1941-1943
Orwell trabajó de sol a sol para la BBC. Escribió 105 boletines en inglés para la India, para la Malasia ocupada, y para Indonesia. También escribió los originales para 115 boletines que se tradujeron a lenguas indias. Sabemos que algunos se escucharon en los territorios ocupados por los japoneses. Después de la guerra, una monja en Malasia, la hermana Margaret, contó a una oficial del WRAC, Barbara Rigby, que ella y las demás hermanas arriesgaban la vida para escucharlo y recorrían muchas millas a pie para contarle a otros lo que habían oído. Las monjas contaron que vitoreaban su nombre: «Bendecíamos a aquel buen hombre». La idea de la propaganda de Orwell consistía en emitir programas educativos y culturales. Mucho antes de la existencia de la Universidad Abierta impartió cursos basados en el currículo de las universidades de Calcuta y Bombay sobre literatura, ciencia, medicina, agricultura y psicología, y contó con oradores tan distinguidos como T. S. Eliot y Joseph Needham. Organizó programas sobre «grandes libros», entre ellos el Corán y Das Kapital, y sobre música y poesía. Hubo un programa muy curioso en el que cinco escritores famosos, entre ellos E. M. Forster completaron, cada uno por su cuenta, un relato iniciado por Orwell. Él, por su parte, hizo adaptaciones radiofónicas.
¿Qué eficacia tuvo todo esto? Orwell pensaba que había perdido el tiempo y los índices de audiencia no parecían mucho más alentadores, pero una carta recibida tras la muerte de Eileen podría indicar lo contrario. El 20 de noviembre de 1945, Balraj Sahni escribió a Orwell desde Bombay para expresarle sus condolencias y las de su mujer. Balraj y su mujer, Damyanti, habían trabajado con Orwell en una serie sobre métodos de interpretación teatral, Let’s Act it Ourselves. Balraj Sahni escribió: «No te veíamos mucho, pero te teníamos mucho aprecio, tanto por tu labor como por tu sinceridad. La noticia nos ha entristecido mucho». Añadió que estaban trabajando en el Teatro Popular de la India, «no ganamos mucho dinero, pero estamos muy contentos». Les encargaron casi cincuenta nuevas obras de teatro, que habían interpretado ante un público que en total superaba el millón de personas. Damyanti murió muy joven en 1947. Balraj se convirtió en un famoso actor cinematográfico. Orwell también presentó en forma abreviada la obra en sánscrito Mrocchakatika («El carrito de arcilla»). No obstante, cuando se interpretó en Londres, casi cuarenta años más tarde, se anunció que era un «estreno».
En segundo, lugar, el 7 de agosto de 1943, el director del Servicio de la India, Rushbrook Williams, escribió en su informe anual confidencial sobre Orwell (reproducido aquí gracias a la amabilidad del Written Archives Centre de la BBC): «Tiene gran facilidad para escribir y una gracia literaria que le da un tono distinguido a su obra. […] Sobrelleva sin quejarse una mala salud, que jamás ha afectado a su trabajo, aunque a veces pueda crisparle un poco. Tengo la mejor opinión de su moral y de su capacidad intelectual. Es de una honradez transparente e incapaz de ningún subterfugio, y en otra época creo que lo habrían canonizado o quemado en la hoguera. Ambos destinos los habría sobrellevado con idénticos estoicismo y valor. Es un compañero poco habitual, pero de una inteligencia y un espíritu verdaderamente distinguidos». Su logro fue nada menos que ser la inspiración del Tercer Programa (hoy Radio 3).
En mitad de todo esto, la madre de Orwell, Ida, murió el 19 de marzo de 1943 a causa de una bronquitis complicada con enfisema. Orwell estaba junto a la cabecera de su cama, pero, como apunta Gordon Bowker, no sirvió para que su hijo dejara de fumar sus cigarrillos liados a mano (p. 297).
De una carta de Orwell a Laura Buddicom, 27 de junio de 1920.
He aquí un resumen de la única copia que se conserva de un memorando en el que se constituye el Comité de Servicios Orientales de la BBC. Lo escribió R. A. Rendall, director del Servicio Imperial en la época, y se trata de la copia enviada a R. W. Brock de la Sección de la India del Ministerio de Información (ubicado en la Senate House de la Universidad de Londres, que serviría de modelo para el Ministerio de la Verdad en 1984).
16 de octubre de 1941
[sin encabezamiento: memorando interno de la BBC]
Le supongo al corriente de que, como parte de nuestro esfuerzo por integrar y expandir los Servicios Orientales de la BBC, hemos decidido constituir un Comité de Servicios Orientales, que se reunirá de manera regular cada quince días. En dicho Comité, que será un organismo interno de la Corporación, estarán representados la Oficina de la India y el Ministerio de Información. […] El Comité lo presidirá el profesor Rushbrook Williams, recientemente nombrado director de Servicios Orientales. […]
Se pretende que la primera reunión del Comité se celebre a las 2.30 p.m. en la Sala 101 del 55 de Portland Place el miércoles 22 de octubre.
[XIII, 870, pp. 57-58]
Se incluía un programa. Orwell no fue invitado a la primera reunión (aunque sí acudió su superior Zulfaqar Ali Bokhari). El 55 de Portland Place era un bloque de pisos cerca de la Broadcasting House que la Sección India utilizó hasta que se trasladó al 200 de Oxford Street. Cuando se devolvió a la BBC se remodeló por completo y los planos que han sobrevivido no muestran la distribución original, por lo que no ha podido identificarse la Sala 101. Probablemente estuviese en el primer piso. Y desde luego no estaba en la Broadcasting House. Se sabe que Orwell asistió al menos a doce reuniones y que el 14 de octubre de 1942 aparece en una lista como coordinador de un subcomité para explorar las posibilidades de organizar concursos de teatro y poesía en la India. En esa época la BBC se había trasladado al 200 de Oxford Street y la reunión se celebró en la Sala 314.
En 1984 O’Brien le dice a Orwell que lo que hay en la Habitación 101 es lo peor del mundo. La impresión es que se trataba de algo como el ahogamiento, la muerte en las llamas o por empalamiento, pero Orwell es más sutil: para muchos, y para él, lo peor del mundo es la vida misma del burócrata: la asistencia a las reuniones.
A E. Rowan Davies*
16 de mayo de 1942
Información relativa a la campaña de Birmania
Las preguntas que, a mi entender, podría ser útil plantear al gobierno de Birmania son:
i. Cuántos voluntarios birmanos fueron evacuados cuando las tropas británicas partieron de la India, y qué proporción de ellos eran funcionarios.
ii. Cuál fue la actitud de los funcionarios birmanos cuando la derrota parecía inminente. Si hubo una clara diferencia en la lealtad demostrada por los funcionarios birmanos e indios. Hasta qué punto sabemos si los funcionarios birmanos continúan trabajando bajo la ocupación japonesa.
iii. Cuál fue el comportamiento bajo el fuego de los regimientos y la policía militar birmanos. Si había verdaderos birmanos (no kachin, etc.) combatiendo en el bando británico.
iv. Qué diferencias se apreciaron entre la actitud política de los birmanos propiamente dichos y los karen, los shan, los chin y los kachin.1
v. Qué parte de la población euroasiática, sobre todo en Rangún, Moulmein y Mandalay, fue evacuada con los británicos y cuántos se quedaron bajo la ocupación japonesa. Si se sabe si alguno de los que se quedaron ha cambiado de bando.
vi. Cuál ha sido el comportamiento de la población birmana bajo los ataques aéreos. Si han despertado algún resentimiento contra los japoneses, admiración por su superioridad aérea o simplemente pánico.
vii. Si los nativos cristianos, sobre todo los karen2 están influidos de algún modo por los movimientos nacionalistas.
viii. Cuántas emisoras de onda corta se sabe que estaban en manos birmanas, indias y euroasiáticas antes de la invasión.
ix. Información detallada sobre los partidos nacionalistas y de izquierdas birmanos. Los puntos principales son:
a. El número y la composición local y social del partido Thakin.3
b. Hasta qué punto predominan los sacerdotes budistas.
c. Qué contactos existen entre los partidos nacionalistas birmanos y el Partido del Congreso y otros partidos indios.
d. Los comunistas birmanos, si los hay, y sus contactos.
e. La extensión del movimiento sindical birmano y si tiene contactos con los sindicatos en la India o en Europa.
x. Cuál es el número estimado de birmanos que combaten en el bando japonés. Si se trata de gente de buena posición social o son solo forajidos, etc. Si se sabe si han combatido con valor.
xi. Cuál era la extensión de la infiltración japonesa antes de la invasión. Si se sabe si muchos japoneses hablan las lenguas locales,4 sobre todo birmano, y hasta qué punto es probable que en general dependan de los birmanos para supervisar e interpretar.
Eric Blair
[XIII, 1174, pp. 327-328; mecanografiada]
El 27 de junio de 1942, el Picture Post publicó «el primer artículo de una importante nueva serie» «Britain’s Silent Revolution», de J. B. Priestley. La serie preguntaba «¿Qué está ocurriendo en Gran Bretaña? ¿Qué país se está formando con la guerra?». Al principio del artículo de Priestley estaba esta afirmación en letra negrita: «Nos amenaza la decadencia, pero la guerra nos ha salvado. Algunas de las antiguas bendiciones han sido arrancadas de raíz, pero muchas de las nuevas crecen firmes. He aquí nuestra gran oportunidad de construir una sociedad realmente saludable». El 4 de julio, el parlamentario Vernon Bartlett escribió sobre «The Revolt Against Party Politics» y el 11 de julio se publicó una columna, «What they Say About Bartlett and Priestley». Se publicaron dos cartas en respuesta al artículo de Priestley, una del obispo de Bradford y esta de Orwell.
Al Picture Post
11 de julio de 1942
Estoy de acuerdo con el señor Priestley respecto a la dirección general en que se mueve la sociedad, pero no comparto su aparente convicción de que las cosas ocurrirán inevitablemente lo bastante deprisa para impedir que la pandilla de siempre vuelva a clavarnos las garras. Hace dos años habría repetido sus opiniones optimistas con más confianza que ahora. En aquella época un espantoso desastre había llevado al país a lo que parecía la primera fase de una revolución, y parecía creíble que los privilegios de clase y las desigualdades económicas desaparecerían rápidamente bajo la presión del peligro. Es evidente que no ha sido así. Aunque coincido con el señor Priestley en que es improbable que volvamos a la sociedad que conocíamos antes de 1939. No comparto la opinión que todavía parecen tener algunos de que «esta es una guerra capitalista» y de que, si salimos vencedores, sencillamente volveremos a ver en el poder a la clase gobernante británica. Lo que me gustaría leer en el próximo artículo del señor Priestley no es «¿Qué?», sino «¿Cómo?», simplemente cómo vamos a conseguir la sociedad verdaderamente democrática que queremos.
George Orwell, Abbey Road, NW 8.
[XIII, 1269, p. 391; mecanografiada]
A Alex Comfort*
15 de julio de 1942
10a Mortimer Crescent
London NW. 6
Apreciado Sr. Comfort:
Los de Partisan Review me enviaron una copia de la carta que les había escrito usted, junto con algunas otras. Tengo entendido que van a imprimir todas, o extractos de ellas junto con mi respuesta. Pero había una cuestión a la que he preferido no responder públicamente. Cuestionaba usted mi alusión al «antisemitismo» (por cierto, que no dije «antisemitismo», sino «acoso a los judíos», que es muy diferente) en el Adelphi. Por supuesto, estaba pensando en Max Plowman, que odiaba a los judíos, y aunque era consciente de esa tendencia y luchaba contra ella, a veces dejaba que influyese en su labor editorial. Tenía dos ejemplos concretos en la cabeza. El primero cuando en 1938 se publicó el libro de Macmurray The Clue to History. Era un libro muy poco equilibrado y extremadamente tendencioso a favor de los judíos. Max montó en cólera e hizo que lo revisaran cinco personas diferentes, entre ellas él y yo mismo, en un número del Adelphi. Su reseña (puede usted consultarla, apareció en torno a diciembre de 1938) estaba escrita en un tono claramente agresivo. Más tarde metió al Adelphi en una polémica con un judío cuyo nombre no recuerdo, Cohen me parece, a propósito de las actividades belicistas de los judíos. Después de dar su opinión con mucho desprecio y sacar de quicio al judío, Max declaró de pronto zanjada la polémica y no le permitió responder. Eso debió de ser en 1939. Desde que empezó la guerra, Murry se ha referido al menos una vez en términos aparentemente aprobatorios a la «eliminación» de los judíos por parte de Hitler.
La razón por la que prefiero no publicar esto es que Max era un viejo amigo mío y siempre se portó bien conmigo, su viuda podría enterarse y sentirse dolida si citara nombres. En mi respuesta al Partisan Review he incluido una nota donde indico que iba a escribirle personalmente, pero supongo que la omitirán junto con su pregunta,1 pues he explicado las circunstancias a Dwight Macdonald.
Atentamente,
George Orwell
[XIII, 1282, pp. 405-406 (incluye la
respuesta de Alex Comfort); mecanografiada]
Alex Comfort respondió el 16 de julio de 1942:
Apreciado Sr. Orwell:
Muchas gracias por su carta. Desconocía esa faceta de Max y tenía usted toda la razón. No debería haberle contestado en lo que se refería al Adelphi, pues solo lo he conocido después de la guerra: pensé que se refería usted a que el acoso a los judíos era algo reciente, una característica surgida durante el período del que informaba usted. (Supongo que lo de Max venía de bastante lejos.)
Pensé que algunas de las cosas que decía merecían una respuesta más larga, pero dudaba de que P. R. tuviese espacio más que para una respuesta muy breve. Sinceramente no creo que nosotros seamos más profascistas que nuestros predecesores, aunque, a juzgar por la gente que he conocido, diría que estaban más cerca del nihilismo ruso que de cualquier línea de pensamiento contemporáneo.
En todo caso, a menudo quiero discutir con Peace News, no porque sean fascistas, sino porque intentan, como usted dice, defender una cosa y la contraria. He escrito a J. M. Murry conminándole, pero no ha publicado mi carta. Necesita otra que empiece «Maldito el hombre que cree que puede adoptar opiniones opuestas y afirmar que, sea cual sea el resultado, tenía razón».
Me gustaría aprovechar la ocasión para felicitarle por el artículo de Horizon sobre Donald McGill. Era el mejor ejemplo de análisis que he leído nunca.
Escribiré al director de P. R. y le explicaré que estoy totalmente de acuerdo con usted después de leer sus explicaciones. No quería ponerle en un aprieto a propósito de un asunto personal, y me disculpo por mi indiscreción.
Le deseo lo mejor y vuelvo a expresarle mi agradecimiento,
Alex Comfort
Me habría gustado iniciar una discusión sobre su reseña,2 pero el Adelphi no disponía de espacio suficiente. En cualquier caso, gracias por escribirla. Hizo que me replanteara algunas de mis opiniones.
A Routledge & Sons Ltd.
23 de julio de 1942
La BBC
Broadcasting House
London, W 1
Apreciado Sr.:
Acabo de ver un libro suyo titulado Victory or Vested Interests, en el que han incluido ustedes una conferencia mía que dicté el año pasado en la Sociedad Fabiana. Les envié la conferencia en versión mecanografiada y creo recordar que también corregí las pruebas. Veo ahora que han hecho ustedes una serie de cambios inadmisibles sin consultarme, algo que no habría descubierto si no hubiese comprado un ejemplar del libro, pues ustedes no me han enviado ninguno. Me he puesto en contacto con mis agentes literarios para ver qué solución podemos encontrar a semejante trato, pero entretanto, me gustaría que me diese usted una explicación. Le agradeceré que responda cuanto antes.1
Atentamente,
Geo. Orwell
[XIII, 1319, p. 424; mecanografiada]
El 8 de agosto de 1942, el capitán Basil Liddell Hart escribió a Orwell expresándole su sorpresa de que alguien de su agudeza se hubiese dejado confundir, en lo relativo a la evolución de la guerra mecanizada y el uso de divisiones acorazadas, por el libro Charles de Gaulle, de Philippe Barrès, que Orwell había reseñado en The Observer el 2 de agosto (XIII, 1346, pp. 443-444). Envió a Orwell seis páginas de notas para demostrarle que no había sido De Gaulle quien había diseñado los métodos modernos de guerra con tanques, adoptados por los alemanes en mayor grado que por los franceses o los británicos, sino un oficial británico, el coronel J. F. C. Fuller (1878-1966; compañero de la Orden del Baño, Orden de Servicios Distinguidos) en 1927. (Fuller fue identificado por el servicio de seguridad como «el hombre fuerte dispuesto a tomar parte, si no a presidir, un Vichy británico.) Dos años después, el Ministerio de la Guerra británico había publicado «el primer manual oficial sobre la guerra mecanizada […] que recogía la nueva idea». En él se hablaba de la organización y los métodos que se convertirían en los cimientos de los ataques con Panzer. El libro del general De Gaulle, Vers L’Armée de Métier (1934), solo dedicaba 10 de sus 122 páginas en su traducción inglesa a exponer tácticas militares. Lo cual, según Liddell Hart, no era muy sorprendente, pues «la primera vivencia personal de De Gaulle con tanques no se produjo hasta tres años más tarde, en 1937». Niall Ferguson, en su Guerra del mundo (2006), trata sobre la considerable influencia ejercida por Liddell Hart en la estrategia aérea y el uso de tanques; por desgracia, dicha influencia fue enorme no en Inglaterra, sino en Alemania, sobre todo en Heinz Guderian, comandante del 19.º Cuerpo del Ejército Alemán (pp. 386-387).
A B. H. Liddell Hart*
12 de agosto de 1942
10a Mortimer Crescent
NW 6
Apreciado capitán Liddell Hart:
Muchas gracias por su carta. Lamento haber aceptado a la ligera la teoría de que los alemanes habían sacado de De Gaulle sus teorías sobre el uso de los tanques. El Observer tuvo que resumir mi crítica del libro de Barrès recortando un pasaje de un memorando de principios de 1940. Antes de leer el libro de Barrès no había tenido acceso a él, y desde luego me pareció que predecía con una clarividencia notable lo que ocurrió unos meses después. La leyenda del «hombre de quien aprendieron los alemanes» se había elaborado previamente y, puesto que no estoy muy versado en literatura militar, la acepté a grandes rasgos. Había leído muchos de sus propios escritos, pero no reparé en que los alemanes se hubiesen inspirado en ellos hasta ese punto. Y me sentí más inclinado a aceptar a De Gaulle como un innovador revolucionario a causa de la naturaleza evidentemente obsoleta del ejército francés en su conjunto. Desde otoño de 1938 hasta la primavera de 1939 estuve viviendo en Marruecos, y como es lógico, ante la inminencia de la guerra, me fijé cuanto pude en el ejército colonial francés e incluso leí algunos de sus manuales de infantería. Me llamó la atención lo anticuado que estaba todo, y eso que, como digo, no soy un gran entendido sobre cuestiones militares. Si quiere, puedo escribir al Observer y decir que estaba equivocado y que atribuí parte de sus hallazgos a De Gaulle, aunque desde un punto de vista político preferiría escribir mal de él. Fue una desgracia que no pudiéramos poner un político de izquierdas al frente de Francia, pero puesto que De Gaulle es la única figura que tenemos ahora para representar a los franceses libres debemos tratarlo lo mejor posible.
No, no soy el autor de Bless ’Em All.1 No estoy en el ejército porque no soy apto físicamente (¡Clase IV!), aunque llevo en la Home Guard desde el principio y podría escribir un panfleto similar sobre eso. Ignoro quién es el autor, solo sé que es australiano. El libro se ha vendido mucho, 15.000-20.000 ejemplares y probablemente haya hecho mucho bien.
Me gustaría conocerlo cuando venga a Londres. Nunca salgo de la ciudad, pues trabajo para la BBC. Creo que Humphrey Slater es un amigo común.
Atentamente,
Geo. Orwell
[XIII, 1379, pp. 471-472; mecanografiada]
A Tom Wintringham*
17 de agosto de 1942
Apreciado Wintringham:
En general, igual que la mayoría de la gente que conozco, estoy de acuerdo con el documento que me envió,1 aunque creo que desde el punto de vista de la propaganda está totalmente equivocado. De hecho, exige dos cosas distintas que confundirán al lector medio; en primer lugar, la formación de un comité, y en segundo, el programa en que se basará dicho comité. Yo empezaría exponiendo con claridad, en aras sobre todo de su comprensión, un programa para la India junto con la afirmación de que eso es lo que aceptarían los dirigentes políticos indios. No empezaría a hablar de comités; en primer lugar, porque a la gente le deprime, y en segundo, porque el procedimiento que propone tardaría meses en ponerse en práctica y probablemente conduciría a un anuncio inconcluyente. Titularía el panfleto o lo que sea: «LIBERAD A NEHRU-REINICIAD LAS CONVERSACIONES» y luego establecería el plan para la India con seis frases muy sencillas:
1. Declaración inmediata de independencia de la India.
2. Gobierno nacional de transición con los principales partidos políticos según un reparto proporcional.
3. Alianza plena de la India con las Naciones Unidas.
4. Los principales partidos políticos colaborarán en todo lo posible con el esfuerzo bélico.
5. La administración existente se alterará lo menos posible durante la guerra.
6. Se firmará un acuerdo de comercio que garantice la salvaguarda razonable de los intereses británicos.
He ahí los seis puntos. Deberían ir acompañados de una declaración autorizada del Partido del Congreso de que están dispuestos a aceptarlos (como sin duda harán) y de que, si se garantizan esos términos, cooperarán en el aplastamiento de la facción projaponesa. El punto 6 debería incluir una provisión de que los gobiernos británico y de la India garantizarán conjuntamente las pensiones de los funcionarios británicos en la India. De ese modo, un pequeño coste podría neutralizar una fuente de oposición nada despreciable en dicho país.
Todo lo dicho podría incluirse en un folleto de una o dos páginas, y creo que podría tener repercusión. Es de crucial importancia que sea sencillo y llame la atención, pues la prensa ha informado tan mal que la gente está harta de la India y no llega a comprender su importancia estratégica. Y lo mismo ocurre con Estados Unidos.
Suyo,
[Sin nombre / cargo]
[XIII, 1391, pp. 479-480; mecanografiada]
A Leonard Moore*
4 de septiembre de 1942
10a Mortimer Crescent
NW 6
Apreciado Sr. Moore:
Muchas gracias por el cheque de 10 libras, 17 chelines y 1 penique y las facturas que le devuelvo con la presente.
Por desgracia, estoy demasiado ocupado para escribir nada que no sean artículos periodísticos. Además de trabajar en la BBC estoy en la Home Guard, y entre una cosa y otra no dispongo de muchas tardes libres. De todos modos, entre 1940 y 1941, escribí un diario y al cabo de un tiempo reparé en que podía ser publicable, aunque pensé que solo tendría interés pasados 5 o 10 años. Pero los acontecimientos se han sucedido de forma tan apresurada que parece que hayan transcurrido 10 años desde 1940, y no sé si valdría la pena probar suerte con unos cuantos editores. A una amiga que también escribía un diario se le ocurrió la idea de publicarlos juntos, pero ha cambiado de opinión.1 Ahora mismo lo están pasando a máquina, pero cuando esté terminado, dentro de unos 10 días, podremos ver si se puede hacer algo con él. Gollancz sabe de su existencia y dijo que quería verlo, aunque no sé si la gente estará harta de diarios de guerra. Creo que el mejor sitio para publicarlo podría ser Estados Unidos, siempre que pudiésemos contactar con un editor estadounidense y hacerle llegar el manuscrito a pesar de la censura. Mis libros nunca se han vendido bien en Estados Unidos, pero me parece que he ido creándome un pequeño público gracias a las «London Letters» que he escrito de vez en cuando los últimos 18 meses en la Partisan Review. El director me contó que un editor neoyorquino le había dicho que, en su opinión, valdría la pena publicarlas en forma de panfleto, y en ese caso el diario podría tener una oportunidad. Tiene unas 25.000-30.000 palabras, una extensión extraña, y supongo que las ventas no serían muy grandes, pero tal vez algún editor considere que vale la pena arriesgar unas cuantas libras.
Espero que el negocio vaya bien. Da la impresión de que todo el mundo se dedica a leer cuando consigue hacerse con un libro.
Atentamente,
Eric Blair
[XIV, 1443, p. 5; mecanografiada]
A Mulk Raj Anand*
7 de octubre de 1942
Querido Mulk:
Le devuelvo el guión de Guerra y paz porque quisiera que reescribiese el final, digamos desde la página 4 en adelante, a fin de subrayar los aspectos sociológicos de la novela. Creo que es cierto que Tolstói marcó el principio de una nueva actitud ante la novela, pero que en sí mismo no supuso un cambio tan grande como para justificar el título «Libros que cambiaron el mundo». Lo que yo quería era una charla sobre Guerra y paz que ejemplificara esa nueva forma de ver la guerra. Si no el primero, sin duda fue uno de los primeros libros que intentaron describir la guerra de forma realista, y muchas corrientes modernas de pensamiento, entre ellas probablemente el pacifismo, derivan hasta cierto punto de él. Por supuesto, no es propaganda pacifista lo que busco, pero creo que podría ser interesante comparar la descripción que hace Tolstói de la batalla de Oesterlitz1 con, por ejemplo, «La carga de la brigada ligera» de Tennyson.
Gollancz ha mostrado interés por su libro sobre la India.2 Dice que tendría que escribirlo deprisa, aunque eso sería fácil si sigue el método que tenía pensado. Quiere que usted o yo vayamos a verlo dentro de una semana, el 14 de octubre, a las 11 a.m. a su despacho. ¿Cree que podríamos vernos antes para esbozar un resumen del libro?
Atentamente,
George Orwell
[XIV, 1550, pp. 85-86; mecanografiada]
De Laurence Brander,* a L. F. Rushbrook Williams*
8 de octubre de 1942, con una copia a Orwell
Boletín de los sábados
En conversación esta mañana con el señor Eric Blair, he descubierto que escribe los boletines de los sábados que luego leen locutores indios. El público de la India cree que los escribe el propio locutor, y la audiencia es pequeña. Como sabe, nuestro público prefiere que sean ingleses bien conocidos. De modo que, si pudiese arreglarse para que los boletines dejaran de ser anónimos, pasaran a ser obra de George Orwell y fuese él quien los leyera,1 la gente los escucharía con atención en lugar de pasarlos por alto, pues pocos nombres gozan de tanto prestigio entre el público indio como el de George Orwell.
[XIV, 1557, p. 89; mecanografiada]
Al director de The Times
12 de octubre de 1942
10A, Mortimer Crescent
NW 6
Estimado señor:
¿Me permite hacer una o dos reflexiones sobre la decisión del gobierno británico de tomar represalias contra los prisioneros alemanes, que hasta el momento parece haber suscitado poquísimas quejas?1
Al encadenar a los prisioneros alemanes en respuesta a un acto similar por parte de los alemanes nos rebajamos, al menos ante un observador normal, al nivel de nuestros enemigos. Es indiscutible, si se considera la historia de los últimos diez años, que hay una profunda diferencia moral entre la democracia y el fascismo, pero, si empezamos a regirnos por el principio de ojo por ojo y diente por diente, conseguiremos que se olvide dicha diferencia. Además, en cuestión de crueldad, difícilmente podremos competir con nuestros enemigos. Tal como acaba de proclamar la radio italiana, el principio de los fascistas es dos ojos por un ojo y la dentadura completa por un diente. Antes o después, la opinión pública rechazará las implicaciones de esa afirmación, y no es difícil prever lo que ocurrirá. Como resultado de nuestra acción, los alemanes encadenarán más prisioneros británicos y nos veremos obligados a encadenar a más prisioneros del Eje, y así seguiremos hasta que, lógicamente, todos los prisioneros de ambos bandos estén cubiertos de cadenas. Por supuesto, en la práctica, el proceso nos asqueará a nosotros primero, y anunciaremos la interrupción de su uso, con el resultado de que habrá más prisioneros británicos encadenados que del Eje. Habremos actuado de forma bárbara y débil y habremos dañado nuestro buen nombre sin lograr aterrorizar al enemigo.
Me parece que la respuesta civilizada a lo perpetrado por los alemanes sería algo así: «Proclamáis que vais a encadenar a miles de prisioneros británicos porque maniatamos por un tiempo a media docena de alemanes en el ataque contra Dieppe. Es de una hipocresía repulsiva, en primer lugar por vuestro comportamiento en los últimos diez años, en segundo porque los soldados que hacen prisioneros tienen que atarlos hasta poder trasladarlos a un lugar seguro. Y maniatar a un hombre en esas circunstancias es muy distinto que encadenar a un hombre indefenso que ya está en un campo de internamiento. En este momento no podemos impedir que maltratéis a los prisioneros, pero no temáis que hagamos lo propio. Vosotros sois nazis y nosotros personas civilizadas. Un acto como este demuestra cuál es la diferencia».
En este momento puede no parecer una respuesta muy convincente, pero cualquiera que eche la vista atrás dentro de tres meses comprobará que es mejor que lo que estamos haciendo y que el deber de quienes conservan la cabeza fría es protestar para que no siga un proceso de venganza que es estúpido en sí mismo.
Atentamente,
George Orwell
[XIV, 1563, pp. 97-98; mecanografiada]
A R. R. Desai*
3 de marzo de 1943
Querido Desai:
El gobierno indio nos ha cablegrafiado pidiéndonos que hagamos algo en gujerati a propósito del informe Beveridge, así que tendremos que utilizar su parte del programa del lunes para eso. Es evidente que quieren saberlo todo, es decir, lo que propone el plan y también lo que sucedió en el debate parlamentario. No necesito decirle que la censura no permitirá ningún comentario, al menos por nuestra parte, que suponga una crítica contra el gobierno por suavizar el plan. Sin embargo, podríamos incluir el debate y los argumentos ofrecidos a favor y en contra del informe. Le sugiero que exponga los puntos del mismo, sin entrar en mucho detalle, pero subrayando los más importantes, sobre todo las ayudas familiares; después puede aludir al debate y explicar qué parte del informe ha propuesto adoptar el gobierno. Puede decir sin problemas que, quiten lo que quiten, se aprobará alguna que otra ayuda familiar. Y valdría la pena añadir que en sí mismo es un avance importante y que es probable que aumente la tasa de natalidad británica.1 En todo caso, es evidente que quieren un informe objetivo sobre el plan Beveridge más que una noticia propagandística. Puede dedicarle usted toda su parte del programa, o emplear unos diez minutos y reservar otros tres para los titulares de la semana, como desee. Cuento con que me enviará el guión con la suficiente antelación. Ya hemos cablegrafiado a nuestra gente en la India para decirles que esta semana trataremos el asunto Beveridge.
Atentamente,
Eric Blair
Productor de tertulias
Sección india
P. D. Le quedaré muy agradecido si me envía el guión antes del sábado [día 6].
[XV, 1923, p. 10; mecanografiada]
A Penguin Books
8 de marzo de 1942
10a Mortimer Crescent
NW 6
Apreciado señor:
En respuesta a su carta de fecha 5-3-1943 no estoy totalmente seguro sin comprobar los contratos de cuál es la situación de los derechos de mis libros, pero estoy casi seguro de que si el editor no ha publicado una edición barata dos años después de su aparición los derechos revierten sobre mí. Puedo comprobarlo, aunque no creo que ninguno de mis editores se oponga a la reedición de obras que aparecieron hace un tiempo. Los libros que creo que valdría la pena reeditar son (le incluyo la fecha de publicación):
Los días de Birmania (1934-1935)
Homenaje a Cataluña (1938)
Subir a por aire (1939)
Dentro de la ballena (1940)
Yo diría que Los días de Birmania es, con mucho, el más prometedor. Lo publicó por primera vez Harper’s en Estados Unidos y luego, en una edición ligeramente expurgada, Gollancz. La edición inglesa vendió entre 3.000 y 4.000 ejemplares, la estadounidense unos 1.000.1 Creo que vale la pena reeditarlo, y tiene un claro interés por la campaña de Birmania. A Gollancz no le quedan ejemplares y está descatalogado, pero tengo un ejemplar de la edición estadounidense. Dentro de la ballena también está agotado, y las existencias se destruyeron durante un ataque aéreo, pero conservo unas galeradas. No se vendió demasiado, aunque alcanzó cierta notoriedad porque hubo partes que se reimprimieron en revistas. Creo que Homenaje a Cataluña debería volver a publicarse, pese a que no sé si ahora es el mejor momento. Trata de la Guerra Civil española, pero no creo que a la gente le apetezca que saquemos eso ahora. Por otro lado, si España entra en guerra, supongo que durante un tiempo sería posible vender cualquier cosa que informase sobre sus asuntos internos, suponiendo que fuese posible imprimirlo a tiempo.
Me alegrará proporcionarle cualquier otra información que necesite.
Atentamente,
George Orwell
[XV, 1942, pp. 18-19; mecanografiada]
A Dwight Macdonald*
26 de mayo de 1943
10a Mortimer Crescent
NW 6
Apreciado Macdonald:
Muchas gracias por su carta (con fecha 13 de abril, aunque llegó ayer) y por el cheque. Incluyo una lista de 15 personas que podrían querer suscribirse a P[artisan] R[eview].1 Algunas me consta que conocen la revista y otras es posible que ya estén suscritas, pero no que yo sepa. Les enviaré una circular, diciéndoles que aceptan suscriptores extranjeros y ofreciéndome a prestarles algún ejemplar para que puedan echarle un vistazo. Forster se interesó cuando le enseñé uno hace un tiempo, así que estoy casi seguro de que se suscribirá si le insisten, igual que Myers y Rees.
Me alegro de que la última «London Letter» fuese un éxito y enviaré otra en cuanto pueda. Como verá por mis señas, no conseguí el trabajo que solicité (en el norte de África) y continúo en la BBC. Disfruto mucho escribiendo estas cosas para PR, es un enorme alivio poder escribir de vez en cuando lo que opino verdaderamente de la situación actual y, si alguna vez le he dado la impresión de querer dejarlo, es porque temo que sus lectores se cansen de oír noticias sobre Inglaterra provenientes de la misma persona. Mi punto de vista no es el único y, como habrá visto en muchas de las cartas de Alex Comfort, etc., hay quien se opone a él con mucho vigor.2 Pero, dentro de mis opiniones, he intentado ser veraz y me alegra mucho continuar si usted quiere.
Dentro de poco vamos a publicar un libro con las emisiones radiofónicas para la India de mi departamento.3 Creo que se enviarán algunos ejemplares a Estados Unidos, e intentaré conseguir un ejemplar para PR. Por supuesto, todos los libros de emisiones radiofónicas son aburridísimos, pero tal vez le interese leer algunos ejemplos de la propaganda británica en la India.
Le enviaré mi próxima carta en unos quince días, en cuyo caso debería llegarle antes de finales de julio, siempre que el correo no vuelva a retrasarse.
Cordialmente,
Geo. Orwell
[XV, 2089A, p. xxiv; mecanografiada]
A Alex Comfort*
Domingo [¿11?] de julio de 1943
10a Mortimer Crescent NW 6
Querido Comfort:
Muchísimas gracias por enviarme el ejemplar de New Road. Temo haber sido demasiado brusco con usted en el rifirrafe que tuvimos en Tribune,1 aunque usted tampoco fue muy delicado con ciertas personas. Me limité a escribir una respuesta política y tal vez moral, y, desde el punto de vista poético, su intervención fue inmensamente mejor, aunque la mayoría de la gente con quien hablé del asunto no se había dado cuenta. Creo que nadie reparó en que sus estrofas tenían todas el mismo ritmo. Hoy en día ya no hay respeto por el virtuosismo. Debería usted escribir algo más largo en ese género, parecido a «Vision of Judgement».2 Creo que hoy podría tener su público.
En cuanto a New Road. Estoy muy impresionado por la cantidad y por el nivel general de los versos que ha compilado. No conocía a la mitad de los autores. A propósito de Aragon3 y otros parecidos, he estado pensando en lo que decía sobre el efecto vivificante de la derrota sobre la literatura y sobre la vida nacional. Creo que tal vez tenga usted razón, pero me parece que solo se produce contra algo, es decir, contra una opresión extranjera, y que no puede ir más allá de cierto punto, a menos que vaya a romperse dicha opresión, cosa que debe hacerse por medios militares. Supongo que cualquiera puede aceptar la derrota con el convencimiento místico de que acabará venciendo sin más. Lo verdaderamente perverso me parece desear una paz «negociada» que supondría volver a 1939 o incluso a 1914. He escrito un artículo muy largo en Horizon a propósito del libro de Fielden sobre la India, pero no estoy seguro de que Connolly lo publique.4
Intentaré que Forster hable de New Road y del último número de New Writing, en una de sus charlas literarias mensuales para la India. Si no lo hace este mes, tal vez lo haga el que viene.5 Lo de menos aquí son las ventas, pero le dará más publicidad y al hablar de estas cosas por radio en tiempo de guerra tiene la sensación de que conserva una lamparita encendida en alguna parte. Debería intentar enviar unos cuantos ejemplares del libro a la India. Hay un pequeño público para esas cosas entre gente como Ahmed Ali6 y ahora apenas reciben libros. Hemos leído mucha poesía contemporánea en la radio para la India, y ahora van a hacer lo mismo en China con un comentario en chino. También hemos publicado algunos programas en forma de panfletos en la India y los hemos vendido por unas pocas annas, algo que podría ser útil, pero es muy difícil de organizar por culpa de la inercia y el obstruccionismo oficiales. Vi que incluía usted un poema de Tambimuttu. Si publica usted más números debería convencer a otros indios de que escribieran para usted. Hay algunos con mucho talento y están muy resentidos porque creen que la gente los desprecia y no querrían publicar su obra. Es muy importante desde varios puntos de vista intentar promover las relaciones culturales entre Europa y Asia. Las nueve décimas partes de nuestra labor en ese sentido es trabajo desperdiciado, pero de vez en cuando algún que otro panfleto, programa o lo que sea llega a la persona a quien estaba dirigida y eso hace más bien que cincuenta discursos de los políticos. William Empson7 se ha dejado la piel dos años intentando que emitan programas inteligentes para China, y creo que hasta cierto punto lo ha conseguido. Si me irritó lo que dijo usted de la BBC fue porque pensé en personas como él, aunque Dios sabe que soy el más capacitado para juzgar la mezcla de burdel y manicomio que es en su mayor parte.
Atentamente,
Geo. Orwell
[XV, 2185, pp. 168-169; mecanografiada]
El 28 de agosto, Ivor Brown escribió a Orwell, en nombre de The Observer, diciéndole que había oído que iba a dejar la BBC y preguntándole si le gustaría viajar a Argel y Sicilia «acreditado» por el Ministerio de la Guerra, aunque no como «corresponsal de guerra propiamente dicho». Debería escribir para otros periódicos además de para The Observer para repartir los gastos, «pero en esencia sería usted un empleado del periódico».
A Ivor Brown*
31 de agosto de 1943
10a Mortimer Crescent Londres NW 6
Estimado Sr. Brown:
Muchas gracias por su carta. Por supuesto, me encantaría ir al norte de África para ustedes, si logramos llegar a un acuerdo. Si así fuese, quisiera tener idea de las fechas. Aún no he presentado mi dimisión formal en la BBC, pero he informado a mis superiores de que tengo intención de marcharme, y si dimito se supone que debo hacerlo con dos meses de antelación. No obstante, no creo que me pusieran muchas objeciones si les avisase al menos unas semanas antes. A finales de esta tengo quince días de vacaciones. Por supuesto, renunciaría a ellos si la oportunidad de ir al norte de África fuese inmediata, pero de no ser así preferiría no hacerlo porque hace 14 meses que no he tenido vacaciones y me hace falta recuperarme. Le quedaría muy agradecido si pudiese darme una idea de cuándo podría materializarse el proyecto, en el caso de que siga adelante.
Atentamente,
Geo. Orwell
[XV, 2255, p. 208; mecanografiada]
A L. F. Rushbrook Williams*
24 de septiembre de 1943
BBC
Estimado Sr. Rushbrooke Williams,1
A modo de confirmación de lo que hablamos en conversación privada, quisiera presentar mi dimisión de la BBC, y le agradecería mucho que agilizara los trámites para el próximo cuatrimestre.
Creo haberle dejado claros mis motivos, pero prefiero ponerlos por escrito para evitar malentendidos. No me marcho por desacuerdos con la política de la BBC ni mucho menos por ningún tipo de queja personal. Al contrario, durante el tiempo que he trabajado en la BBC me han tratado con suma generosidad, me han dejado un amplio margen de maniobra y nunca me han obligado a decir en las ondas nada que no hubiese dicho como individuo particular. Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecerle personalmente su comprensión y la actitud generosa que ha demostrado siempre con mi trabajo.
Presento mi dimisión porque hace tiempo que tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo y malgastando el dinero público con un trabajo que apenas produce resultados. Creo que en la actual situación política las emisiones de propaganda británica en la India son una labor inútil. Compete a otros juzgar si deben o no continuar, pero prefiero no seguir perdiendo un tiempo que podría dedicar a un periodismo más eficaz. Creo que si vuelvo a mi trabajo como escritor y periodista seré más útil que ahora.
No sé cuánto tiempo de preaviso necesito.2 The Observer ha vuelto a ofrecerme ir al norte de África. Aún falta la aprobación del Ministerio de la Guerra y es posible que no prospere, pero lo digo por si tuviese que marcharme antes de lo previsto. En todo caso, procuraré dejar preparados algunos programas.
Atentamente,
Eric Blair
[XV, 2283, pp. 250-251; mecanografiada]
A S. Moos
16 de noviembre de 1943
10a Mortimer Crescent Londres NW 6
Apreciado Sr. Moos:
Espero que disculpe lo mucho que he tardado en comentar y devolverle el manuscrito adjunto, pero mi salud se ha resentido estas últimas semanas, y supongo que comprenderá que también he estado muy ocupado.
Lo que dice me parece muy interesante, pero tengo que hacerle dos críticas de carácter general. La primera es que me parece demasiado preocupado por él «qué» y olvida usted el «cómo». Es relativamente fácil ver los males de la sociedad industrializada moderna, y solo hay que dar un paso más para ver los fallos de las soluciones propuestas por socialistas, etc. Lo verdaderamente difícil es querer comunicar esas ideas a un grupo de personas lo bastante grande para causar un verdadero cambio en las tendencias de la sociedad. Sin duda tenemos que decidir qué mundo queremos, pero me permito sugerirle que el mayor problema al que se enfrentan los intelectuales hoy en día es la conquista del poder. Habla usted de formar una «nueva élite» (que probablemente sea necesaria, aunque la idea no me guste demasiado). Pero cómo empezar a formarla, cómo hacer eso, desde el interior del poderoso Estado moderno controlado por personas cuyo interés es impedir que suceda tal cosa, es otro cantar. Si se ha fijado usted en los innumerables intentos de formar nuevos partidos políticos en los últimos 20 años, sabrá a lo que me refiero.
En segundo lugar, creo que exagera usted el peligro de un «mundo feliz», es decir, de una civilización totalmente materialista y basada en el hedonismo. Yo diría que dicho peligro ya ha pasado y que corremos el riesgo de que aparezca un Estado esclavista centralizado, gobernado por un pequeño grupo que será en efecto una nueva clase gobernante, aunque tal vez adoptiva en lugar de hereditaria. Dicho Estado no será hedonista, al contrario, su dinamismo procederá de una especie de nacionalismo rabioso y un liderazgo mantenido por una guerra literalmente continua, y su nivel de vida medio probablemente será bajo. No espero volver a ver un desempleo masivo, salvo por desajustes temporales; creo que tal vez nos enfrentemos al peligro mucho mayor de los trabajos forzados y la esclavitud. Y en la actualidad no veo otra salvaguarda que (a) el hartazgo ante la guerra y el rechazo al autoritarismo que podrían surgir de la presente contienda, y (b) la supervivencia de los valores democráticos entre la intelligentsia.
No sé si Faber o alguien como ellos podría publicar su manuscrito en forma de panfleto, pero en todo caso vale la pena intentarlo. Aunque antes de enviárselo lo pasaría a máquina y puliría un poco el inglés (demasiado enrevesado y exótico en ocasiones).
Una vez más, le ruego que disculpe el retraso.
Atentamente,
Geo. Orwell
[XV, 2356, pp. 308-309]