis qué tengo, pero mis médicos no. Me diagnosticaron una cistitis, luego nefrolitiasis y después fiebre de Malta1 con complicaciones ováricas; por fin se volvieron muy reservados tras diagnosticar una infección tuberculosa, así que era imposible saber para qué me hacían las pruebas. Aún no me han diagnosticado cáncer o GPI,2 pero supongo que no tardarán. Están muy preocupados porque a mi corazón no le pasa nada y pensaban que estaría afectado. Entretanto, un amable patólogo que parecía un pajarito me hizo un análisis de sangre y descubrió que la hemoglobina estaba al 57 por ciento. Los médicos no han hecho caso, pero es lo único que han encontrado. Así que ahora dicen que me curaré cuando pese 60 kilos. Como peso 45 con la ropa puesta, creo que perderán el interés hasta que la cura sea completa. Pasé quince días convaleciente en Norfolk y tenía intención de empezar a trabajar el lunes, porque esto es una tontería, pero no puedo volver sin un certificado sanitario y el puñetero del médico no quiere firmarlo. No obstante, me deja ir de compras por razones médicas, aunque las finanzas no pinten bien.

¿Qué tal tu pintura?3 Espero que me escribas en Navidad. Marjorie (de soltera Blair) dice que se encuentran bien, pero ignoro dónde está Saint Michael’s Hill4 y no sé nada del bombardeo de Bristol. Tal vez deje el trabajo una temporada y vaya a verlo yo misma. Había planificado un fin de semana largo (que pensaba pasar contigo) porque tenía molestias, pero luego empeoraron y el fin de semana largo se convirtió en un permiso por enfermedad.

George ha escrito un librito, el primero de Searchlight Books (Secker & Warburg, 2 chelines), saldrá el mes que viene, así que toma nota. En él explica cómo ser socialista aunque seas tory. Iba a costar 1 chelín, que habría sido mejor, pero Warburg cambió el precio en el último momento y hubo que añadir 10.000 palabras más para que valiera la pena comprarlo por el doble. La última parte tiene buena pinta.

Espero que tengáis unas Navidades aceptables. Al día siguiente de Navidad vamos a celebrar una cena, en teoría para soldados solitarios, tanto que aún no los conocemos. Mi madre sigue fuera, claro. Ahora iré a comprar. Pero ¿te importaría enviarle un sobre a Mary, cuyas señas desconozco? Tampoco sé si ha tenido más noticias de Teddy, después de que lo dieran por desaparecido en el Times tras el hundimiento del Glorious.5 Mary fue muy valiente. He dado por sentado que no hay esperanza, pero siempre es posible que lo hicieran prisionero. George Kopp, a quien también había dado por muerto, fue capturado con dos balas en el pecho y parte de la mano izquierda amputada. Luego huyó a la Francia no ocupada y ahora está intentando volver,6 pero sus cartas tardan dos meses en llegar y es imposible saber lo que está pasando.

A propósito, ¿dónde está Norman?7 Espero que no lo hayan enviado a Egipto.

Tengo que ir de compras, soy como siempre tu devota Pig.

Después de recorrer unas doce o catorce millas para encontrarle a mamá unas zapatillas de andar por casa con tacón cómodas, he tenido que comprarle a todo el mundo pñls8 en una tienda horrible. El regalo del año pasado fue idéntico, pero así tendréis un montón de pñls para cuando haga frío.

 

[LO, pp. 79-81; XII, 714A, p. 294; mecanografiada]

 

 

A Z. A. Bokhari*

 

17 de marzo de 1941

18 Dorset Chambers

Chagford Street NW 1

Apreciado Sr. Bokhari:

Le he enviado un borrador de cuatro emisiones radiofónicas sobre crítica literaria,1 de las que hablamos hace una o dos semanas. Creo que son lo bastante completas para que se haga una idea de si es lo que necesita, y, en caso de que lo sean, puedo empezar a preparar los guiones. En realidad no sé si puede interesar a una audiencia india, pero me pidió que me basara en mis propios intereses y, como es natural, me alegra tener la oportunidad de hacerlo.

 

[XII, 776, pp. 451-452; mecanografiada]

 

 

La reseña de Orwell de la biografía del mariscal de campo Allenby, escrita por el general Wavell, había aparecido en Horizon en diciembre de 1940 y Orwell comentó en la entrada del 2 de enero de 1941 de su Diario de guerra que su crítica había aparecido cuando Wavell estaba teniendo éxitos en el norte de África. Janus, en A Spectator’s Notebook, observó el 21 de febrero que era irónico que la reseña apareciera el día que Sidi Barrani cayó ante los británicos, y subrayó en particular el comentario de Orwell de que Allenby era «tal vez […] el mejor de los peores […] carece totalmente de interés, lo cual dice también mucho del general Wavell». A eso siguió una carta de A. C. Taylor, publicada en The Spectator el 7 de marzo de 1941, que había reparado en los comentarios de Janus y llamaba la atención sobre otra coincidencia interesante: en el mismo número de Horizon se había publicado «La clase gobernante» de Orwell, en la que afirmaba que la bayoneta servía solo para usarla como abrelatas, en un momento en que miles de soldados italianos se habían rendido al ver cargar al enemigo con dicha arma en la mano.

 

 

A The Spectator

 

21 de marzo de 1941

 

Apreciado señor: La carta del señor A. C. Taylor alude a la utilidad de las bayonetas y también a un A Spectator’s Notebook de la semana pasada. Espero poder responder a ambas críticas al mismo tiempo. Por supuesto me equivoqué respecto al general Wavell, y Dios sabe lo mucho que me alegro. Lo que dije en la crítica de su vida de Allenby fue que el general Wavell ostenta uno de los cargos clave en la guerra actual y que el único modo de intentar sondear su intelecto era a través de las únicas pruebas disponibles, es decir, el propio libro. Insisto en que se trataba de un libro aburrido, sobre un hombre que tal vez fuese un soldado muy capaz, pero tenía una personalidad aburrida. En lo que me equivoqué fue al suponer que las carencias literarias del general Wavell reflejaban de algún modo su habilidad como militar. Me disculpo ante él, en caso de que llegue a leer estas líneas, aunque dudo mucho que le afectara lo que yo pudiese decir.

En cuanto a las bayonetas, el señor Taylor afirma que las tropas italianas, «tanto en Libia como en Albania, se rindieron a cientos y a miles en cuanto vieron cargar al enemigo con esa arma en la mano». Supongo que los tanques, los aviones, etc., también tuvieron algo que ver en su rendición. Es preciso utilizar el sentido común. Un arma capaz de matar a cientos de yardas de distancia es superior a otra que solo puede matar cuando uno está a unos pocos pies. De lo contrario, ¿para qué tenemos armas de fuego? Es cierto que una bayoneta puede ser aterradora, pero también lo es una metralleta, que tiene la ventaja añadida de que con ella se puede matar a alguien. Desde luego, un soldado con una bayoneta en la punta del fusil parece muy peligroso, pero también lo parece con el macuto lleno de granadas de mano. En la última guerra circularon las mismas historias propagandísticas sobre el «poder de la bayoneta», tanto en los periódicos alemanes como en los británicos. Había anécdotas de miles de prisioneros alemanes con heridas de bayoneta, siempre en el trasero, e incontables caricaturas alemanas mostraban a soldados británicos huyendo de los alemanes que les pinchaban también en el trasero. Sin duda los psicoanalistas sabrán explicarnos por qué esta fantasía de pincharle a tu enemigo en el trasero resulta tan atractiva para los civiles sedentarios. Pero las estadísticas publicadas después de la guerra demostraron que solo el 1 por ciento de las bajas murieron por herida de bayoneta. En esta contienda en la que las armas automáticas han cobrado mayor importancia aún serán menos.1

Pero ¿por qué me quejé en el libro al que se refiere el señor Taylor de que siga instruyéndose a los soldados en el uso de la bayoneta? Pues porque es una pérdida de tiempo que debería dedicarse a instruirlos en otras cosas que les serían más útiles y porque una creencia mística en las armas primitivas es muy peligrosa para una nación en guerra. La experiencia de los últimos cien años demuestra que, así como las opiniones militares se vuelven realistas después de una derrota, en los períodos intermedios siempre gana terreno la idea de que se puede pasar por alto el poder de las armas de fuego si la moral es alta. La mayoría de los oficiales británicos antes de 1914 «no creían» en la ametralladora. Los resultados pueden comprobarse en los enormes cementerios del norte de Francia. No digo que la moral no tenga importancia. Por supuesto que la tiene. Pero, por el amor de Dios, no nos engañemos pensando que derrotaremos a las divisiones mecanizadas alemanas con fusiles y bayonetas. La campaña de Flandes debería haber demostrado si es o no posible.

Atentamente.

 

[XII, 778, pp. 453-454; mecanografiada]

 

 

De Eileen* a Norah Myles*

 

[¿Marzo de 1941?]

[sin encabezamiento]

El escudo del membrete indica que el papel se echó a perder antes de florecer. Lo mismo puede decirse de mis días como empleada pública. No tengo mucho papel, así que para resumir:

Estado físico: muy mejorado por los ataques aéreos, probablemente porque ahora duermo más horas que nunca;

Estado mental: mejorado temporalmente por los ataques aéreos, pues supusieron un cambio, aunque ha vuelto a empeorar ahora que amenazan con volverse monótonos.

Acontecimientos desde que empezó la guerra: trabajo diario inconcebiblemente aburrido; esfuerzos semanales por salir de Greenwich siempre frustrados; visitas mensuales a la casa en el pueblo que sigue como siempre, pero cada vez más sucia.

Planes para el futuro: proyectos de dejar un piso amueblado («chambers»)1 que tenemos en Baker Street y mudarnos a uno sin amueblar al norte de Baker Street para seguir en el distrito de la Home Guard de Eric, con la idea de que podríamos vivir en ese piso, que probablemente se verá frustrada porque no podemos permitirnos gastar ni cinco chelines, porque cada vez quedan menos pisos en pie y porque tal vez dejemos de vivir en ningún sitio. Aunque lo último es improbable porque el resumen más breve y preciso sería que:

 

A Pig

NUNCA LE PASA NADA

 

Por favor, escríbeme. Estoy demasiado deprimida2 para escribir una carta. Muchas veces he pensado que podría ir a Bristol, pero hace literalmente años que no dispongo de un fin de semana para mí y seguro que George tendría una hemorragia. Supongo que Londres no es el mejor sitio donde ir, pero si lo haces llama a NATIONAL 3318. Mi jefe de departamento me teme tanto como tomar una decisión por sí solo, así que podría conseguir tiempo libre. Da recuerdos a todos. E.3

 

[LO, pp. 81-82; CW, XII, 771A, p. 443; manuscrita]

 

 

Al reverendo Iorwerth Jones*

 

8 de abril de 1941

111 Langford Court

Abbey Road

Londres NW 8

Apreciado Sr. Jones:

Muchas gracias por su carta. Tal vez, en uno o dos casos, me expresara de forma ambigua [en El león y el unicornio] y pueda aclarar las cosas respondiendo a algunas de sus dudas.

1. «EE. UU. necesitará un año para movilizar sus recursos incluso si se consigue meter en cintura a las grandes empresas.» Comenta usted que son los huelguistas quienes retrasan la producción, lo cual es cierto, claro, pero yo estaba intentando ir más allá de la causa inmediata de la obstrucción. El esfuerzo que debe hacer hoy una nación en guerra solo puede conseguirse mediante el reclutamiento tanto del trabajo como del capital. En última instancia, es necesario que el trabajo esté sometido a la misma disciplina que las fuerzas armadas. Dicha condición se da en la URSS y en los países totalitarios. Pero solo resulta practicable si todas las clases se someten a la misma disciplina; de lo contrario, se produce un resentimiento constante y fricciones sociales, que se harán notar en forma de huelgas y sabotajes. A largo plazo, creo que los más difíciles de controlar serán los hombres de negocios, que son quienes más tienen que perder con un cambio de sistema y en algunos casos son claramente favorables a Hitler. Más allá de cierto punto, combatirán la pérdida de su libertad económica y, mientras sigan haciéndolo, persistirán las causas de inquietud entre los trabajadores.

2. Objetivos bélicos. Por supuesto, estoy a favor de que declaremos nuestros objetivos en esta guerra, pese a que proclamar un plan detallado de la reconstrucción en la posguerra conlleva el riesgo de que Hitler, a quien le trae sin cuidado incumplir sus promesas, aumente la oferta en cuanto declaremos dichos objetivos bélicos. De lo único que me quejaba en el libro era de la idea de que la propaganda puede conseguir algo sin exhibición de fuerza militar. El libro de Acland Unser Kampf, al que me he referido, parece dar por sentado que, si les dijésemos a los alemanes que queremos una paz justa, dejarían de combatir. Es la misma idea que defiende, aunque en este caso no de buena fe, la Convención del Pueblo1 (Pritt2 & Co.).

3. Una revuelta profascista en la India. No estaba pensando principalmente en la India, sino en la comunidad británica de la India. Un general británico que intentara un golpe de estado fascista probablemente utilizaría la India como trampolín, igual que Franco utilizó Marruecos. Por supuesto, no es probable en este momento de la guerra, pero hay que pensar en el futuro. Si alguna vez se produce una intentona por imponer abiertamente el fascismo en Gran Bretaña, creo que casi con toda seguridad se utilizarán las tropas mestizas.

4. Gandhi y el pacifismo. Tal vez no debería dar a entender que los pacifistas son siempre gente que ha vivido una vida acomodada, aunque es cierto que los pacifistas «puros» por lo general pertenecen a las clases medias y han crecido en circunstancias muy excepcionales. Pero es un hecho que el movimiento pacifista apenas existe salvo en comunidades donde la gente no cree probable que se produzca una invasión y conquista extranjeras. Por eso los movimientos pacifistas se dan siempre en países marítimos (tengo entendido que hay un considerable movimiento pacifista incluso en Japón). Un gobierno no puede seguir una línea pacifista «pura», pues si se negase a emplear la fuerza en cualquier circunstancia sería derrocado por cualquier otro gobierno, incluso por cualquier individuo, que estuviese dispuesto a utilizarla. El pacifismo siempre se niega a enfrentarse al problema del gobierno y los pacifistas piensan siempre como personas que nunca llegarán al poder, por eso los he tildado de irresponsables.

Desde hace veinte años, el gobierno de la India ha considerado a Gandhi su mano derecha. Sé lo que estoy diciendo, fui oficial de la policía india. Siempre se admitió con el mayor cinismo que Gandhi hacía que el gobierno de la India resultara más fácil para los británicos, porque se oponía siempre a cualquier acción eficaz. La razón de que se trate a Gandhi con tanta benevolencia cuando está en la cárcel e incluso se le hagan pequeñas concesiones cuando prolonga demasiado uno de sus ayunos, es que los funcionarios británicos temen que muera y sea reemplazado por alguien que crea menos en la «fuerza del alma» y más en las bombas. Gandhi, por supuesto, es honrado y desconoce el modo en que se le utiliza, y su integridad personal lo hace aún más útil. No diré que sus métodos no vayan a tener éxito a largo plazo. En cualquier caso, puede decirse que al impedir la violencia e impedir por tanto que las relaciones se enconen más allá de cierto punto, ha hecho más probable que el problema de la India acabe resolviéndose de forma pacífica. Pero resulta difícil de creer que pueda expulsarse alguna vez a los británicos de la India con dichos métodos, y desde luego los británicos allí destinados no lo creen. En cuanto a la conquista de Inglaterra, sin duda Gandhi nos aconsejaría dejar gobernar a los alemanes antes que combatirlos, como, de hecho, fue lo que defendió. Y, si Hitler conquistara Inglaterra, supongo que promovería un movimiento pacifista nacional, que impidiera una resistencia seria y por tanto le hiciese más fácil gobernar.

Gracias por escribirme.

Atentamente,

George Orwell

 

[XII, 785, pp. 465-467; mecanografiada]

 

 

A Dorothy Plowman*

 

20 de junio de 1941

111 Langford Court

Abbey Road NW 8

Querida Dorothy:

No sé qué decir de la muerte de Max. Ya sabes lo inútil que parece intentar ofrecer consuelo cuando alguien muere. Mi mayor pesar es que haya fallecido antes de que acabe esta maldita guerra. Llevaba casi dos años sin verle, estaba totalmente en desacuerdo con él respecto a la cuestión del pacifismo, pero, pese a lo mucho que lo lamento, tal vez me comprendas si te digo que tengo la sensación de que en el fondo no tenía importancia. Siempre he creído que el desacuerdo más fundamental no cambiaba lo más mínimo la relación que uno pudiera tener con Max, no solo porque era incapaz de cometer ninguna mezquindad, sino también porque parece imposible sentir resentimiento contra una opinión defendida con sinceridad. Pensaba que aunque Max y yo tuviésemos opiniones diferentes en casi cualquier asunto concreto, había algo en su visión de la vida en lo que podía coincidir con él. Lo quería mucho, y siempre fue muy bueno conmigo. Si recuerdo bien, fue el primer editor inglés en publicar uno de mis escritos, hace más de doce años.1

Todavía están pendientes las 300 libras que me prestó, por mediación tuya, un benefactor anónimo.2 Espero que eso no te avergüence. Ahora mismo me es imposible devolvérselas, pero espero que entiendas que continúo teniendo intención de pagártelas. Hoy en día es difícil ganar lo suficiente para vivir. No se pueden escribir libros mientras esté en marcha esta pesadilla y, aunque tengo mucho trabajo periodístico y radiofónico, gano lo justo para comer. Hemos estado en Londres desde que estalló la guerra. Conservamos la casa en el pueblo, pero la hemos dejado sin amueblar y solo nos las arreglamos para ir muy de vez en cuando. Eileen ha estado trabajando más de un año en el Departamento de Censura, pero la he convencido de que lo deje por un tiempo, pues estaba perjudicando su salud. Descansará una temporada y luego tal vez busque un trabajo menos exasperante y fútil. No puedo alistarme en el ejército porque médicamente estoy clasificado como clase D, pero estoy en la Home Guard (¡soy sargento!). Llevo un tiempo sin tener noticias de Richard Rees, la última vez que supe de él era artillero en un barco de transporte de carbón.

Eileen te envía muchos besos. Por favor, dale recuerdos también a Piers3 y a todos los demás. Deduzco por tu tarjeta que Piers está ahora en Inglaterra. Espero que hayáis podido apartarlo del peligro. Es una mala época para vivir, pero creo que cualquiera de la edad de Piers tiene posibilidades de llegar a ver algo mejor.

Tuyo,

Eric Blair

 

[XII, 817, pp. 514-515; mecanografiada]