1. Los trabajos de los nuevos historiadores que han venido acercando a la nueva Historia cultural o la antropología histórica, buscan proponer la transdisciplinariedad en el tratamiento de los objetos de estudio con otras áreas del conocimiento social como: psicología social, antropología, semiótica, lingüística, etc., transformando la interpretación de la cultura en objeto de estudio, llevando al centro lo que se encontraba en la periferia del análisis histórico y realizando nuevos análisis en la estructura o en lo micro de la realidad social. Véase: Le Goff, Tiempo, 1986; Chartier, Mundo, 1992; Sahlins, Islas, 1997.
2. Acerca de los investigadores que han estudiado este punto, véanse: Claude Fischer, «Gastro-nomie», Communications, 1979 y (H)omnívoro, 1995; Goody, Cocina, 1995; Mintz, Dulzura, 1996 y Sabor, 2003; González Turmo, Comida, 1995; Pilcher, ¡Vivan!, 2001; Fernández-Armesto, Historia, 2004; Duhart, «Comedo», Gazeta, 2002, entre otros.
3. Duhart, «Comedo», Gazeta, 2002, pp. 15-18.
4. Churión, «Maíz», El Universal, 27 de julio de 1931, p. 6.
5. Armas Alfonzo, «De ingeniero», Élite, 25 de agosto de 1945, pp. 6-7.
6. Picón Salas, «Pequeña», Suma, 1988, pp. 316-317.
7. León, Geografía, 1972, pp. 9-10.
8. Pimentel (Job Pim), «La arepa», Obras, 1959, p. 331.
9. Barthes, Susurro, 1987, p. 115 (cursivas del texto original).
10. Según la nomenclatura propuesta por Linneo (1737), el maíz pertenece a la familia Gramineae, tribu Maydae, género Zea y especie mays (y Poaceae según la clasificación de Cronquist). Bejarano, «Características», en Fontana y González (comp.), Maíz, 2000, p. 27.
11. Cartay, Historia, 1992, t. 1, p. 57.
12. Citado en Cruxent, «Apuntes», Arte, 1971, p. 50.
13. Sanoja, Hombres, 1981, pp. 78-79.
14. Ibídem, pp. 80-81.
15. Bejarano y Segovia, «Origen», en Fontana y González (comps.), El maíz, 2000, p. 11; Sanoja, Hombres, 1981, pp. 82-90; León, Fundamentos, 1968, pp. 146-147.
16. Wagner, Quinientos, 1991, p. 27.
17. Bejarano y Segovia, «Origen», Fontana y González (comps.), El maíz, 2000, p. 11.
18. Cartay, Historia, 1992, t. 1, p. 58.
19. Sanoja, Hombres, 1981, p. 111.
20. Ibídem, p. 112.
21. Sanoja y Vargas, Antiguas, 1978, p. 76.
22. Martínez, «Difusión», Tiempo y espacio, 1988, p. 90.
23. Sanoja y Vargas, Antiguas, 1978, p. 137.
24. Strauss, Tiempo, 1992, p. 50.
25. Picón Salas, Conquista, 1969, p. 22.
26. Carretero, «Relevancia», Nómadas, 2004, párr. 4, en ‹http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/9/ecarretero.htm›. Consultado el 1 de mayo del 2009.
27. Popol Vuh, 1971, p. 10.
28. Según el mito de los hombres de maíz es gracias a los cuatro animales Yak (Gato de Monte), Utiú (Coyote), Quel (Cotorra) y Hoh (Cuervo) que le dijeron a la abuela Ixmucané la existencia del maíz blanco y amarillo, y esta «tomó del maíz blanco y del amarillo e hizo comida y bebida, de las que salió la carne y la gordura del hombre, y de esta misma comida fueron hechos sus brazos y sus pies. De esto formaron el Señor Tepeu y Gucumatz a nuestros primeros padres y madres». Los cuatro hombres de la cultura maya los bautizaron bajo los nombres de Balam Quitzé, Tigre de la Risa Dulce; Balam Acab, Tigre de la Noche; Mahucutah, No Acepillado; e Iquí Balam, Tigre de Luna. Ibídem, p. 104.
29. También conocida como «7. Serpiente» y Chicomolotzin. En este sentido, Alfonso Caso dice: «es muy importante la escultura de una serpiente de cascabel, descubierta hace pocos años [antes de 1953] en los cimientos del Palacio Nacional [de México], que presenta en el cuerpo la particularidad de estar decorada con siete mazorcas [de maíz], por lo que seguramente se trata de una representación de Chicomecóatl». Caso, Pueblo, 1953, p. 63.
30. En los aztecas, el mito de la buena siembra o de las espigas tiernas de maíz está representado por Xilonen, quien «es una de las múltiples deidades importadas por los aztecas de otros pueblos, y se la representaba en la tierra por una esclava joven que era llevada en hombros por un sacerdote y a la cual se le cortaba la cabeza en una de las fiestas mensuales, significando con ello que se separaba la mazorca [joven de maíz] de la planta.» Ibídem, p. 65.
31. Ibídem, pp. 99-100.
32. Ibídem, p. 100.
33 Se dice que tomo al niño muerto y «plantó los dientes [...] y nació el maíz, cuyos granos parecen dientes». De esta forma, la leyenda dice que «nadie conoció el hambre ni el lamento por la necesidad, y debían su subsistencia y abundancia al dios Pachacamac; y su fortuna siguió siendo tan buena que la tierra continuó siendo fértil y los descendientes de los Yungas nunca conocieron los extremos del hambre». Mito inca, en http://www.alconet.com.ar/varios/mitologia/incas/mito01.html, párr. 31. (Consultado el 7 de octubre del 2009).
34. Picón Salas, Conquista, 1969, p. 23.
35. Esta deidad, según los relatos, era «de cabellera muy larga, toda llena de flores y de granos de maíz, pero como no hablaba la lengua yukpa se valía de una ardilla, su compañera, como interprete». Strauss, Deidades, s.f., pp. 12-13.
36. Ibídem, p. 13.
37. Ibídem, pp. 13-14.
38. Strauss, Deidades, s.f., pp. 18-19.
39. «Reglamento del Baile de Tura [fechado] en 1890», Dupouy, «Función», Archivos, 1957-1958, pp. 123-133.
40. Strauss, Diccionario, 1999, t. II (O-Z), p. 762.
41. Ídem.
42. Citado en Strauss, Diccionario, 1999, t. II (O-Z), p. 762. La cita pertenece a Abilio Reyes, Pilar Almoina de Carreras y Gustavo Luis Carrera, «Contribuciones de una nueva investigación. Viaje a la zona de las Turas», Boletín del Instituto de Folklore, vol. iv, N° 1, diciembre 1961, pp. 1-28.
43. Ibídem, t. II (O-Z), p. 763. También véase, Coronado, «Espíritu», Revista Bigott, 1999, pp. 100-109.
44. Citado en Dupouy, «Función», Archivos, 1957-1958, pp. 117-118. La cita pertenece a Miguel Acosta Saignes, Las Turas, Caracas, Instituto de Antropología y Geografía de la UCV, 1949.
45. Ídem.
46. Ídem.
47. Citado en ibídem, p. 118. La cita pertenece a Vicente T. Mendoza, «Significado de la leyenda coreográfica de El Venado», Acta Venezolana, N° 1-4, jul. 1947-jun. 1948, t. III). (cursivas del texto original).
48. Strauss, Diccionario, 1999, t. II (O-Z), p. 764.
49. Ídem.
50. Citado en Ibídem, t. II (0-2), p. 765. La cita pertenece a Abilio Reyes, Pilar Almoina de Carreras y Gustavo Luis Carrera, «Contribuciones de una nueva investigación. Viaje a la zona de las Turas», Boletín del Instituto de Folklore, v. iv, N° 1, diciembre 1961, pp. 1-28.
51. Bertrán, «Alimentación» en, http://www.ciesas.edu.mx/lerin/doc-pdf/Beltram-2.pdf, párr. 3. (Consultado el 15 de enero del 2009).
52. Sahagún, México, 1981, p. 287.
53. Gilij, Ensayo, 1965, t. II, p. 254.
54. Cartay, Historia, 1992, t. 1, p. 59. También véase Rozo, Muiscas, 1984.
55. Ídem.
56. Ídem.
57. Citado en Lovera, Historia, 1988, p. 215. La cita pertenece a Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo, Madrid, Ediciones Atlas, 1956, t. i.
58. Cartay, Historia, 1992, t. 1, pp. 62-63.
59. Acosta, Continente, 1998, p. 17.
60. Citado en Cartay, Historia, 1992, t. 1, p. 43. La cita fue tomada de Sylvanus G. Morley, La civilización maya, 5ª ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1975.
61. Lovera, «Menosprecio», Gastronáuticas, 1989, p. 49.
62. Acosta, Historia, 1962, pp. 169-170.
63. Ídem.
64. Ídem.
65. Este término se mantuvo (en los diccionarios que consultamos) desde 1734 hasta 1803, año en el que pasa a llamarse Zea mays. Es curioso que en 1737, en la nomenclatura dada por Linneo, el maíz se comenzó a llamar en el lenguaje científico Zea Mays, perteneciente a la familia Gramineae, tribu Maydae, género Zea y especie mays (Poaceae, según la clasificación de Cronquist); mientras que la palabra que se mantenía en los diccionarios continuaba siendo la misma (Millium indicum). Para 1817 en el diccionario la palabra ya es sustituida por Zea mais, pero reza que al maíz se le «Llámase trigo de Indias por haber venido de América». Y dice que de este cereal que «molidos y hechos pan son de buen alimento en muchas partes de España». Cuando finalizó el Antiguo Régimen en buena parte de América, comienza a dársele al maíz su origen lingüístico. El Diccionario académico de 1825, dice: «Maíz. (Del caribe, mais)». Acerca de los Diccionario de la Real Academia Española, ver «Maíz», en ‹http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUIMenuNtlle?cmd=Lema&sec=1.0.0.0.0› Consultado el 14 de octubre del 2009.
66. Certeau, Escritura, 1993, p. 11.
67. Lovera, Historia, 1988, p. 47.
68. Acosta, Historia, 1962, p. 170.
69. Citado en Terrón, España, 1992, p. 86.
70. Núñez de Cáceres, «Memorias», Boletín, 1936, p. 141.
71. Ernst, «Exposición», Obras, 1986, t. III, p. 373.
72. Un testimonio que evidencia la relación entre los españoles y el maíz en América, lo arroja el Inca Garcilaso de la Vega en su crónica del Perú (1609), cuando dice que «De la harina del maíz hacen las españolas los biscochillos y frutas de farten, y qualquiera otro regalo» (cursivas del autor). «Maíz», en Diccionario de autoridades [1734], en ‹http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUIMenuNtlle?cmd=Lema&sec=1.0.0.0.0› Consultado el 14 de octubre del 2009.
73. Citado en Lovera, Historia, 1988, p. 57. La cita pertenece a Torcuato Manzo Múñez, San Carlos de Austria, Caracas, Archivo General de la Nación, 1979.
74. Citado en ibíd, pp. 69-70. La cita pertenece a Ricardo Cappa, Estudios críticos acerca de la dominación española en América, Madrid, Imprenta del Asilo para Huérfanos, 1915, t. v, pp. 344-345.
75. Acosta Saignes, «Elementos», Estudios, 1980, p. 271.
76. Acosta Saignes, Vida, 1966, pp. 1-22.
77. Morales, «Maíz», en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Cuba/cips/20120823095752/morales.pdf, 1997, p. 6. (Consultado el 3 de enero del 2009).
78. Pollak-Eltz, Cultos, 1977, p. 223.
79. Ponak-Eltz, «Religiosidad», Venezuela, 1998, p. 255.
80. Morales, «Maíz», en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Cuba/cips/20120823095752/morales. pdf, 1997, p. 7.
81. Citado en ibídem, p. 8. La cita pertenece a Lydia Cabrera, El monte, La Habana, Ediciones Letras Cubanas, 1993.
82. Acosta Saignes, «Descendientes», Anuario, 1966, t. III, pp. 40-41.
83. Strauss, Diablo, 2004, p. 324.
84. Ibídem, p. 325.
85. Cartay, Historia, 1992, t. 2, p. 353.
86. Citado en Terron, España, 1992, p. 82. La cita pertenece a Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia natural de las Indias, s.d.
87. Lovera, «Intercambio», Estudios, 2002, pp. 139-157.
88. Dice Juan Dantín Cereceda que «El nombre de borona (del celta bron o bare, pan) lo llevó el mijo, cereal de muy viejo cultivo, mucho antes de que se conociese el maíz. Cuando este cereal americano reemplazó al mijo, el nombre de borona se trasladó al maíz que lo sustituía». Dantín, Catálogo, 1927, p. 17.
89. Citado en Terrón, España, 1992, p. 84. La cita pertenece a Madame D’Aulinoy, «Relación», Viaje de extranjeros por España.
90. Pérez [firmando J.-M. P. G.], «Millo», Enciclopedia, 1974, t. 21 (Melta-Moura), p. 55.
91. Citado en Terrón, España, 1992, p. 89. La cita pertenece a Landázuri, Historia de Guipúzcoa.
92. Pérez [firmando J.-M. P. G.], «Millo», Enciclopedia, 1974, t. 21 (Melta-Moura), p. 51.
93. Los poemas de Curros Enríquez y Rosalía Castro fueron tomados de Barreiro, «Millo», Raigame, nov. 2002 en, ‹http://galicia.swred.com/MILLO.pdf›. Consultado el 7 de octubre de 2009.
94. Alejandro de Humboldt (1799), sobre el régimen alimentario de los españoles al momento de la Conquista, dice que «Los españoles recién trasplantados a América estaban menos acostumbrados a nutrirse con maíz: ateníanse más todavía a los hábitos de Europa», lo que nos hace observar cómo se mantenía el consumo asignado por los hábitos de los grupos étnicos y sociales. Humboldt, Viaje, 1991, t. III, p. 82.
95. Vila, Plantas, 1981, p. 206.
96. Vila, Geoeconomía, 1978, p. 20.
97. Alcácer, Indio, 1964, p. 277.
98. Citado en Vila, Geoeconomía, 1978, p. 159. La cita pertenece a Cedularios de la monarquía española de Margarita, Nueva Andalucía y Caracas, t. i, p. 163. Consideramos que lo que esta entre paréntesis es propio del autor.
99. Ibídem, p. 160. La cita pertenece a ibíd., p. 249.
100. Ibídem, p. 50. Esta misma situación se observa a principios del siglo XVIII, cuando el gobernador aprueba la reedificación del pósito de maíz; véase: Dorta, Materiales, 1967, p. 99.
101. Vila, Geoeconomía, 1978, p. 53.
102. Ruiz Blanco, Conversión, 1965, p. 15. Acerca del término amapo, Lisandro Alvarado le atribuye a los vocablos amapo o amapito procedencia tamanaca, akmápi, en tanto que en lengua cumanagota se diría amapo. Alvarado, Glosario, 1953, p. 21.
103. Ruiz Blanco, Conversión, 1965, p. 61.
104. Ibídem., p. 15.
105. Ídem.
106. Lope de Varilla, «Relación que hizo Lope de Varilla, de la conquista y población de Nueva Córdova, año 1569», Arellano Moreno, Relaciones, 1964, p. 66.
107. Ibídem., p. 68.
108. «Breve Descripcion y relacion cierta de la Mui leal ciudad de Nuestra Señora de la Concepzion de Tocuio de la Provincia de Venezuela», Altolaguirre, Relaciones, 1954, p. 152.
109. Citado en Vila, Notas, 1976, p. 42. La cita pertenece a «Relación geográfica de Nueva Segovia de Barquisimeto de 1579», Antonio Arellano Moreno, Relaciones geográficas de Venezuela.
110. «Relación geográfica de la Nueva Segovia de Barquisimeto de 1579» , Arellano, Relaciones, 1964, p. 194.
111. Arcila, Brito y Maza (directs.), «Formación», Estudio, 1967, t. II, p. 963.
112. Ibídem., t. II, pp. 966-967.
113. Polanco, Esbozo, 1960, t. 1, p. 81.
114. Ibídem., t. 1, p. 147.
115. Ibídem., t. 1, p. 266.
116. «Sesión ... 19 de enero de 1657», Actas, 1967, t. ix (1655-1657), pp. 109-110.
117. Ibídem., t. ix 1655-1657, p. 110.
118. Ibídem.
119. «Sesión... 20 de noviembre de 1656», Actas, 1967, t. ix (1655-1657), p. 182.
120. Ibídem.
121. Ibídem. Las cursivas son del texto original.
122. «Sesión... 19 de enero de 1657», Actas, 1967, t. ix (1655-1657), p. 110.
123. «Sesión... 20 de noviembre de 1656», Actas, 1967, t. ix (1655-1657), p. 182.
124. Para tener una idea de cuánto era el pago de la pensión o de los impuestos por el uso de los solares en la ciudad de Caracas, tenemos conocimiento de un caso de petición de solar, en donde Bartolomé de Obregón, en el año de 1662, cancelaba al Cabildo la cifra de «veinticinco pesos». «Sesión... 15 de mayo de 1662», Actas, 1969, t. xi (1660-1663), pp. 195-196.
125. En cuanto a las plagas de langostas, véase Briceño Iragorry, «Actas», Bitácora, 1984, p. 98. En lo que respecta a la invasión de ratones el 8 de julio de 1662, se apunta que «todos los labradores y demás vecinos se hallaban afligidos por el mucho daño que están experimentando hacen los ratones en todo género de sembrados, de tal manera que el maíz que se siembra se logra muy poco porque [los ratones] lo arrancan luego que nace, y que a llegado a [las] mazorcas [y] se lo comen». «Sesión... 8 de julio de 1662», Actas, 1969, t. xi (1660-1663), pp. 208-209.
126. «Sesión... 2 de mayo de 1650», Actas, 1966, t. VIII (1650-1654), p. 237. Las cursivas son del texto original.
127. Ibídem., p. 238. Las cursivas son del texto original.
128. «Sesión... 12 de mayo de 1657», Actas, 1967, t. ix (1655-1657), p. 262. Las cursivas son del texto original.
129. Ibídem., t. ix (1655-1657), pp. 262-263. Las cursivas son del texto original.
130. «Sesión... 12 de enero de 1658», Actas, 1967, t. x (1658-1659), pp. 20-21. Las cursivas son del texto original.
131. Ibídem., t. x (1658-1659), p. 21. Las cursivas son del texto original.
132. «Sesión... 26 de enero de 1659», Actas, 1967, t. x (1658-1659), p. 182. La otra relación de los aranceles es la «Sesión... 12 de enero de 1660», Actas, 1969, t XI (1660-1663), pp. 27-31.
133. «Sesión... 26 de enero de 1659», Actas, 1967, t. x (1658-1659), p. 183.
134. El caso del abastecimiento y la creación del pósito como centro para la recolección y distribución de alimentos, es muy común a las ciudades novohispanas. Dicho problema (el abastecimiento) depende de cuatro factores sui géneris que Francisco de Solano considera que son: «1) demográfico; 2) facilidad de las comunicaciones; 3) ecología de la región y 4) meteorología y ciclos agrícolas». Solano, «Introducción», Ardió y Schaedel, Ciudades, 1975, p. 135. Sin embargo, nosotros consideramos otros factores más bien coyunturales como lo son: a) las constantes pérdidas de cosechas por plagas; b) la falta de entendimiento entre las relaciones abastecedor-abastecido; c) el contrabando y la amenaza de los piratas; y d) el acaparamiento y la usura de los precios para, realizar así, la venta de oficio o venta ilegal.
135. Francisco de Solano asegura que: «El abastecimiento está, por supuesto, íntimamente unido con la mentalidad y las actuaciones sociales. Los problemas que plantean las carestías, las crisis periódicas de subsistencia, las hambres endémicas y/o los estados deficitarios de la alimentación crean malestar social, que se traduce en motines, algaradas, sublevaciones populares». Ibídem., p. 143.
136. Sigrid Curtis Guzmán dice que los pósitos en la ciudad de Caracas a finales del siglo XVIII «poseían una cavidad de unos 75 cm2 aproximadamente, en la que se colocaba leña que se encendía para hacer una especie de horno que conservaría con el humo a las mazorcas o sus granos por mucho más tiempo. No obstante dicho depósito debía tener una temperatura adecuada para que el maíz [no] se dañase con hongos [...] Estas construcciones se caracterizaban por poseer ventanas pequeñas y altas. Una de estas ventanas ubicadas en la parte superior serviría para el control y movilización de los sacos de maíz». Curtis, Alimentación, 2002, p. 141.
137. Este problema con los corsarios se observa en la propuesta a don Phelix García Gonsales de León, gobernador y capitán general de la provincia de Caracas, el 25 de febrero de 1665, que dice «el desvelo de su señoría, desde que entró en su gobierno, es mirar el bien común y de los pobres y pedido a los señores gobernadores circunvecinos envíen bastimentos a éste [puerto de La Guaira], como lo hacen, mas dichos piratas lo apresan; y para evitar semejante daño y los atrevimientos de dichos corsarios que se andan toda la costa, a de determinado dos navíos con gentes [milicias], de los que están en el puerto, para que vayan corriendo la costa asta Cumaná para que con eso se vayan dichos corsarios y dichos navíos traigan bastimentos y vengan convoyando [escoltando] a los barcos que están en aquellos puertos con ellos». «Sesión... 25 de febrero de 1665», Actas, 1975, t. XII (1664-1668), p. 95. Cursivas en el texto citado.
138. «Sesión... 20 de junio de 1661», Actas, 1969, t. xi (1660-1663), p. 82.
139. «Sesión... 17 de junio de 1661», Ibídem., pp. 97-99.
140. «Sesión... 17 de marzo de 1664», Actas, 1975, t. XII (1664-1668), p. 28.
141. Ibídem., (Cursivas del texto original).
142. Ibídem.
143. Ibídem., t. XII (1664-1668), pp. 28-29.
144. Ibídem.
145. «Sesión... 21 de marzo de 1664», Actas, 1975, t. xII (1664-1668), p. 29.
146. Ibídem., p. 30.
147. Ibídem.
148. Ibídem.
149. Ibídem., p. 31.
150. Sigrid Curtis Guzmán en su trabajo recoge una serie de documentos donde se observa que durante la segunda mitad del siglo XVIII los problemas del mantenimiento de maíz en Caracas eran los mismos a los de la centuria pasada. Entre ellos tenemos: «Sobre el almacenamiento de maíz en el pósito en 1792» (Archivo General de la Nación, Sección: Gobernación y Capitanía General, t. v, fols, 48 y 95; t. VI, fol. 339 y vto.; t. VII, fols. 62 y vto., 64 y 65 y vto.); «Sobre la carencia del maíz en la ciudad de Caracas: la de 1779» (Archivo Histórico del Consejo Municipal de Caracas, Sección: Abastos, 1796-1810); «la de 1792» (AGN, Sección: Gobernación y Capitanía General, ts. V, VI y VII) y, «la de 1798 a 1799» (AHCM, Sección: Abastos, 1796-1810). «Sobre importación y venta de maíz por 4 y 5 reales el almud en 1792» (AGN, Sección: Gobernación y Capitanía General, t. v, fols. 95 y 348; t. VI, fol. 339 y vto.; s. 64 y 65 y vto.). Véase: Curtis, Alimentación, 2002, pp. 200-210.
151. Véase: Arte, 1971; Cruxent y Rouse, Arqueología, 1961; Sanoja y Vargas, Antiguas, 1978; Strauss, Tiempo, 1992.
152. Caulín, Historia, 1966, t. i, p. 50.
153. Ibídem, t. i, p. 49.
154. Gilij, Ensayo, 1965, t. II, p. 254.
155. Gumilla, Orinoco, 1963, p. 153.
156. Ibídem, pp.152-154.
157. Cey, Viaje, 1994, p. 24.
158. Avellán, Ciudad, 1997, t. i, p. 465.
159. ANG, «Sobre», Sección Testamentaría, t. S, año 1750, fol. 55.
160. Ibídem., f. 56.
161. El uso del metate y del aripo o budare, queremos advertir que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX. Esto lo evidencia una encuesta (Estudio de Caracas, 1966) acerca del uso de utensilios domésticos, según el tiempo histórico de «origen» y según los niveles de vivienda en el siglo XX, los resultados fueron que «La piedra de moler, la piedra de majar, el budare y las cucharas de palo, son elementos indígenas que aparecen con más altos porcentajes de uso de vivienda, con excepción de las mansiones». Quintero (coord.), «Capítulo», Estudio, 1967, t. i, vol. 2, pp. 203-204.
162. «Sesión... 2 de mayo de 1662», Actas, 1969, t. xi (1660-1663), p. 191.
163. «Sesión... 28 de julio de 1662», ibídem., p. 269.
164. El 29 de enero de 1607, el Cabildo de Caracas, decreta: «En cuanto a que se muela maíz en los molinos muélanlo los que quieran moler y lleven a la máquina dos reales de cada anega [fanega]. En cuanto a la postura del maíz ya está puesto y se entiende que a de ser en esta ciudad y desgranado y la postura se entienda de cosecha a cosecha, pena de las penas puestas». «Sesión... 29 de enero de 1607», Actas, 1950, t. III (1604-1608), pp. 71-72.
165. Villapol, «Hábitos», Moreno (relator), África, 1996, p. 331.
166. Solórzano, Hizo, 1998, p. 96.
167. Curtis, Alimentación, 2002, p. 240. La cita corresponde a agn. Sección Intendencia del Ejército y Real Hacienda, t. x, fol. 45.
168. En cuanto a los instrumentos de hierro que comenzaron a llegar al país en el siglo XIX, cuando posiblemente también se introdujo el budare de hierro, Rafael Cartay dice: «Los utensilios de hierro comienzan a llegar a Venezuela desde la época colonial, pero su utilización queda limitada a las cocinas de las familias de mayores recursos. Durante la época republicana independiente, que comienza en 1830, hay tempranas noticias impresas de la introducción de algunos de estos utensilios, como la importación de ollas de hierro vidriado, cafeteras de hierro estañado y cacerolas de hierro, en 1845, o la importación que hizo la casa Blohm & Cía., en 1855, de 400 budares para casabe, provenientes de Liverpool, Inglaterra». Cartay, Tecnología, 1998, pp. 72-73. El autor cita a los diarios El Patriota, Caracas, 16 de agosto de 1845 y El Economista, Caracas, 6 de marzo de 1855.
169. En el caso del oriente venezolano (específicamente en el estado Sucre) se continúan usando los budares de tierra cocida y aun en la actualidad los llaman aripos, tal como los indios cumanagotos lo hacían.
170. Pino Iturrieta, Ideas, 1993, pp. 15-16.
171. Guzmán, «Memoria», Pensamiento, vol. 5, 1983, t. i, p. 91.
172. Lisboa, Relación, 1992, p. 43.
173. Ibídem., p. 46.
174. Appun, Trópicos, 1961, p. 141.
175. Sachs, «Llanos», en Pino Iturrieta y Calzadilla, Mirada, 1992, p. 274.
176. Cartay, Historia, 1988, p. 55.
177. Bifano, Inventos, 2001, p. 59.
178. Ibídem, pp. 59-61.
179. Se considera que la energía a vapor data desde 1769 con los inventos del inglés James Watt, pero es hasta 1831 cuando el estadounidense Charles Avery construyó las primeras turbinas de vapor con interés comercial.
180. El Liberal, 11 de abril de 1837.
181. Diario de Avisos, 14 de enero de 1854.
182. La Opinión Nacional, 1º de julio de 1869.
183. Appun, Trópicos, 1961, pp. 202-203.
184. Zawisza, Alberto, 1980, p. 95.
185. En cuanto a su labor como ingeniero civil, véase: Zawisza (Firmando: L. Z.), «Lutowski», en Diccionario, 1988, pp. 771-772.
186. Acerca de la labor como inventor de Alberto Lutowski, véase: Bifano, Inventos, 2001, pp. 117-128.
187. Zawisza, Alberto, 1980, p. 99. Esta comunicación fue publicada en la Gaceta de Venezuela, el 16 de mayo de 1857.
188. AANH, «Carta [14 de septiembre de 1857]», Sección Manuel Felipe Tovar, carpeta 4 (1850-1857), fol. 98.
189. Bifano, Inventos, 2001, p. 122.
190. Diario de Avisos, 11 de agosto de 1860.
191. Bifano, Inventos, 2001, p. 161.
192. La Opinión Nacional, 23 enero de 1874.
193. Bifano, Inventos, 2001, p. 184.
194. Ibídem, pp. 184-186.
195. Citado en Ibídem, p. 187. La cita corresponde a Memorias del Ministerio de Fomento, 1886. Solicitud Nº 182, p. 151. Aprobación Nº 184, pp. 152-153.
196. Citado en Ibídem, p. 186. La cita corresponde a AGN, Dirección de Riqueza Territorial, Legados del Ministerio de Fomento, 1886. Las cursivas son del texto original.
197. Citado en Abreu, Pioneros, 2005, p. 17. La cita corresponde a Memoria del Ministerio de Fomento, 1864.
198. Ibídem, p. 18. La cita corresponde a La Opinión Nacional, 1871. Las cursivas son del texto original.
199. Villavicencio, «Informe», Obras, t. 2, p. 45. Las cursivas son del texto original.
200. Abreu, Pioneros, 2005, p. 39. Véase Guía o Directorio anual de Caracas para el año económico de 1891- 1892 [...] Caracas, Tipografía El Cojo, 1891, pp. 248-249.
201. Citado en Lucas, Industrialización, 1998, p. 76. La cita corresponde a Marco Aurelio Vila, Aspectos geográficos del Distrito Federal, Caracas, Corporación Venezolana de Fomento, 1967, p. 273.
202. Abreu, Pioneros, 2005, p. 41. Véase Gaceta Oficial, Nº 6.049, Caracas, 9 de marzo de 1894. Sin embargo, en el Directorio Anual de Industrias de 1919, aparecen algunos de los miembros de la Gran Compañía Unificadora de moler y pilar granos, conformando una nueva asociación de empresarios. En dicho directorio se lee: «Asociación Industrial de Moliendas de Maíz Cocido. Oficina: E. 2, n 65. (Dr. Paúl a Salvador de León. Altos. Constituida por los industriales Conde Hermanos & Ca., Luisa de Winkeljohann, Simón Lugo, Antonio Martínez Sánchez, Tamayo & Ca. y Alfonzo Rivas & Ca. Tienen en actividad los siguientes molinos: S. 10 (Esquina de Pescador). E. 5 (Esquina del Chimborazo). O. 3, n 118 (Buena Vista). E. 12 (Boulevard del Cristo). O. 13, n 16 (Puente Negro Primero). O. 18 (Quinta Crespo) Calle Real de El Guarataro. E. 3 (Milanes a Río) Barrio Las Canarias. O. 8, n 56. (San Pablo a San Juan)». Citado en Abreu, Pioneros, 2005, p. 218. La cita corresponde a Indicador de Caracas y de la República. 1919-1920, Caracas, Litografía del Comercio, p. 511.
203. «Indicador de Caracas y de la República de Venezuela. 1919-1920», Abreu, Pioneros, 2005, pp. 215-216.
204. Abreu, Martínez, Maio y Quintero, Inicios, 2000. También véase, «Nuestros Retratos», El Cojo Ilustrado, 15 de abril de 1903.
205. Ramos Sucre, «Entonces [1925]», Antología poética, 1978, p. 29.
206. Picón Salas, Viaje, 1980, p. 9. (Las cursivas son del autor).
207. Cartay, «Consumo», Fontana y González (compiladores), Maíz, 2000, pp. 445-446.
208. Ibídem, p. 444.
209. Gerstl, Memorias, 1977, p. 54.
210. En el estado Lara, desde los tiempos de Maricastaña, se mantienen a la venta estos instrumentos, de gran aceptación para los larenses y los transeúntes que visitan ese estado.
211. Estos instrumentos eran un molino de hierro común que funcionaba con unas poleas impulsadas desde un motor eléctrico que hacía girar sus trilladoras a una velocidad superior a la que se hacía a través de la fuerza manual.
212. Cartay, «Consumo», Fontana y González (compiladores), Maíz, 2000, p. 444.
213. El Universal, 15 de noviembre de 1918.
214. El Nuevo Diario, 27 de diciembre de 1918.
215. García, Reminiscencias, 1962, p. 191.
216. Entrevista a la señora Ángela Mercedes Sánchez Rodríguez, 30 de noviembre de 2006.
217. Entrevista al señor Alfredo Heredia, 16 de septiembre del 2006.
218. Entrevista al señor Miguel Dorta Quintana, 16 de septiembre del 2006.
219. Cartay, «Consumo», Fontana y González (compiladores), Maíz, 2000, p. 442.
220. Carrera Damas, Día (discurso), 1986, pp. 1-2.
221. Entrevista a la señora Eva Teresa Mendoza, 1 de abril del 2006.
222. Domingo Alberto Rangel asegura que para «1964 existían en el país 725 pilones de maíz, todos de dimensiones artesanales». Rangel, Oligarquía, 1972, p. 243.
223. González, «Estadísticas», Fontana y González (compiladores), Maíz, 2000, pp. 51-52.
224. Según Pedro Obregón, tomando en consideración la clasificación de tipos de maíces que hace Henri Pittier, dice: «a principios del siglo [XX] existían cuatro clases de maíz. a) Maíz Arrocero: de grano tipo reventón y posiblemente entre ellos el llamado ‘Chirimito’. b) Maíz Blando: con la masa interior del grano casi enteramente amilácea y blanda; es el maíz Cariaco, cultivado en zonas bajas. c) Maíz Duro: en el cual la capa exterior del endosperma es córnea y envuelve un núcleo amiláceo. Se incluyen ‘Maíz de hoja dorada’ o ‘Pailón’ y el llamado ‘Cuarenton’. d) Maíz de Hoyuelo: tipos dentados y semidentados, posiblemente introducidos de Estados Unidos de Norteamérica y de México y cruzados con los autóctonos; entre ellos ‘Yucatán amarillo’, ‘Sicarigua’ y ‘Curarigua’’». Obregón, «Mejoramiento», en Fontana y González (compiladores), Maíz, 2000, p. 167.
225. Fontana (firmando: H.P.), «Maíz», Diccionario, 1988, t. 2 (e-o), pp. 789-790.
226. Entre los propósitos de la Reforma Agraria Rómulo Betancourt asegura que en 1947, durante el llamado «trienio adeco», el Banco Agrícola y Pecuario (bap) y la Corporación de Fomento comienzan a suministrar créditos con la intención de garantizar al campesino modernos silos para almacenar maíz, ya que «Se cosechaban cantidades exiguas de maíz y otros granos y de esas cosechas precarias se perdía anualmente de un 20 a 25% [...] por falta de almacenes adecuados. [En 1947] se comenzó a ejecutar un Plan de Silos. Fueron instaladas 12 plantas, ubicadas en varias zonas productivas». Betancourt, Venezuela, 1986, p. 393.
227. Obregón, «Mejoramiento», Fontana y González (compiladores), Maíz, 2000, p. 168.
228. Ibídem.
229. Cunill, «Cambios», Transformaciones, 1995, p. 128.
230. Arias, Desarrollo, 1990, p. 16 mimeo.
231. Cartaya, «Enriquecimiento», Archivos, 1950, p. 417.
232. Obregón, «Mejoramiento», Fontana y González (compiladores), Maíz, 2000, p. 172.
233. Ibídem.
234. El Nacional, 3 de noviembre de 1957.
235. La harina de masa de maíz o masa de maíz deshidratada fue patentada en Venezuela bajo la Ley de Propiedad Industrial y Comercial, ante el Ministerio de Fomento, en el Boletín, N° 271, julio, bajo el registro de patente 5.176, de fecha 4 de junio de 1954. Ministerio de Fomento, Boletín, 1954. También véase, Almela, «Navegando», Papel Literario, 23 de diciembre de 2006, p. 2; y, «Paladar», El Nacional. 61ª Edición Aniversaria, 3 de agosto de 2004, C–16.
236. El Universal, 13 de abril de 1959.
237. Jaimes, Arepa (ponencia), 2001, pp. 5-6. (Nota al pie, Nº 12).
238. Mata Mirabal, «Gustavo», División, s.f., pp. 14-15.
239. Harina, s.f., p. 12, mimeo.
240. Chesneau, «Treinta», Notas, 1991, p. 20.
241. Ibídem.
242. Valdivieso, «Estudio», Espacios, 1985, párr. 60, en ‹http://www.revistaespacios.com/a85v05n01/85050150.html› [Consultado el 7 de octubre del 2009].
243. Chesneau, «Treinta», Notas, 1991, p. 20.
244. Ibídem. También véase, «30 años», Remaizito, 1991, p. 6.
245. «A pesar de que el consumo de la arepa de maíz pilado casi había desaparecido, la gente rechazaba la Harina P.A.N. porque no podía creer que de un procedimiento tan fácil se podían obtener arepas como las de maíz pilado. Para enfrentar esta situación, se hizo necesaria una labor de permanente divulgación del producto, tarea que no fue complicada para Magda Rodríguez, quien se convirtió en su más entusiasta promotora. Desde el departamento de Promociones de Remavenca, inició su peregrinaje con la Harina P.A.N. por todo el país, a objeto de realizar degustaciones públicas». «Maíz», Promesa, s.f., p. 14.
246. Requena, Medio, 2003, p. 149.
247. Valdivieso, «Estudio», Espacios, 1985, párr. 27, en ‹http://www.revistaespacios.com/a85v05n01/85050150.html›.
248. Belisa García asegura que «No me lo podía creer. No, no podía ser cierto que diluyendo en agua un poco de harina de ese paquete, con sal al gusto, obtuviera yo una masa que en muy poco tiempo saldría de la parrilla convertida en arepas». Véase El Nacional. 61ª Edición Aniversaria, 3 de agosto del 2004, B–14.
249. Requena, Medio, 2003, p. 148.
250. Valdivieso, «Estudio», Espacios, 1985, párr. 60, en ‹http://www.revistaespacios.com/a85v05n01/85050150.html›.
251. Cardozo y Fraga, «Harina», Notas, 1997, p. 33.
252. Cartaya, «Enriquecimiento», Archivos, 1950, p. 418.
253. Mosquera, «Arepa», Archivos, 1954, p. 416. También véase Mosquera, «Mejoras», Archivos, 1955, pp. 185-193.
254. La muestra nutricional de la población de Venezuela aplicada por Fundacredesa en el Proyecto Venezuela (1987) considera, que un 93,50% es el consumo de la harina precocida de maíz en el área urbana, y para la rural se expresa en un 125,77%. En cuanto a los estratos sociales, el iv consume alrededor de un 97,95% y el v un 114,76% de dicha harina. Méndez y colaboradores, Proyecto, p. 1045.
255. Chiappe, «Miguel», División,1995, pp. 39-42.
256. Ibídem, p. 40.
257. Ricarepa.
258. «Tosty», Todo, 2002, t. 1, p. 32.
259. Ibídem.
260. Variedades, 20 de diciembre del 2005.
261. Dominical, 24 de junio del 2007
262. Quintero, «Fundamentos», Boletín, 1999, p. 66.
263. Lovera, Historia, 1988, p. 69.
264. Alejandro de Humboldt dice que «Los españoles recién trasplantados a América estaban menos acostumbrados a nutrirse con maíz: ateníanse más todavía a los hábitos de Europa». Humboldt, Viaje, 1991, t. III, p. 82.
265. Citado en Pilcher, ¡Vivan!, 2001, p. 72. La cita pertenece a Richard Dunn. Sugar and Slaves. The Rise of the Planter Class in the English West Indies, 1624-1713. Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1972, pp. 263-264.
266. Fernández-Armesto, Historia, 2004, p. 196.
267. Lovera, Historia, 1988, p. 65.
268. Marón, «Relación histórico-geográfica de la Provincia de Venezuela», Arellano, Documentos, 1970, p. 447.
269. AHCC, «Sobre consumo [21 de enero 1793]», Sección Acuerdos de Cabildo.
270. Humboldt, Viaje, 1991, t. III, p. 157. Las cursivas son del texto original.
271. Dauxion Lavaysse, Viaje, 1967, p. 242.
272. Amodio, Casa, 2010, pp. 122-124.
273. La historiadora Mary Nash asegura que «Las representaciones culturales de la otredad asientan esta dinámica de construcción identitaria a partir de la evocación de pautas de inclusión/exclusión en la comunidad imaginaria que sirve de base a la identidad asumida. La imagen del otro se consolida a partir de una representación mental, de un imaginario colectivo, mediante imágenes, ritos y múltiples dispositivos simbólicos, de manera que estos registros culturales no solo enuncien, sino que, a la vez, reafirmen las diferencias [...] En este sentido, el imaginario colectivo que se construye desde la subjetividad política y desde la mirada del otro». Nash, «Representaciones» en, Nash y Marre (Coords.), Desafío, 2003, párr. 8, ‹http://www.desafio.ufba.br/ gt4-012.html›. Consultado el 1 de mayo del 2009.
274. Bourdieu, Distinción, 1998, p. 479.
275. Calzadilla, «Luis», en Pino Iturrieta (Coord.), Quimeras, 1994, p. 241.
276. Duarte, Testimonios, 1998, p. 160.
277. Gilij, Ensayo, 1955, p. 146. (Cursivas del autor).
278. Ibídem, pp. 146-147.
279. El alcalde ordinario y el síndico procurador de Caracas en su expediente «Sobre el establecimiento y fomento del trigo y construcción de molinos para el beneficio de la harina», entre 1809-1810, observa la consideración que se le tiene al trigo y su beneficio, dice: «El pan de trigo que se cree por el mejor y más sano de los alimentos que se conocen para el sustento de los vivientes [...] tal vez se conseguirá renunciar al pan de maíz [arepa] cuya elaboración es sumamente penosa e incesante en las casas y haciendas de la provincia». AHCC. «Sobre», en Sección varios: Libros sobre harinas, 1809-1810.
280. Acerca de la costumbre de consumir harina y los alimentos a base de trigo en las mesas de los mantuanos caraqueños, José Rafael Lovera dice, a propósito de la compra diaria de harina, pan blanco y otros alimentos a base de trigo en la casa del capitán general de Venezuela, Manuel Guevara Vasconcelos, que: «Diariamente se compraba cerca de kilo y medio de pan de trigo. Bizcochos con menos frecuencia (88) y algo menos bizcochuelos (76); harinas del mismo cereal pocas veces (11); hay compras que constituyen la mayoría y otra de 3.5 kilos que ha de conceptualizarse como para una ocasión especial». Lovera, Manuel (discurso), 1998, p. 38.
281. AHCC, «Sobre consumo [Caracas, 21 de enero de 1793]», en Sección: Acuerdos de Cabildo.
282. Lacroix, Diario de Bucaramanga, p. 107.
283. Blanco, Venezuela, 1883, p. 7.
284. Ibídem, p. 130.
285. «Memorias» en, Anuario, 1971, vol. 2, pp. 1470-1724.
286. Citado en Cunill, Geografía, 1987, t. i, p. 452. La cita pertenece a Simón Bolívar, «Comunicación a José Antonio Páez, Angostura, 10 de agosto de 1818», en O’Leary, Memorias del general O’Leary, Caracas, Imprenta de la Gaceta Oficial, 1881. T. XVI, Documentos, p. 83.
287. Ibídem. La cita pertenece a José Antonio Páez, «Oficio de José Antonio Páez al Ministro de la Guerra. Mantecal, 17 de diciembre de 1820» en, Archivos del General José Antonio Páez, Bogotá, Publicaciones del Archivo Histórico Nacional y Editorial El Gráfico, 1939, t. i, pp. 331-332.
288. Vowell, Terremoto, 1974, p. 81.
289. Ibídem, pp. 87-88. Las cursivas son del texto original.
290. Vowell, Sabanas, 1998, p. 50. Las cursivas son del texto original.
291. Carrera Damas, Boves, 1991, p. 57.
292. Cajigal, Memorias, 1960, p. 156. Comenta Juan José Chirión que Pablo Morillo le confesó a José Domingo Díaz y José Domingo Duarte, al retornar a Caracas de los llanos, que «Todo lo puedo pasar en esta tierra, menos las perrísimas tortas de maíz que llaman arepas, que solo se han hecho para estómagos de negros y de avestruces». Juan José Chirión. «Maíz cariaco», El Universal, 27 de julio de 1931, p. 6.
293. González, Biografía, 1988, p. 76.
294. Citado en Carrera Damas, Boves, 1991, p. 74. La cita pertenece a «Documentos de carácter político, militar y administrativo relativos al período de la Guerra a Muerte», Boletín de la Academia Nacional de la Historia, nº 69, p. 168.
295. Citado en Carrera Damas, Boves, 1991, p. 74. Nota al pie, Nº 126. La cita pertenece a «Documentos de carácter político, militar y administrativo relativos al período de la Guerra a Muerte», Boletín de la Academia Nacional de la Historia, nº 69, p. 160.
296. Bolívar, «Reglamento... 10 de octubre 1813», en Archivo Libertador en ‹http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/inicio.php›, párr. 3. [Consultado el 31 de enero del 2013].
297. Bolívar, «Comunicación... 26 de junio de 1816», en Archivo del Libertador, en ‹http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/inicio.php›, párr. 1. [Consultado el 3 de enero del 2013].
298. Heredia, «Memorias», Anuario, 1971, vol. 1, p. 533.
299. Morales, «Relación», Anuario, 1971, vol. 2, p. 1135.
300. Vowell, Sabanas, 1998, p. 135. Las cursivas son del texto original.
301. Monsiváis, Aires, 2000, p.13. También véase, Anderson, Comunidades, 2000.
302. González, «Cuerpo», Venezuela, 1998, p. 162.
303. «Pesimistas», Materiales, 1955, vol. II, Mano de obra: Opinión, p. 253.
304. Calzadilla, «De cómo», Visiones, 2000, pp. 565-573.
305. Picón Salas, «Prólogo», Comadres, 1973, p. XXIII.
306. Williamson, «Envoy to Caracas», Comadres, 1973, p. 65. Las cursivas son del texto original.
307. Lisboa, Relación, 1992, p. 103. (Cursivas del autor).
308. Ibídem, pp. 103-104.
309. Ibídem, p. 77.
310. Appun, Trópicos, 1961, p. 68.
311. Ibídem, p. 174.
312. Ibídem, p. 256.
313. Ibídem, p. 202.
314. Ibídem, p. 203.
315. Núñez de Cáceres, «Memoria», en Boletín, 1936, p. 136.
316. Ibídem, p. 139.
317. Ibídem, pp. 149-150. (mayúsculas y cursivas del autor]. Dice José Antonio Díaz en su libro El agricultor venezolano (1861), que el «maíz se pone en ebullición en agua, por un cuarto de hora, se arroga la primera agua, el grano se muele para cocerlo en otra nueva. Esta segunda de cocción se endulza con azúcar ó sirop para darla á los enfermos por bebida común». Díaz, Agricultor, 1961, t. i, p. 39.
318. Núñez de Cáceres, «Memoria», Boletín, 1936, p. 150. [las mayúsculas y las cursivas son del autor]
319. Ibídem, p. 151. [las mayúsculas son del autor]
320. Rosti, Memorias, 1968, pp. 60-61.
321. Ibídem, p. 78.
322. Ibídem, pp. 167-168.
323. Páez, Escenas, 1973, p. 28.
324. Ibídem, p. 149.
325. Ibídem, p. 47.
326. Tallenay, Recuerdos, 1954, p. 226.
327. Ibídem
328. Montes, «Canto a la arepa», Boletín, 1865.
329. Picón Salas, Formación, 1984, p. 100.
330. Gerónimo Martínez, «Nuestros grabados», El Cojo Ilustrado, 1º de enero de 1892.
331. «Nuestros grabados», El Cojo Ilustrado, 1º de octubre de 1892.
332. Eloy González afirma que «A pesar de que 80% de nuestra población llanera consume el pan de maíz [arepa], á pesar de que la manipulación indicada requiere tanto tiempo, el llanero no ha ideado ningún recurso para simplificarla y acelerarla: la molienda á máquina no se aplica sino en las ciudades de fuera del llano, y el ‘platón de tierra’ de que habla el geógrafo (refiriéndose a Agustín Codazzi), es nuestro habitual y milenario budare, horno singular y primitivo del rudimentarismo indígena». Eloy González, «El banquete llanero», El Cojo Ilustrado, 1º de octubre de 1906. Las cursivas son del texto original.
333. Nicanor Bolet Peraza, «Cuadros caraqueños», El Cojo Ilustrado, 15 de septiembre de 1893.
334. «Nuestros grabados», El Cojo Ilustrado, 1º de julio de 1895.
335. Rivas, Sujetos, 1997, pp. 15-16.
336. Baczko, Imaginarios, 1991, p. 28.
337. Febres Cordero, «Cosas», Archivo, 1931, t. II, p. 244.
338. Acerca del menosprecio por la cocina criolla, el escritor, enarbolándola, dice que «Cuando nos ponemos de tiros largos [se refiere a la vestimenta], nos parece vulgaridad llamar las cosas por sus nombres: sancocho de gallina, carne mechada, pavo horneado, ensalada de aguacate, hayacas, papas rellenas, torta de plátano maduro, buñuelos de yuca, etc., etc., platos que hacen chupar los dedos al más exigente, pero que, por no figurar en los menús extranjeros, los consideramos desde luego indignos de un convite aristocrático, sin duda por su intenso sabor al terruño, que es la patria! Y por ello los apartamos y nos avergonzamos de ellos, creyendo que no se avienen bien con los primores de la vajilla y el perfume de las flores, ni con la riqueza de los trajes y el hermoso lirismo de los brindis. ¡Pecados de la vanidad!». Ibídem, t. II, p. 245.
339. Ibíd. Las cursivas son del texto original.
340. Ibídem, t. II, pp. 245-246. (Cursivas del autor).
341. Ibídem, p. 246.
342. Desde 1881 se inaugura en la república la necesidad de crear si no un diccionario de la lengua nativa al menos un compilado lingüístico (e histórico, en algunos casos) de los vocablos que se utilizan en Venezuela para llamar algunas cosas tradicionales, entre ellas la arepa. Arístides Rojas, por decirlo de alguna manera, inicia esta odisea con su Ensayo de un diccionario de vocablos indígenas de uso frecuente en Venezuela (1881), en el que define al pan de maíz como «Arepa. Femenino. Pan de arepa hecho con la masa del maíz (no la harina) en forma de torta redonda, pequeña y chata que se cuece al calor lento de una plancha circular de metal ó de barro, conocida esta última con el nombre de buren ó budare. Arepa es derivado del vocablo cumanagoto Erepa, que significa maíz». Por otra parte, Julio Calcaño, en su trabajo Cédulas sometidas por la Academia Venezolana á la consideración de la Real Academia Española y que se publican por acuerdo de 9 de octubre de 1884, la define como «Arepa. s. f. Pan de forma circular que se hace de la masa de maíz y se cuece en una plancha de tierra cocida ó de hierro llamada budare. Etimología: cumanagota: erepa, maíz», y en su obra El castellano en Venezuela (1897), agregando otras acepciones, la define así: «Arepa. Pan de maíz de forma circular y que se cuece en el budare. Es el cumanagoto erepa, maíz maduro. El tierno ó en agraz lo llamaban chocori». Para 1912, Gonzalo Picón Febres en su Libro raro, define a la arepa lingüística e históricamente de la siguiente manera: «AREPA.- Pan hecho de la masa del maíz, de forma circular y planas las dos caras. Se cuece en el budare, corrupción del vocablo haitiano burén. Del nombre cumanagoto erepa, que significa maíz, se deriva arepa; y por eso en Caracas y otros lugares suele decirse pan de arepa con verdadera propiedad. Según Don Arístides Rojas, erepa es maíz, solamente maíz. Según Don Julio Calcaño, maíz maduro, porque los cumanagotos llamaban chocori al tierno ó en agraz. [...] Maíz, en el dialecto indígena de los Mirripuyes, es hussá; y arepa es suridipa». El sabio Lisandro Alvarado, en 1921, en su trabajo Glosario de voces indígenas de Venezuela, la define: «ARÉPA. Pan de maíz en forma de torta». Podemos ver cómo estas definiciones mantienen un pasado indígena venezolano común y aceptado, lo que es importante en la construcción nacional. Acerca de todas estas definiciones, véase: Pérez, «Arepa», Diccionario, 2011, pp. 91-113. Las cursivas son del texto original.
343. Pilcher, ¡Vivan!, 2001, p. 15.
344. Lovera, Historia, 1988, pp. 161-162.
345. Díaz, Agricultor, 1961, t. i, pp. 22-41.
346. Díaz, «Cocina», Agricultor, 1961, t. i, p. 112.
347. Ibídem, t. i, p. 128.
348. Febres Cordero, Cocina, s.f., p. 10.
349. Ibídem.
350. Ibídem, pp. 14, 19 y 63.
351. Lovera, Historia, 1988, p. 163.
352. Schael, Cocina, 1972.
353. Ibídem, pp. 43-44.
354. Chapellín, Libro, 1962, pp. 30-32.
355. Lovera, Historia, 1988, p. 163.
356. Dice Pilar Almoina que la práctica de vender arepas en la calle conlleva una «búsqueda de beneficios económicos para el hogar en la confección de comidas para la venta. En las comunidades, en los pueblos, hay mujeres que hacen determinado tipo de comidas, que luego venden entre personas del lugar. Así vemos, en la mayoría de los casos, a los niños que van con una bandeja por la calle a llevar en venta los productos elaborados por las madres, ya sean hallacas, dulces, empanadas, o arepas. Con frecuencia la mujer que hace arepas, se dedica casi con exclusividad a esta tarea, en consideración de la gran demanda, diaria, del producto». Almoina, «Apuntes», Archivos, 1963, p. 273. También véase Cardona, «Cocina», Temas, 1964, p. 366.
357. Cortina, Caracas, 1976, p. 159.
358. Briceño, Bajo, 1993, p. 205.
359. Muñoz, Imagen, 1972, pp. 46-47.
360. Picón Salas, «Pequeña», Suma, 1988, t. II, p. 319.
361. Armas Alfonzo, «Ingeniero», Élite, 25 de agosto de 1945, p. 8.
362. Ferreira, «Comidas», en ‹www.globalcult.org.ve/doc/CandidaPPEP.doc›, 2003, párr. 103. [Consultado el 15 de abril del 2009].
363. Mosquera, «Arepa», Archivos, 1954, p. 419.
364. Nazoa, «Nocturno», Humor, 1979, p. 504.
365. Dorta, Cambios (Ponencia), 2005, p. 9.
366. Delgado, «¡Adiós!», Bohemia, 26 de marzo de 1967, p. 64.
367. Álvaro, «Representaciones», Reyes (dir.), Diccionario crítico de Ciencias Sociales. Disponible en: ‹http://pendientedemigracion.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/R/index.html› (Párr. 1).
368. Dorta, Cambios (Ponencia), 2005, p. 9.
369. Por nombrar algunas areperas que existieron y existen en Caracas, tenemos a La Arepería (La Castellana), La Gran Sabana (El Rosal), Doña Caraotica (Las Mercedes), La Casa del Llano (Las Mercedes), El Granjero del Este (Las Mercedes), El Budare de Las Mercedes (Las Mercedes), El Budare de La Castellana (La Castellana), El Budare de La Candelaria (La Candelaria), El Budare de Galerías Ávila (San Bernardino), Cibus Arepas Gourmet (Santa Fe), Molino Café Arepa (El Hatillo), Arepería (Santa Mónica), El Tropezón (Los Chaguaramos), Arepera El Canario (Vista Alegre), Tostadas Alaska (Los Caobos), Arepera La Sabana (Los Caobos), El Arepazo (El Rosal), Arepera Misia Jacinta (El Rosal), Arepera La Reina (Av. Andrés Bello), Tostadas Miss Mundo (Av. Nueva Granada), Arepera La Sifrina (Plaza de La Castellana), Tostadas La 25 (Esquina Punceres), Arepera Los Mijaos (Los Palos Grandes), Arepera El Trolly (Las Mercedes), Fábrica de Arepas (La Casanova), Centros Criollos de Nutrición de los Hermanos Álvarez (después Arepería Los Hermanos Álvarez, Av. Victoria y otros lugares), Arepera Sube El Telón (Av. Victoria), entre otras. En el caso de la Arepera El Trolly, fundada en 1951 (en Los Chaguaramos) y que se mantiene desde 1970 en Las Mercedes, se inventó una manera distintiva de sus arepas al agregarles un sello de tocineta en ambas caras, lo que le da, según sus clientes, un toque de originalidad al establecimiento.
370. «Arepa», Diario de Caracas, Suplemento. La cultura del maíz, 11 de agosto de 1985, p. 16.
371. Alejandro Mosquera dice que en los años cincuenta «con el creciente aumento de cines, centros de diversión nocturna, además de la carencia de restaurantes, se ha incrementado la venta de arepas a pasos agigantados». Mosquera, «Arepa», Archivos, 1954, p. 419. También véase, Anciano, «Arepas», Todo en Domingo, 20 de agosto de 2000, párr. 2. Disponible en ‹http://www.el-nacional.com/revistas/todoendomingo/todo46/reportaje2.htm›. [Consultado el 15 de mayo del 2009].
372. Ferreira, «Comidas», en ‹www.globalcult.org.ve/doc/CandidaPPEP.doc›, 2003, párr. 103.
373. Pérez, «Canarismos», Estudios, 2000, pp. 217-218. Las cursivas son del texto original.
374. Meehan, «World», The New York Times, 2 de marzo de 2005, en ‹http://travel.nytimes.com/2005/03/02/dining/02village.html?_r=0› párr. 1. [Consultado el 5 de septiembre del 2009].
375. Asimov, «$25», The New York Times, 6 de agosto de 2006, en ‹http://events.nytimes.com/mem/nycreview.html?res=9E0CE4D71E3EF935A3575BC0A9659C8B63›, párr. 3-7. [Consultado el 5 de septiembre de 2009]. Las cursivas son del texto original.
376. Di Turi, «Recetas», Todo en Domingo, Nº 321, 27 de noviembre del 2005, pp. 34-36-38-40.
377. Mintz, Sabor, 2003, pp. 129-143.
378. Entrevista a Rafael Strauss, 18 de marzo del 2006.
379. Amodio, «Forma», Amodio (Comp.), Valor, 1997, p. 142.
380. Vélez, Folklore, 1984, p. 50.
381. Ibídem, p. 62.
382. Strauss, Diccionario, 1999, t. I, p. 28.
383. Pérez y Núñez, Diccionario, 1994. También véase, Diccionario (bajo la dirección de María Josefina Tejera), 1993.
384. Oteyza, Venezuela al bate (documental), 2002. Entrevista a Luis Romero Petit.
385. Entrevista al señor José Antonio Sosa, 19 de octubre del 2005.
386. Vélez, Folklore, 1984, p. 115. Recopilado por Francisco Carreño en Guaraguao, estado Nueva Esparta
387. Ídem. Recopilado por Mariano Picón Salas en el estado Yaracuy.
388. Ibídem, pp. 115-117. Recopilado por la Universidad de Oriente en Cumaná.
389. Ibídem, p. 117. Recopilado por Francisco Carreño en la isla de Margarita.
390. Eco, «Semiología», Análisis, 1982, pp. 25-26.
391. Harina PAN [Comercial, serie América Alonso, ¿1960?], en ‹www.empresaspolar.com/historiaencunas/index.html›. [Consultado el 19 de mayo del 2005].
392. En 1953, la revista Élite afirma que Yolanda Moreno es la «Primera bailarina del Retablo de las Maravillas, representación genuina del pueblo en el mundo exclusivista de la danza». Otro reportaje de Momento (1957) afirma que Yolanda Moreno es «aclamada por las grandes ovaciones continentales y un conjunto de bailarines, cantantes y músicos típicos nacionales, de brillante actuación en el ‘Retablo de las Maravillas». Citado en Jaimes, Arepa (Ponencia), 2001, pp. 8-10. Las citas pertenecen a: Élite, 21 de marzo de 1953, p. 81 y, Momento, 19 de julio de 1957, p. 93. También véase: Strauss, Diccionario, 1999, t. i, pp. 466-467.
393. Harina PAN [Comercial, serie Barlovento, ¿1960?], en, ‹www.empresaspolar.com/historiaencunas/index.html›. [Consultado el 19 de mayo del 2005].
394. Harina PAN [Comercial, serie Llanero, ¿1960?], en ‹www.empresaspolar.com/historiaencunas/index.html›. [Consultado el 19 de mayo del 2005].
395. Acerca de estos comerciales de la década de los sesenta y las pretensiones de involucrar el producto con la tradición, Yolanda Moreno, cuarenta años más tarde, afirma que «Es que cuando salió la ‘Harina P.A.N.’, no había en este país nada que la representara mejor que yo. Y es que soy la figura del pueblo sencillo». Crespo, «Yolanda», División, s.f., p. 53.
396. Acosta Saignes, Latifundio, 1937.
397. Otero Silva, Casas, 1986, p. 52. (Cursivas del autor).
398. «No tomo té, tomo café mi amor/ Yo como arepa y pabellón/ Con mi sumbao machuco el English when i talk/ i’m Venezuelan in New York». King Changó, «Venezuelan», Fuerza (2000).
399. ¡Ven a comer con los ojos! Expoarepa. [Folleto de la exposición]. Del 23 de octubre al 6 de noviembre del 2003. (40 obras de artistas plásticos).
400. Grafiti durante el referéndum revocatorio del 2004, ubicado en parroquia La Candelaria (Caracas). Registrado por nosotros en el año 2005.
401. Armas Alfonzo, «Ingeniero», Élite, 25 de agosto de 1945, p. 8.