Respuestas de Elisa Martínez de Franzetti, Beltrán Mulhall, Orlando Echeverría, Encarnación Díaz de Mulhall y Sergio Maida al cuestionario que les entregó el diario El Chubut poco después de la liberación. El texto que sigue fue publicado en la edición del miércoles 18 de octubre de 1972.
1) ¿Cómo fueron tratados?
2) ¿Qué impresión tuvieron de la lucha del pueblo?
3) ¿Qué sintieron al llegar?
4) Anécdotas.
ELISA MARTÍNEZ. 1) Físicamente no tuvimos apremios, pero lo que quiero remarcar bien es que la tortura psicológica que tuvimos fue permanente por cuanto en ningún momento sabíamos a dónde nos llevaban, qué destino era el nuestro ni por qué causa nos habían detenido. Eso significa una tortura psíquica. Ya llegados a Devoto, la única seguridad que teníamos es que estábamos en una dependencia penitenciaria, es decir, que alguien se hacía responsable por nuestras vidas.
De cualquier manera tampoco sabíamos por qué causa estábamos. Ni siquiera nuestros documentos se encontraban en el penal. No se sabe en qué momento o por qué causa, arbitrariamente, te llevan o te traen. No te explican. Recién tuvimos una especie de seguridad al tercer día. Por medio de notas, pedimos hablar con el director del penal y nos explica que hemos sido puestos a disposición del Poder Ejecutivo. Ésa fue toda la explicación.
2) y 3) Bueno eso, eso es algo maravilloso. Cuando nos pusieron en libertad ayer, leímos un comentario chiquito en un diario. Recién nos enteramos de que en Trelew, Rawson y Madryn había movilización. Al llegar acá pensábamos en gente que nos podía estar esperando, amigos o familiares, pero yo personalmente cuando bajé de la camioneta, porque pedimos ser dejados en la plaza de Trelew —no queríamos que nos dejaran en los domicilios—, habíamos leído que el pueblo estaba sesionando. De todas maneras era una cosa que no entraba en nuestra cabeza.
Cuando bajo de la camioneta, me agarra gente que yo ni conozco. Y desde la camioneta hasta la entrada del teatro y después hasta el escenario, yo ni pisé el piso, yo no caminé, me llevaban en el aire. Yo escuchaba los cantos y pensaba ¿estaremos en Trelew? Sí. Estábamos en Trelew porque veía la plaza. Esto es una movilización tremenda. Es tan importante que no tiene parangón. Yo no sé, pero es mucho más que el Cordobazo.
Hemos leído los diarios y hemos hablado con nuestros amigos, y hay que tener en cuenta que esto no tiene parangón en la historia, pues hay que tener en cuenta el porcentaje de gente de pueblo movilizado.
Sobre veinticinco mil habitantes se han movilizado casi seis mil personas en la calle. Recién ahora nos explicamos por qué nosotros estamos aquí en la calle.
Hablando políticamente, yo pensaba que era imposible que nos soltaran antes de tres meses, pero hay que ver que ahora si nos soltaron fue pura y exclusivamente por la movilización del pueblo. De otra manera no hubiéramos salido, tal vez sólo cuarenta y ocho horas antes del levantamiento del estado de sitio, cuando Lanusse llamara a elecciones. Ése fue el análisis que hicimos cuando estábamos en el interior del camión celular, pues no veíamos los motivos de nuestra detención.
Fuimos víctimas de una medida arbitraria. La libertad nuestra, no nos queda la menor duda, es el producto de la movilización del pueblo de Trelew y su zona.
BELTRÁN MULHALL. 1) Desde el punto de vista físico bien. No fuimos sometidos a apremios ilegales físicos, pero hubo sí un tipo de coacción psicológica a través de los seis días que pasamos encerrados en calabozos comunes. Los mismos son de aproximadamente 3,40 por 2,20 metros, con camastro, una pileta y una letrina; todo dentro de cada celda. Así estuvimos incomunicados con nuestros compañeros y con el mundo durante todo el tiempo que duró nuestra detención. No se permitía el ingreso de diarios y la correspondencia que quisiéramos despachar era sometida previamente a la censura de la cárcel.
Evidentemente éstas eran medidas emergentes de arriba. El tratamiento de los guardiacárceles y celadores fue correcto pero muy frío. Lo insólito y repudiable fue que a las seis horas de la mañana del día 11 de octubre, hombres que se titularon de la policía federal, quisieron prácticamente voltear la puerta a culatazos de mi domicilio, lo mismo les ocurrió a mis compañeros detenidos. Luego revisaron cuidadosamente hasta las cosas más íntimas de nuestros hogares antes de llevarnos en una camioneta del ejército hasta el distrito militar Chubut y de allí hasta un verdadero campo de concentración que mediante carpas de campaña, habían levantado en uno de los extremos del aeropuerto.
Pensé en esos momentos que todos nosotros estábamos desamparados y a disposición de la voluntad y las órdenes de la marina, ejército, gendarmería y policía federal. Se nos tuvo parados durante tres horas en el interior de las carpas. Yo ingresé a mi carpa a las 8 horas y sólo a las 11 nos dieron un sándwich y nos alcanzaron un banco largo sin respaldo en el cual se nos ordenó sentarnos.
Ante comentarios de nuestros compañeros, se asomó un suboficial de la marina y nos ordenó que, por haber hablado, debíamos sentarnos dando espaldas a la puerta, y nos amenazó diciendo que si escuchaba una palabra más, la postura sería en el piso. A todo esto el frío era muy intenso, el cielo estaba nublado y por momentos llovía. A las 15.45 horas nos ordenaron formarnos en fila india y con gestos prepotentes nos ordenaron ascender al avión Hércules que nos estaba aguardando.
Aproximadamente veinte policías federales y unos treinta infantes de marina con un despliegue inconcebible de todo tipo de armamento, armas cortas, largas de toda clase y calibre, fusiles de doble mira telescópica, granadas lanzagases y los fusiles para el lanzamiento de éstas, bolsas con pertrechos y, por sobre todas las cosas, una mirada de nuestros cancerberos de odio, quienes continuamente movían las armas accionando los mecanismos de las mismas y apuntaban hacia los dieciséis indefensos ciudadanos detenidos.
También ascendió por la rampa un coche Torino, color rojo, con patente de la Capital Federal, en cuyo interior pude observar que se encontraban ubicados cuatro a cinco policías federales armados.
Llegamos a El Palomar después de unas tres horas de viaje. Allí nos esperaban otras fuerzas de represión apuntándonos con todo tipo de armas. De allí nos introdujeron en un camión celular y del celular directamente a la cárcel de Villa Devoto, donde fuimos encerrados en los calabozos. Uno de mis vecinos era Orlando Echeverría y nos comunicábamos dando golpes en la pared.
2) Mis compañeros y yo rendimos un homenaje a esta aparentemente pequeña ciudad de Trelew, que ha comenzado a tener alma de nación. Maravillosa, superó todos nuestros cálculos y fue la que nos arrancó de la cárcel.
3) Una tremenda emoción porque nos encontramos con todo un pueblo, a todos niveles, que nos recibió lleno de entusiasmo, pletórico de alegría y con lágrimas en los ojos.
4) Sí. Cuando llegamos al aeropuerto de El Palomar, nos hicieron bajar e inmediatamente nos introdujeron en un camión celular. El trayecto hacia la cárcel de Villa Devoto duró aproximadamente una media hora. Poco era lo que yo podía observar hacia afuera, pero hubo algo que me emocionó y se lo comuniqué a mis compañeros. Detrás nuestro iba como custodia un patrullero, el cual hacía sonar su sirena; a nuestro paso, toda la gente que circulaba por la calle o aquellos que se encontraban sentados tomando algo en la confiterías en las veredas, nos aplaudían, nos saludaban, levantaban su puño o hacían la señal de la victoria.
Llegamos al interior del penal de Villa Devoto desviándonos de nuestra ruta y noto que el patrullero sigue derecho. El celular se estaciona en el patio del penal y quedamos todos en el interior del mismo sin que nadie se acerque a abrir la puerta. Transcurren los minutos y ya el ambiente se hace pesado, nos cuesta respirar, además hacía calor en la capital esa tarde. Por fin después de cuarenta minutos de encierro uno de nuestros guardias nos abre la puerta para que respiremos un poco de aire.
Al rato llega el patrullero que hasta minutos antes había sido nuestro escolta. En el interior del mismo iban las carpetas con nuestros antecedentes, razón por la cual no nos podían bajar hasta que el patrullero no estuviera con nosotros. Al preguntarle al guardia qué le había pasado al citado patrullero, ante nuestra sorpresa nos manifiesta que el mismo se había perdido, por eso siguió de largo.
ORLANDO ECHEVERRÍA. 1) Iniciado el operativo, allanan mi casa y entra un oficial del ejército que supongo tendría que ser del V Cuerpo de Bahía Blanca, con dos individuos de DIPAde civiles. Eran más o menos las 6.30 horas, así que salía del sueño y me encontré con la sorpresa de un señor que con voz autoritaria me decía: “Usted, a ver si se levanta”. Eso me molestó muchísimo. Supuse que era un allanamiento, dadas las características de estos señores y cómo se presentaron.
Revisaron toda mi casa, no encontraron absolutamente nada, por supuesto. Se labró un acta y tomaron para el acta elementos, papeles del MID* y algunos papeles del peronismo que nosotros tenemos para fijar posición. Después nos trasladan hasta el aeroparque bien adentro del campo. Nos alojan en una carpa y estamos constantemente amenazados con las armas que efectivos exhiben ante nuestras narices, como demostrándonos que ellos son los poderosos y nosotros los pobres civiles.
Eso nos molestó muchísimo porque consideramos que nosotros no somos peligrosos para que hagan esas demostraciones de bravura y con las armas dispuestas para cualquier cosa. A las 14.30 nos embarcan en el avión Hércules con rumbo a Buenos Aires. Aterrizamos en El Palomar y nos tomó un poco de sorpresa porque teníamos el temor de que nos iban a llevar a DIPA, pues se sabe que DIPA es una escuela de torturas, y por lo cual temíamos ser torturados para sacarnos de mentira, verdad. Pero nos llevaron a Villa Devoto. Allí nos requisaron y después nos cortaron el cabello, encerrándonos en celdas individuales. Esto es, a grandes rasgos, lo que sucedió desde que los señores de la represión allanan mi casa, me detienen y me llevan a Devoto.
2) Nosotros estábamos completamente sometidos, si se quiere, pero con un espíritu muy alto y muy combativo. No había bajado la moral en ningún momento en el grupo, por lo tanto estábamos dispuestos a soportar cualquier cosa.
Yo recibo una información por intermedio del doctor Distéfano, que es abogado y apoderado del MID. La visita la recibo el día jueves y me manifestó en esa oportunidad que en Trelew se estaba gestando un movimiento de unión popular. Inmediatamente traté por algún medio de comunicarme con mis compañeros de Villa Devoto, les manifesté lo que estaba sucediendo en Trelew, y eso nos llenó de orgullo, nos alegró muchísimo.
Nosotros fuimos el leit-motiv de una gestación, de un movimiento que el pueblo, en cierta manera, tenía o estaba dispuesto a concretar; necesitaba los motivos, el argumento, nosotros fuimos el argumento. No solamente por nuestra detención sino inclusive, yo estimo, es por el avasallamiento y el ultraje que el pueblo del Chubut, las ciudades de Trelew, Rawson, Puerto Madryn y Pirámides, sufrieron por las tropas de la represión.
Cuando nos enteramos de lo que se estaba gestando, eso nos enardeció y por supuesto ya estábamos entregados a la lucha desde la cárcel inclusive.
3) Es muy difícil de expresar, evidentemente. Nosotros habíamos recibido información, incluso mi señora Silvia me había comunicado todo lo que había sucedido en Trelew, pero las palabras a veces no dicen la verdad. Cuando nosotros llegamos a Trelew y entramos a la Casa del Pueblo no sabía qué decir. Nos embargó una gran emoción. Para mí ésta es muy grande, lógicamente voy a tratar de capitalizarla para el futuro. Lo que me resta decir a todos los compañeros de la comisión, de los sindicatos, y por supuesto los combativos, no los participacionistas; a todos los partidos políticos, a todos aquellos que han colaborado para unificar el esfuerzo del pueblo del Chubut, en especial de Trelew, mi agradecimiento. Los insto para que sigan en la lucha por la liberación de los demás compañeros que están detenidos, los siete, Amaya también, y por la liberación nacional.
ENCARNACIÓN DE MULHALL. 1) Físicamente, bien. Desde el punto de vista moral, nos sentimos atropellados de manera incalificable. Pero había en cada uno de nosotros una gran fuerza interior dada por la seguridad de la honestidad de nuestras conductas.
2) Fue el ejemplo más acabado y perfecto de que el pueblo es la gran esperanza de nuestro país, su unión es la fuerza que jamás podrá ser avasallada.
3) Que todo lo pasado nos unía y nos comprometía a ser fieles con este pueblo admirable que sabe defender sus derechos.
SERGIO MAIDA. 1) Salvo la primera parte del operativo, o sea la estadía en las carpas hasta las tres de la tarde, el personal de la cárcel, los celadores, incluso el personal superior nos trataron bien. Por supuesto dentro del régimen que impera dentro de los penales para los presos políticos, que es un régimen de completa restricción y aislamiento. Los presos comunes gozan de una libertad mucho mayor, se les permite trabajar, hacer recreos, tener radios, algunos ven televisión, algunos hacen deportes. Los presos políticos, incluyendo a los detenidos a disposición de la cámara federal y del Poder Ejecutivo nacional, como estábamos nosotros, no gozamos en toda nuestra estadía de un solo recreo. En lo que hace al trato humano, fue cordial.
2) Los primeros días desconocimos lo que pasaba en Trelew. Era para nosotros una incógnita. Por supuesto descontábamos que en Trelew había amigos, había abogados, los partidos políticos que se iban a movilizar para lograr nuestra libertad. La primera versión que tuve de lo que pasaba en Trelew fue el día sábado cuando, después de una entrevista con un mayor del ejército, nos permitieron ver a la familia. Mi mujer había estado aquí en la jornada del miércoles en la toma del teatro y después me hizo llegar las noticias de los diarios donde figuraban las manifestaciones. Por supuesto nos tranquilizamos muchísimo, nos dio mucho coraje, para soportar más días de aislación y de detención.
Con lo que me han contado mis amigos, con los diarios de la zona que he leído, me formé una idea real de la situación. Entiendo que ésta es una respuesta del pueblo de Trelew a la serie de vejaciones que ha sufrido, que se materializa en este caso por la lucha por la libertad de nosotros, pero que expresa todo el repudio que el pueblo de Trelew viene tragando a partir de los sucesos, tristes sucesos del día 22 de agosto.
A partir de ahí el pueblo de Trelew fue testigo cercano de una represión desencadenada en forma absurda e irracional, de allanamientos en chacras, de estados de emergencia. Por supuesto, tuvo clara conciencia de lo que sucedía en la base aeronaval, de lo que sucede en el penal de Rawson, escuchaba los gritos de los presos del penal de Rawson desde la calle, tenía que mostrar documentos y llevarlos encima como si fuéramos todos perseguidos, tuvo que sufrir la detención del doctor Amaya y tuvo que reprimir toda respuesta política afectiva y humana por las condiciones de la represión.
Creo que las jornadas de Trelew son comparables a grandes jornadas de lucha, comparables con el Cordobazo, con la diferencia de que en Trelew no fue necesario el uso de la violencia. O sea que el pueblo de Trelew demostró y le dio cátedra de qué manera debe conducirse al pueblo, o sea que no es necesario utilizar la violencia cuando hay clara conciencia de cuáles son los objetivos que se persiguen. Este ejemplo sirve como modelo para futuras luchas populares.
3) Sentí, ante todo, una gran emoción. Nosotros supimos durante el vuelo que la gente que nos traía estaba tratando de que no llegáramos a la hora en que se realizaba la asamblea en Trelew, que estaba anunciada para las 22 horas. Nos detuvieron un tiempo en Bahía Blanca, así que llegamos pasando la medianoche.
De todas formas, cuando fuimos al teatro, el recibimiento fue extraordinario. Con toda la gente que nos recibió, algunos que se habían ido a dormir, se levantaron. Nos sentimos orgullosos de todo eso, con gran emoción, nos sentimos partícipes de todo eso que es un sentimiento popular.
* Sigla del Movimiento de Integración y Desarrollo, creado por el ex presidente Arturo Frondizi.